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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

viernes, noviembre 25, 2011

peso (ficticio) paraguayo

a un gobierno de ladrones un pueblo de rateros. un país con moneda depreciada es un país pobre.hace varios años que ni alemania ni francia cotizan el dinero argentino. en el mercado de divisas, que el pueblo llama la bolsa negra, el peso argentino ha caído al nivel del paraguayo, que era el más bajo de américa....

de ¿qué es esto? catilibaria, ezequiel martínez estrada, , ediciones lautaro, baires, 1956, 75 p. (las redondas son mías)

martes, noviembre 22, 2011

PROCESO DEL ESTADO SOVIÉTCO a LOS ESCRITORES Siniavski y Daniel

La helada de andrei siniavski en Lumen, 1972, hay otros 2 textos en editorial Sur de los años 60




Andrei Siniavski nació en Moscú en 1925. Tras haber hecho pasar clandestinamente varios de sus escritos a Francia, es detenido en 1965, juzgado con Iouri Daniel y condenado a siete años en un campo de concentración. En 1973 se instala en París y desde entonces enseña en La Sorbona.



miércoles, noviembre 16, 2011

Hermanos Strugatski y Bergounioux

strugatski gratirola en gigamesh!


Puedo soltar  3 nombres apenas, Bioy, Buzzati y Strugatski, y la triple  desmitificación do mayor mito del siglo xx, la juventud como entidad o colectivo rebelde que desplaza, purga, purifica el mundo de su lastre vejestorio, de las ideas reaccionarias y ya caducas: esos siniestros niños-ratones bajo la seducción de los leprosos-Hamelin de los hermanos Strugatski, esos teddy boys cazando viejos desprevenidos e incautos en las noches de la modernidad luminosísima de neones y rocanrol del italiano, en fin, la guerra del cerdo, piberío patoteril disminuyendo el mundo de los viejos argentinos o no…en Bioy.


el Bergounioux de ediciones alfabia


martes, noviembre 15, 2011

Para el delicado paladar kurepa: narradores-chongos de Paraguay


Los chongos de roa bastos, selección de narrativa actual paraguaya que publica Santiago Arcos en estos días, nobleza me obliga -llegado es el momento agora- a explicar de dónde cuernos salió nombre tan estrambótico pues este título no es más que una pluralización del cuento epónimo de mi autoría dentro del conjunto….
A fines de los noventa uno de los periódicos amarillos surgidos post-dictadura, para latigar el aturrullamiento de la massa semi analfabeta, creó una sección hebdomadaria llamada justamente EL CHONGO DE LA SEMANA, donde un prójimo de turno exhibía tan poco spinozianamente sus atributos físico-genitálicos previo salario acorde suponemos al poder de despliegue o potencial envergadura de su aparato ya ponderado y juzgado por un tribunal probo en representación del inculto público consumidor del diario…Entonces no fue más que hacer la relectura paródica de tal despliegue cultural neoliberal noventero y yuxtaponerlo a la imagen de inaccesibilidad de nuestro Héroe Cultural, el recién regresado premio Cervantes, figura demaizada igualmente por la massa damnata…(como aquel Curandero Místico de Naipul, que con la táctica de aparecer en las reuniones públicas con dos taxis repletos de libros terminaba fraguando un aura de santidad y sabiduría muy anhelada y admirada por la plebe hindú trinitense) y muy usado por los perifoneros mediáticos como ejemplo nativo de éxito internacional, onda talento de exportación…y demás mitos esgrimidos  entonces a pesar de su flagrante insustentabilidad…El Karaí Guasu de Roa Bastos quedaba así recortado con las tijeras de la cultura del momento, esa que priorizaba el rumor, los infundios fantásticos, el gran guiñol, el sexo prohibido y escandaloso…En suma, el texto era una disparatada y divertida invaginación del inconsciente popular - de la generalmente rastrera y playa realidad- a la vez que la asimilación de lo Otro en un alfabeto carnavalesco.
Claro, sobre el conjunto de los textos no pende tal estigma, supongo que los editores acuñaron tal nomenclatura simplemente como punto de arranque de una posible nueva generación de narradores post-roabastianos…chongos éstos dotados esta vez de poderosos textos que gustaran al  culto – y, desde siempre, de delicado paladar-  público argentino.



Cristino Bogado
Asunción, kapital de Paraguay
18 Octubre 2011





viernes, noviembre 11, 2011

Los chongos de Roa Bastos. tapa escaneada

hay ejemplares disponibles para los 


interesados


 en


 rescatarlo


 en Asunzión -mi




entras se cuaja una




 presentación




 oficial- en 




Servilibro de la plaza uruguaya, 




ké buena




 mezcl




a: chongos e indios juntos! o en mi 




mail...kurubeta@gmail.com y celu 0981-




288124

jueves, noviembre 10, 2011

martes, noviembre 08, 2011

CONDE ORGAZMO en busca de su logo, y suscriptores-anunciantes antes de salir a patear paraísos en diciembre


Conde Orgazmo


Perfil  para (ñembo) editorial de arranque y para (dibujar) logo



El conde en política rechaza las puntas: ni chavista ni imperialista yankee. En economía, además de a Marx –a quien nunca leyó, gusta de Lujo Brentano…Siempre ximbo, quedando mal, por rechazar las posturas más fáciles, medio yogui por ende, parado en posición difícil, quedando mal ante el amigo, fifty traidor de lealtades, voto inseguro, aunque nunca llegó a votar a no ser sus botas de caraguatá. Su esencia luego es paradojal, conde en un país sin reforma agraria mandoneado x ganaderos y sojeros. Joparaizado marcha orgulloso no cada ano sino todos los bellos y solares días, ni guaraní puro (inventar etimologías para venderlas como la Verdad verbigratia el chistoso vakapipopo, pelota que caga y hace pipi) ni menos casticismos de academias antediluvianas (no la mutilación del habla vertiéndola en una codificación más decente y presentable cual hizo ese makatero urbano klandé de Villagra Marsal). Su peli favorita –una autentica clase de lógica post-aristotélica, anti dualista, polivalente-: El bueno, el malo y el feo...El se ve siempre como feo…Un Cyborg tercermundista, váyro, valle, no pavlovizable totalmente, producto del designers cheto-truxo de la biopolítica mundial, él sabe su sino sin teleologías utópicas ni esencias trascendentales, es una criatura al nivel de una herramienta, funciona a medias como el capitalismo, la conexión a internet de tigo, ni siquiera es el Cromañón de Kubrick elevándose al unísono de la pompa wagneriana-straussiana…sobre sus dos patas humanas...Pos humanismo cibertecno con afta en la boca desdentándose in crecendo…pero no desea que todo pase por el filtro del capital o la burocracia estatal. Ni elitista (lo de conde es una parodia evidente en país de pobres) ni mantenido por el estado muã muã, menos individualista consumista nihilista capitalista, acaso comunitario, comunal, ni tan cerca ni muy lejos, tócame desde mi distancia, inmunidad en la comunidad, yo a través del otro…
Catacresis es su figura retórica favorita, sí, abuso de la lengua míster Aristóteles, forzar la lengua, excederla para nombrar eso, esa cosa, que no tiene nombre; la lengua, óiganlo, en el fondo es abuso, exceso, exageración, todas las bellezas y logros de la lengua son meros abusos, el mundo sería mudo y estéril si la lengua misma no transgrediera sus reglas fijas y su código casi fascista…Sí, señor parlamentario colorado, ¡zapatero a sus clavos!...Creatividad del error, y no como piensa helio vera en su recopilatorio de errores paraguayos que solo los cultos y ojetavyova’ekue aunque sea ecuela pyharepe llegan a hablar bien, fuera corrección, solo el que se equivoca es creativo, aquel que intenta salirse de su locus ameno, la dislexia es la gimnasia diaria del verbo y aun la ignorancia inquieta pueblo tiene como oficio neologizar, errancia esencial del ser…Y de donde creen que salieron esas catacresis hoy hechas norma, patrimonio universal de la lengua actual: hoja de la puerta, pata de la mesa, brazo de mar, lecho de rio, domingo de la vida, pastillas de amnesia doctor, etc...Resucitaran de sus cenizas como el gato Félix, eso es creatividad, susurrealismo, no incultura parcheable con horas de clase ministerio-cultural-paraguayo Monsieur  Guasú ¡¡seriote Vera!!
El conde Orgazmo habita los intersticios de la tela de la que esta tramada Asunzión, hoy sale con su bolsa maká rescatada de calle Palma, lleva sobre su cabeza cual chipero en n equilibrio  sus frutos de letras, sale vestido de Asunzión,  cojea por los calambres que le infringen baches, los obligados y desesperados saltos sobre la cebra  y veredas rotas,  vive a pie conectado con el mundo, hace de neo periodista backtagiano, cicerone o reseñista kaigué, poeta y ciberfilósofo, amante del piano de pulgar africano y del theremin ruso, quinta columnista de la inteligencia siempre, a contrapelo de lo obvio y esperado, no importa que se enoje su abuela humosa de cigarro poguasu, siempre hoy como ayer su Darling comprende su soledad bicentenaria y mestiza…






lunes, noviembre 07, 2011

INTRODUCCIÓN VEINTE AÑOS DE DEMOCRACIA, DOSCIENTOS AÑOS DE SOLEDAD


INTRODUCCIÓN

VEINTE AÑOS DE DEMOCRACIA, DOSCIENTOS AÑOS DE SOLEDAD

Los chongos de Roa Bastos reúne narraciones del Paraguay compuestas en los días y años que siguieron a la caída del mayor dictador del Partido Colorado en el poder. Los dos decenios vividos sin excesivo entusiasmo ni irreparables quebrantos por la democracia electoral sin proscripciones resultan todavía asimétricos frente a casi medio siglo de presidencia perpetua del general Alfredo Stroessner (1954-1989). Escaso aún es el tiempo que el Paraguay ha vivido por fuera de la tutela directa del partido monopólico que, relegado al plano ideal los principios populistas y ruralistas invocados en su fundación de 1887 por Bernardino Caballero, conspicuo sobreviviente de la Guerra Guazú, se había convertido en eficaz instrumento de unas Fuerzas Armadas depuradas, de la élite stronista y de sus bien subordinadas clientelas. Cuando el 14 y el 15 de mayo de 2011 el Paraguay celebre el Bicentenario de su Independencia, los festejos serán presididos por un mandatario nacido antes que de un partido único, de una coalición, la Alianza Patriótica para el Cambio: apenas tres años atrás los votantes paraguayos habían preferido a Fernando Armando Lugo Méndez contra la candidata del Partido Colorado, Blanca Margarita Ovelar de Duarte. No los tentó la oportunidad histórica de votar por primera vez a una mujer como presidente pero eligieron ser la primera nación de la tierra que en elecciones libres consagrara a un obispo católico para la primera magistratura.

Un país de consentidas duplicidades
El Paraguay es el único país cuya bandera presenta dos caras con imágenes diferentes. El único que celebra dos fechas de independencia. El único de América donde los conquistadores adoptaron la lengua de los conquistados. Como lo señala el más trivial de sus historiadores profesionales, Efraín Cardozo, el guaraní se convirtió en el más pronunciado rasgo de diferenciación del Paraguay con respecto a las demás colectividades americanas, el más cohesivo aglutinante inmaterial que unió en fuerte vínculo social. Para el intelectual largo tiempo exiliado, tantas felicidades sociológicas no compensaron los infortunios en el orden cultural: “el nativo quedó encapsulado dentro de su rica y variada lengua, con la cual tan bellamente expresaba sus sentimientos, pero que de nada le servía para conocer y asimilar las glorias del espíritu humano, como no fueran las de índole religiosa”. Si en la adopción del guaraní influyeron los sínodos que renunciaron al español para la prédica evangélica, un ciclo parece completarse al ser un obispo-presidente quien esté al frente de las celebraciones del Bicentenario.
  El reparo de Cardozo era, y seguiría siendo, común ante las lenguas de los pueblos sin escritura cuando estas se enfrentaban a una “lengua de civilización”, es decir, europea. Pero a diferencia de lo que ocurría en la vecina Bolivia, donde la división lingüística se correspondía con límites étnicos, en Paraguay el guaraní es lengua de la sociedad toda. No reconocerlo implicaba ponerle frenos a la comunicación. Los autores reunidos en esta antología lo saben, pero tampoco se han sentido tentados por un purismo indigenista. Todos escriben en una lengua con diversos grados de vigorosa impureza. Al jopara, denominación de la mezcla de guaraní y castellano, emblema de plato de pobre que reúne en partes siempre desiguales arroz y frijoles, se suman o alternan otras formas de heteroglosia, como el portuñol más o menos salvaje de las fronteras con el Brasil, a su vez hibridado o mestizado, sin plan ni hipóstasis alguna, con otras formas de guaraní y con otras lenguas y hablas indígenas.
  La renuncia programada y convertida en principio, o acaso la indiferencia, a los estándares del español internacional y la renuencia a constituir un dialecto culto asunceno equivalente en cuanto decoro al de Lima o Montevideo es uno de los rasgos que aúnan, con más fuerza para la mirada extranjera que para la local, a los textos aquí compilados. Escritores como Cristino Bogado o Edgar Pou o Douglas Diegues prestan una atención que conoce pocos desfallecimientos a la heteroglosia militante en textos y posiciones. Un escritor más clásico, menos en desacuerdo con la imagen de un gran cuentista latinoamericano, como José Pérez Reyes, está lejos de publicar en editoriales cartoneras, pero no tolera que la multinacional Alfaguara depure el jopara de sus cuentos de Nueve cuentos nuevos (2009), dirigidos a un público adulto-juvenil, al que, con el empeño pedagógico que caracteriza a un grupo editorial que ha encontrado en la escolar Santillana su piedra miliar y base de sustentación, se busca enseñar a bien hablar, leer y escribir en una operación única.

Historia y decurso: piripipí, pereré, pororó
“Lo que era un erial no es aún un vergel”, nos dice diplomáticamente, en Montevideo, el embajador Ricardo Scavone Yegros. No parece casual que esta autoridad sea uno de los más severos historiadores de Sudamérica: la narrativa histórica ha ocupado en la literatura del Paraguay un lugar central.
  Los motivos de la fatalidad o dilección por la ficción histórica son muchos y diversificados. No se agotan en los históricos de una singularidad. Paraguay, la “tierra sin mal” que buscaban los jesuitas, combatió y sufrió más guerras externas e internas que sus vecinos sudamericanos: a la Guazú(1865-1870), cuando la Triple Alianza de argentinos, brasileños y uruguayos, o Cuádruple si se numera el auspicio de Gran Bretaña, dejó un millón de muertos paraguayos, siguieron la Guerra del Chaco contra Bolivia (1933-1935), y la menos recordada por los extranjeros, menos sanguinaria Guerra civil de 1947 que expulsó 400 mil paraguayos al exilio.
  El idioma guaraní, único permitido en el frente y en las comunicaciones desde allí como código secreto natural, acrecentaba su rico léxico con sustantivos que también eran onomatopeyas: piripí es la ametralladora, pororó son sus ráfagas, pereré es el fogueo.
  Tampoco bastan los empeños historiográficos para dar cuenta de la extensión y perduración de la ficción histórica. A diferencia de lo ocurrido en Uruguay y en Argentina, en Paraguay el revisionismo favorable a los firmes autoritarismos decimonónicos triunfó de manera temprana, completa e incontestada. Los políticos acordaron con el lema del presidente Manuel Gondra (al que tocó organizar los festejos del Centenario de 1911): “nuestro tirano fue el único en América que murió con el nombre de la patria en los labios”. El culto del Mariscal Francisco Solano López, que así diciendo cayó en 1870 ante los brasileños en Cerro Corá, de su padre Carlos Antonio López, de su antecesor el frío doctor Gaspar Rodríguez de Francia, que ya en camino para hacerse sacerdote, cambió el rumbo, leyó a los enciclopedistas franceses, se hizo “el Supremo” y cerró por décadas el país a toda contaminación foránea, fue elevado a religión cívica en tiempos del dictador Stroessner. El Tiranosaurio, así lo llamaron sus opositores, no desdeñaba presentarse, y reverenciarse, como héroe viviente por su cada vez más alejada participación juvenil en la Guerra del Chaco.
  Un discurso oficialista y oficioso progresivamente convirtió la disidencia intelectual de Juan O’Leary y de otros revisionistas en conveniente aval de una autocracia de origen controlado. Si los revisionistas ubicaban resueltamente el foco de positividad de la historia paraguaya en décadas de aislamiento y dictadura, y si ellas eran el modelo que servía como alternativa al que había guiado etapas más recientes de la vida nacional, no podía negarse que el stronato emulaba con decisión un autoritarismo omnipresente e incontestado. Ante esta versión de los hechos, que era menos un intento de explorar el ritmo y la estructura de la historia nacional que ofrecer una narrativa de conclusiones previamente convenidas, la reacción no fue sólo, ni principalmente, historiográfica, sino literaria. En uno y otro caso, muchas veces desde la perspectiva de exilios más o menos dorados. Augusto Roa Bastos, el “mejor escritor argentino que escribió sobre Paraguay”, según la fórmula menos maliciosa que exacta de algunos de los escritores aquí compilados, escribió su mejor novela, Yo el supremo (1974), que es también la mejor “novela de dictador” iberoamericana, sobre el Dr Francia. No parece casual que sea el libro que escojan como favorito las misses que ganan frecuentes concursos de belleza, y que cuando entrevistadores poco benevolentes les pregunten de qué trata, las reinas guaraníticas respondan sin vacilar “de la dictadura de Stroessner”. Como en la literatura soviética, el aludir fabuladamente al presente con imágenes del pasado fue elección frecuente de la ficción paraguaya escrita o difundida durante los años del stronato.
 
No más caras, no máscaras
Tras la calibrada huida de Stroessner a Brasil tras el golpe familiar de su yerno el general Andrés Rodríguez, la literatura del Paraguay ha vivido desarrollos antes impensados o menos transitados. Pero también ha continuado otros antes germinales, y aun ha discontinuado o marginalizado unos terceros.
  En un extremo, encontramos una narrativa descarnada, íntima, experimental, realista o simplemente desembozada, cuyo asunto, trama o fondo refiere, a las décadas de la dictadura stronista, de la cual se atreve a decir su nombre. Una novela como La querida (2008) de Renée Ferrer, que narra las desdichas de las amantes del poder, más perdurables o más ocasionales, desde una perspectiva que, programáticamente, era la de la mujer, parecía antes improbable por las fuerzas de una censura tanto política como social. La literatura de mujeres en el país americano que más tardó en darles el voto (fue en 1961, y cuando sólo el Partido Colorado era legal –no había peligro de error femenino-), ha constituido un fenómeno sociológico. Cuentan con su propia organización, EPA! (Escritoras Paraguayas Asociadas), club de género exclusivo, pero también pueden pertenecer al PEN Club y a otros agrupamientos. Si en esta recopilación resultan subrepresentadas (dos relatos de Montserrat Álvarez integran la selección), se debe a que se verían sobrerepresentadas en una antología de poesía del Paraguay.
  En el otro extremo, la novela histórica esópica, aquella que para hablar del presente se sitúa en el menos incómodo, por distante, pasado, ha dejado de gozar de los misterios de contraseña secreta que antes la caracterizaban. El mayor de estos novelistas históricos, Guido Rodríguez Alcalá, tan fiel a los documentos, tan irónico en los dobleces políticos de personajes que eran a la vez ellos mismos y otros refractados, como lo hizo en su obra maestra Caballero (1989), en su última novela El peluquero francés (2009) narra ya con una libertad ficcional, y una ausencia de referencialidad, que antes eran menos imposibles que muy poco urgentes. Liberadas de censuras políticas inmediatas la historia profesional y la prensa, la ficción se encuentra ante la situación nueva de que la figuración del presente no ha de hacerse convenientemente por el pasado y de que el pasado se vuelve menos instrumental y dúctil. Los cuentos, relatos y novelas de Helio Vera, mejor conocido por su ensayo de interpretación nacional de revisionismo de los revisionistas En busca del hueso perdido (1990), forman un corpus único de una elegancia corrosiva, donde una ironía a veces suave, otras erótica, otras también cruel, es el antídoto contra el alegorismo esópico. A las formas del realismo han correspondido reacciones de diversa violencia y elegancia. Al supersticioso lector asombrará que la ciencia ficción no falte en las letras paraguayas. Como el minimalismo que no se llama con ese nombre, ni con ningún otro reduccionista, de Nicolás Granada.

Autoridades y autores, chongos y perros
A la imagen mitológica del Paraguay como tierra sin mal ha correspondido otra, no menos inverificable, de nación sin literatura. O la de una literatura sin obras maestras, una isla sin mar limitada en sus artes y cultura por las fronteras innaturales de lo folklórico y lo derivativo.
  La supervivencia de la monarquía en sociedades liberales ha sido tema de interesada especulación. Pero acaso la impronta del armiño, la sangre azul, y el carisma hereditario sorprendan tanto más cuando los advertimos en prácticas y sistemas de creencias que, como la literatura, muchas veces proclaman anhelos emancipatorios de tiranías y servidumbres involuntarias. A pesar de la prominencia del Partido Liberal, a pesar de los largos años en que fue gobernado por él, el Paraguay jamás lo ha sido. La existencia y subsistencia de un único escritor internacional, poco renuente a abandonar esta posición explica el título de esta antología. Dos de las mayores figuras literarias, el poeta Carlos Villagra Marsal y el novelista Guido Rodríguez Alcalá han resentido la noche lateral a la que ese brillo los destinó. Acaso haya sido más notable el oscurecimiento en el caso de Rodríguez Alcalá: sus novelas, entre las mejores que se escribieron en castellano en las últimas décadas iberoamericanas, son poco leídas fuera su país.
  Tampoco en esta antología figuran narraciones de Rodríguez Alcalá. La selección no le haría más justicia que la de señalar su existencia y vigencia, pero sus grandes novelas, donde cada parte cobra su primer sentido en taimado contraste con otras, se prestan poco a la presentación episódica. Algunas son anteriores a límites temporales propuestos: las que aquí pueden leerse son narraciones escritas después de la noche del 2 de febrero de 1989 en la que un golpe familiar hizo caer treinta y cinco años de dictadura del general Stroessner.  

La intemperie del presente guaú
Las narraciones que integran esta antología representan al Paraguay del horizonte post 1989, pero antes de cumplir esta función para la que fueran convocadas, eran relatos legibles e interesantes, cuyo valor intrínseco resultaba, en primera instancia, prescindente del lugar donde fueron compuestas. Y los lugares son muchos, porque el país del contrabando es, por fuerza, el del cruce constante de fronteras porosas, una ficción, legal, del Mercosur, antes que el límite del Estado que más guerras libró por su soberanía. Los escritores se van, por el exilio o por otras necesidades, pero también hay escritores arribeños, que vinieron a un país que no siempre los esperaba. El anarquista Rafael Barrett y la lírica y fantástica Josefina Pla representan los perfiles más nítidos, y más españoles, de estas figuras, pero hay muchos otros a quienes se les desdibujan en un claroscuro no tan frecuentemente evocado.
  Cruzan las fronteras las personas y las mercancías, pero también las lenguas, y el portuñol naturalizado o salvaje llega de la mano del brasiguayo, o del escritor que elige esa identidad transitoria y revocable, que así niega toda otra identidad, ficticiamente genuina o ficcionalmente híbrida.
  A los autores reconocidos por su peso propio, o por el peso inerte de la tradición, se unen otros más experimentales, menos institucionales, propios de una literatura cuyo singular dinamismo interior y duros constreñimientos exteriores (ausencia de un mercado editorial y de lectores genuinos en un país de seis millones y medio de habitantes, donde una venta de quinientos ejemplares para una novela es un modesto record) parece evitársele el ingreso seguro en cualquier proceso de consolidación canónica o comercial. También el riesgo, o el beneficio, de la profesionalización de los escritores, que son periodistas, profesores, funcionarios, gestores o administradores culturales, microemprendedores, o ejercen profesiones liberales, trabajan en empresas estatales o privadas, combinan dos o más de las condiciones anteriores, aspiran a una vida como sucesión de estímulos, premios, becas, y demás residencias en la tierra.

Distancias kurepas y exilios paraguas
La literatura del Paraguay, como todas las literaturas nacionales, sólo existe desde el otro lado del río Pilcomayo. Sólo bajo ojos extranjeros. A pesar de una cortesía que no conoce desfallecimientos –ser argel, pirevaí, “mala onda”, es intolerable injuria-, a algunos narradores aquí presentes inquietan sus connacionales vecinos, y se sienten más próximos de argentinos o norteamericanos o españoles. Que son las literaturas mejor leídas por los escritores del Paraguay. Del Paraguay antes que en Paraguay: algunos de estos narradores viven distantes, aunque ya no exiliados. Los unen una lengua (o dos o tres o más, entreveradas), una situación histórica y social, un conjunto de referencias geográficas y culturales más o menos inescapables antes que una tradición literaria, una clase de edad, de género, de visión del mundo.
  En muchos casos de la actividad literaria actual en el Paraguay, como la de los escritores “cartoneros”, que son también los más activos en performances y soportes electrónicos y difusión directa online de sus textos y sus voces en redes sociales o vistosamente asociales, se constata una situación singular. En su narrativa en especial, en su literatura en general, la acción y reacción de los materiales lingüísticos puros, o en bruto, del jopara, el guaraní, el portuñol, el portugués, y aun el inglés y otras lenguas y dialectos de frontera, es mayor que la lectura de otras literaturas. Como si la irrupción del entrevero lingüístico fuera anterior, y en suma siempre preferible, a cualquier amaneramiento de convenciones de estilo y decoro o a pautas de ruptura literarias, o a la exploración de estas tradiciones.
  En el país de las duplicidades, cuando en 1811 discutió en congreso su independencia, el doctor Francia colocó sobre una mesa dos pistolas: “una está destinada contra Fernando VII y la otra contra Buenos Aires”. La literatura argentina y la española, junto con la norteamericana, siguen siendo, con obstinación, las más leídas por los escritores paraguayos. También la de Hispanoamérica, pero con gustos, que si son rabiosamente contemporáneos cuando se trata de la literatura porteña, en el resto del continente parece detenerse, o sobre todo demorarse, en los autores del boom y en sus forzados aledaños. Pero todos, o casi todos, estos libros, son leídos como si fuera “en traducción”, como redactados en una lengua neutra que traslada de otra que no es la propia. La lengua del Diario Popular es más importante que la de un Adolfo Bioy Casares o aun un Roa Bastos, que cita en guaraní en los diálogos, o en informes, o en montajes, pero no lo entremezcla con la lengua del narrador. Esos libros son leídos con dificultad: la distribución de las grandes editoriales en castellano no llega al país mediterráneo, las librerías son pocas y con pocos libros, pocas bibliotecas reciben literatura nueva de modo continuado, a lo que se suma que la lectura on line es cara y poco accesible: Paraguay es el país americano con menor conectividad a Internet. Estas literaturas actúan, muchas veces, antes sobre las ideas literarias que sobre la práctica, antes sobre la concepción y configuración que sobre el estilo y las maneras. Es así que la lengua portuguesa, portuñola, brasiguaya, coloquial, fronteriza, contrabandeada por rapaces, leída en títulos de revistas sensacionalistas, oída en radio y televisión, es de una importancia capital, mientras que la frecuentación de la literatura brasileña, aun la de los escritores de sus booms desarrollistas y de sus cracs regionales, es desigual, esporádica, poco relevante.

Ciudades de la llanura y tierras sin mal
Los textos aquí compilados son más valiosos que representativos. El interés de su lectura excede el de conocer la narrativa paraguaya contemporánea. Sin embargo, la diversidad nacional se advierte en la selección. El fin del stronismo trajo consigo un desarrollo urbano que se volvió notable ante todo en la capital Asunción, pero también, con otras características, en Ciudad del Este, ex Puerto Stroessner, enclave comercial de la Triple Frontera. De esta área son las narraciones de Damián Cabrera. El título de su novela, Xiru, es un prodigio de heteroglosia y de esa rara figura retórica, aquí realidad lingüística sin figuraciones, llamada enantiosema: una palabra que significa a un tiempo una cosa y su contrario. Xiru es un término tupí-guaraní, en la variedad hablada en el Brasil contiguo a la frontera paraguaya, que significa “amigo”. El equivalente en el guaraní del Paraguay es el ubicuo vocativo masculino chera’a, compañero. Pero el engañoso xiru es la voz xenófoba que los brasileños de la frontera usan para designar a los paraguayos: en verdad, si no un enemigo, todo lo contrario de un amigo. De Pedro Juan Caballero, de la frontera norte, son textos de Douglas Diegues y el distante Javier Viveros, que reparte su vida entre América y África, los extremos de la trata esclavista atlántica en la colonia. La heteroglosia conforma, o distoriona, o contorsiona el habla de quienes viven en el Paraguay; la literatura del país es un caso raro, no sólo en América: no sólo no está divorciada de esa habla, sino que parece anticipar muchos de sus evoluciones o procesos antes que seguirlos o reflejarlos.
  Otros relatos abordan la desestructuración social del mundo rural, otras tramas vuelven sobre la historia reciente del país. La novela El Rubio de Domingo Aguilera bucea en el pesado under capitalino con sus leyes y jergas y profundidades y diferencias, como si un mundo social nuevo requiriera, o invitara, renovaciones formales para la narración. El autor de esta novela urbana asuncena es, profesionalmente, un especialista en folklore rural guaraní. Hay tramas que bailan el ritmo cumbiantero y cachaquero de los barrios populares de Asunción, como La Chacarita o Lambaré; otras voces olvidadas afloran desde el interior indígena y campesino: el país criollo que adoptó el guaraní como lengua oficial siempre ha mantenido a sus indios a prudente distancia.
  Si la nueva protagonista de la literatura paraguaya posterior al golpe del ´89 es la ciudad, en especial la capital Asunción, el país, otra singularidad americana, sigue siendo un universo campestre, y la mayor parte de la población vive en el campo.
  El sector laboral más y mejor organizado es el de los campesinos. Es el único en haberse preservado del éxodo rural: la emigración mayor es hacia la Argentina. Es por ello que la gran novela que en la literatura del Paraguay puede compararse –comparación nos es razón- con el Adán Buenosayres (1948) de Leopoldo Marechal es Yvypóra: El fantasma de la tierra (1959) de Juan Bautista Rivarola Matto, la que puede compararse con El sueño de los héroes (1954) de Bioy Casares es La Babosa (1952) de Gabriel Casaccia y a La Caída (1956) de Beatriz Guido, La llaga (1964) del mismo autor: a estos tres relatos porteños de densidad literaria, cultural, psicológica únicas corresponden otros tres no menos sobrescritos, pero decididamente anti-urbanos. Si el primero es un relato rural como parece imposible en la Argentina de la década de 1950, la acción de los otros dos transcurre en Areguá, una localidad de veraneo de los liberales a hora y media de Asunción, sobre un Lago Azul, el legendario Ypacarai, hoy negro por las poluciones. “Creo que la obra de Casaccia, fundamentalmente a partir de su novela La babosa, es la que marca el camino para romper el pensamiento único impuesto desde el poder”, reflexiona el poeta Douglas Diegues. Desde su exilio argentino, Casaccia fundó el sentido crítico y la modernidad de las letras paraguayas. Condenando el atraso, el chisme, la violencia, el machismo y la frustración nacional, las novelas de Areguá construyen un microcosmos del Paraguay.
  El Paraguay de hoy, menos misterioso que el de Casaccia, está gobernado por un cura tercermundista, tiene más soja transgénica que naranjas, más mafiosos ligados al Partido Colorado que dictadores. Pero su población rural sigue esperando la reforma agraria.



Asunción-Buenos Aires, enero de 2011

Sergio Di Nucci – Nicolás G. Recoaro – Alfredo Grieco y Bavio






Nota bibliográfica

Si cualquier antología de narrativa o poesía paraguaya enfrenta al compilador con las zozobras de la selección, no ocurre otro tanto con el ensayo y menos aún con la crítica y la historia literarias. Sobre literatura en general, el Portal Paraguay de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvirtual.com) resulta muy útil, ya que ofrece obras de un centenar de autores. En www.portalguarani.com y en letrasparaguayas.blogspot.com hay información actualizada. Para los textos en guaraní, el sitio de Lustig (www.staff.uni-mainz.de/lustig/guarani) es el más actualizado. La mejor obra de conjunto sigue siendo la de Rubén Bareiro Saguier, Literatura guaraní del Paraguay (Asunción: Servilibro, 2004). Una visión general de las letras paraguayas se encuentra en la obra de Hugo Rodríguez Alcalá y Dirma Pardo Carrugati, Historia de la literatura paraguaya (Asunción: Servilibro, 2004). Entre los libros de Teresa Méndez-Faith, el más rico en informaciones resulta el Diccionario de la literatura paraguaya (Asunción: Servilibro, 1996). La narrativa de finales del siglo XX cuenta con alguna antología, como la de Guido Rodríguez Alcalá y María Elena Villagra, Narrativa paraguaya (1980-1990) (Asunción: Don Bosco, 1992) y una dilatada historia, que se detiene en el umbral de la década de 1990, en el bien investigado volumen de José Vicente Peiró, La narrativa paraguaya actual (Asunción: Uninorte, 2006). También es significativo el aporte de dos antologías editadas por cartoneras que compilan textos de narradores contemporáneos: “Asunción t mata” (Asunción: Felicita Cartonera, 2009) y “Lluvia negra” (Asunción: Yiyi Jambo, 2009). Finalmente, en el excelente resumen de la completa literatura paraguaya, “Historia de la literatura”, de Mar Langa Pizarro, en Historia del Paraguay (Asunción: Taurus, 2010), hay una lista de autores y obras narrativas, con comentarios mínimos pero pertinentes, de las dos últimas décadas.


Agradecimientos

Este libro no habría sido posible sin una serie de auxilios desinteresados en Paraguay y en Argentina. En primer lugar, sin la hospitalidad que nos brindaron u ofrecieron Simón Cazal, de la organización Somos Gay, en su sede de la calle Mandubirá en Asunción, y Damián Cabrera en Minga Guazú. Entre quienes nos orientaron primeros, virgilios en la vida política, social y cultural paraguaya, laberíntica como el asunceno Mercado 4, está Adelina Pusineri, directora del Museo Etnográfico Jesús Barbero. Y también la poeta y narradora Milia Gayoso Manzur. Entre las editoriales, fueron de una generosidad que no conoció límites Vidalia Sánchez de Servi Libros y Lía Colombino de ediciones La Ura. En el diario La Nación, la entera sección de Cultura en general y Carlos Giménez en especial fueron siempre serviciales en el momento correcto, como lo fue, en el mismo diario, el gran periodista que es Rubén Velásquez -y aun supieron anticiparse a nuestras necesidades. Desde luego, todos los autores aquí reunidos fueron colaboradores serviciales, respondieron nuestras preguntas, aun las que no merecían respuestas, y ampliaron nuestro conocimiento de la literatura y la vida del Paraguay.