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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, agosto 16, 2011

Los palacios de la vida

Los palacios de la vida
A los azúcares y apepus de la infancia
Hace mucho mucho tiempo allí en la noche de las edades existía un país llamado Poroukuaa, habitado de dos clases de seres, férreamente cortado en dos mitades contrapuestas pero interdependientes uno del otro como lo están el ying y el yang, con una jerarquía que incluía a los dominadores, llamados vulgarmente padres, y a los dominados llamados niños o irónicos. Entre estos estaba uno que sobresalía por sus reflejos estroboscópicos pero opacados por una bilis atrabiliaria y congénita, el más ironista de los irónicos, el más niño de los niños, pues la afrenta de su madre vengativa y nostálgica lo había marcado de por vida con la estrella amarilla de un nombre de mujer: Kristal (Venganza de la madre contra los genes de su familia, donde predominaba absurdamente los xx y escaseaban los xy, mandaban los ++ y ni tenían voz menos votos los +-).
Kristal vislumbró la estructura subyacente de su país al topetar cada mañana con la realidad de ser un hombrecito con nombre de mujer. Vio que las apariencias ocultaban formas de vida más complejas e infinitesimales bajo su velo homogenizante y su red esclavizante. Esa estructura dictaba y rezaba que los hombres-niños maduraban al asumir su látigo dominatrix y las niñas-mujeres se resignaban de por vida a su bombachita de la verdad sojuzgante, bombachita-juvy. Pero el terso excluso del hombrecito con nombre de mujer era la forma viviente de la ironía dentro de ese mundo dicotómico de Poroukuua…
Kristal amaba a la niña de los apepus, cada vez que podía huía a su reino aromático y dulzón para soñar con la república de los tajys en flor, su sueño mayor y más ensalivado. Mientras tanto se materializara manoseaba su hilo de Ariadna, su tótem de carne y belleza: Luz.
Un domingo de futbol y misa aprovechando la duermevela de los dominadores que proporcionaban los veranos de la cerveza estatal Kristal se refugió en la casa de Luz, sobrevivió a su dilatación degradante bajo un resplandor inocente y voltaico. Su juego favorito era merendar cubos, terrones, tazas, bocanadas de azúcar bajo la mesa del comedor. Allí, guarecido de la luz ideológica obnubilante Kristal se encendía de Luz feliz y travieso paladeando azúcar soterrado en la lengua de la niña. Ella llenaba su boca de azúcar blanca y los entregaba a Kristal en largos y sofocantes besos que conjuraron ese domingo simulando una infinitud que no le pertenecía y sí adelantaba las de la república de sus sueños.
Los latigadores legales de Kristal peinaron y husmearon la región ese domingo y no dieron con el muchacho y lo consideraron prófugo. Es que la madre de Luz no conjeturó que su hija guareciera bajo su mesa de azúcar a ningún huésped con ínfulas de cortesano. Era el principio de una serie de fugas reales que iniciaba así su biografía con una fuga imaginaria, metafórica, malinterpretada.
Cuando volvió de la felicidad a la noche de la casa familiar, sus amos descolgaron la panoplia de cables, arreadores, cintos, etc. y pirograbaron sobre la piel del mita’í akähatä y distraído mensajes y ukases amoratados válidos de por vida.
El cuerpo ilustrado de Kristal se quebró de rizomas lacrimales sobre sus ojos hasta entonces aun obnubilados de vida falaz y vio, con la Luz de los azúcares amargos, disolviéndose en la fata morgana de sus dolores, los palacios de su vida de niño feliz floreciendo como república de tajypotys. Pero vio también a la antaño Luz de los apepus aromáticos casada temprano lanzando niños a su alrededor para formar un corá contra los embates de la alegría y, se vio incrédulo, a sí mismo en un perpetuo y amargo paseo solitario de soltero cruzando las calles del recuerdo sin dejar de chupar la sabiduría better de su niñez. Y más en segundo plano cual escorzo napoleónico a Poroukuaa en una distribución catastrófica de ruinas de Altamira, arrugándose en un mohín de asco ante los disyecta membra de su error metafísico.
Dirty Bogardo

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