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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, marzo 12, 2011

La eternidad a través de los astros de Louis-Auguste Blanqui: Lisa Block (nota preliminar)

        

   
    http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k86534r.r=la+eternit%C3%A9+par+les+astres.langES










     




La eternidad a través de los astros
de Louis-Auguste Blanqui*
(Traducción y Prólogo)
México: Siglo XXI, 2000



"A Jacqueline Chénieux-Gendron,
a la lucidez poética de su visión literaria
A Arturo Rodríguez Peixoto,
a la preciosa gracia de su sabiduría silenciosa"





Nota preliminar



En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular... El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
Jorge Luis Borges

Al borde de las cosas que no comprendemos del todo, inventamos relatos fantásticos para aventurar hipótesis o para compartir con otros los vértigos de nuestra perplejidad.
Adolfo Bioy Casares

La eternidad de las penas del infierno tal vez ha privado a la idea antigua del eterno retorno de su ángulo más terrible. Pone la eternidad de los tormentos en el lugar que ocupaba la eternidad de una revolución sideral.
Walter Benjamin

En la actualidad, es responsabilidad legítima de los científicos, como lo fue dos mil trescientos años atrás, dar cuenta de la formación del sistema solar y del conjunto de estrellas que forman la galaxia con el concurso fortuito de átomos. Al preguntársele al mayor expositor de esta teoría, cómo pudo escribir un inmenso libro sobre el sistema del mundo sin mencionar a su autor, respondió, muy lógicamente: "Je n'avais pas besoin de cette hypothèse-là."
Charles Sanders Peirce



En más de un sentido, La eternidad a través de los astros, publicado en París a principios de 1872, es un libro extraño. Escrito por Louis-Auguste Blanqui (1805-1881), un revolucionario que la historia registra por la audacia de sus conspiraciones y la perseverancia de su agitación política, el libro sorprende en virtud de la lucidez poética de una imaginación que habilita un itinerario inesperado, sideral y familiar a la vez: "Me refugio en los astros donde uno puede pasearse sin límites", le escribe a su hermana, en una carta dirigida desde la prisión, como haciendo referencia a un acogedor amparo estelar al que recurriera habitualmente. Su autor fue reconocido como el jefe natural de la Comuna y, más tarde, como "el mayor luchador del período que se extiende entre 1827 y 1881". (1)

  Baudelaire, que admiraba a Robespierre, veía en Blanqui, en su temple "ardiente y puro", la reencarnación de quien alentó Terror y Virtud. Mereció el aprecio de Karl Marx quien, a pesar de las marcadas discrepancias, no dejó de reconocer en Blanqui "la cabeza y el corazón del partido proletario de Francia".(2) Sus opositores veían en él al más peligroso de sus enemigos; quienes formaban con él filas y compartían afinidades ideológicas tampoco disimulaban las aprensiones que la resonancia de su clamorosa prédica sediciosa les suscitaba. Fue para Walter Benjamin "la voz de bronce (que) estremeció el siglo XIX".(3) En las anotaciones que adelantan su libro sobre Baudelaire, Benjamin se propone confrontarlos a ambos, a fin de despejar de una buena vez -son sus palabras- las brumas que ocultan las "iluminaciones" de quien suele recordarse según la vehemencia discontinua de sus partidarios: "Baudelaire se encuentra tan aislado en el mundo literario de su época como Blanqui en el mundo de los conspiradores".(4) Interpreta, además, que la derrota de Blanqui significó la victoria de Baudelaire y de la pequeña burguesía. "El abismo" (Le gouffre), entre otros poemas de Baudelaire, replica su visión vertiginosa del infinito y del silencio, el silencio de la prisión y del espacio insondabable pero también el deseo y los sueños de un terrorista que en plena acción no dejaba de pensar. Blanqui ha sucumbido, Baudelaire ha alcanzado el éxito, y en el vaivén comparativo Benjamin encumbra al autor de La eternidad a través de los astros por sobre otros personajes de la época.

  Condenado por sus insurrecciones contra la monarquía, temido por sus violentas acusaciones contra el clero, contra la burguesía, contra la francmasonería, perseguido como denodado organizador de sociedades secretas, víctima de las calumnias de quienes fueron sus compañeros, Blanqui fue encarcelado más de veinte veces, deportado y tres veces sentenciado a muerte. Pasó más de treinta años de su vida encerrado en las prisiones más severas: en el Monte Saint-Michel, en la isla Belle-Ile-en-Mer, en el Fuerte de Taureau, donde fue sometido, a raíz de los acontecimientos de la Comuna de París, a las condiciones carcelarias más terribles sólo porque se sospechaba de que hubiera participado en las encarnizadas instancias de entonces.

  Durante circunstancias de continua disensión política y constante desasosiego social, concibe y escribe este libro extraño a su fervor político, a sus maniobras revolucionarias, donde asombra que no se insinúen ni los excesos de su ánimo combativo ni la adversidad de la condena ni las penurias de la prisión. Desde el interior más reducido de la celda, su escritura le habilita la entrada a otros mundos a los que accede por una imaginación en fuga hacia espacios insonoros y tiempos repetidos. Contemporáneo del flâneur que demora su ocio en las calles de París, Blanqui se complace en deambular por el espacio infinito más allá de las incertidumbres, de las contingencias que prevé a distancia, comprometido con su tiempo pero escribiendo al margen de la historia y de sus estrépitos, de las acciones ensordecedoras que él mismo provocaba desde la penumbra de calabozos cada vez más sólidos y sórdidos.

La notable biografía que le dedica Gustave Geffroy lo presenta como "el encerrado" (L'enfermé )(5), un título que podría haber sido la inscripción emblemática de su divisa. Los desvelos del biógrafo abarcan en dos volúmenes las vicisitudes de su lucha, las tribulaciones de una época en la que no escasearon las aflicciones de su sacrificio brutal, el rescate doctrinario y visionario, razonado y poético, de un tiempo por venir, intentando adelantarlo en un siglo que trasciende 'el viejo orden social' con las fantasmagorías de su delusión.(6)

A pesar de la clausura y el aislamiento, sin claudicar de sus ideas ni desistir de sus propósitos, Blanqui siguió resistiendo: desde el interior de su celda, declaró la guerra callejera, organizó barricadas, ordenó y publicó las Instrucciones para una toma de armas (Instructions pour une prise d'armes), un texto que circuló discretamente entre 1868 y 1869. Aun en prisión, no dejaba de actuar ni renegaba de sus convicciones, en el centro de las mayores agitaciones; desde allí, en 1861, fue conducido ante los tribunales de donde se documenta el siguiente diálogo:

- A pesar de sus veinticinco años de prisión, ¿ha conservado usted sus mismas ideas?
- Exactamente.
- Y no sólo sus ideas, sino ¿también el deseo de hacerlas triunfar?
- Sí, hasta la muerte.

Pasarían muchos años más y sucesos cada vez más desgraciados; en la misma medida medraba su obstinación. Si bien Blanqui no es el protagonista de L'insurgé (7) -la conocida novela de Jules Vallès, de alguna manera "el encerrado" se identifica con "el insurrecto". En el curso de la narración, su nombre aparece mencionado varias veces; el narrador reitera y extiende la austeridad de su figura escueta en descripciones fieles; estampa sus advertencias contra riesgos que conocía, recuerda las instrucciones, los gestos tranquilos:

 "[Blanqui] les daba un curso de estrategia política y militar" dice el narrador. La novela de Vallès trata de la Comuna; en ese marco trágico no elude las precisiones de un realismo revolucionario donde una y otra vez presenta el protagonismo de Blanqui y, como si necesitara corroborar su identidad, afirma: "Es Blanqui". Dando testimonio de su presencia, la mención deviene una de esas referencias recurrentes que señalan la verosimilitud histórica en la ficción, un personaje de verdad que, por real, no es menos épico en una insurrección que, por histórica, tampoco es menos legendaria.

Muy cerca, un viejito corretea, solo, completamente solo, pero veo que lo sigue la mirada de una banda en medio de la que reconozco a los amigos de Blanqui.

  Es él, el hombre que recorre a lo largo toda la muralla, después de haber andado el día entero sobre los flancos del volcán, mirando si no surgía, por encima de la muchedumbre, una llama que sería el primer resplandor de la bandera roja.

¡Ese solitario, ese viejito, es Blanqui! (8)

Más recientemente, indagando sobre la actualidad de Blanqui, Alain Decaux extiende, en un voluminoso libro, a lo largo de más de seiscientas páginas, su imagen de revolucionario consagrado a la insurrección: Blanqui, l'insurgé ,(9) un título que restituye en parte las contradicciones a las que quedará definitivamente asociado: el encerrado, aún prisionero, seguirá siendo el insurrecto. Sin apartarse de esa condición a la que no termina de someterse, que constituye, a su pesar, su segunda naturaleza, persevera en una acción combativa que la prisión no logra interrumpir ni detener. Pretende haber superado las contrariedades de la reclusión por medio de una salida casi retórica, otro argumento de una huida que no siempre se verifica, una especie de salvoconducto que dirime las injusticias del mundo por la fantástica fundación de otros mundos, remontando "las presuntivas aguas del Tiempo" en procura de una eternidad inabarcable o inasible.

Si toda ficción implica el apartamiento voluntario de una situación real particular y la creencia en la supresión del mundo de los avatares cotidianos para ingresar a otro, la aventura literaria que estremece la detención de Blanqui es tan desaforada como su gesta política ya que no se conforma con atravesar los muros de una fortaleza para pasar al otro lado de la prisión sino que entreabre una grieta hacia la inmensidad del espacio infinito. Los trámites de la ficción requieren una zona de ambivalencias y el claroscuro de la celda la favorece; desde allí atisba el espacio, lo prodiga. Ni afuera ni adentro, entre la clausura y el vacío, entre la inercia y el vuelo, a medias, ni falso ni verdadero, un pasaje entre la tierra y el cielo, similar a esas galerías metropolitanas desde donde se vislumbran, difusos, a través de los cristales, los intersticios de la gran ciudad, los pasajes que la definen como la capital del siglo XIX, esa fábrica de sofisticación que es París en la crítica de Blanqui .(10)

Las cavilaciones astrales de Blanqui, sus minuciosas informaciones y presunciones sobre una ciencia a la orden del día, multiplican esas dualidades valiéndose de una estrategia científica apta para fundamentar la fantasmagoría de sus visiones cósmicas. Para compensar la reducción de la celda, no le alcanza con imaginar episodios de libertad civil a escala ciudadana, y se inventa un universo sin límites, un infinito para sí. Cercado por muros más altos y espesos que las miles de barricadas que había contribuido a construir, alejado de los hombres por el rigor de la condena, él mismo elige apartarse todavía más, dejar de lado su tiempo y la tierra, por otros tiempos y tierras y "sentir el placer de viajar con la imaginación sobre el ala de los cometas que viajan de sistema en sistema".(11)

A partir de ese doble alejamiento, las paradojas, o las contradicciones, parecerían inevitables: en la prisión, un hombre que hace de la acción su horizonte se ve reducido a la pasividad por la fuerza; su entrega a la colectividad se convierte en el más cruel de los aislamientos; entrañablemente comprometido con los acontecimientos políticos, no le pesa optar por una eternidad que los anula; luchando por la justicia en el presente y un futuro auspicioso, cifra su confianza en el eterno retorno; rebelándose contra el mundo en el mundo al revés, reveló a su manera, con la naturalidad que elude el asombro, la existencia plural de otros mundos que avalan una eternidad, por repetición, durante tiempos incontables:

Todo ser humano es pues eterno en cada uno de los segundos de su existencia. Esto que escribo en este momento en una celda del fuerte de Taureau, lo he escrito y lo escribiré durante la eternidad, sobre una mesa, con una pluma, con vestimentas, en circunstancias semejantes. Así cada uno.

Entre dos extremos, que el discurso de la ciencia y el discurso literario oponen, este libro de Blanqui pasa por alto la historia. Su rescate poético intenta reparar, por la precisión de la escritura y los desplazamientos de la ficción, los males temporales que inflige la autoridad contra la que él se debate a muerte, una redención contra las indiferencias y desigualdades de una sociedad que deplora y denuesta.

Las celebraciones patrióticas y partidarias, los homenajes de bulevares y monumentos provincianos y fúnebres que lo recuerdan, no suelen evocar que la misma vehemencia con que defendía principios revolucionarios, era prodigada a una incontenible pasión por escribir y por lecturas que la persistente adversidad no llegaba a interrumpir. Al mismo tiempo que proclamó que "la idea no es nada sin la acción", reclamaba que se le enviara libros: "sólo un servicio (...) un solo gesto de afecto" (12) que le asegurara la provisión de las lecturas que tanto ansiaba. Interrogado en el proceso a la "Sociedad de amigos del pueblo", el diálogo con el presidente del tribunal se da en los siguientes términos:

- ¿Cuál es su profesión?
- Proletario.
- Esa no es una profesión, Blanqui.
- ¡Cómo que no es una profesión! Es la profesión de treinta millones de franceses que viven de su trabajo y a quienes se les priva de derechos políticos.
- ¡Y bien, sea! Actuario, escriba que el prisionero es proletario.(13)

Cuando debió comparecer ante el consejo de guerra en la sala de audiencias del Palacio de Justicia de Versailles, otro diálogo que mantuvo con el magistrado cambia de tema aunque no de tono. Interrogado esta vez frente a un público numeroso y heterogéneo, tampoco duda en definirse:

- Acusado, levántese. ¿Cómo se llama usted?
- Louis-Auguste Blanqui.
- ¿Qué edad tiene?
- Sesenta y siete años.
- ¿Cuál es su domicilio?
- La prisión.
- ¿Su profesión?
- Escritor.

Muy diferente de la violenta crítica de sus escritos políticos o de la obstinación de su acción y de sus convicciones, La eternidad a través de los astros es un pequeño libro que llega a las setenta páginas en su edición original de 1872. (14) De circulación escasa, permanece aún desconocido entre los estudiosos de literatura y ha sido mencionado sólo lateralmente por quienes defendían las diferentes corrientes socialistas de un siglo pasado que llegaron a agitar las ideas del siglo que pasó. Fue reeditado por Miguel Abensour y Valentin Pelosse al cumplirse el centenario de su aparición (15) junto con otros textos suyos de diferente carácter. De la misma manera que anunciando el lanzamiento de su publicación inmediata, su editor decía: "nos parecía curioso mostrar a nuestros lectores cómo el célebre agitador socialista trataba una cuestión científica", una publicación muy reciente, realizada a partir de la primera edición, se interesaba por revisar la profundidad filosófica de esa meditación literaria sin renunciar a formular una teoría general del universo. (16)

Aun quienes siguen atentos a la repercusión de la militancia revolucionaria de Blanqui y suelen aproximarse a este texto de adhesión difícil, quedan desconcertados ante la imposibilidad de incluirlo en las clasificaciones genéricas tradicionales. ¿Acaso constituye un tratado científico configurado por una imaginación que impugna los principios rígidos de un positivismo demasiado doctrinario? ¿Es una meditación filosófica que vuelve a radicar en los astros las alegorías de la eternidad? ¿Es un discurso que encuentra, en las fracturas de la visión poética, las aperturas que la fatalidad de la historia le negaba? A pesar de que el tema recurrente atiende la observación de los sistemas estelares, a pesar de la precisión química con que describe los análisis espectrales de las sustancias que componen los astros y enumera la cantidad limitada de elementos para concebir un espacio sin límites, la formulación científica desarticula su rigurosa fundamentación por el ejercicio de una confianza irónica y la filosofía poética de comentarios y conclusiones. Sería demasiado arduo ajustarlo a taxonomías que distribuyeran las piezas del discurso científico por un lado, el filosófico por otro, distantes del poético, o lo compartimentaran en las contrapartidas paródicas que pudieran controvertir esos discursos.

Las iniciativas por publicar las obras completas de Blanqui, incluso las más recientes, no la incluyen. Un voluminoso primer tomo de "Œuvres" (Obras. De los orígenes a la Revolución de 1848. Textos reunidos y presentados por Dominique Le Nuz),(17) por ahora el único de la serie anunciada, replica y extiende la iniciativa que tuvo a su cargo años atrás Arno Münster,(18) de la que tampoco se materializó más que el primer volumen. Samuel Bernstein le había dedicado un libro a Blanqui y el blanquismo (19) donde, sin desatender las referencias ideológicas de su socialismo, al que Blanqui denominaba "práctico", el autor anota las minucias de sus desventuras en la prisión "devorado por el aburrimiento, la ansiedad, la monotonía, el desaliento, los días eternamente parecidos, la inmovilidad, el vacío, la nada".(20) Por eso, todo requería ser anotado, incluso contrastando los detalles minuciosos de una rutina anodina de la que solía evadirse por la observación de las estrellas y las delusiones del tiempo que constituían sus distracciones preferidas.

Son numerosos los libros que tratan de Blanqui y de sus fervorosos acólitos. Por su parte, Maurice Dommanget,(21) en varios libros que dedica a Blanqui, Alexandre Zévaès,(22) en los suyos, atendiendo la doctrina social del blanquismo, la organización de los comités, las relaciones con la Internacional, manifestaron la porfiada exasperación revolucionaria y el inconformismo ardiente de quien se yergue en héroe intrépido decidido a cambiar el mundo sin desanimarse por los fracasos, las traiciones, los castigos. En la Histoire des Partis Socialistes en France, publicada bajo la dirección de Zévaès, es Charles Da Costa, quien participaba en sus reuniones, el autor del volumen dedicado a los blanquistas.(23)

Años después, conocida la tenaz recuperación que acomete Walter Benjamin, algunos pocos ensayos más aludieron a este libro imprevisible.(24) En una carta a Max Horkheimer, Benjamin le contaba: "Durante estas últimas semanas, tuve la suerte de hacer un encuentro raro cuya influencia será determinante para mi trabajo; di por casualidad con uno de los últimos textos de Blanqui escrito en su última prisión, el Fuerte de Taureau. Se trata de una especulación cosmológica. Se denomina La eternidad a través de los astros y que yo sepa, hasta ahora no se le ha prestado ninguna atención".(25)

Esas aisladas iniciativas editoriales posteriores se propusieron revisar los escritos de Blanqui rescatándolos de un silencio que parecía prolongar las prohibiciones de la prisión, confirmar la interdicción de quien se debatió, aun desde el encierro, por la emancipación de la clase obrera, por la defensa de una patria que consideraba en peligro, por una comuna en lucha, por asociar los rigores de la ciencia y el conocimiento en una misma concepción del universo, donde los cometas, las nebulosas, las estrellas y las teorías que los describen y analizan responderían a las mismas pasiones, a los mismos dramas que los hombres y a la suerte de sus destinos, duros como las leyes que rigen la gravedad.

Es difícil suponer que, al mismo tiempo que "esta naturaleza de acero" denunciaba y se rebelaba contra el despotismo instruyendo sobre la toma de armas y las formas posibles de una propaganda subterránea, elaborara, a partir del estudio de la naturaleza y comportamiento de los astros, una hipótesis inesperada, una verdadera abducción (26) -en todos sus sentidos- una "suposición genial" y también un "secuestro". Adoptando el discurso científico de la época, con el rigor y vigor del saber, Blanqui formula su hipótesis; una voluntad de ficción, como si se tratara de una voluntad de verdad, se consolida a medida que la multiplicación tecnológica de copias y la proliferación de satélites confirman la imaginación premonitoria de su visión poética. Similar a esas anticipaciones fulgurantes, las abducciones de las que hablaba Charles Sanders Peirce, su rapto es un "act of insight", un acto de penetración intelectual y de interioridad inspirada, la visión interior "que nos sacude como un relámpago", por retomar las palabras del filósofo norteamericano.

Probablemente, durante su estadía en París, el propio Peirce hubiera oído hablar de Blanqui, de su gesta revolucionaria, de las actividades d e las sociedades secretas, de la peculiaridad de su hipótesis astronómica, de esa iluminación que fue su cruzada poética.

Enviado por la institución "Coast and Geodetic Survey", donde trabajaba además de investigar en el Observatorio de Harvard, Peirce había viajado a París en los primeros años de la década del 70 a fin de actualizar sus estudios cosmográficos, avanzar en el conocimiento de los sistemas planetarios, de las teorías sobre los cuerpos celestes, sobre la constitución y estructura del Universo, investigar durante un año en materias teóricas y prácticas relativas a la geodesia, gravimétrica, fotométrica y observar las oscilaciones del péndulo. Entre los objetivos de la misión encomendada, era importante para los Estados Unidos una puesta al día de los logros europeos en esos campos. Colega y amigo de William James, fue este quien aconsejó a Peirce visitar a su hermano, Henry James. A pesar de las asperezas de carácter del semioticista ilustre, el novelista se esforzó por introducirlo en los clubes literarios donde podría haber frecuentado a otros escritores, artistas, alternando en los círculos políticos y poéticos de aquellos años que se concentraban en clubes revolucionarios y sociedades secretas, cabarets y bohemia: "I did what I could to give him society" , (27) le escribía James a su hermano William, refiriéndose a su peculiar compatriota.

Deslumbrante y deslumbrado, Peirce se permitió en París la vida de un dandy arrogante, a quien su biógrafo (28) insiste en asimilar a Baudelaire. Asiduo a la "Sociedad Republicana Central" de Blanqui, Baudelaire fundó allí un diario, La Salvación Pública (Le Salut Publique), en un período en el que la proliferación de diarios sólo era superada por la multiplicación de clubes.(29)

Unido a una misteriosa Juliette Pourtalès, cuyas señas de identidad se pierden en los acontecimientos de la Comuna, en las sociedades secretas, entre otras Juliette o Julienne, como Madame Frémeaux, el nombre con que se conocía a Julienne Sébert (30) -la cómplice más próxima de Blanqui-, Peirce no podía ignorar la fama del mayor conspirador de ese entonces. Sobre todo quien, en los mismos tiempos de su estadía en París, más allá de la lógica y sus métodos, hizo de la hipótesis una de las figuras básicas de su doctrina de los signos, un procedimiento mayor al que Peirce teorizaba como más próximo de la creación que de la razón. Sería inverosímil que ignorara la hipótesis astronómica de Blanqui o sus repercusiones, los juicios y las sentencias, los artículos en los diarios del propio Blanqui y de quienes informaban sobre el gran patriota que pertenecía -según se estimaba- a la mayor escuela francesa, "la de Enrique IV, de Richelieu, de la Convención". Por otra parte, los severos ataques de Peirce a la "fantasía de un universo mecánico, completamente determinado" que proponía el Marqués Pierre-Simon de Laplace, su tendencia a adherirse a formas de conocimiento no racionales, su hipótesis sobre la eficacia de una hipótesis semejante a la "adivinación", asimila aspectos de su doctrina al pensamiento esotérico de Blanqui quien, de vuelta de las certezas positivistas que en algún momento había compartido, establece en este libro una especie de alegoría mística. Como Blanqui, Peirce objeta severamente la célebre Exposición del sistema del mundo (Exposition du système du monde) de Laplace. Contra la rigidez de esa teoría, las fulguraciones cosmogónicas de la fantasía de Blanqui concederían al estudioso norteamericano, como al célebre prisionero, una especie de acceso a la eternidad: la suspensión del tiempo, la semejanza entre cuerpos en rotación, su permanencia, la fatalidad de un retorno mítico, las reapariciones o "reediciones" que regresan una y otra vez replicando la monotonía de billones de tierras parecidas, la inútil ilusión de cualquier novedad, los accidentes efímeros que se abisman en el infinito y los empeños por una conservación que adelantan el pensamiento de los siglos XX o XXI y el afán por solucionarlos tecnológicamente.

Es extraña esta opción por una eternidad actualizada en quien quiso cambiar la historia, en quien estampó su grito "Ni Dios ni Amo" (Ni Dieu ni Maître) (31) como el negativo título de un diario y una consigna que marcó una época entre varias negaciones más.Se ha dicho que ese título devino una hermosa divisa del porvenir y que no hubo ninguna otra que haya tenido tanta repercusión. También su estampa dio lugar a descripciones entusiastas aun por parte de quienes no compartían su perspectiva:

Su aspecto era distinguido, su vestimenta irreprochable, la fisionomía delicada, fina y calma, con un aire hosco y siniestro que algunas veces atravesaba sus ojos estrechos, pequeños, agudos y, en su mirada habitual, más bien bondadosos que duros; la palabra moderada, familiar y precisa, la palabra menos declamatoria que he oído junto a la de Thiers. En cuanto al fondo del discurso, casi todo era justo. Yo tenía como vecino, en el Club des Halles, a un joven redactor del Journal des Débats, muy conservador como tengo el honor de serlo yo mismo, que entonces debutaba y que se destacaba por la prudencia y la madurez de su espíritu. Cuántas veces le oí suspirar en ocasión de la exposición cotidiana que hacía Blanqui acerca de los acontecimientos del sitio, los errores del gobierno, las necesidades de la situación: "¡Pero todo eso es verdad! ¡Pero tiene razón!¡Pero qué lástima que sea Blanqui!" Yo pensaba como él, lo decía como él, pero no suspiraba. La verdad es buena venga del lado que venga. (32)

Probablemente, fue durante los enfrentamientos de la Comuna cuando Blanqui escribió La eternidad a través de los astros, aunque ya había manifestado su pasión por la astronomía durante su detención en Belle-Ile donde llegó a esbozar una hipótesis del universo. No pudo haber transcurrido demasiado tiempo entre la composición de este texto enigmático y los escritos que acumulaba "día a día", sin reprimir su alarma, frente a La patria en peligro (La patrie en danger) (33) y que fueron publicados póstumamente en un libro (34) presentado por Casimir Bouis, quien también escribió el epílogo, en pleno fragor de las luchas. Nuevamente sorprende que en el prefacio que escribiera, se refiera a Blanqui en los siguientes términos:

Blanqui es un sabio. Matemático, lingüista, geógrafo, economista, historiador, en su cerebro hay toda una enciclopedia, tanto más seria cuanto tuvo la ocurrencia de omitir todas sus futilidades, todos esos oropeles pasados de moda con que los eruditos de ocasión deslumbran al auditorio, y que no sirven sino para cargar y abrumar la memoria. (...)

Sus enemigos saben mejor que nadie que es el estadista más completo que posee la Revolución, y Proudhon, que lo conocía, acostumbraba a decir que era el único.

Eso en cuanto al político.
El hombre privado es tal vez más extraordinario.

Más allá de los elogios que abundan en las páginas del prefacio, interesa subrayar la observación acerca de la devoción prestada por Blanqui a los "principios eternos" y la importancia que le asigna a la variedad y vastedad de sus conocimientos, sin pasar por alto la aguda capacidad que le atribuye de anticipar los acontecimientos. En esa introducción de La patria en peligro, Casimir Bouis impugna las simplificaciones del estereotipo que redujo a Blanqui a la estampa fija de un rebelde indomable: "¡Es un error...! Antes que nada se trata de un hombre de estudio, un pensador..., sólo que el pensador se desdobla en un héroe". Desde los artículos de ese diario, que Blanqui suele culminar con una frase sentenciosa y poética, similar a las tajantes salidas de Lautréamont o de Laforgue, Blanqui acusa a "la prensa podrida", inventa el neologismo "literatontos" para designar a tantos periodistas ineptos, como si previera la indiferente atención que, en los diarios, la crítica literaria dispensará a este combatiente que no fue el único "irregular del socialismo". (35)

En realidad, no se conocía el manuscrito de La eternidad a través de los astros sino a partir de las lecturas de Geffroy, quien empieza lapidariamente un capítulo sobre su reclusión en el Fuerte de Taureau en los siguientes términos: "Lo que ocurrió a continuación dejará estupefacto al porvenir". (36) Ansioso, con la esperanza de que la publicación de su manuscrito pudiera influir favorablemente en la revisión del proceso al que nuevamente se le sometería o del pronunciamiento de la sentencia, Blanqui urge a Mme. Antoine, una de las más abnegadas de sus hermanas, para que no demorara en llevar sus escritos al editor Germer Baillière: "Puede ser que diga que no es su especialización. Dile que sí, ¡por el aspecto metafísico de la astronomía! ¡Pertenece totalmente a su especialización. Será necesario advertirle que es completamente ajeno a lo político y muy moderado en todo!" (37)

Pero, como no era seguro que el editor aceptara la publicación de su Hipótesis astronómica, Blanqui ya habría sugerido confiarla a Maurice Lachâtre, antiguo miembro de la Comuna, editor de las obras de Karl Marx y también de las interminables narraciones que Eugène Sue extendía en voluminosos libros. Cuando se produjo la muerte de Blanqui, precisamente fue Lachâtre quien no evitó cruzar el espacio literario con el espacio histórico-político en su homenaje, testimonio del que dejó constancia al final de una novela genealógica de E.Sue, publicada en diez volúmenes, (38) menos a manera de epílogo que de manifestación inquietantemente acongojada. Agrega allí, además, una breve crónica de su entierro:

¡Qué pena! ahora, cuando acabamos de publicar la historia de dos familias de transportados -5 de enero de 1881- le rendimos los últimos deberes a uno de los mártires de la democracia, el íntegro y valiente A. Blanqui, que pasó cerca de cuarenta años en los calabozos de la monarquía, bajo Luis Felipe I y bajo Napoleón III.

Cien mil personas, hombres y mujeres, acompañaron los despojos mortales del gran patriota a su última morada.

(...)
Todos estos ciudadanos venían de rendir su homenaje a quien mereció que se le nombrara el Cristo del siglo XIX.

Que el nombre de Blanqui permanezca glorificado entre las generaciones por su coraje indomable, su amor por el pueblo y sus virtudes cívicas.

Pero, en ningún momento, Lachâtre mencionó La eternidad a través de los astros que él mismo, como editor, bien pudo haber publicado. Según observaba Walter Benjamin del libro, "al leer las primeras páginas (...) parece insípido y banal"; sin embargo, no deja de comentarlo, de citarlo, de transcribir largos pasajes, de cuyas ocurrentes ficciones ya no pudo apartarse y a partir de las cuales se precipitan sus reflexiones sobre la imposibilidad del progreso, la inevitabilidad de las copias, los sosias, las repeticiones, las citas, el eterno retorno. Benjamin repara que es en esa ficción donde más insiste Blanqui sobre la multiplicación de los dobles, sobre las monotonías de una historia que, irrepetible -debido a la fugacidad del tiempo- se repite, sin embargo, debido a la permanencia del espacio, en tierras sosias, planetas iguales y planos distintos. Blanqui anticipa la profusión de copias dispersas en el espacio, el desaliento de un hastío que, sin desesperación, se prolonga hacia otros medios, las alternativas excluyentes ante bifurcaciones ineludibles: "¿Qué hombre no se encuentra a veces en presencia de dos posibilidades?" se pregunta, convencido, sin amargura, de que "Se tome al azar o se elija, no importa, nadie escapa a la fatalidad".

  La anticipación poética de Blanqui no opone los conflictos de la materia y del cosmos a los acontecimientos del siglo XIX ni a las desventuras en un planeta que no se diferencia de las variaciones más o menos desdichadas que repiten los millares de planetas semejantes. Ese mismo estatuto raro de La eternidad a través de los astros, que concilia formas de escritura heterogéneas, científicas, filosóficas, míticas, poéticas, habilita la vigencia actual de una imaginación reflexiva que conforma el carácter de la estética en un siglo XX que ya se prolonga en otro.

  Blanqui imagina la multiplicación al infinito de mundos paralelos, los emplazamientos en el espacio de una eternidad puesta a prueba por la historia y, quizá, gracias a la repetición melancólica de los acontecimientos, cierta esperanza en un retorno fantasmal: "El universo se repite sin fin y piafa en el mismo lugar. La eternidad interpreta imperturbablemente, en el infinito, las mismas representaciones." De ahí que un instante se confunda con la eternidad; ambas instancias derogan el tiempo o lo dejan en suspenso, suspendido, ahora, se mantiene, "maintenant", apenas un instante, inventando, paradójicamente, la actualidad de una eternidad presente siempre en fuga.

  Mucho más paradójica, la coincidencia de que, en esos mismos años, a mediados de la década del treinta, cuando Walter Benjamin, fascinado por las audacias de una escritura que concilia resignación y rebeldía, dedica su mayor tiempo y atención a la obra de Blanqui, otros escritores, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, más allá del océano, en tierras distantes y medios distintos, en el otro extremo del espectro social y político, frecuentan la misma lectura experimentando la lucidez de una fascinación semejante.

  Blanqui, Borges, Bioy: Las divergencias biográficas e ideológicas podrían parecer, en una primera impresión, aproximaciones forzadas, casi desaforadas. ¿Cabe reunir a los tres? "Bello como..." diría Lautréamont, seducido por la inesperada disparidad de un conjunto de objetos de coexistencia inusual. No puede dejar de sorprender esta alianza imprevisible entre escritores de siglos diferentes, oriundos de diversas civilizaciones, escasamente militantes unos en políticas revolucionarias, responsables -como si se dijera "culpables"- de una imaginación lúdica que se deleita en los refinamientos de su juego intelectual y sus gestos de creación en libertad, con uno de los conspiradores más violentos de un siglo que supo prodigarlos.

  Borges y Bioy definen su escritura intelectual, poética, narrativa, el tono y trama de sus parodias, las ficciones y especulaciones donde se entrecruzan aventuras en un vertiginoso espacio que se repite en espacios similares, en tiempos circulares y regresivos, las especulaciones ante la duplicación o desdoblamiento de los acontecimientos y sus imágenes, la bifurcación de universos paralelos que se reproducen en los senderos de jardines o en los anaqueles de bibliotecas, entre originales y copias que los libros no distinguen, dentro de esa misma estética fantasmagórica donde merma la escasa realidad de una realidad disminuida especiosamente por sus simulacros. Los cuentos, poemas y ensayos más conocidos de Borges, los extraordinarios cuentos largos de Bioy Casares, sus nouvelles, hacen de la obra de Blanqui una asiduidad fecunda y feliz.

*Louis-Auguste Blanqui. La eternidad a través de los astros. Traducción y nota preliminar de Lisa Block de Behar. Siglo XXI editores, México, 2000. ISBN 968-23-2230-8

(1) André Mitry. Auguste Blanqui. Révolutionnaire trois fois condamné à mort (panfleto político publicado por la "Société Amis de Blanqui" el 2 de febrero en su asamblea constitutiva). 8, avenue Mathurin Moreau. Paris, 1951. 31 ps.
(2) En una carta de Karl Marx dirigida al doctor Watteau el 10 de noviembre de 1861.
(3) Walter Benjamin "Thèses d'histoire de la philosophie". In Poésie et Révolution. Denoël. Paris, 1971. P.284.
(4) Walter Benjamin. Paris, capitale du XIXe. siècle. Le livre des passages. Edición original e Introducción de Rolf Tiedemann. Les éditions du cerf. Paris, 1989. P.384.
(5) Gustave Geffroy. L'enfermé (2 v.) Les éditions G. Crés et Cie. 21, rue Hautefeuille. Paris, 1926.
(6) R. Tiedemann. "Introduction". Op. Cit. P. 22
(7) Jules Vallès. L'insurgé. Publicación póstuma de 1896. Ed. Garnier-Flammarion. Paris, 1970. P.160, 184, 185.
(8) Ibidem. P. 160.
(9) Librairie Académique Perrin. Paris, 1976.
(10) Carta a Lacambre, 7 de octubre de 1862. En Maurice Dommanget, La vie de Blanqui sous le Second Empire.
(11) Camille Flammarion. Crítica aparecida en L'OPINION NATIONALE. París, 25-3-1872.
(12) Gustave Geffroy insiste en su avidez por la lectura y en sus reclamaciones para que le fueran alcanzados libros, folletos, diarios, revistas, atlas. V.I. Op.cit. P. 231
(13) "Défense du citoyen Louis Auguste Blanqui devant la Cour d'Assises". Paris, 1832. P.4.
(14) Louis Auguste Blanqui. L'éternité par les astres. Hypothèse astronomique. Librairie Germer Baillière. Rue de l'École de Médecine. Paris, 1872.
(15) Una anticipación de algunos capítulos fue publicada por la REVUE SCIENTIFIQUE y en LE RADICAL en febrero de 1872, durante la misma semana del proceso a Blanqui. Luego, el mismo año, aparece en versión completa, en la editorial Germer Baillière. Una publicación más reciente fue realizada por la Éditions de la Tête de Feuilles. Coll. Futur Antérieur: Instructions pour une prise d'armes, L'éternité par les astres. Hypothèse astronomique et autres textes, presentados por Miguel Abensour y Valentin Pelosse. Paris, 1972.
(16) La última edición de L'éternité par les astres fue publicada por la editorial Slatkine en su colección "Fleuron", con prólogo a mi cargo. Paris - Genève, 1996.
(17) Louis Auguste Blanqui. Œuvres I . Des origines à la Révolution de 1848. Textos reunidos y presentados por Dominique Le Nuz. Prefacio de Philippe Vigier. Presses Universitaires de Nancy. Nancy, 1993.
(18) Louis Auguste Blanqui. Ecrits sur la Révolution. Œuvres complètes. 1. Textes politiques et lettres de prison. Presentado y anotado por Arno Münster. Éd. Galilée. Paris, 1977.
(19) Samuel Bernstein. Edición original en francés. François Maspero. Paris, 1970. Existe traducción en español editada por Siglo XXI. Blanqui y el blanquismo. Biblioteca del Pensamiento socialista. Madrid, 1975. 390 ps. Dedica dos páginas y media a L'Eternité par les astres.
(20) Ibidem. P.251.
(21) M. Dommanget. Blanqui. Librairie de l'Humanité. Paris, 1924. Blanqui à Belle-Ile. Éd.de la Libraririe du travail, etc. Blanqui. La guerre de 1870-1871 et la Commune. Ed. Domat. Paris, 1947. Blanqui. Études et documentation internationales. 29, rue Descartes. Paris, 1970.
(22) Alexandre Zévaès. Le socialisme en France depuis 1871. Bibliothèque Charpentier. Eugène Fasquelle éditeur. Paris, 1908. La chute de Louis-Philippe (24 février 1848). Librairie Hachette. Notes et souvenirs d'un militant. Marcel Rivière & Co. Paris, 1913. Auguste Blanqui, Patriot et socialiste français. Librairie de Sciences politiques et sociales. Marcel Rivière et co.. 31, rue Jacob y 1, rue St Benoit. Paris, 1920.
(23) Charles Da Costa. Les blanquistes. Histoire des Partis Socialistes en France. Librairie des sciences politiques et sociales. Marcel Rivière et Cie. Paris, 1912.
(24) M. Abensour. "W. Benjamin entre mélancolie et révolution. Passages Blanqui." A. Münster "Le paradigme révolutionnaire français dans les 'Passages parisiens' de Walter Benjamin et dans la pensée d'Ernst Bloch." In Walter Benjamin et Paris. Études réunies et (25) présentées par Heinz Wismann, Les Éditions du Cerf. Paris, 1986.
(25) Walter Benjamin. Correspondance. 1929-1940. (V.2) Edición establecida y anotada por Gershom Scholem y Theodor Wiesengrund Adorno. Aubier-Montagne. Carta No. 293. Paris, 1979. P.231.
(26) Uso el término en el sentido que le atribuye Charles Sanders Peirce, fundador de una doctrina de los signos.
(27) "Hice lo que pude para ubicarlo en sociedad". Joseph Brent. Charles S. Peirce. A Life. Indiana University Press. Transcribe una carta de Henry a William James (14/3/1876). Bloomington, 1993. P. 103.
(28) Op.cit..
(29) Claude Pichois et Jean-Paul Avice. Baudelaire - Paris. Prefacio de Yves Bonnefoy. Ed. Paris- Musées. Quai Voltaire. Exposición de la "Bibliothèque historique de la Ville de Paris". 16/11/93-15/2/94.
(30) Según S. Bernstein, Julienne Sébert es el seudónimo de Mme. Frémeaux en cuya casa se realizaban las reuniones de la sociedad que, en tiempos de Luis Napoléon, se conocía como la "Sociedad de los Cocodrilos".
(31) L.A. Blanqui. Ni Dieu ni Maître! Les plus pensées athéistes et anticlericales d'Auguste Blanqui. 1880-1881. Édition de l'Idée libre. Recopilación de M. Dommanget. Herblay (Seine-et-Oise)
(32) Jean-Jacques Weiss. PARIS-JOURNAL. Paris, 18.2.1872.
(33) L.A. Blanqui. La patrie en danger. A. Chevalier. Prefacio de Casimir Bouis. Paris, 1871.
(34) Ibidem.
(35) Es A. Zévaés quien le asigna este calificativo a Jules Vallès.
(36) G. Geffroy. (V.1) Op.cit. "Notations sur ces cahiers datées le 25 juin 1857". P.232.
(37) Se trata de una carta citada por M. Abensour y V. Pelosse en el prólogo de Instructions pour une prise d'armes que precede a su reedición de L'éternité par les astres. Op.Cit.
(38) Eugène Sue. Les Mystères du peuple ou l'histoire d'une famille de prolétaires à travers les âges. Paris, 1879

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