Dos pruebas contundentes de que el
estructuralismo duró menos de una semana, la moda del estructuralismo ke
privilegiaba el texto elevándolo al altar del endiosamiento excluyente
-histeria francesa típica, sofistiqueerid una vez más- duró menos ke las
revueltas del mayo del 68...:
1-Mi Pushkin de la poeta rusa Marina
Tsvietaieva, donde el texto ocupa el último lugar en la escala de acercamiento
progresivo a un autor clásico y maldito a
la vez como Pushkin en la Rusia post-zarista. Primero está el cuadro que
representa una obra o un mito, depois el rumor familiar sobre la leyenda del
duelo y la muerte, siguen los juegos infantiles frente a su monumento, etc.,
hasta que al final, cuando el texto asume su presencia real, y el lector ya ha
formado un mundo a su alrededor que ha desvirginado y desbrozado una posible
intro, al modo de tabula rasa o abordaje ingenuo del texto, los prejuicios y
deseos y ansiedades tomarán cuerpo cuando la lectura se efectivice y actualice...
2-Historia de la lectura de Alberto Manguel,
donde el autor judeo-argentino de lengua inglesa dice que "no se lee
apenas un libro de Dostoievski o Crimen y
castigo, sino la edición tal, la traducción de fulano, la de la tapa rota o
el ejemplar robado o prestado de tal mengano, etc.". Es decir, no es que
el texto no importe sino éste al final de un proceso irrumpirá en su esencia
senso-intelectiva y nos interpelará pero siempre cuando ya haya sido atrapado
previamente en una configuración más amplia ke la simple lectura de un texto
ciego o de autoría nula o muerta...
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