Dos años y
quince mil kilómetros después tenía ante mí los
primeros números
de Potlatch, una hoja informativa de la
Internacional Letrista
que se puso en circulación en París a mediados de los
años cincuenta.
En sus páginas mimeografiadas, «la crítica de la
arquitectura
» se presentaba como la clave de la critica de la
vida. Rebautizado
como M. Sing-5ing, el gran arquitecto Le Corbusier
era tachado de «constructor de suburbios». Su Ciudad
Radiante era
calificada de experimento autoritario de ingeniería
social, un
amontonamiento de «guetos verticales» y «margues» en
forma de
bloques-torre; la verdadera función de las celebradas
«máquinas
para la vida» de Le Corbusier, leía uno en Potlatch,
era producir
máquinas para que la gente viviera en ellas. «La
decoración determina
los gestos -decía la IL-; construiremos casas
apasionadas.
» Con una megalomanía en contradicción con sus
manchados
mecanoscritos, la IL estaba escribiendo las palabras
que «Anarchy
in the Ll.Ko pondría en boca de Bob Ge!dof: era fácil
imaginárselo.
Pero al recordar mi viaje por el tiempo a Guatemala en
la sala de microfilmes, me preguntaba qué importancia
tendría
para la historia de los Sex Pistols, si es que tenía
alguna, el hecho
de que en e! verano de 1954 los redactores de Potlateh
(Gil J.
Wolman, Michele Bernstein y los otros cuatro que en
aquel momento
firmaban sus páginas) hubieran escogido el
derrocamiento
del reformista Arbenz por parte de la CIA como un
hecbo social
clave, una metáfora, un medio para llegar al lenguaje
del «viejo
mundo» que afirmaban iban a destruir. de la «nueva
civilización»
que decían iban a crear.
Había versiones prescientes de las noticias de la
siguiente semana,
pues Potlatch hacía volver a Saint-Just de su
guillotina
para que celebrara un «juicio anticipado» al rechazo
de Arbenz a
armar a los obreros guatemaltecos contra el inevitable
golpe de
Estado (<
cavando su propia tumba»), además de incomprensibles
referencias
a los herejes cátaros de la Francia del siglo XIII y a los más
recientes descubrimientos de la física de partículas.
Y aparecía
también el primer indicio de lo que se convertiría en
un tema situacionista
recurrente: la idea de las vacaciones como una especie
de vínculo entre la dominación y
la alienación, un símbolo
de las falsas promesas de la vida moderna, una idea
que en forma
de CLUB MED-UNAS
BARATAS VACACIONES EN LA MISERIA DB LOS
DEMAs se convertiría
en un graffiti en el París del mayo del 68, y
luego, al parecer, en «Holidays in the Sun». «Después
de Espalla
o Grecia, Guatemala puede contarse en estos momentos entre
los países más apropiados para el turismo», escribía
fríamente l.
IL, observando que los pelotones de ejecución del
nuevo gobierno
estaban limpiando las calles de Ciudad de Guatemala.
«Esperamos poder
hacer este viaje algún día.»
greil marcus, rastros de carmín, anagrama, 1993,
barcelona...original ingles 1989
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