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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, diciembre 02, 2010

El escritor y su sombra


EL ESCRITOR Y SU SOMBRA. 











¿Hay algo de cierto en la oposición que suele establecerse más o menos inconscientemente en la opinión popular entre vitalidad -la vitalidad tiene algo de salvaje, de desordenado- y "refinamiento" -armonía y equilibrio del ánimo, mesura en los hábitos y en los modales, etcétera-? En todo caso, a favor de ella se podría citar más de un ejemplo -tal vez más de los que podrían citarse en su contra-o Pensemos, verbigracia, en los cafés de Flores como representantes del segundo y en las tabernas de Boedo como emblemas de la primera, o, para concretar más las cosas, en Borges y en Arlt. El uno precisa la pequeña tragedia de una contusión sobre su delicada frente para aprender a escribir (pese a ser excelente, la educación que brindan los colegios suizos no garantiza una reacción emocional en los lectores de sus pupilos). El otro no recibe los golpes, sino que los propina, con la fuerza de un cross a la mandíbula, a su maltratada Underwood "hora tras hora, hora tras hora". Indudablemente, Borges es el más refinado de los dos, pero ¿cuál es el más interesante? Puede que la prosa de Borges sea más precisa, más rigurosa, gramaticalmente más correcta, mejor sazonada para el gusto europeo -o el de los que querrían ser europeos-o Puede incluso que sea más inteligente. Pero, en primer lugar, el mundo está lleno de personas inteligentes. Y, en segundo lugar, de existir semejante agencia turística, ¿no compraríamos de inmediato un pasaje al Buenos Aires de Arlt, dejando desierta la boletería "babélica" de Borges? ¿Cómo no pagar gustosos por ver morir desangrándose y pidiendo perdón por su vida de proxeneta, con la mueca póstuma de un crucificado, al rufián melancólico? Y, al mismo tiempo, ¿cómo dejarse estafar por una esquina rosada y sin embargo lunfarda repleta de compadrito s expertos en la cábala? Como dice el bueno de Piglia, Borges pertenece al siglo XIX, mientras que Arlt inaugura el siglo veinte -no hay nada de malo en pertenecer al siglo XIX, por supuesto, siempre, desde luego, que se haya vivido en él-o Pero nos extendemos demasiado en este ejemplo y ya conviene hacer un zapping. Salto a otro párrafo.
¿Cómo no evocar aquí la silueta desgarbada y granujienta, actualmente tan de moda, de Hank Chinasky, o Charles Bukovsky, célebre levantador de enaguas (si bien de enaguas mercenarias) y militante del único partido en el que es posible militar -el del alcohol? Para buscar el contraste, recurramos a la beat generation. Concierto de jazz en la playa, suaves saxofones, aromático humo de cannabis, las alegres y frescas carcajadas de las "hipsters”, los "símbolos de libertad" estacionados en la vereda, la magia de una estudiada penumbra. In the other hand, la luz macilenta de un foco de cien vatios refractándose sobre las manchas de grasa y los dudosos charquitos de la barra contra la que reposa la amargura de dos o tres cansados cuerpos torpes de sendos solitarios. ¿La música de fondo? No es otra que los ruidos de la calle rompiendo la atmósfera viciada del bar en el cuadro perfecto de un Hopper más proletario que Hopper. Pero sigamos con la comparación. Al día siguiente, los jóvenes reyes de mayo, de largo pelo de Adán, desperezándose bajo el radiante sol del
mediodía de San Francisco, que hará germinar en todo la vanidosa sofisticación de su narcisismo los aullidos de Ginsberg, los almuerzos de Burroughs, los subterráneos de Kerouac, las Coney Island de Ferlinghetti, más tarde lánguidamente degustados y calurosamente ovacionado s en algún bar del Village. In the other hand, la madrugada trasnochada e implacablemente prematura del señor Bukovsky, en medio de una resaca de vino barato y de humo de mal tabaco, que se incorpora para ir a la fábrica o al matadero en busca de monedas qué cambiar por cerveza -el LSD sería, obviamente, demasiado oneroso para tan magros bolsillos-. Y en busca de experiencia qué cambiar por poemas, por poemas, sin embargo, demasiado prosaicos para poder hablar de las delicias de las expansiones del yo -sólo hablarán de banalidades, de miserias, del músculo que se tensa para ejecutar su tarea, de las aventuras pedestres de algún antepasado de Homero Simpson con la cirrosis como único futuro, e incluso de cosas aún menos elevadas-o
Pero busquemos un ejemplo más distante, tal vez dieciochesco, en la frontera con lo decimonónico (una época encantadora)... No sé ... ¿Goethe y Von Kleist? Goethe coqueteando con la madre de Schopenhauer, Goethe cenando con Napoleón, Goethe adornando con su brillo los salones, Goethe concibiendo las más nobles ideas ante alguna ruina romana bajo la mirada embelesada de toda una nación, de cuya literatura será proclamado el padre oficial, Goethe primer provocador en la historia de un suicidio colectivo -un Goethe moderno-, Goethe difusor de ideas originales de amigos oscuros, Goethe best-seller, Goethe irrumpiendo en todas las enciclopedias de la posteridad con su versión novelada de la Fenomenología del Espíritu de Hegel (el Fausto, claro), Goethe, por fin, indiscutiblemente talentoso en su Teoría de los colores (¿ Goethe homo? Eso insinúa una publicación reciente. ¡Los enigmas de los genios!). Mientras tanto, su desdichado contemporáneo Von Kleist en la cárcel o en el paro, o como preceptor de vástagos de amigos más o menos intelectuales, o invocando infructuosamente algún mecenazgo que no llegó nunca, o lanzando panfletos antinapoleónicos y siendo apresado, o fracasando rotundamente -fracaso promovido por Goethe- en el estreno de El cántaro roto, o siendo víctima de la censura, pero escribiendo la Pentesilea -que Goethe no entendió (le llamó "histérico")-, el Teatro de marionetas, el Michael Kohlhaas (texto cuyo estilo seco y casi jurídico admirará Kafka) o La Marquesa de O (obra que prefigura la concepción posterior de la ambigüedad contradictoria de la vida moral), y, finalmente, suicidándose, cansado de esperar el auxilio económico prometido por Schiller.
¿Qué más? Vendría a cuento citar aquí el caso paradigmático de Hegel -uno de los filósofos más aburridos que ha producido Europa (lo cual ya es mucho)- y su rival Schopenhauer -uno de los más fascinantes-, pero tal vez es demasiado conocido. Por supuesto, no siempre se cumple con rigor matemático esta fórmula de pares dispares, esta parodia de las Vidas paralelas de Plutarco: hay escritores sin sombra y sombras sin escritor. Ejemplos obvios: por un lado, Bloy, el menesteroso autor de las protokafkianas Historias desagradables, llevando su vajilla al monte de piedad o intentando vender, entre lágrimas, al conde Robert de Montesquiou-Fézensac las cartas que le dirigiera el dandy Barbey D' Aurevilly; por otro, Heidegger pagando religiosamente hasta el 35 su carnet de afiliado al partido nazi, o sufriendo un ataque de mutismo ante la destitución de su maestro Husserl, o dictando su célebre Discurso a la juventud alemana, o creando toda una línea de pensamiento dentro de la filosofía contemporánea, u obligando a sus alumnos a hacer el saludo nazi al inicio de sus clases (la anécdota la cuenta Habermas o Farías, no lo sé).
Dejo en manos del lector la tarea de buscar al escritor correspondiente a Heidegger y la sombra proyectada por Bloy.


MA/CB




2002, no se publicó en ABC

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