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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, diciembre 19, 2011

Al maestro Roa Bastos de Ñ


Al maestro Roa Bastos, con cariño


www.revistaenie.clarin.com/Flora_y_Fauna-17_de_diciembre_de_2011

“Roa vivía en vela sus últimos días, borracho de fama, hasta que se cayó y se rompió la crisma…hoy sirve para tesis de las más variadas layas…lo judío en Roa, lo queer en Roa, lo torta en Roa, el fútbol en Roa, el baile del caño en Roa, el reggaetón en Roa…pero refractó una imagen trucha de Paraguay, obsesionado con su visión sufrida, sesentera, regionalista, ruralizante, victimista, falsa…Todo eso pertenecía ya entonces al pasado, en los años 20 y 30 del siglo XX el trauma de la derrota y el expolio ya eran polvo, pero parece que los kurepas compraron su mercancía bola, bastarda vencida huera. Mutiló el guaraní y el jopara, el habla real, hizo apología del tirano platónico, como todo novelista de dictadores lo es en el fondo, estaba fascinado por el poder y su lujo”. El que se ocupa sin asco del autor de Yo el supremo es Cristino Bogado, uno de los jóvenes autores paraguayos que participa de la recomendable antología Los chongos de Roa Bastos (Santiago Arcos). Si no se enteró, hágalo: los kurepas somos nosotros, los argentinos. Las opiniones son respuestas para un artículo publicado en Clarín el domingo pasado, pero no merecían perderse. Bogado, ácido, no es el único de los autores que se acuerda de su Premio Cervantes. “Roa Bastos es un escritor más aplaudido que leído. A su muerte le sucedió un ligero boom de ventas. Lo que el efecto Roa Bastos hace es recortar un poco la visibilidad de producciones emergentes, pero principalmente la visibilidad mediatizada”, agrega Damián Cabrera, otro de los escritores. Javier Viveros, que también es poeta, prefiere las metáforas explícitas: “El cono de sombra que proyecta la obra de Roa todavía nos aprisiona, pero tengo la convicción de que las nuevas generaciones, a golpe de relumbrones sostenidos, irán desmontando su eclipse”. Edgardo Pou celebra su literatura pero advierte que “el personaje en que se ha convertido gracias a la fama y a los premios es ciertamente un peso insoportable y que lastra hacia la indiferencia cualquier otra obra que surja en el país. Aunque yo creo que nadie lo lee”. Claritos, ¿no?

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