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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, octubre 06, 2011

SERMO SUPER SEPULCRUM O astros y microfísica anexados por la música de Laszlo Krasznahorkai


SERMO SUPER SEPULCRUM   
O astros y microfísica anexados por la música de
Laszlo Krasznahorkai






Que no hay tiempo ni finitud, que todo vuelve, como los cometas y aun los planetas en una rotación eterna, es lo que vislumbra alelado el joven de 35 años llamado Valuska con su cabeza siempre ladeada al cruzar la aldea mirando los helados cielos y sus astros en galáctica explosión de brillos y mensajes.
La eternidad x los astros, Blanqui, 1872, en francés

El cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral (de la inocencia de la naturaleza) dentro de mí (János Valuska), Kant
La risa de la muchacha tracia y Tales (el sabio distraído)…Ve los cielos pero no la basura que inunda el pueblo… (Hans Blumenberg, La risa de la muchacha tracia, 1987, en alemán)
Pero se produce una inversión de la estructura tradicional: la muchacha tracia o milesia representada por la sabiduría práctica natural e instintiva del sentido común acá no es Valuska sino el erudito, y, en cambio, el distraído mirando el cielo  que termina por esa distracción cayendo en el pozo (su pozo será una noche oscura penumbreada de antorchas vandálicas la cual recorrerá en un vagabundeo forzado y siniestro y del cual volverá mudo o alelado cual estatua de sal) es Valuska no el maestro Eszter…(Un ejemplo tomado al azar lo tenemos en un fragmento de uno de los fabliaux de Cuentos de Canterbury, «Cuento del molinero», biblioteca básica Salvat, 1982, p.67:

-¡Auxiliaos, Santa Fridesvinda, que nos e sabe lo que le puede suceder! Siempre dije yo que ese hombre, con sus astronomías, vendría a dar en alguna demencia o congoja, y así ha ocurrido. Sí, que no se han de escudriñar los secretos de Dios. ¡Bendito el hombre ignorante a quien basta su fe! Lo mismo me pasó a otro estudiante que, andando por los campos pensando en astronomía, vino a dar en un pozo de greda.

Acaso cartero loco, pero no en el sentido idealizado por ese utópico libro de El antiedipo, él no es ninguna piltrafa humana babeando incoherencias ñembo revolucionarias al decir de sus autores, el loco como ideal de una sociedad utópica liberado del tirano del Edipo, ese tiránico orden racional del mundo en su jerga, profecía deleuziano-guattariano que causó roncha en lo más granado del post-estructuralismo setentero…
Leopoldo María Panero babeando versos con su jeta desdentada y sorda, sería la parodia de esa utopía sesentayochista.
 Todo lo contrario, acá se trata de un Loco lindo como los locos de Rayuela acaso…Valuska pertenecería a la tipología tradicional, a la del tonto del pueblo, estereotipo teatral que encierra más bien un dejo de culpabilidad en la gens engendradora que en el engendro actual, en este caso la madre, la genetrix señora Pflum (Recuerdo que cuando mis rebeliones adolescenciales no podían explicarse con categorías médico-hormonales mi familia recurría a la anécdota del Bogado loco, el tonto del pueblo de donde procedía mi parentela, y ese recuerdo golpeaba menos a su avatar actual, yo, Cristino Bogado, que, supongo, a los que hicieron la posta de sus genes, mis padres…)
Especie de cartero de Tarkovski   -Valuska. Trae, en su órbita rutinaria y asombrada, cruzando el pueblo, más que nuevas, su espíritu dialogante, de confianza junto a Eszter, saludos de eternidad.
Paradojas y lógicas polivalente de las del tipo asiduas a la escritura y pensamiento de, por ejemplo, Cioran (estamos en el fondo de un infierno dentro del cual cada instante es un milagro), los koan budistas, etc. (…sólo somos los miserables sujetos de un pequeño fracaso en esta creación aparentemente deslumbrante, p.90, de la versión digitalizada)

Si la música de Céline es un Gaveau restallante, metralla nacional tricolor que es el origen de su prosa escupida y diseminada cual esquirlas en sus pertinaces interjecciones, arremolinadas por un empedernido dios artillero, Krasznahorkai es un Steinway atonal cuando procede de los vagabundeos profesionales de Valuska (Recuerda a los paseos del narrador de , cuyas prosa ajetreante y sin pausas eran el reflejo de su miedo al suicidio del hogar), delirio verborrágico enclausulado de precisiones y rigorismos neuróticos cuando surge del físico inmóvil del maestro Eszter…De la enfermedad de Bechterew, la versión moderna, suponemos, del inmovilismo orgánico, reposo pirroniano –al borde de la catatonía física pero inmune al atolondramiento verbal- que padece el maestro Eszter…
Pero ese inmovilismo del maestro y el peripatético zigzagueo del cartero del inicio tendrá su inversión final, casi simétrico en su oposición: el cartero sucumbido en el pozo oscuro de una catatonía casi bíblica, de estatua de sal, culpabilidad del fisgón impertinente castigada por los dioses y la artritis emocional del maestro galvanizados en un desplazamiento rutinario y fantasmal dos veces al día, de su cuarto de criada roñoso al local de locos del pueblo…El antaño sol inmóvil ágora orbita sobre su satélite detenido en una rotación mórbida sobre su eje sombrío…
La música estatal defendida x Platón (y que guía los movimientos automatizados de sus contemporáneos) es segada  de un plumazo:
constitución interna de su media naranja; concretamente, se había casado, para gran asombro suyo, con una auténtica miliciana que sólo conocía un ritmo, el de la marcha, y una única melodía, el toque de diana. Y como él era incapaz de seguir el compás y un escalofrío.

Un ideal de vida aparentemente limitado y humilde, adorniano en su sinceramiento alejado de todos los ideologemas y mitologías al uso (borrado todo espejismo del cielo definitivamente oscuro de sus pensamientos):

Su verdadero cometido: permanecer tumbado en la cama construyendo frases desde la mañana hasta la noche.
La verdad que duele tiene paradojalmente una cara anti-schopenhaueriana:

la música no es un conocimiento de nuestro mejor yo y de un mundo
mejor, sino un hábil método para ocultar, para hacer desaparecer, nuestro yo insalvable y un mundo lamentable, una terapia que no cura y una bebida que adormece.

El kitsch patético ante la inminencia de su destrucción, sin embargo cuando dice:

esconderlo como «una pacífica melodía en una cacofonía», ocultarlo en la casa para que nadie nunca lo encontrase, guardarlo, pensó con insistencia, como último recuerdo de que en su día, antaño, había existido al menos un representante de carne y hueso de un «vagar emocionado, solitario y poético».

El tremendismo, esa hipersensibilidad que logra elevar al rango de catástrofe lo más inane y vulgar, lo hereda Krasznahorkai de Bernhard, y este el clima de inminente desastre que abrumaban las páginas expresionistas, cierto gusto ramplón por el gran guiñol y la página amarilla (recordemos, el austriaco fue periodista judicial y un ejemplo de esa labor es el libro EL IMITADOR DE VOCES, compendio hasta la saturación de casos locales de crímenes y sobre todo suicidios…)
Y la filosofía catastrofílica del Duque (que tiene tres ojos y sólo pesa diez kilos) lo expresa en su máxima potencia:

Y el Todo es todo ruina.

Duque, engendro oracular, con su trujimán particular, el Factótum, señalado por la horda de fanáticos que lo invistieron del rango de ángel exterminador…Ironía del autor suponemos de los peligros que conlleva esa teoría literaria que legitima la semiosis ilimitada….Como que un lector tome al pie de la letra a Raskolnikov y salga  a despenar usureras de edad provecta…

Hay un profundo ideal de pureza en la obra, una búsqueda de autenticidad, de retorno a las fuentes, metaforizada por las armonías del músico barroco Werckmeister, que según pudimos desenredar de la oscura jerga de la música clásica, es una intentona –ridícula y disparatada- de olvidar toda la historia de la música hasta su época y de un retomar de las teorías –de afinación- de un personaje legendario (ficticio) como Pitágoras…!!! ¿Un reaccionario pre-posmoderno? ¿Lo más vanguardista es lo más anacrónico? No está tan descaminado si tomamos en cuenta que todo el arte moderno no es más que una lectura europea de las máscaras áfricas, por no decir que plagio kitsch de la cultura material africana…

La señora Tunde Eszter y su refriega con el teniente coronel al que por entonces ya podía llamar Péter, «Pedro» en el sentido estricto de la palabra, y sobre cuyo brazo apoyó ocho veces la cabeza, indirectamente podría aclararnos la naturaleza del amor de Eszter –la wake, el awakening, que sufre la noche de los vándalos implica una nueva mirada y en ella el punto del obturador se concentra sobre el joven (en realidad de 35 años ya) mandadero del maestro- por Valuska, si paternal o de otro tenor…algo así como un amor socrático.

El par maestro-joven nos remite al par dórico sophos-efebo inmediatamente, pero como el tono del libro es más bien catastrofílico que erótico esto no queda claro…Eszter quiere acaso hacer de erudio pueros, inculcarle su sabiduría (sacra Doceo), encularle (lo del enculamiento suena fuerte e improcedente, pero acá tiene además del primer sentido otro, digamos, hermenéutico, y se refiere a la metodología deleuziana de leer a un autor a su manera estirando en lo posible sus connotaciones hasta acercarlo a  sus principios filosóficos, y el franchute a usado con probado éxito tal lectura con filósofos inclasificables como Nietzsche y aun con otros que en principio no son de su universo intelectual como Kant, Bergson y el mismísimo Platón –leyendo El sofista, por ejemplo, llega  a la paradojal conclusión de que el primer anti platónico, es decir, el primero en realizar la inversión de las verdades del idealismo platónico, es ¡¡¡el propio Platón con esa obra!!!, - ver en Zizek, Órganos sin cuerpos, 2006, en español) su melancolía (iniciator, sacrorum princeps et magister)

Suena vulgar –de un lenguaje tan cínico como la que esgrime uno de los vándalos durante el interrogatorio abortado- pero no deberíamos de evitar totalmente esta mid-reading (dog) para comprender esa obsesión de aferrar a Valuska que en la última parte del libro demuestra el maestro Eszter (Maestro de amor: amandi magister).

Eszter raro apellido acuñado a la manera judía,  a partir de un nombre propio, acá sin embargo extrañamente no masculino como suele suceder con los Benjamin, Raphael, Abraham, Jacob, etc., de la nomenclatura bíblica. En El libro de Ester el personaje epónimo femenino es llamado “la más bella estrella de la noche”. Y ella también luchará a su manera por evitar el exterminio de los judíos. Es la reina de los medos al casarse con Asuero (Jerjes)….
Son puntos de unión con el personaje de la novela, pues el maestro sería la más bella estrella del observador de estrellas Valuska, y aunque no intentó ni se enteró de los disturbios de su pueblo innominado busca salvar a su representante más justo, el cartero, mandadero, repartidor de diarios (egoístamente al menos).
 Magister, maestro, puede hacer metátesis con mago, mágico, y como ya vimos ut supra es afín al amandi magister…Sin olvidar jamás la más obvia remitencia a magyar…En suma, lo femenino acaso vaya más allá del simple nombre…Lo judío y lo gitano implican dos formas de penar una existencia en tinieblas, en lo oscuro del gueto o en la planicie infinita teniendo como sola guía las estrellas…
Esa súbita y recién despierta hambre de humanidad, de loca ansia de aferrar al cartero por parte del maestro –antaño mero bulto atornillado a una inmovilidad pirroniana, a una misantropía saturniana (ver aquí la antigua relación entre humor y planetas)- puede leerse como el fin de una era de oscuridad acaecida irónicamente cuando las hordas arrasaron como galvanizados epígonos de Atila los mirtos húngaros…
Pueblo húngaro con sala de cine, televisión, tanques y…jeeps!
(Los jeeps para nada soviéticos sino americanos nos lleva a esta astuta interpretación que hace eco en las pelis americanas de temática extraterrestre como la de Don Siegel Los profanadores de tumbas, donde los zombies-extraterrestres eran la metáfora más que obvia del aura sublime, siniestro, que irradiaban los rojos comunistas en el país capitalista por antonomasia: USA:  difundieron hábilmente la noticia de que la compañía trabajaba por encargo de unos servicios de inteligencia extranjeros).
Pueblo pre-caída del muro de Berlín con su barrio rumano pero también con el alemán, su plaza Kossuth y su calle Jokai, pero muy germanizada en los gustos musicales. Música etnográfica o Bela Bartok brillan por su ausencia y la new wave de Traband (con Mihaly Vig a la cabeza, quien se encarga de la banda sonora de la versión de Bela Tarr diez años después) aparentemente es solo flor urbana.
Misoginia.
La señora Eszter:
 alcanza el orgasmo del poder y de su cuerpo gracias a (la temporalización) de los acontecimientos precipitados sobre el pueblo. De mujer repudiada por la autocastidad de su marido Gyorgy Eszter, retoma el control de la casa y arruma a su marido en un coup d’ etat melodramático al cuarto de “la criada”(afeminación extrema del personaje magistral) con su bártulos –opera omnia de la Austen y partituras y Steinway- y recargando aún la tinta meló, salva de la horca al tontuelo del cartero al lograr con su astuta coquetería que el rendido a sus pies comandante que devuelve el orden al pueblo lo recluya en la Casa Amarilla (fue todo lo que pudo lograr desde la cumbre de su poder mientras pasea contemplando al pueblo bajo sus pies en su Volga negro).
Valuska es para ella “el idiota objeto súbito de una paternidad naciente y balbuceante de su marido repudiador- en quien el pensamiento está tan lleno de estrellas que apenas deja lugar para hacer aparecer en él una mujer, apenas su madre castradora, la malograda señora Pflaum (madre de un hijo desagradecido y mártir trucha de la resistencia no melancólica elevada a categoría de monumento como signo de un nuevo orden) pero nada de féminas volátiles y de curvas einstenianas, ninguna Venus de párpado elicoblefar…, que al final termina como recluso a perpetuidad en un centro psiquiátrico, locus de locos conocido como Casa Amarilla, eso sí, esta vez de clara raigambre soviética…
Esta especie de caricatura de la mujer regañona y argelada cortando las alas artísticas de su marido procede del mito creado en torno a Xantipa, esposa del pederástico Sócrates. Un quid pro quo de larga data, pues lo que hay que deconstruir inmediatamente de él es el tal poder que tendría Xantipa con sus plagueos cuando el maridito iba a simposiar con los efebos del batallón de amigos como Alcibíades…La mujer ateniense era nada, sus derechos se reducían de vivir recluida en el gineceo, cuidando el fuego del hogar, muy pronto despojada de sus hijos que recibirían la paidología viril lejos de ella, casi nunca callejeaba y el ágora era cosa de varones. La mujer ateniense (salvo las hetairas, claro, e incluso las pornoi o aulicadas tenían sino mayor libertad al menos posibilidad de desplazamiento más extenso) vivían de manera parecida a las mujeres del mundo musulmán de hoy en día, que si salen lo hacen veladas hasta los tobillos y con un movimiento generalmente evasivo y fantasmal mientras los hombres andan tomados de los deditos…

(…) el amor socrático es homoerótico. Es la pasión de un hombre de más edad por un adolescente -entre otros textos, el Cármides no permite tener dudas en cuanto a las realidades físicas-. El matrimonio de Sócrates y Jantipa se convierte en un proverbio de desdicha conyugal. Es posible que, de vez en cuando, haya profesores de filosofía que tengan que eliminar a sus esposas: testimonio, el drama de Althusser. Es en los muchachos y en su radiante desnudez donde Sócrates halla complacencia., ver: Lecciones de los maestros, George Steiner, español, 1999)

Los trabajadores de la descomposición, oracular escupitajo cioraniano, inicia el párrafo final, colmo de la truculencia que ya habíamos vislumbrado en ese extraño block de notas hallado por el cartero…Narrativa altamente mítica, la neo mitología científica colaborando con el sadismo del narrador, el narratario debe aovillarse en esa cripta, ¿el pueblo como cripta?, fantasmalizarse, metamorfosearse en profanador de tumbas, alienarse…volverse un alien…Final macabro de un cuento gótico “oriental”, informe de una autopsia colectiva, zambulleante zoom en el interior de la madre del cartero –como antípodas simétrico a lo infinitamente grande del espacio sideral del comienzo de la novela, representado en el bar, nos enfrentamos acá con lo infinitamente pequeño de la autodigestio postmortalis del organismo humano…
Este enlace entre macrocosmos y microcosmos en el fondo negaría el clima de decadencia que quiere infundir la novela, al mostrar diferentes pliegues del paisaje vital, sin fondo ni centro pascaliano alguno donde estribar un pesimismo de finitud y pérdida definitiva…
En un plano del espacio tomado  ya como no euclidiano podríamos decir que están anexados, cielo y microfísica, como si el universo fuera una botella de Klein donde el afuera es también el adentro…
Y el organismo putrefacto de la señora Pflum, es la estrella que mira su hijo durante sus ensoñaciones peripatéticas, en una reciprocidad allagmática.
Pues solo los separa una película no temporal, un plegamiento de la topología…

Indudablemente si toda esta jerga de la autenticidad médico-científica, es in nuce nihilista, humanófoba, al regodearse en la mera taxonomía de nomenclaturas latinizantes y sustantivos esdrujulizados hasta la afasia y el tartamudeo y la Melancolía de la resistencia al terminar cerrándose sobre nosotros como la tapa de una lápida con el desierto que crea la terminología de la mirada clínica y objetiva, aparenta olvidar (como lo demostró Simondon en: La individuación, 2009, en español, en especial el capítulo 5. «Topología y ontogénesis»-, de donde extrajimos y reutilizamos un cúmulo inspirador de citas y de nociones muy bienvenidos para el caso que nos ocupa:

El espacio del viviente no es quizá un espacio euclidiano
Sino topológico (…)
Según la topología del ser viviente, el interior del intestino es de hecho exterior al organismo (…)
Exterioridad anexada (…)
Diversos niveles de interioridad (…)
La vida es autoconservación de una metaestabilidad, pero de una metaestabilidad que exige una condición topológica (…)
Esta individuación es pelicular (…)
No existe distancia en topología (…)
El presente es esta metaestabilidad de la relación entre interior y exterior, pasado y porvenir, actividad de presencia mutua, allagmática

…)
que nosotros lo podemos llegar a encular (a la novela, que es femenino en español) y leer que lo individual es un sujeto postfasado, la singularidad de un ser vivo siempre recorre fases cuya suma son en todo caso su no-hecceidad, al contrario del sentido común que confía ciegamente en la estabilidad y permanencia de los seres…Muere y transfórmate podría ser su slogan.


Dirty Bogardo
Lambaré, 5 octubre 2011

3 comentarios:

Vero dijo...

En el comienzo del film más bien es uno el que se queda alelado. ¡Es una trampa! Pone Tarr al tonto del pueblo de titiritero de borrachos y nos atonta. Idea de lo eterno, es cierto, pero en ciclos (el film muestra un fin de ciclo, una caída, el fin de los tiempos, de algunos tiempos al menos).
Por ver el cielo cae al pozo, decís. No ve la basura, Janos. Creo que porque Janos personifica la pureza. Por eso se aferra tanto a él Eszter, porque ve en Janos un paralelo con la pureza que busca en la música. Janos mira al cielo, Eszter procura una música celestial. El que es puro y el que aspira a la pureza son encerrados o marginados: el loquero, el cuarto de la criada. No tienen otro lugar en este mundo. Más todavía: cuando Janos va al loquero, Eszter afina el piano: ya no tiene sentido seguir buscando los sonidos puros.
Tremendismo heredado de Bernhard, decís. Puede ser, en mucho se asemejan. Muchas veces Eszter me recordó personajes de Bernhard: el obsesivo de Maestros Antiguos, el que dice “no estoy loco, sólo soy exacto” en Corrección. Uno se puede imaginar a un personaje de Bernhard, que son todos desprendimientos del propio Bernhard, porque Bernhard no escribió más que una extensísima autobiografía, como cualquiera puede notar, decía, cualquiera de ellos permaneciendo “tumbado en la cama construyendo frases desde la mañana hasta la noche, siempre conforme a la misma amarga melodía”. Pero además está el estilo, hay un repiqueteo en Krazsnahorkai que se acerca al de Bernhard, la insistencia, la repetición. Fijate por ejemplo en esto: “Porque, como siempre, la llave de la solución, el eslabón decisivo para la realización de los ambiciosos planes de la señora Eszter era el propio Eszter, precisamente aquel que años antes, remitiéndose a sus «problemas vertebrales», renunció a la dirección del Conservatorio de Música local, se jubiló y se limitó a comunicar con increíble cinismo a su mujer que «en un futuro ya no precisaba de sus servicios conyugales», de suerte que al día siguiente ella se vio obligada a alquilar, con el dinero ahorrado, un piso situado al lado de la plaza del Mercado. Era precisamente ese hombre que, queriendo dar por concluidas sus apariciones conjuntas—por ánimo de venganza a buen seguro—, renunció también a la dirección de la Orquesta Filarmónica Municipal, supuestamente, como se enteró ella más tarde, porque él, Eszter, ya sólo se interesaba por la música, exclusivamente por la música, y a partir de ese momento sólo estaba dispuesto a dedicarse a la música, aunque, a decir verdad, únicamente una persona, la propia señora Eszter, podía decir cómo desentonaba ese hombre aporreando el piano que había desafinado a propósito, pero, claro, sólo cuando lograba sacar el cuerpo, debilitado por la eterna holgazanería, de debajo de un montón escandaloso de blandos cojines y mantas de viaje.”
El Duque: un profeta. “Todo es ruina. Cuando se construye, sólo se completa a medias”. Y después: “Sólo la ruina está completa”, dice, y propicia el fin del ciclo. Esa idea de fin de los tiempos (a causa principalmente de la maldad de los hombres) está presente en varias pelis de Tarr, y en ninguna de manera más acabada que la última, El caballo de Turín, que te recomiendo ver.
Saludos, Kuru

KuruPicho dijo...

Dividir el mundo (no solo) en puros y perversos sino (aun más) en la muy tontamente halagadora de una minoría de puros y una abrumadora mayoría de perversos es no solo autocomplaciente de un gremio que se considera ingenuamente la última región de pureza: los intelectuales y artistas…sino falaz y superada largamente por teóricos actuales.

Tanto lógicas dicotómicas y fuertemente penetradas de totalitarismo del tipo:

Socialismo o barbarie (grupo parisino de los 60)
Lesbianismo o muerte (Diamanda Gallas)
República y muerte (Himno nacional paraguayo decimonónico)

…hoy ya no tienen cabida en una discusión que se precie de seria.

Remiten al viejo dilema bíblico estás conmigo o contra mí, donde el interpelado está obligado a tomar postura por uno de los cuernos propuestos…es decir, a defender una causa y por ende exacerbar la contrariedad.
Pero este cuento del puro que cae en manos de los perversos como prueba de encontrar un justo o justo converso ya lo vimos y criticamos largamente en nuestros comentarios de Dogville…
http://kurupi.blogspot.com/2011/06/dogville-cristianonazi.html

Allí la violencia causada por el pueblo perverso se lava y paga con la violencia legítima del dios vengador…con bastante lluvia de azufre...

Toda la dicotomía de puros y sanos versus enfermos y perversos está analizada y develada de sus mitologemas y falacias en la trilogía fundamental del filosofo tano Roberto Esposito: Comunitas, Inmunitas y Bios (1998-2008).

No hay ni hubo nunca un estado ideal o comunitas sin inmunitas desde ab initum…
Es decir, una aldea originaria sin ley alguna que los inmunizara de la propia violencia interindividual que se pudieran causar hasta entronizar la primera supuesta inmunitas –siguiendo el cuento tradicional- la del soberano que divide todo en vida y muerte con su legitimidad a la violencia llamada inmunidad vía intersección divina…Cuando la teodicea cansó y el mal del mundo súbitamente quedó en manos y culpabilidad humana nomás ya…el soberano fue decapitado pero la teología política siguió impregnando el lenguaje jurídico de la violencia legítima, la de un nomos inmunizando contra el caos y desorden natural y primitivo, la del lobo contra el lobo…
Volviendo a nuestro libro y aplicando estas ideas a ella diríamos que el tonto del pueblo en su abismarse en las estrellas y no perturbarse tanto por la violencia primera ( la de los patoteros que invaden su pueblo) ni teniendo conciencia de la segunda (la violencia que lavará la segunda, la de la ley poniendo orden, la de los militares en jeeps), la de la ley, solo tiene ojos para la visión profética del sí a la vida que volverá eternamente igual como hoy y ayer…
Mientras el maestro Eszter revela un profundo deseo de violencia vengativa, ingenuo deseo de violencia purificadora, con sus anhelos de catastrofilia, y aun con su deseo de pureza musical, social y de relaciones humanas...Toda hipersensibilidad ante lo contaminado y no puro, s sea en estética o en política, no es otra cosa que un deseo de violencia legitimada en la necesidad de inmunidad de la comunitas…
No existe deseo puro…sí acaso, alelamiento de la mirada, entonces, el cartero e s más real que el maestro, aunque su posterior petrificación tras la visión obnubilarte de la verdad de la vida deja un déjá vu de deseo de pureza aun…

Vero dijo...

La dicotomía (facilista, cierto) no proviene de Krazsnahorkai, sino de Eszter. No está planteada desde la novela sino desde un personaje, y sí, hay violencia, ¡creo que Eszter asesinaría a su esposa si pudiese hacerlo discretamente! Eszter es el artista decepcionado por su entorno, que se aísla y sólo quiere tocar lo que no lo "contamine". Creo que conlleva alguna crítica, la novela, al mostralo en esa actitud.