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miércoles, agosto 31, 2011
Filosofia: El hombre de Londres ( la mirada de Bela Tarr)
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Among the Mormons - The Atlantic, by Fitz Hugh Ludlow, el swedenborgiano autor de EL COMEDOR DE HACHIS; cuate de Twain
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martes, agosto 30, 2011
Lo Que Se Va - 1ª ETAPA - interlocuções entre Planta Alta (Assunção/Paraguai) e Sala Dobradiça (Santa Maria/RS)
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DIBIL BIN ALI AL-JUZAI
Procede de dos rocas áridas, estériles,
que tan solo dan polvo.
No fue fornicación ni casamiento,
ni obligación de madres y de padres.
HOMBRES
Cuando abro los ojos,
los abro sobre muchos...
¡Pero no veo a nadie!
lunes, agosto 29, 2011
El sastre inmortal (cuento antiguo inserto en ARACELI)
sábado, agosto 27, 2011
viernes, agosto 26, 2011
jueves, agosto 25, 2011
miércoles, agosto 24, 2011
Trilby
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martes, agosto 23, 2011
Sobre "El delirio de Turing" de Paz Soldán
Sobre El delirio de Turing de Paz Soldán
1. El número cabalístico del libro es el 2. Dos movimientos se perciben en él, hacia el pasado, los años 70, la dictadura, la pre-modernidad boliviana, el enfangamiento perpetuo y resignado del tercer mundo, y otro, hacia el 2002, donde campea el posmodernismo telemático y cibernético, la democracia neoliberalizante, el primer mundo aún como modelo válido para seguir.
2. Dos son los antihéroes del libro, encarnando las figuras del amo y el esclavo, subyugados en una relación sadomaso, un par que se reitera en otros con infinitesimales cambios: Albert y Turing. Albert elabora un delirio para Turing que éste pone en práctica al pie de la letra con tal de satisfacer cual sabueso obsecuente y devoto a su amo-dios. Pero Turing muere reconociendo su culpa mientras que Albert, como ejemplar del fanatismo, piensa que es inmortal, por ende, inocente, aún en su bisbiseo agonizante.
3. El amo medio nazi medio ex hombre de la CIA, contratado x la dictadura setentista de Montenegro: Albert, y su esclavo, discípulo-efebo violable a piacere: Turing…
4. La relación primer mundo y tercer mundo se reitera con el yanqui-boliviano Ramírez-Graham asumiendo el puesto de Albert, durante la era del Montenegro democrático.
5. Báez y Kandinsky son el par opuesto a Turing-Albert….la relación osmótica es unilateral aquí, Báez quiere succionar la identidad del adolescente, entrar en la historia robando su personalidad, mitologizándola con su sacrificio, y los dos son tercermundistas…
6. El juez Cardona, que ya no cree en el apotegma fundamental de la legalidad acuñada por Píndaro: la fuerza de la ley. Y en cambio adopta la vendetta como forma de justicia. Hay un dramatismo en su gesto redentor de la inocencia de su amor por la prima-hermana y muy cercana del final hiperbólico y trucho de Báez.
7. Kandinsky puede ser un héroe porque tiene la capacidad de distinguir realidades o delirios, saltar de una esfera a otra, y quedar indemne, apenas lesionado superficialmente en las manos. No baja la cabeza ante del delirio abrumador del primer mundo como Turing o el mundo virtual infanto-juvenil de la high-tech de Flavia, la hija hacker de éste…
8. Paz Soldán es medio delirante como Turing y no está atravesado de una ebriedad lúcida como Kandinsky pues su historia es en todo momento muy solemne, se mueve ultra concentrada en sus trucos de suspenso y atenta a la dosificación de la intriga, jamás recurre al humor que podría resultar un buen antídoto contra los delirios que obnubilan ciertas vidas: sangrientamente como en el caso de Báez, ahogándola en su encierro adorador como en el de Turing.
9. Llama delirio a la mentira, entonces si todo es delirio, todo es mentira, tanto las muertes de la dictadura, como los esplendores democrático-tecnológicos del Primer mundo, pero no va tan lejos en esto el autor, no llega sobrecodificar o cabalizar in extremis fuera de la cerrada estructura de la novela.
10. No es una novela ucrónica, ni futurista ni contra-utópica ni ciberpunk. Quiere ser, al parecer, una reflexión política, social, de la Bolivia de las últimas 3 décadas (1970-2002), en la línea de los libros de los 80 de Vargas Llosa (pienso en Historia de Mayta y La guerra del fin del mundo) sin la mala leche y la despiadada sátira de mala fe contra las supuestas supersticiones y taras eternas que neutralizan al tercer mundo para salir de su agujero de invalidez metafísica o económica.
11. Usa de un estilo internacional, por ende, canchero y americanizado, suelto y virtuoso en el delineado de la narración, un poco sobrecargado con la hojarasca -de verosimilitud- del mundo del criptoanálisis y demás yerbas del espionaje político, a veces insinuando áreas empáticas a la semiótica y la hermenéutica, otras apenas novelizando una historia de genios descifradores de mensajes. A veces hay incoherencias patentes: Río Fugitivo arde con las manifestaciones antiprivatistas de toda laya, con los embotellamientos y apagones pero los celulares y ciber-cafés ni siquiera parpadean…!? El lenguaje es poco boliviano, la música más bien yanquee o europea, para intensificar el aura techno del libro suponemos, pero en líneas generales planea un mirada distanciada y poco simpática sobre la realidad boliviana, sin olvidar un coqueteo anarka al centrar el libro en el atoramiento que significó el neoliberalismo en Sudamérica.
Resumiendo: Paz Soldán es un Vargas Llosa no neoliberal, o un liberal desencantado.
domingo, agosto 21, 2011
Brautigan y Percival Everett en Blackie Books
Decadencias
Richard Brautigan, subversión y trucha
Tiene muchos seguidores en el mundo, como la gente especial o las estrellas singulares. Para algunos (como el japonés Haruki Murakami) Brautigan es –él solo- un modo y un estilo de literatura. Aquí ya lo sacó, hace años, Anagrama con “Un detective en Babilonia” pero faltaba su obra central, una de las primeras, pero la que más éxito le dio a este ser excéntrico, divertido y desesperado, medio “hippie” y medio “beat”, que fue el norteamericano Richard Brautigan (1935-1984) con su peculiar, rara y pasmosa novela –que casi no parece una novela- “La pesca de la trucha en América” que acaba de sacar Blackie Books de Barcelona, para una casa editora un nombre no escasamente contracultural… Con una infancia infeliz y un paso temprano por un manicomio (al que mandaron al muchacho por tirar piedras a una comisaría) el destino marginal de Brautigan quedaría marcado por su lucha contra el fracaso y la realización en prosa o en poesía de una literatura muy particular, algo surrealista, bastante satírica y muy antinormativa con un pasmo irónico… Escrita en 1961 pero publicada en 1967, “La pesca de la trucha en América” vendió en pocos años millones de ejemplares, pero tras el éxito (en los años de la contracultura, con Ginsberg o Dylan, pero también cerca de Mark Twain y en parte del futuro Carver) Brautigan, que lo gozó con alcohol y mujeres, se dejó caer por la pendiente –alcoholismo, dos divorcios- y llegó al olvido y al suicidio un día del verano de 1984, cuando lo hallaron en una habitación en la que ya llevaba una semana muerto. Luego los fans lo recuperaron, crecieron y estalló el culto. Claro, “La pesca de la trucha en América”, aunque habla de truchas y de vagabundos que atraviesan pozas y arroyos de aguas salvajes, no es el manual del pescador perfecto, sino el nombre propio de un aficionado a la pesca y a la vida nómada que se llama a sí mismo La pesca de la trucha en América. Como a un colega de mundo raro y que va en silla de ruedas le llama La minipesca de la trucha en América. ¿Estamos ante una novela fragmentaria de crítica social, de pequeños guiños malignos contra el sistema, como las apariciones del célebre gánster John Dillinger? ¿O estamos ante los intentos de una narrativa nueva, por parte de un bebedor de oporto, que quizá le da también al LSD, sin dejar de admirar a Hemingway, cuyo suicidio también se reporta en el libro? ¿Qué es esta serie de vagabundeos, mofas, encuentros y desencuentros en la América profunda? ¿Un Burroughs más divertido, menos trágico, pero acaso no menos terrible o siniestro? En pocos libros como en este (con capítulos trabados y destrabados) debe el lector buscar el nombre del género, si le interesa. Porque la sorna, la deseperación, el amor, la protesta y la marginalidad asumida, todo eso se lo da (y bien) Brautigan, aparentando que es un señor al que le gusta pescar truchas en los ríos perdidos, y tanto que a sí propio -y a su sombra ocasional- los bautiza como La pesca de la trucha en América. Bien que cualquiera que conozca la época reconocerá el tufillo “beat” de Ferlinghetti y su librería, el San Francisco del gran cambio de los 60, y los afanes por cambiar la vida de “los hijos de las flores”, ello sí, con sorna, con autoironía, con parodia, y con mucha crítica camuflada en juegos y disparates. Una novedad genuina.
Decadencias, El Mundo. Abril de 2010
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viernes, agosto 19, 2011
jueves, agosto 18, 2011
AVAPORU
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miércoles, agosto 17, 2011
trampa de luz. matías capelli
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Inauguración de LO QUE SE VA a la OCTAVA BIENAL
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martes, agosto 16, 2011
Los palacios de la vida
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domingo, agosto 14, 2011
El ruido de las cosas al caer (JG Vásquez) o la inverosimilitud como sostén de la narrativa realista tradicional
“Elaine rasgó el papel de regalo, vio un diseño de nueve marcos azules de esquinas cortadas, y en los marcos vio campanas, soles, gorros frigios, esbozos florales, lunas con cara de mujer y calaveras cruzadas con tibias y diablillos bailarines, y todo le pareció absurdo y gratuito, y el título, Cien años de soledad, exagerado y melodramático”.
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sábado, agosto 13, 2011
LA LENGUA GUARANI DEL PARAGUAY
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viernes, agosto 12, 2011
jueves, agosto 11, 2011
Rap!: Alberto Arbasino
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miércoles, agosto 10, 2011
lunes, agosto 08, 2011
LO QUE SE VA en 8ª Bienal del mercoSur, (O)Porto Alegre
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domingo, agosto 07, 2011
viernes, agosto 05, 2011
ESCUPIENDO MILAGROS, mayo 1992, Baires
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jueves, agosto 04, 2011
miércoles, agosto 03, 2011
martes, agosto 02, 2011
finnegans wake: jjoyce
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