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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!
miércoles, noviembre 30, 2011
martes, noviembre 29, 2011
ISIS: Villiers de L'Isle Adam
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lunes, noviembre 28, 2011
el narciso de Egipto: Almada Negreiros
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domingo, noviembre 27, 2011
Pichado reseñista español contra la expresión "genio de escritura" dedicada x crítica anglo a escritor paraguayo y no así a nobel mexicano y nobel peruano
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Heroína: Emilio Rodrigué
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sábado, noviembre 26, 2011
Chernov y Slim: premiados, best sellers pero killers
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viernes, noviembre 25, 2011
peso (ficticio) paraguayo
a un gobierno de ladrones un pueblo de rateros. un país con moneda depreciada es un país pobre.hace varios años que ni alemania ni francia cotizan el dinero argentino. en el mercado de divisas, que el pueblo llama la bolsa negra, el peso argentino ha caído al nivel del paraguayo, que era el más bajo de américa....
de ¿qué es esto? catilibaria, ezequiel martínez estrada, , ediciones lautaro, baires, 1956, 75 p. (las redondas son mías)
de ¿qué es esto? catilibaria, ezequiel martínez estrada, , ediciones lautaro, baires, 1956, 75 p. (las redondas son mías)
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jueves, noviembre 24, 2011
The Harder They Come, 1972
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miércoles, noviembre 23, 2011
1 mito menos: Hipatia, fue una Sophia pero vieja y fea
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martes, noviembre 22, 2011
PROCESO DEL ESTADO SOVIÉTCO a LOS ESCRITORES Siniavski y Daniel
La helada de andrei siniavski en Lumen, 1972, hay otros 2 textos en editorial Sur de los años 60
Andrei Siniavski nació en Moscú en 1925. Tras
haber hecho pasar clandestinamente varios de sus escritos a Francia, es
detenido en 1965, juzgado con Iouri Daniel y condenado a siete años en un campo
de concentración. En 1973 se instala en París y desde entonces enseña en La
Sorbona.
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lunes, noviembre 21, 2011
sábado, noviembre 19, 2011
Casanova semi trucho de antes de la edición crítica de 1960
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sin fecha de edición
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viernes, noviembre 18, 2011
DOSSIER Tarkovski, 1
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número 69/70,
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jueves, noviembre 17, 2011
miércoles, noviembre 16, 2011
Hermanos Strugatski y Bergounioux
strugatski gratirola en gigamesh!
el Bergounioux de ediciones alfabia
Puedo soltar 3 nombres apenas, Bioy, Buzzati y Strugatski,
y la triple desmitificación do mayor
mito del siglo xx, la juventud como entidad o colectivo rebelde que desplaza,
purga, purifica el mundo de su lastre vejestorio, de las ideas reaccionarias y
ya caducas: esos siniestros niños-ratones bajo la seducción de los
leprosos-Hamelin de los hermanos Strugatski, esos teddy boys cazando viejos
desprevenidos e incautos en las noches de la modernidad luminosísima de neones
y rocanrol del italiano, en fin, la guerra del cerdo, piberío patoteril
disminuyendo el mundo de los viejos argentinos o no…en Bioy.
el Bergounioux de ediciones alfabia
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martes, noviembre 15, 2011
Para el delicado paladar kurepa: narradores-chongos de Paraguay
Los chongos de roa bastos, selección de narrativa actual paraguaya
que publica Santiago Arcos en estos días, nobleza me obliga -llegado es el
momento agora- a explicar de dónde cuernos salió nombre tan estrambótico pues este
título no es más que una pluralización del cuento epónimo de mi autoría dentro
del conjunto….
A fines de los noventa uno de los periódicos amarillos surgidos
post-dictadura, para latigar el aturrullamiento de la massa semi analfabeta,
creó una sección hebdomadaria llamada justamente EL CHONGO DE LA SEMANA, donde
un prójimo de turno exhibía tan poco spinozianamente sus atributos
físico-genitálicos previo salario acorde suponemos al poder de despliegue o
potencial envergadura de su aparato ya ponderado y juzgado por un tribunal
probo en representación del inculto público consumidor del diario…Entonces no fue más que hacer la relectura paródica de tal despliegue
cultural neoliberal noventero y yuxtaponerlo a la imagen de inaccesibilidad de
nuestro Héroe Cultural, el recién regresado premio Cervantes, figura demaizada
igualmente por la massa damnata…(como aquel Curandero
Místico de Naipul, que con la táctica de aparecer en las reuniones públicas
con dos taxis repletos de libros terminaba fraguando un aura de santidad y
sabiduría muy anhelada y admirada por la plebe hindú trinitense) y muy usado
por los perifoneros mediáticos como ejemplo nativo de éxito internacional, onda
talento de exportación…y demás mitos esgrimidos
entonces a pesar de su flagrante insustentabilidad…El Karaí Guasu de Roa
Bastos quedaba así recortado con las tijeras de la cultura del momento, esa que
priorizaba el rumor, los infundios fantásticos, el gran guiñol, el sexo
prohibido y escandaloso…En suma, el texto era una disparatada y divertida
invaginación del inconsciente popular - de la generalmente rastrera y playa realidad- a la vez que la asimilación de lo Otro en
un alfabeto carnavalesco.
Claro, sobre el conjunto de los
textos no pende tal estigma, supongo que los editores acuñaron tal nomenclatura
simplemente como punto de arranque de una posible nueva generación de
narradores post-roabastianos…chongos éstos dotados esta vez de poderosos textos
que gustaran al culto – y, desde
siempre, de delicado paladar- público
argentino.
Cristino Bogado
Asunción, kapital de Paraguay
18 Octubre 2011
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sábado, noviembre 12, 2011
YVYPóRA: JB Rivarola Matto
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viernes, noviembre 11, 2011
Los chongos de Roa Bastos. tapa escaneada
hay ejemplares disponibles para los
interesados
en
rescatarlo
en Asunzión -mi
entras se cuaja una
presentación
oficial- en
Servilibro de la plaza uruguaya,
ké buena
mezcl
a: chongos e indios juntos! o en mi
mail...kurubeta@gmail.com y celu 0981-
288124
interesados
en
rescatarlo
en Asunzión -mi
entras se cuaja una
presentación
oficial- en
Servilibro de la plaza uruguaya,
ké buena
mezcl
a: chongos e indios juntos! o en mi
mail...kurubeta@gmail.com y celu 0981-
288124
jueves, noviembre 10, 2011
Le Clavier Cannibale: Les voleurs de sources: Burroughs et le plagiat
Le Clavier Cannibale: Les voleurs de sources: Burroughs et le plagiat: On ne va pas revenir sur ces histoires de plagiats, qui sont la tarte à la crème de la critique littéraire – qui, franchement, a déjà mangé ...
martes, noviembre 08, 2011
CONDE ORGAZMO en busca de su logo, y suscriptores-anunciantes antes de salir a patear paraísos en diciembre
Conde Orgazmo
Perfil para (ñembo) editorial de
arranque y para (dibujar) logo
El conde en política rechaza las puntas: ni chavista ni
imperialista yankee. En economía, además de a Marx –a quien nunca leyó, gusta
de Lujo Brentano…Siempre ximbo, quedando mal, por rechazar las posturas más
fáciles, medio yogui por ende, parado en posición difícil, quedando mal ante el
amigo, fifty traidor de lealtades, voto inseguro, aunque nunca llegó a votar a
no ser sus botas de caraguatá. Su esencia luego es paradojal, conde en un país sin
reforma agraria mandoneado x ganaderos y sojeros. Joparaizado marcha orgulloso
no cada ano sino todos los bellos y solares días, ni guaraní puro (inventar
etimologías para venderlas como la Verdad verbigratia el chistoso vakapipopo, pelota que caga y hace pipi) ni menos
casticismos de academias antediluvianas (no la mutilación del habla vertiéndola
en una codificación más decente y presentable cual hizo ese makatero urbano klandé de
Villagra Marsal). Su peli favorita –una autentica clase de lógica
post-aristotélica, anti dualista, polivalente-: El bueno, el malo y el feo...El se ve siempre como feo…Un Cyborg
tercermundista, váyro, valle, no pavlovizable totalmente, producto del
designers cheto-truxo de la biopolítica mundial, él sabe su sino sin
teleologías utópicas ni esencias trascendentales, es una criatura al nivel de
una herramienta, funciona a medias como el capitalismo, la conexión a internet
de tigo, ni siquiera es el Cromañón de Kubrick elevándose al unísono de la
pompa wagneriana-straussiana…sobre sus dos patas humanas...Pos humanismo cibertecno
con afta en la boca desdentándose in crecendo…pero no desea que todo pase por
el filtro del capital o la burocracia estatal. Ni elitista (lo de conde es una
parodia evidente en país de pobres) ni mantenido por el estado muã muã, menos
individualista consumista nihilista capitalista, acaso comunitario, comunal, ni
tan cerca ni muy lejos, tócame desde mi
distancia, inmunidad en la comunidad, yo a través del otro…
Catacresis
es su figura retórica favorita, sí, abuso de la lengua míster Aristóteles,
forzar la lengua, excederla para nombrar eso, esa cosa, que no tiene nombre; la
lengua, óiganlo, en el fondo es abuso, exceso, exageración, todas las bellezas
y logros de la lengua son meros abusos, el mundo sería mudo y estéril si la
lengua misma no transgrediera sus reglas fijas y su código casi fascista…Sí,
señor parlamentario colorado, ¡zapatero a sus clavos!...Creatividad del error,
y no como piensa helio vera en su recopilatorio de errores paraguayos que solo
los cultos y ojetavyova’ekue aunque sea ecuela pyharepe llegan a hablar bien, fuera corrección, solo el que se
equivoca es creativo, aquel que intenta salirse de su locus ameno, la dislexia
es la gimnasia diaria del verbo y aun la ignorancia
inquieta pueblo tiene como oficio neologizar, errancia esencial del ser…Y
de donde creen que salieron esas catacresis hoy hechas norma, patrimonio
universal de la lengua actual: hoja de la puerta, pata de la mesa, brazo de
mar, lecho de rio, domingo de la vida, pastillas de amnesia doctor, etc...Resucitaran de sus cenizas como el gato Félix,
eso es creatividad, susurrealismo, no incultura parcheable con horas de clase
ministerio-cultural-paraguayo Monsieur Guasú ¡¡seriote Vera!!
El conde Orgazmo habita los
intersticios de la tela de la que esta tramada Asunzión, hoy sale con su bolsa
maká rescatada de calle Palma, lleva sobre su cabeza cual chipero en n equilibrio
sus frutos de letras, sale vestido de
Asunzión, cojea por los calambres que le
infringen baches, los obligados y desesperados saltos sobre la cebra y veredas rotas, vive a pie conectado con el mundo, hace de
neo periodista backtagiano, cicerone o reseñista kaigué, poeta y ciberfilósofo,
amante del piano de pulgar africano y del theremin ruso, quinta columnista de
la inteligencia siempre, a contrapelo de lo obvio y esperado, no importa que se
enoje su abuela humosa de cigarro poguasu, siempre
hoy como ayer su Darling comprende su soledad bicentenaria y mestiza…
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lunes, noviembre 07, 2011
INTRODUCCIÓN VEINTE AÑOS DE DEMOCRACIA, DOSCIENTOS AÑOS DE SOLEDAD
INTRODUCCIÓN
VEINTE AÑOS DE DEMOCRACIA,
DOSCIENTOS AÑOS DE SOLEDAD
Los chongos de Roa Bastos reúne narraciones del Paraguay compuestas en
los días y años que siguieron a la caída del mayor dictador del Partido
Colorado en el poder. Los dos decenios vividos sin excesivo entusiasmo ni
irreparables quebrantos por la democracia electoral sin proscripciones resultan
todavía asimétricos frente a casi medio siglo de presidencia perpetua del
general Alfredo Stroessner (1954-1989). Escaso aún es el tiempo que el Paraguay
ha vivido por fuera de la tutela directa del partido monopólico que, relegado
al plano ideal los principios populistas y ruralistas invocados en su fundación
de 1887 por Bernardino Caballero, conspicuo sobreviviente de la Guerra Guazú, se
había convertido en eficaz instrumento de unas Fuerzas Armadas depuradas, de la
élite stronista y de sus bien subordinadas clientelas. Cuando el 14 y el 15 de
mayo de 2011 el Paraguay celebre el Bicentenario de su Independencia, los
festejos serán presididos por un mandatario nacido antes que de un partido
único, de una coalición, la Alianza
Patriótica para el Cambio: apenas tres años atrás los votantes
paraguayos habían preferido a Fernando Armando Lugo Méndez contra la candidata
del Partido Colorado, Blanca Margarita Ovelar de Duarte. No los tentó la
oportunidad histórica de votar por primera vez a una mujer como presidente pero
eligieron ser la primera nación de la tierra que en elecciones libres
consagrara a un obispo católico para la primera magistratura.
Un país de consentidas duplicidades
El
Paraguay es el único país cuya bandera presenta dos caras con imágenes diferentes.
El único que celebra dos fechas de independencia. El único de América donde los
conquistadores adoptaron la lengua de los conquistados. Como lo señala el más
trivial de sus historiadores profesionales, Efraín Cardozo, el guaraní se
convirtió en el más pronunciado rasgo de diferenciación del Paraguay con
respecto a las demás colectividades americanas, el más cohesivo aglutinante
inmaterial que unió en fuerte vínculo social. Para el intelectual largo tiempo
exiliado, tantas felicidades sociológicas no compensaron los infortunios en el
orden cultural: “el nativo quedó encapsulado dentro de su rica y variada
lengua, con la cual tan bellamente expresaba sus sentimientos, pero que de nada
le servía para conocer y asimilar las glorias del espíritu humano, como no
fueran las de índole religiosa”. Si en la adopción del guaraní influyeron los
sínodos que renunciaron al español para la prédica evangélica, un ciclo parece
completarse al ser un obispo-presidente quien esté al frente de las
celebraciones del Bicentenario.
El reparo de Cardozo era, y seguiría siendo,
común ante las lenguas de los pueblos sin escritura cuando estas se enfrentaban
a una “lengua de civilización”, es decir, europea. Pero a diferencia de lo que
ocurría en la vecina Bolivia, donde la división lingüística se correspondía con
límites étnicos, en Paraguay el guaraní es lengua de la sociedad toda. No
reconocerlo implicaba ponerle frenos a la comunicación. Los autores reunidos en
esta antología lo saben, pero tampoco se han sentido tentados por un purismo
indigenista. Todos escriben en una lengua con diversos grados de vigorosa
impureza. Al jopara, denominación de la mezcla de guaraní y castellano, emblema
de plato de pobre que reúne en partes siempre desiguales arroz y frijoles, se
suman o alternan otras formas de heteroglosia, como el portuñol más o menos
salvaje de las fronteras con el Brasil, a su vez hibridado o mestizado, sin
plan ni hipóstasis alguna, con otras formas de guaraní y con otras lenguas y
hablas indígenas.
La renuncia programada y convertida en
principio, o acaso la indiferencia, a los estándares del español internacional
y la renuencia a constituir un dialecto culto asunceno equivalente en cuanto
decoro al de Lima o Montevideo es uno de los rasgos que aúnan, con más fuerza
para la mirada extranjera que para la local, a los textos aquí compilados.
Escritores como Cristino Bogado o Edgar Pou o Douglas Diegues prestan una
atención que conoce pocos desfallecimientos a la heteroglosia militante en
textos y posiciones. Un escritor más clásico, menos en desacuerdo con la imagen
de un gran cuentista latinoamericano, como José Pérez Reyes, está lejos de
publicar en editoriales cartoneras, pero no tolera que la multinacional
Alfaguara depure el jopara de sus cuentos de Nueve cuentos nuevos (2009), dirigidos a un público adulto-juvenil,
al que, con el empeño pedagógico que caracteriza a un grupo editorial que ha
encontrado en la escolar Santillana su piedra miliar y base de sustentación, se
busca enseñar a bien hablar, leer y escribir en una operación única.
Historia y decurso: piripipí,
pereré, pororó
“Lo
que era un erial no es aún un vergel”, nos dice diplomáticamente, en
Montevideo, el embajador Ricardo Scavone Yegros. No parece casual que esta
autoridad sea uno de los más severos historiadores de Sudamérica: la narrativa
histórica ha ocupado en la literatura del Paraguay un lugar central.
Los motivos de la fatalidad o dilección por
la ficción histórica son muchos y diversificados. No se agotan en los
históricos de una singularidad. Paraguay, la “tierra sin mal” que buscaban los
jesuitas, combatió y sufrió más guerras externas e internas que sus vecinos
sudamericanos: a la Guazú (1865-1870),
cuando la Triple
Alianza de argentinos, brasileños y uruguayos, o Cuádruple si
se numera el auspicio de Gran Bretaña, dejó un millón de muertos paraguayos,
siguieron la Guerra
del Chaco contra Bolivia (1933-1935), y la menos recordada por los extranjeros,
menos sanguinaria Guerra civil de 1947 que expulsó 400 mil paraguayos al
exilio.
El idioma guaraní, único permitido en el
frente y en las comunicaciones desde allí como código secreto natural,
acrecentaba su rico léxico con sustantivos que también eran onomatopeyas: piripí es la ametralladora, pororó son sus ráfagas, pereré es el fogueo.
Tampoco bastan los empeños historiográficos
para dar cuenta de la extensión y perduración de la ficción histórica. A
diferencia de lo ocurrido en Uruguay y en Argentina, en Paraguay el
revisionismo favorable a los firmes autoritarismos decimonónicos triunfó de
manera temprana, completa e incontestada. Los políticos acordaron con el lema
del presidente Manuel Gondra (al que tocó organizar los festejos del Centenario
de 1911): “nuestro tirano fue el único en América que murió con el nombre de la
patria en los labios”. El culto del Mariscal Francisco Solano López, que así
diciendo cayó en 1870 ante los brasileños en Cerro Corá, de su padre Carlos
Antonio López, de su antecesor el frío doctor Gaspar Rodríguez de Francia, que ya
en camino para hacerse sacerdote, cambió el rumbo, leyó a los enciclopedistas
franceses, se hizo “el Supremo” y cerró por décadas el país a toda
contaminación foránea, fue elevado a religión cívica en tiempos del dictador
Stroessner. El Tiranosaurio, así lo llamaron sus opositores, no desdeñaba
presentarse, y reverenciarse, como héroe viviente por su cada vez más alejada participación
juvenil en la Guerra
del Chaco.
Un discurso oficialista y oficioso
progresivamente convirtió la disidencia intelectual de Juan O’Leary y de otros
revisionistas en conveniente aval de una autocracia de origen controlado. Si
los revisionistas ubicaban resueltamente el foco de positividad de la historia
paraguaya en décadas de aislamiento y dictadura, y si ellas eran el modelo que
servía como alternativa al que había guiado etapas más recientes de la vida
nacional, no podía negarse que el stronato emulaba con decisión un
autoritarismo omnipresente e incontestado. Ante esta versión de los hechos, que
era menos un intento de explorar el ritmo y la estructura de la historia
nacional que ofrecer una narrativa de conclusiones previamente convenidas, la
reacción no fue sólo, ni principalmente, historiográfica, sino literaria. En
uno y otro caso, muchas veces desde la perspectiva de exilios más o menos
dorados. Augusto Roa Bastos, el “mejor escritor argentino que escribió sobre
Paraguay”, según la fórmula menos maliciosa que exacta de algunos de los
escritores aquí compilados, escribió su mejor novela, Yo el supremo (1974), que es también la mejor “novela de dictador”
iberoamericana, sobre el Dr Francia. No parece casual que sea el libro que
escojan como favorito las misses que ganan frecuentes concursos de belleza, y
que cuando entrevistadores poco benevolentes les pregunten de qué trata, las
reinas guaraníticas respondan sin vacilar “de la dictadura de Stroessner”. Como
en la literatura soviética, el aludir fabuladamente al presente con imágenes
del pasado fue elección frecuente de la ficción paraguaya escrita o difundida
durante los años del stronato.
No más caras, no máscaras
Tras
la calibrada huida de Stroessner a Brasil tras el golpe familiar de su yerno el
general Andrés Rodríguez, la literatura del Paraguay ha vivido desarrollos
antes impensados o menos transitados. Pero también ha continuado otros antes
germinales, y aun ha discontinuado o marginalizado unos terceros.
En un extremo, encontramos una narrativa
descarnada, íntima, experimental, realista o simplemente desembozada, cuyo
asunto, trama o fondo refiere, a las décadas de la dictadura stronista, de la
cual se atreve a decir su nombre. Una novela como La querida (2008) de Renée Ferrer, que narra las desdichas de las
amantes del poder, más perdurables o más ocasionales, desde una perspectiva
que, programáticamente, era la de la mujer, parecía antes improbable por las
fuerzas de una censura tanto política como social. La literatura de mujeres en
el país americano que más tardó en darles el voto (fue en 1961, y cuando sólo
el Partido Colorado era legal –no había peligro de error femenino-), ha
constituido un fenómeno sociológico. Cuentan con su propia organización, EPA!
(Escritoras Paraguayas Asociadas), club de género exclusivo, pero también
pueden pertenecer al PEN Club y a otros agrupamientos. Si en esta recopilación
resultan subrepresentadas (dos relatos de Montserrat Álvarez integran la
selección), se debe a que se verían sobrerepresentadas en una antología de
poesía del Paraguay.
En el otro extremo, la novela histórica esópica, aquella que para hablar del
presente se sitúa en el menos incómodo, por distante, pasado, ha dejado de
gozar de los misterios de contraseña secreta que antes la caracterizaban. El mayor
de estos novelistas históricos, Guido Rodríguez Alcalá, tan fiel a los
documentos, tan irónico en los dobleces políticos de personajes que eran a la
vez ellos mismos y otros refractados, como lo hizo en su obra maestra Caballero (1989), en su última novela El peluquero francés (2009) narra ya con
una libertad ficcional, y una ausencia de referencialidad, que antes eran menos
imposibles que muy poco urgentes. Liberadas de censuras políticas inmediatas la
historia profesional y la prensa, la ficción se encuentra ante la situación
nueva de que la figuración del presente no ha de hacerse convenientemente por
el pasado y de que el pasado se vuelve menos instrumental y dúctil. Los
cuentos, relatos y novelas de Helio Vera, mejor conocido por su ensayo de
interpretación nacional de revisionismo de los revisionistas En busca del hueso perdido (1990),
forman un corpus único de una elegancia corrosiva, donde una ironía a veces
suave, otras erótica, otras también cruel, es el antídoto contra el alegorismo
esópico. A las formas del realismo han correspondido reacciones de diversa
violencia y elegancia. Al supersticioso lector asombrará que la ciencia ficción
no falte en las letras paraguayas. Como el minimalismo que no se llama con ese
nombre, ni con ningún otro reduccionista, de Nicolás Granada.
Autoridades y autores, chongos
y perros
A
la imagen mitológica del Paraguay como tierra sin mal ha correspondido otra, no
menos inverificable, de nación sin literatura. O la de una literatura sin obras
maestras, una isla sin mar limitada en sus artes y cultura por las fronteras
innaturales de lo folklórico y lo derivativo.
La supervivencia de la monarquía en
sociedades liberales ha sido tema de interesada especulación. Pero acaso la
impronta del armiño, la sangre azul, y el carisma hereditario sorprendan tanto
más cuando los advertimos en prácticas y sistemas de creencias que, como la
literatura, muchas veces proclaman anhelos emancipatorios de tiranías y
servidumbres involuntarias. A pesar de la prominencia del Partido Liberal, a
pesar de los largos años en que fue gobernado por él, el Paraguay jamás lo ha
sido. La existencia y subsistencia de un único escritor internacional, poco
renuente a abandonar esta posición explica el título de esta antología. Dos de
las mayores figuras literarias, el poeta Carlos Villagra Marsal y el novelista
Guido Rodríguez Alcalá han resentido la noche lateral a la que ese brillo los
destinó. Acaso haya sido más notable el oscurecimiento en el caso de Rodríguez
Alcalá: sus novelas, entre las mejores que se escribieron en castellano en las
últimas décadas iberoamericanas, son poco leídas fuera su país.
Tampoco en esta antología figuran narraciones
de Rodríguez Alcalá. La selección no le haría más justicia que la de señalar su
existencia y vigencia, pero sus grandes novelas, donde cada parte cobra su
primer sentido en taimado contraste con otras, se prestan poco a la
presentación episódica. Algunas son anteriores a límites temporales propuestos:
las que aquí pueden leerse son narraciones escritas después de la noche del 2
de febrero de 1989 en la que un golpe familiar hizo caer treinta y cinco años de
dictadura del general Stroessner.
La intemperie del presente guaú
Las
narraciones que integran esta antología representan al Paraguay del horizonte
post 1989, pero antes de cumplir esta función para la que fueran convocadas,
eran relatos legibles e interesantes, cuyo valor intrínseco resultaba, en
primera instancia, prescindente del lugar donde fueron compuestas. Y los
lugares son muchos, porque el país del contrabando es, por fuerza, el del cruce
constante de fronteras porosas, una ficción, legal, del Mercosur, antes que el
límite del Estado que más guerras libró por su soberanía. Los escritores se
van, por el exilio o por otras necesidades, pero también hay escritores
arribeños, que vinieron a un país que no siempre los esperaba. El anarquista
Rafael Barrett y la lírica y fantástica Josefina Pla representan los perfiles
más nítidos, y más españoles, de estas figuras, pero hay muchos otros a quienes
se les desdibujan en un claroscuro no tan frecuentemente evocado.
Cruzan las fronteras las personas y las
mercancías, pero también las lenguas, y el portuñol naturalizado o salvaje
llega de la mano del brasiguayo, o del escritor que elige esa identidad
transitoria y revocable, que así niega toda otra identidad, ficticiamente
genuina o ficcionalmente híbrida.
A los
autores reconocidos por su peso propio, o por el peso inerte de la tradición,
se unen otros más experimentales, menos institucionales, propios de una
literatura cuyo singular dinamismo interior y duros constreñimientos exteriores
(ausencia de un mercado editorial y de lectores genuinos en un país de seis
millones y medio de habitantes, donde una venta de quinientos ejemplares para
una novela es un modesto record) parece evitársele el ingreso seguro en cualquier
proceso de consolidación canónica o comercial. También el riesgo, o el
beneficio, de la profesionalización de los escritores, que son periodistas,
profesores, funcionarios, gestores o administradores culturales,
microemprendedores, o ejercen profesiones liberales, trabajan en empresas
estatales o privadas, combinan dos o más de las condiciones anteriores, aspiran
a una vida como sucesión de estímulos, premios, becas, y demás residencias en
la tierra.
Distancias kurepas y exilios
paraguas
La
literatura del Paraguay, como todas las literaturas nacionales, sólo existe
desde el otro lado del río Pilcomayo. Sólo bajo ojos extranjeros. A pesar de
una cortesía que no conoce desfallecimientos –ser argel, pirevaí, “mala onda”, es intolerable injuria-, a algunos narradores
aquí presentes inquietan sus connacionales vecinos, y se sienten más próximos
de argentinos o norteamericanos o españoles. Que son las literaturas mejor
leídas por los escritores del Paraguay. Del
Paraguay antes que en Paraguay: algunos
de estos narradores viven distantes, aunque ya no exiliados. Los unen una
lengua (o dos o tres o más, entreveradas), una situación histórica y social, un
conjunto de referencias geográficas y culturales más o menos inescapables antes
que una tradición literaria, una clase de edad, de género, de visión del mundo.
En muchos casos de la actividad literaria
actual en el Paraguay, como la de los escritores “cartoneros”, que son también
los más activos en performances y soportes electrónicos y difusión directa
online de sus textos y sus voces en redes sociales o vistosamente asociales, se
constata una situación singular. En su narrativa en especial, en su literatura
en general, la acción y reacción de los materiales lingüísticos puros, o en
bruto, del jopara, el guaraní, el portuñol, el portugués, y aun el inglés y
otras lenguas y dialectos de frontera, es mayor que la lectura de otras
literaturas. Como si la irrupción del entrevero lingüístico fuera anterior, y
en suma siempre preferible, a cualquier amaneramiento de convenciones de estilo
y decoro o a pautas de ruptura literarias, o a la exploración de estas
tradiciones.
En el país de las duplicidades, cuando en
1811 discutió en congreso su independencia, el doctor Francia colocó sobre una
mesa dos pistolas: “una está destinada contra Fernando VII y la otra contra
Buenos Aires”. La literatura argentina y la española, junto con la
norteamericana, siguen siendo, con obstinación, las más leídas por los
escritores paraguayos. También la de Hispanoamérica, pero con gustos, que si
son rabiosamente contemporáneos cuando se trata de la literatura porteña, en el
resto del continente parece detenerse, o sobre todo demorarse, en los autores
del boom y en sus forzados aledaños. Pero todos, o casi todos, estos libros,
son leídos como si fuera “en traducción”, como redactados en una lengua neutra
que traslada de otra que no es la propia. La lengua del Diario Popular es más importante que la de un Adolfo Bioy Casares o
aun un Roa Bastos, que cita en guaraní en los diálogos, o en informes, o en
montajes, pero no lo entremezcla con la lengua del narrador. Esos libros son
leídos con dificultad: la distribución de las grandes editoriales en castellano
no llega al país mediterráneo, las librerías son pocas y con pocos libros,
pocas bibliotecas reciben literatura nueva de modo continuado, a lo que se suma
que la lectura on line es cara y poco accesible: Paraguay es el país americano
con menor conectividad a Internet. Estas literaturas actúan, muchas veces,
antes sobre las ideas literarias que sobre la práctica, antes sobre la
concepción y configuración que sobre el estilo y las maneras. Es así que la
lengua portuguesa, portuñola, brasiguaya, coloquial, fronteriza, contrabandeada
por rapaces, leída en títulos de
revistas sensacionalistas, oída en radio y televisión, es de una importancia
capital, mientras que la frecuentación de la literatura brasileña, aun la de
los escritores de sus booms desarrollistas y de sus cracs regionales, es
desigual, esporádica, poco relevante.
Ciudades de la llanura y
tierras sin mal
Los
textos aquí compilados son más valiosos que representativos. El interés de su
lectura excede el de conocer la narrativa paraguaya contemporánea. Sin embargo,
la diversidad nacional se advierte en la selección. El fin del stronismo trajo consigo
un desarrollo urbano que se volvió notable ante todo en la capital Asunción,
pero también, con otras características, en Ciudad del Este, ex Puerto Stroessner,
enclave comercial de la Triple Frontera.
De esta área son las narraciones de Damián Cabrera. El título de su novela, Xiru, es un prodigio de heteroglosia y
de esa rara figura retórica, aquí realidad lingüística sin figuraciones,
llamada enantiosema: una palabra que significa a un tiempo una cosa y su
contrario. Xiru es un término tupí-guaraní, en la variedad hablada en el Brasil
contiguo a la frontera paraguaya, que significa “amigo”. El equivalente en el
guaraní del Paraguay es el ubicuo vocativo masculino chera’a, compañero. Pero el engañoso xiru es la voz xenófoba que los brasileños de la frontera usan para
designar a los paraguayos: en verdad, si no un enemigo, todo lo contrario de un
amigo. De Pedro Juan Caballero, de la frontera norte, son textos de Douglas
Diegues y el distante Javier Viveros, que reparte su vida entre América y
África, los extremos de la trata esclavista atlántica en la colonia. La
heteroglosia conforma, o distoriona, o contorsiona el habla de quienes viven en
el Paraguay; la literatura del país es un caso raro, no sólo en América: no
sólo no está divorciada de esa habla, sino que parece anticipar muchos de sus
evoluciones o procesos antes que seguirlos o reflejarlos.
Otros relatos
abordan la desestructuración social del mundo rural, otras tramas vuelven sobre
la historia reciente del país. La novela El
Rubio de Domingo Aguilera bucea en el pesado under capitalino con sus leyes
y jergas y profundidades y diferencias, como si un mundo social nuevo
requiriera, o invitara, renovaciones formales para la narración. El autor de
esta novela urbana asuncena es, profesionalmente, un especialista en folklore
rural guaraní. Hay tramas que bailan el ritmo cumbiantero y cachaquero de los
barrios populares de Asunción, como La Chacarita o Lambaré; otras voces olvidadas
afloran desde el interior indígena y campesino: el país criollo que adoptó el
guaraní como lengua oficial siempre ha mantenido a sus indios a prudente
distancia.
Si la nueva protagonista de la literatura
paraguaya posterior al golpe del ´89 es la ciudad, en especial la capital
Asunción, el país, otra singularidad americana, sigue siendo un universo
campestre, y la mayor parte de la población vive en el campo.
El sector laboral más y mejor organizado es
el de los campesinos. Es el único en haberse preservado del éxodo rural: la
emigración mayor es hacia la Argentina. Es
por ello que la gran novela que en la literatura del Paraguay puede compararse
–comparación nos es razón- con el Adán
Buenosayres (1948) de Leopoldo Marechal es Yvypóra: El fantasma de la tierra (1959) de Juan Bautista Rivarola
Matto, la que puede compararse con El
sueño de los héroes (1954) de Bioy Casares es La Babosa
(1952) de Gabriel Casaccia y a La Caída (1956) de
Beatriz Guido, La llaga (1964) del
mismo autor: a estos tres relatos porteños de densidad literaria, cultural,
psicológica únicas corresponden otros tres no menos sobrescritos, pero
decididamente anti-urbanos. Si el primero es un relato rural como parece
imposible en la Argentina
de la década de 1950, la acción de los otros dos transcurre en Areguá, una
localidad de veraneo de los liberales a hora y media de Asunción, sobre un Lago
Azul, el legendario Ypacarai, hoy negro por las poluciones. “Creo que la obra
de Casaccia, fundamentalmente a partir de su novela La babosa, es la que marca el camino para romper el pensamiento
único impuesto desde el poder”, reflexiona el poeta Douglas Diegues. Desde su
exilio argentino, Casaccia fundó el sentido crítico y la modernidad de las
letras paraguayas. Condenando el atraso, el chisme, la violencia, el machismo y
la frustración nacional, las novelas de Areguá construyen un microcosmos del
Paraguay.
El Paraguay de hoy, menos misterioso que el
de Casaccia, está gobernado por un cura tercermundista, tiene más soja
transgénica que naranjas, más mafiosos ligados al Partido Colorado que
dictadores. Pero su población rural sigue esperando la reforma agraria.
Asunción-Buenos
Aires, enero de 2011
Sergio
Di Nucci – Nicolás G. Recoaro – Alfredo Grieco y Bavio
Nota bibliográfica
Si
cualquier antología de narrativa o poesía paraguaya enfrenta al compilador con
las zozobras de la selección, no ocurre otro tanto con el ensayo y menos aún
con la crítica y la historia literarias. Sobre literatura en general, el Portal
Paraguay de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvirtual.com) resulta muy útil, ya que ofrece obras de un
centenar de autores. En www.portalguarani.com y en letrasparaguayas.blogspot.com hay
información actualizada. Para los textos en guaraní, el sitio de Lustig (www.staff.uni-mainz.de/lustig/guarani) es el más actualizado. La mejor obra de
conjunto sigue siendo la de Rubén Bareiro Saguier, Literatura guaraní del Paraguay (Asunción: Servilibro, 2004). Una
visión general de las letras paraguayas se encuentra en la obra de Hugo
Rodríguez Alcalá y Dirma Pardo Carrugati, Historia
de la literatura paraguaya (Asunción: Servilibro, 2004). Entre los libros
de Teresa Méndez-Faith, el más rico en informaciones resulta el Diccionario de la literatura paraguaya
(Asunción: Servilibro, 1996). La narrativa de finales del siglo XX cuenta con
alguna antología, como la de Guido Rodríguez Alcalá y María Elena Villagra, Narrativa paraguaya (1980-1990)
(Asunción: Don Bosco, 1992) y una dilatada historia, que se detiene en el
umbral de la década de 1990, en el bien investigado volumen de José Vicente
Peiró, La narrativa paraguaya actual
(Asunción: Uninorte, 2006). También es significativo el aporte de dos
antologías editadas por cartoneras que compilan textos de narradores
contemporáneos: “Asunción t mata” (Asunción: Felicita Cartonera, 2009) y
“Lluvia negra” (Asunción: Yiyi Jambo, 2009). Finalmente, en el excelente
resumen de la completa literatura paraguaya, “Historia de la literatura”, de
Mar Langa Pizarro, en Historia del
Paraguay (Asunción: Taurus, 2010), hay una lista de autores y obras
narrativas, con comentarios mínimos pero pertinentes, de las dos últimas
décadas.
Agradecimientos
Este libro no habría sido posible
sin una serie de auxilios desinteresados en Paraguay y en Argentina. En primer
lugar, sin la hospitalidad que nos brindaron u ofrecieron Simón Cazal, de la
organización Somos Gay, en su sede de la calle Mandubirá en Asunción, y Damián
Cabrera en Minga Guazú. Entre quienes nos orientaron primeros, virgilios en la
vida política, social y cultural paraguaya, laberíntica como el asunceno
Mercado 4, está Adelina Pusineri, directora del Museo Etnográfico Jesús Barbero.
Y también la poeta y narradora Milia Gayoso Manzur. Entre las editoriales,
fueron de una generosidad que no conoció límites Vidalia Sánchez de Servi
Libros y Lía Colombino de ediciones La Ura.
En el diario La Nación , la entera
sección de Cultura en general y Carlos Giménez en especial fueron siempre
serviciales en el momento correcto, como lo fue, en el mismo diario, el gran
periodista que es Rubén Velásquez -y aun supieron anticiparse a nuestras
necesidades. Desde luego, todos los autores aquí reunidos fueron colaboradores
serviciales, respondieron nuestras preguntas, aun las que no merecían
respuestas, y ampliaron nuestro conocimiento de la literatura y la vida del
Paraguay.
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sábado, noviembre 05, 2011
EL INOCENTE: Gabriel D'Annunzio
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viernes, noviembre 04, 2011
Man Ray -el arquitecto de lo mudo- cineasta porno (también)
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INFINIDAD DE ESPEJOS: Richard Condon
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miércoles, noviembre 02, 2011
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