Joe Meek: la dramática paternidad
de la música pop
Joe Meek era un
hombre raro. En los años cincuenta trabajaba como ingeniero de sonido en los
estudios británicos IBC. Por aquel entonces, gran parte de las grabaciones de
jazz y música pop nacían como producciones radiales encargadas por emisoras, y
se convertían en discos tan sólo un tiempo después. Con frecuencia, los
estudios estatales de radio eran más profesionales y técnicamente más
evolucionados que los estudios de grabación de la industria discográfica, que
no estaba entonces muy desarrollada y que fuera de Estados Unidos apenas
merecía el nombre de industria. El extraño Meek trabajaba para un complejo de
estudios que realizaba las grabaciones del segmento angloparlante de los
programas de jazz y pop emitidos por Radio Luxemburgo en Europa Occidental.
Meek consiguió ese puesto en 1953, a los veinticuatro años, pronto le fue
asignada la tarea especial de balance de sonido. Su historia personal sirve para
ilustrar el modo en que surgen los conceptos y representaciones de autor y
autoría bajo la influencia de un cambio tecnológico. Así, e s posible establecer
una relación entre los siguientes planos: el formato tecnológico-mediático de
una cultura o subcultura en una determinada época; la correspondiente revisión,
o reinvención, del concepto de autoría y de las dimensiones que incluye:
nociones como las de subjetividad y expresividad; por último, las consecuencias
psicológicas de aquello conocido como autoría, vulgarmente entendido como la relación
entre genio y locura, que la mayoría de
las veces -de acuerdo a punto de vista-
no es otra cosa que el resultado de la repetición de experiencias inquietantes
con productos propios. Estas experiencias son inquietantes porque son nuevas en
el aspecto tecnológico-mediático y en el artístico y, por consiguiente, no hay
todavía ninguna representación ni convención, como por ejemplo la idea de
expresividad, para referirse a ellas.
Meek se destacó
rápidamente como inventor de nuevos sonidos, como un bricoleur de la electricidad y la electrónica, que utilizó
consecuentemente y ensanchó las pocas posibilidades que el estudio de grabación
tenía para ofrecer en aquel entonces. Esta capacidad comenzó a difundirse y
Meek se convirtió en un requerido ingeniero de grabación también fuera del
mundo de la radio. Hay que tener en cuenta que todavía no existía la grabación
sobre pistas múltiples. La tecnología de dos pistas estaba en sus comienzos y
la mayoría de los efectos de sonido sólo podían ser implementados en vivo, es
decir, durante la grabación en tiempo real de la performance. Meek fue el descubridor
del estudio como variable o, como se diría después, a partir de los años
setenta, como instrumento (Todd Rundgren fue el primer músico pop que habló de
modo programático acerca del estudio como instrumento). En aquella época, los
ingenieros de grabación eran hombres de camisa blanca que por lo general tenían una formación en física, más
precisamente, en el subcampo de la acústica. Por definición, ni siquiera se planteaban
la mera posibilidad de perseguir sus propias ambiciones. Pero Meek tenía una,
Meek oía nuevos sonido.
En 1959 abandonó los estudios IBC.
Se construyó un estudio propio en su pequeña casa, y además fue contratado por
otra firma para instalar un estudio más grande.
Durante largo tiempo éste tuvo fama de ser el mejor equipado de Gran Bretaña. Meek
también lo usaba. Trabajó durante un año para un pequeño sello, el subsello de
una firma de música clásica que quería ingresar en el mercado del pop. Mezcló y
produjo varios singles que llegaron a tener cierto éxito, Uno de ellos llegó al
top ten. A fines de ese año la firma matriz estaba
en quiebra. Sin embargo, uno de los inversores se dio cuenta de que las ideas sonoras
de Meek tenían futuro y le facilitó los fondos para la creación de su propio
sello y para el equipamiento del legendario estudio 304, Holloway Road.
Poco después,
con su amigo Geoff Godard, Meek comenzó a escribir sus propias canciones y las
hizo grabar por bandas -preexistentes, armadas por él, improvisadas- o por
artistas solistas. Muy pronto legaron los primeros éxitos. El mayor tuvo lugar en
1962. Con una banda armada en su estudio, The Tornados y el track
"Telstar", Meek logró lo que hasta entonces no había logrado ningún
extranjero: llegar a número uno en el chart de los Estados Unidos, primer
puente para la invasión de los Beatles y los Stones en los años por venir. Joe se alegraba de no tener que trabajar más
en los estudios IBC, donde lo consideraban un tipo extraño y grotesco. Lo
cierto es que se comportaba casi como un paranoico, sobre todo en un aspecto:
tenía pánico a que los otros técnicos le robaran sus pequeños trucos. Sabía que
todo su capital consistía en efectos de sonido, pero estos no podían ser
trasladados a la notación musical como la música convencional. No se podía
tener copyright sobre ellos. Sólo a través de algo tan frágil como un nombre,
una reputación, era posible valer algo
como técnico de sonido en una escena todavía no muy consciente de su
importancia, constituida principalmente por bandas de skiffle y viejos jazzistas. En el caso de Joe, los sonidos sólo podían
crearse a través de dispositivos electrónicos experimentales, a través de sus
trucos de bricoleur. No existía ningún nombre para ellos, ninguna mnemotécnica
que permitiera recordados más allá de los materiales que servían para su
producción. Y sólo podían retenidos, aprendidos de memoria, quienes los percibían
sólo en el exterior, pero no quienes, como Joe, los percibían además en su
interior.
Entonces, él
tenía que proteger sus conocimientos exteriores, es decir, los dispositivos
experimentales. Nadie podía enterarse de que los cohetes que despegaban no eran
otra cosa que la descarga del inodoro grabada varias veces y pasada al revés,
grabación que Meek hacía sonar en el estudio y transfería a una nueva cinta.
Como en muchas de sus piezas, también en "Telstar" el origen había
sido un sonido. Estados Unidos había puesto en órbita el primer satélite de comunicación,
que compartía nombre con la canción de Meek y había comenzado a prestar
servicios en forma piloto '11 1962. Los primeros sonidos producidos por las
transmisiones satelitales eran ruidos cortos, crujientes, zumbantes y distorsionados,
que no solamente para Meek sonaban como el espacio cósmico mismo. Sonidos hacia
los cuales ya se habían encaminado diversos compositores electrónicos,
creadores de bandas sonoras e ingenieros de sonido en los años cincuenta. En
realidad, daba lo mismo si se trataba de música compuesta electrónicamente o de
efectos de recording technology: en
esos cincuenta, marcados por la locura de la ciencia ficción y el pánico a los
extraterrestres, todos los sonidos eran semantizados como extraterrestres o espaciales, al menos
apenas ingresaban al terreno de la cultura popular. El universo de sentido de
la música nueva y todavía confusa de la posguerra era el espacio. La misma
función que en la segunda mitad del siglo XIX había cumplido el agua (agua,
ríos, lagos y cascadas), o la noche en el romanticismo y neorromanticismo.
Joe Meek tenía
dos territorios deseados: uno era el espacio, el otro, el reino de los muertos.
Al primero era posible acercarse por medio de los sonidos, era posible imitarlo,
incluso crear space sounds. Esta era
quizás la única firma real de todos los efectos y manipulaciones que Joe había
inventado: sonaban verdaderamente espaciales. El reino de los muertos, por su
parte, se volvía inteligible a través de sonidos y voces. Meek organizaba
sesiones y trataba de capturar las voces de los muertos. En una sesión se enteró
de que Buddy Holly, su gran ídolo, moriría en un accidente de avión en una
fecha determinada. Meek ya lo suficientemente conocido como para poder
establecer contacto con Holly y le informó de su visión. A Holly no se le movió
un pelo. Sin embargo, un año más tarde, exactamente en la misma fecha en que
Meek lo había vaticinado, tuvo lugar el terrible accidente que le costó la vida
a Holly y a otras víctimas. Ese día pasó a la historia como "the day that
music died". Meek y su amigo espiritista Geoff Goddard, también importante
compositor de canciones del sello RGM, practicaron después durante mucho tiempo
un culto a Buddy Holly. Un resultado de esto fue el single "Tribute to
Buddy Holly" de Mike Berry & The Outlaws, que fue editado en RGM, el
sello de Joe.
Joe Meek no era
un músico, tampoco era "musical" en un sentido convencional. Según
los testimonios de todos los que trabajaron con él, no podía tocar instrumento
alguno, ni entonar una melodía. Pero tenía ideas musicales, oía
"secuencias de ruidos", "melodías de sonidos". Con diversos
teclados electrónicos y semielectrónicos adquiridos o construidos por él mismo,
intentaba enlazar estas ideas sonoras a secuencias de notas convencionales
(melodías) de la manera más simple, para así poder conservadas y
reproducidas. No era de extrañar, entonces, que algunas de estas melodías
simples ya existiesen desde antes y que cuando aparecían en un hit mundial como
"Telstar" se produjeran también juicios por la autoría. Joe perdió el
de "Telstar" al aceptar un acuerdo que lo reconoce hasta ahora como
compositor del clásico, pero que lo obligó a renunciar a una parte considerable
de los derechos de autor. El espiritista Joe Meek (que de todos modos ya era
paranoico), cuyos talentos y capital en la música popular todavía no tenían
ningún nombre y eran tan difíciles de proteger, fue demandado justamente a
causa del delito por el cual se sentía permanentemente atacado: robo de
propiedad intelectual.
Pero el hecho de
que estos sonidos no pudieran ser protegidos, al menos sin una elaboración
posterior, era también una parte importante de este mundo mágico en el que a
Joe más le gustaba vivir: el reino de las voces sin lugar de los muertos, o de
los sonidos de otros mundos. Es sorprendente que cincuenta años después de que Arnold
Schönberg musicalizara el poema de Stefan George "Arrobamiento" para
su segundo cuarteto de cuerdas, otra hazaña de la música del siglo totalmente
distinta comenzara con palabras similares. Las famosas líneas de apertura del poema
de George, siempre leídas como metáfora del programa musical de Schönberg, son
las siguientes: "Siento aire de otros planetas". Meek empezó en 1959
a trabajar en su ambiciosa obra "I hear a new world- An outer Space Music
Fantasy", interpretada por una banda que se llamaba igual que un grupo de
performance contemporáneo tan famoso como terrorífico, The Blue Men. Este trabajo representa quizás
su proyecto más ambicioso. Llegó a diseñar la tapa y a escribir las notas de
cubierta, pero lamentablemente no pudo vedo editado en vida.
Resulta
interesante notar que los nuevos mundos, que se podían escuchar aquí junto a
los space sounds, con frecuencia
tenían sus raíces en Hawai o en las playas de surfistas o, en todo caso, en la
representación de estos espacios en la música popular. La falta de gravedad
asociada a los sonidos de agua, baño y nado, al chapoteo, a los susurros acuáticos
y al romper de las olas, que de un modo convencional hacen pensar en sonidos
emparentados con California y Hawai, pero también con Asia oriental, está al
mismo tiempo al servicio de una fantasía sexual cargada de rasgos coloniales,
rasgos que, por supuesto, todavía jugaban un rol importante en la Gran Bretaña
de los años cincuenta. Estos rasgos asocian los planetas ideales y faltos de
gravedad (musicalmente: sin bajo ni beats) con un mundo "inocente", "libre"
y "nudista". Sin embargo, estas y otras codificaciones sexuales de
nuevos mundos auráticos permanecieron y debieron permanecer ambiguas. Joe Meek
era gay y aparentemente lo era en el momento y lugar menos indicados. La persecución
de los gays en la Inglaterra de los años cincuenta, fue más brutal y masiva que
en cualquier lugar de Occidente. Y tuvo víctimas
famosas como el matemático Alan Turing, que fue obligado por una acción
judicial a tratarse con hormonas, tratamiento
cuyos efectos insoportables sobre su estado de ánimo lo llevaron al suicidio.
Fans y biógrafos
suelen asociar su música extraña y alejada años luz de lo acostumbrado en ese
momento, con su condición de homosexual. Quizás esto funcione si se apela a un
concepto muy general de queerness. De
otro modo, el señalamiento de una relación estrecha entre la orientación sexual
de Meek y los sonidos que él amaba puede resultar una especulación no totalmente
libre de ideología. Menos especulativa me parece otra consideración: Meek está
alejado, en dos planos muy distintos, de la relación expresiva con el propio
cuerpo que era habitual para su época. Por un lado, hace una música cuyos
elementos esenciales (efectos de sonido, y máquinas) no son percibidos como expresivos
dentro de las concepciones vigentes. Los ruidos que él crea no están unidos a
él ni a su cuerpo por la fuerza de ningún músculo, ni por ninguna técnica vocal;
son más bien el resultado de infinitos bricolages mediados. Y éstos pretenden
ser elocuentes, no quieren ser entendidos como mero bricolage o resolución de
un problema de ingeniería. Lo que buscan es la belleza.
El otro problema
no es la homosexualidad en tanto tal, sino la sexualidad vedada. A Meek no le
estaba permitida su sexualidad, mucho
menos desde que se había transformado en una figura pública. Experimento la intimidad con su compañero
musical Goddard, sobre todo cuando en sesiones de espiritistas se comunicaban
con otros seres faltos de cuerpo como las voces de los muertos. En su decadencia
posterior jugaría un rol importante una denuncia por acoso sexual. Sus músicos
y amigos cuentan todavía hoy que su orientación sexual no era aceptada por
muchos de los músicos y técnicos que dependían económicamente de él, y esto
daba lugar a historias paranoicas sobre el jefe o a conjeturas signadas por la
envidia. Y además, como Joe no era una persona fácil de tratar, su sexualidad
se prestó para la difamación.
Meek tenía
muchos artistas a su cargo como jefe de estudio y, más adelante, como director
del sello. Algunos inventados por él, algunos que existían realmente e incluso
salían de gira, como The Tornados o su ex integrante Heinz, quien murió joven y
fue estrella solista de Meek. Con ellos Meek pudo hacer realidad todas sus
fantasías, y las Space Bands eran
sólo una de ellas. También pudo vivir su admiración y su amor por Buddy Holly y
otras estrellas de los Estados Unidos ayudando a triunfar a bandas británicas
que sonaban y se veían igual a sus artistas admirados. Y, por supuesto, también
pudo vivir sus fantasías sexuales. A pesar de ello, sólo una canción de la
pluma de Meek ha sido tomada por la comunidad gay como himno y, más precisamente,
luego de que Bronski Beat hiciera un cover de ella. Se trata de "Johnny,
Remember Me"
Voces ideales en
tanto incorpóreas, música que quiere ser etérea, un productor y mago del
estudio que no se lleva bien con su propia corporalidad. Éste s un complejo que
regresará un par de veces más en la historia de la música pop. El caso más
conocido es seguramente el de Brian Wilson, de los Beach Boys. Hawai y los viajes
a la luna jugaron un papel importante para la semántica de su extraña música
carente de gravedad, no tan rica en efectos de sonido, pero también una música de
estudio y extremadamente mediada. Una música sin corporalidad o en todo caso
con una corporalidad que no era la suya. Wilson, adicto a las drogas y a las comidas
grasas, también tenía problemas sexuales. Estos se condensaban en una única
obsesión que podía encontrarse en sus textos, encargados en su mayoría, sin
embargo, a otras personas: chicas que de pronto se comportan como hombres,
chicas que se cortan el pelo, chicas que dejan de ser niñas. Pensemos
"Caroline No", "Tomboy" y muchas otras canciones.
Tanto Meek como
Wilson venían del casi tiránico mundo heterosexual de los comienzos del rock
and roll, un mundo que acentuaba en extremo el cuerpo. Allí había para ellos un
solo rol, rol que esta nueva era de las bandas había heredado de las antiguas estructuras
del negocio del entretenimiento: el del hombre detrás de bambalinas. Al
principio, todas las bandas tenían un manager que era al mismo tiempo consejero
de estilo, cerebro musical y, en el fondo -teniendo presente los reparos aquí
expresados contra la idea de una autoría central-, verdadero autor de la obra
de arte total pop. Incluso los Beatles eran, antes de 1965, esencialmente la
obra del especialista en música Brian Epstein (que también era gay). Detrás de
este concepto de manager, detrás de la función del hombre de negocios y
empresario, se escondió durante relativamente largo tiempo la autoría
especifica de la música pop, que consistía y consiste en la unión de ideas visuales, sonoras,
comerciales y, sólo en una proporción mínima, de ideas musicales en sentido convencional.
Tras esta fachada de "hombre detrás de las bambalinas”, aquellos que
fueron considerados en el fondo como los primeros autores de la música pop,
como por ejemplo, John Meek y Brian Wi1son, pudieron actuar combinando las
artes. En esta función, esta mezcla de técnico, compositor, director de cine y
teatro, y hombre de negocios -que luego
sería llamado productor- la segunda industria cultural más importante después
de la cinematográfica encontró lo que la película encontraba en el trabajo del
director. Y cada paso de retorno hacia el músico como autor de la música pop
era en realidad un paso regresivo. Hoy, este trabajo dentro de la música pop
está favorecido por la tecnología: casi todas las actividades nombradas confluyen
en la pantalla de la PC.
En 1967, Joe
Meek, que sufría una grave adicción a las anfetaminas, mató durante un brote
paranoico a su casera con un hacha y después se pegó un tiro.
1 comentarios:
prestado amablemente x Javier R. para escaneoperifonearlo en la red!
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