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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, marzo 28, 2013

Akutagawa y David Foster Wallace ....reciclado...


Lo grotesque en dos escritores suicidas (Akutagawa y David Foster Wallace)


Todo lector, por más estructuralista y distraído en materia de biográfica de sus autores predilectos sea, habrá leído al menos una vez seguro a un suicida, kiérase o no, porke es un gremio muy abundante en literatura, ké le bamos a hacer, yo mismo, hace poko, en mi viaje a kurepilandia me he dado cuenta ke inconscientemente elegí como elemento discriminador para mis compras librescas ese tópico: só suicidas (Potocki, Hrabel, Romain Gary, D.F.Wallace). Pero ke estos autores tiendan a lo grotesco de manera muy especial, con fruición obsesiva y sádica, he no teman meter el dedo en la llaga más profunda e hipersensible, eso es nuevo para mí capacidad hermenéutica. Tomemos a dos autores separados en el tiempo y el espacio, de continente y de por lo menos 50 años de distancia, a demás del idioma, pero unidos por el azar de un acto: el suicidio, y la inclinación hacia temas o detalles grotescos, horrorosos. Tomemos los relatos siguientes: Extinción del yankee y La nariz, En el bosque y El biombo del infierno del japonés. Extinción es un delirio susurrealismo grotesco desde el vamos: una pareja se acusa mutuamente de causarse fastidio, ella ke él no la deja descansar con sus ronquidos nocturnos; él ke ella se alucina eso para echarle la culpa de algo oculto e innombrable (acaso se kiere nomás ya morfar a su hija, esplendor de juventud cada vez más alejada del padrastro por una beca universitaria obtenida en otra city). La clínica del sueño jamás llega a dirimir el causante primero del fastidio matrimonial, y el relato ke se raymond rouselianiza en la mueca de sonrisa del marido cuando ella le acusa de roncar, acaso satisface su deseo reprimido de padrastro de comer a la hijastra pletórica mientras la esposa decadente se escandaliza y su acoso inkisitorial empieza allí, en al constatación de adulterio simbóliko). Hay una satisfacción en Wallace en describir y enfatizar detalles grotescos, como la mueca roncante de la esposa como durmiente, en seguid pensamos nosotros lectores inocentes ¿cómo seré yo al dormir, y m i yiyi será tan horrible en su mueca de durmiente?..Agrh! Hay como una estética de la fealdad corriendo a lo largo de las páginas del relato todo el santo tiempo. «Esa belleza de la fealdad ke no pueden comprender los pintores ordinarios» ke logra espetar el pedante y mefistofélico pintor cortesano del cuento El biombo del infierno de Akutagawa. Como ke la excusa de representar la vileza humana hiciera ke el mundo se afeará en sus mínimos pormenores. Y esa fealdad del mundo justifikará, si estiramos las implicancias, el suicidio de nuestros autores, chaskeados ya al fin por el monopolio de la fealdad de lo humano. De hecho tanto el personaje del pintor en el cuento ut supra citado como el marido cuya esposa es forzada por un bandolero del cuento En el boske terminará aplicando ese acto supremo a sus vidas. Hay una humillación insoportable ke hace inexcusable el suicidio, el buscar la paz de la nota de suicidio del nipón. O ke la vileza ha invadido sus almas de c creadores ya artistas, lo humano ha huido de ella y solo importa ya el arte, y hartos de ser víctimas de lo ke tanto denunciaban, se matan, avergonzados, derrotados por al vileza ke tanto temían. Su amor a lo grotesco podría tomarse como deseo inconsciente de morir, de buscar acumular argumentos contra la imposibilidad de seguir viviendo, sino escribiendo, porke recordemos, su arte vive de lo grotesco ke critican, odian la materia principal de la cocina de su arte: el egoísmo, la vileza y desvergüenza humanos. Pero buscan vencerla al denunciarlos con la perfección de su arte. Akutagawa es suicida como el pintor cortesano ke prefiere ver morir a su hija (deseo tácito ke solo el despotismo de un señor del shogunato podría satisfacer y materializar) para lograr el esplendor de su arte, aunke depois se mate, pero, ojo ¡no kiere matarse para hacer crecer arte y belleza! La nariz del cuento La nariz no es motivo de risa hasta ke las aprensiones y neurasténicas susceptibilidades del casi coketo monje budista de acortarlo aparecen y actúan y lo alejan de su misión de dar calma y trankilidad a sus prosélitos, solo ahí la risa colectiva asume su función crítica. Lo grotesco es inmaterial, aparece decirnos el nipón antes que originado por una apariencia fenomenal o extravagante.

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