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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, febrero 16, 2012

El WALSER de BENJAMIN

ROBERT WALSER by WALTER BENJAMIN

Podemos leer muchas cosas de Robert Walser, pero nada sobre él. Pues nada sabemos sobre los pocos de nosotros  que consiguen tratar las obras populares como ellas deben ser tratadas: no como quien pretende ennoblecerlas, “elevándolas” hasta su nivel, pero como quien explora su modesta disponibilidad, para de ella extraer elementos vivificantes y purificadores. Solamente pocos sospechan del significado de esa “pequeña forma”, como la llamó Alfred Polgar, y ven cuantas esperanzas, volando, como mariposas, de las alturas orgullosas de la llamada gran literatura, se refugian en esa flor humilde. Y los otros no desconfían de lo que deben a un Polgar, a un Hessel, a un Walser, con sus flores tiernas o espinosas brotando en la desolación de los follajes. Robert Walser sería el último en despertar su interés. Porque los primeros impulsos de su mediocre saber oficial, lo único de que disponen en cuestiones literarias,  os aconsejarían, en los géneros cuyo contenido ellos consideran nulo, a atenerse, sin grandes riesgos, a la forma “cultivada”, “noble”. Ora, ocurre justamente en Robert Walser , en el inicio, una negligencia insólita, difícil de describir. Solo al final del examen de la obra de Robert Walser muestra  que su nulidad tiene un peso, que su inconsistencia significa tenacidad.
Ese examen no es fácil. Pues estamos habituados a estudiar los enigmas del estilo a partir de obras de arte más o menos estructuradas e intencionales, al paso que Walser que nos confronta con una selva lingüística aparentemente desprovista de toda intención y, no obstante, atrayente y hasta fascinante, una obra displicente que contiene todas las formas, desde  la graciosa hasta la amarga. Dijimos “aparentemente” . Mucho se discutió sobre esa ausencia de intención. Pera esa es una disputa de sordos, que se torna evidente cuando pensamos en la confesión de Walser de que él jamás corrigió una sola línea en sus escritos. No es indispensable dar crédito a esa afirmación, pero tal vez fuese útil hacerlo. Porque nos tranquilizaríamos con la descubierta de que escribir y jamás corregir lo que fue escrito constituye la más completa interpenetración de una extrema ausencia de de intención y de una intencionalidad superior.    
Bien.  Pero eso no nos impide de investigar las razones de esa negligencia. Ella contiene todas las formas, como ya fue dicho. Agregamos ahora: excepto una sola, la más común,  para la cual solo importa el contenido, y nada más. Para Walser, el como del trabajo es tan importante  , que para él todo lo que tiene para decir retrocede totalmente delante de la significación de la escritura en sí misma. Podemos decir que le contenido desaparece en el acto de escribir. Esta idea precisa ser explicada. Encontramos en este autor  algo de eminentemente suizo: el pudor. Cuéntase que Arnold Böcklin, su hijo Carlo y Gottfried Keller estaban un día sentados en un café, como acontecía habitualmente. La mesa ocupada por ellos ya era conocida  por su laconismo de sus ocupantes. También esa vez reinaba el silencio. Después de mucho tiempo, el joven Böcklin observa: “Hace calor”, y después de un cuarto de hora el padre comenta: “Y no hay viento”. Keller, a su vez, espera un tiempo más y se levanta: “No puedo beber con esos charlatanes”. La característica de Walser, ilustrada por esta anécdota excéntrica, es justamente ese pudor lingüístico, típicamente campesino. No bien empieza a escribir, se siente ya desesperado. Todo le parece perdido, una cascada de palabras irrumpe; en esa, cada frase tiene como única función  hacer que las anteriores sean olvidadas. Cuando, en un trecho escrito con mucho virtuosismo, transforma en prosa el monólogo: “Por ese camino DE ARCADAS él debe llegar”, Walser comienza con las palabras clásicas: “Por ese camino de arcadas”;  pero enseguida es asaltado por el pánico, siéntese inseguro, pequeño, perdido,  y continua: “Por ese camino de arcadas, creo que él debe llegar”.
En el estilo de Walser, hay algo semejante. Esa inepcia tan artística y tan púdica en el manejo del lenguaje es el patrimonio de los histriones. Si Polonius, el prototipo del charlatán, es un jongleur, Walser se adorna, báquicamente, con guirnaldas lingüísticas, que provocan su caída. De hecho, la guirnalda es el símbolo de sus sentencias.  Pero el pensamiento que tambalea atrás de ellas es un desocupado, un vagabundo y un genio, como los héroes en la prosa de Walser. Al final, el solo consigue describir “héroes”, no sabe librarse de los personajes principales, y dejo de intentarlo en sus tres primeras novelas, para consagrarse desde entonces, única y exclusivamente a describir las cofradías, con sus centenas de vagabundos favoritos.
Como se sabe, existen en la literatura de lengua  alemana algunas grandes versiones del héroe fanfarrón, insoportable, perezoso y corrupto. Hace poco fue festejado un maestro en la construcción de esos personajes, Knut Hamsun. Otros ejemplos son Eichendorff, con su Taugenichts (El hombre que no servía para nada), y Hebel con su Zundelfrieder. ¿cómo se comportan en esa compañía los personajes de Walser?  ¿Y de dónde vienen ellos? Sabemos de donde viene el “hombre que no servía para nada”. El viene de los bosques y valles de Alemania romántica. El Zundelfrieder viene de la pequeña burguesía ilustrada de las ciudades renanas, en el cambio de siglo. Los personajes de Hamsun vienen del mundo primitivo de los fiords: hombres que se vuelven caminantes por nostalgia. Y los de Walser? ¿Tal vez de las montañas del Glarner? ¿De los prados de Appenzel, donde nació? Ellos vienen de la noche, cuando ella está más oscura, una noche veneciana, si se kiere, iluminada por las precarias lámparas de la esperanza, con un cierto brillo festivo en la mirada, pro confusas y tristes a punto de llorar. Su llanto es prosa. El sollozo es la melodía de los charlatanes de Walser. El sollozo nos muestra de donde vienen sus amores. Ellos vienen de la locura, y de ningún otro lugar. Son personajes que tienen la locura detrás de sí, y por eso sobreviven en una superficialidad  tan despedazadora, tan deshumana, tan imperturbable. Podemos resumir en una palabra todo lo que en ellos se traduce en alegría e inquietud: todos ellos están curados. Pero no comprenderemos jamás  cómo se proceso esa cura, a menos que nos aventuremos en su  (Blancanieves) "Schneewittchen", una de las más profundas creaciones  de la literatura moderna, que bastaría para entendernos porqué Walser, aparentemente el menos riguroso de los escritores, fue el autor favorito del implacable Kafka.
Todos perciben que esas narraciones son extraordinariamente tiernas. Pero no todos perciben que ellas no están movidas por la tensión nerviosa de la decadencia, y si por el estado de : el encuentra el flujo de su sangre renovada en el murmullo de los riachos, y su respiración más vigorosa en el farfullar de los árboles. Los personajes de Walser comparten esa nobleza infantil con los personajes de los cuentos de hadas., que también irrumpen desde la noche y la locura- del mito. Acostumbrase a decir que un despertar semejante ocurre en las religiones positivas. Si eso es verdad, el fenómeno no se dio de forma simple e inequívoca, como ocurre en las grandes confrontaciones profanas con el mito, descritas por los cuentos de hadas. Naturalmente, los personajes de esos cuentos no son en todo semejantes a los de Walser. Ellos aun luchan por liberarse del sufrimiento. Walser comienza donde los cuentos de hadas terminan. “Y si no murieron, viven aun hoy”. Walser muestra como ellos viven. Sus creaciones, y con eso quiero terminar como él comienza,  son narrativas, ensayos, poesías, pequeños textos de prosa , y otras.


1929



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