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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

domingo, agosto 21, 2011

Brautigan y Percival Everett en Blackie Books







Decadencias
Richard Brautigan, subversión y trucha
Tiene muchos seguidores en el mundo, como la gente especial o las estrellas singulares. Para algunos (como el japonés Haruki Murakami) Brautigan es –él solo- un modo y un estilo de literatura. Aquí ya lo sacó, hace años, Anagrama con “Un detective en Babilonia” pero faltaba su obra central, una de las primeras, pero la que más éxito le dio a este ser excéntrico, divertido y desesperado, medio “hippie” y medio “beat”, que fue el norteamericano Richard Brautigan (1935-1984) con su peculiar, rara y pasmosa novela –que casi no parece una novela- “La pesca de la trucha en América” que acaba de sacar Blackie Books de Barcelona, para una casa editora un nombre no escasamente contracultural… Con una infancia infeliz y un paso temprano por un manicomio (al que mandaron al muchacho por tirar piedras a una comisaría) el destino marginal de Brautigan quedaría marcado por su lucha contra el fracaso y la realización en prosa o en poesía de una literatura muy particular, algo surrealista, bastante satírica y muy antinormativa con un pasmo irónico… Escrita en 1961 pero publicada en 1967, “La pesca de la trucha en América” vendió en pocos años millones de ejemplares, pero tras el éxito (en los años de la contracultura, con Ginsberg o Dylan, pero también cerca de Mark Twain y en parte del futuro Carver) Brautigan, que lo gozó con alcohol y mujeres, se dejó caer por la pendiente –alcoholismo, dos divorcios- y llegó al olvido y al suicidio un día del verano de 1984, cuando lo hallaron en una habitación en la que ya llevaba una semana muerto. Luego los fans lo recuperaron, crecieron y estalló el culto. Claro, “La pesca de la trucha en América”, aunque habla de truchas y de vagabundos que atraviesan pozas y arroyos de aguas salvajes, no es el manual del pescador perfecto, sino el nombre propio de un aficionado a la pesca y a la vida nómada que se llama a sí mismo La pesca de la trucha en América. Como a un colega de mundo raro y que va en silla de ruedas le llama La minipesca de la trucha en América. ¿Estamos ante una novela fragmentaria de crítica social, de pequeños guiños malignos contra el sistema, como las apariciones del célebre gánster John Dillinger? ¿O estamos ante los intentos de una narrativa nueva, por parte de un bebedor de oporto, que quizá le da también al LSD, sin dejar de admirar a Hemingway, cuyo suicidio también se reporta en el libro? ¿Qué es esta serie de vagabundeos, mofas, encuentros y desencuentros en la América profunda? ¿Un Burroughs más divertido, menos trágico, pero acaso no menos terrible o siniestro? En pocos libros como en este (con capítulos trabados y destrabados) debe el lector buscar el nombre del género, si le interesa. Porque la sorna, la deseperación, el amor, la protesta y la marginalidad asumida, todo eso se lo da (y bien) Brautigan, aparentando que es un señor al que le gusta pescar truchas en los ríos perdidos, y tanto que a sí propio -y a su sombra ocasional- los bautiza como La pesca de la trucha en América. Bien que cualquiera que conozca la época reconocerá el tufillo “beat” de Ferlinghetti y su librería, el San Francisco del gran cambio de los 60, y los afanes por cambiar la vida de “los hijos de las flores”, ello sí, con sorna, con autoironía, con parodia, y con mucha crítica camuflada en juegos y disparates. Una novedad genuina.

Decadencias, El Mundo. Abril de 2010


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