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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, octubre 04, 2010

libro y época

Malina de Ingeborg Bachmann…
Estamos a fines de los 80, tiene que ser después de febrero de 1988 –cuando empecé a laburar por el centro en la ofi de un importador de vacunas para vacas afiliado al partido liberal, pues los colorados que hacían de intermediarios siempre me sometían a una especie de interrogatorio sobre mis inclinaciones políticas- cuando habilitaron la biblioteca del Paraguayo-Alemán; o el año siguiente, un poco depois del golpe, pero no más allá del 91, cuando ya me expulsaron los alemanes alegando destrucción de propiedad pública (decían que subrayar en los libros -dejar mensajes- era una acto flagrante de patoterismo y vandalismo!!!). Ese deseo de comunicación en el desierto asunceno me costó muy caro…
De los 3 personajes de la novela semi-autobiográfica de la poeta austriaca se sabía vox populi de dos de ellos: uno, la autora misma, y el otro era Paul Celan, el poeta judeo-rumano en lengua alemana (la lengua de los asesinos de sus padres). Dos suicidas. Estaba editado por Alfaguara, el Alfaguara bueno aún, cuyo catálogo de destape español de los 80 incluía los libros de: Zama de Di Benedetto, Los reconocimientos de Gaddis, Petersburgo de Bieli, El ayudante de Walser, El imitador de voces y Trastorno de Bernhardt, Handke, Queneau, Max Frisch, Hubert Fichte, Blanchot como narrador, Benjamin, …
También recuerdo el artículo que Cahiers du Cinema le dedicó al rodaje de la versión cinematográfica del libro por esa época, a cargo del recientemente fallecido Werner Schroeter y el guión de la entonces aún desconocida Elfriede Jellinek…
Había un ambiente de falso entusiasmo con respecto a una realidad prometedora y propiciatoria que muy pronto veríamos fue mera ilusión y fata morgana. Habíase desmoronado el régimen que coartaba todas las leyes civiles liberal-democráticas, es cierto, pero quedaba esa excrecencia antediluviana casi en su inquebrantabilidad: las leyes más flexibles, invisibles, del capitalismo…De ningún modo uno podría sentirse a sus anchas…Claro, Paraguay, país estoico par excellence, acostumbrado a vivir con las orejas gachas, ya vegetaba contento ante su nueva situación, y por avatar nacional se adaptaba al medio ambiente sin apenas cuestionarlo: vivir trabajando era parte de su esclavitud existencial..
Era por lejos la mejor biblioteca pública de Asunción, por lo demás si queríamos leer autores y obras no alemanes (ponéle que venía la moda italiana, el posmodernismo, Vattimo & company): todo era fotocopia. Nuestros ojos tienen la veladura producida por las letras dubitativas, desleídas y difuminadas de las malas copias. Y nuestras manos y piel impregnadas del veneno de la tinta barata y trucha. Y consiguió influenciarme a la larga pues mis filósofos preferidos casi todos son alemanes: Schopenhauer, Stirner, Benjamin, Hoffmansthal, Lichtenberg, Panizza, Reich o relacionados a ese mundo y cultura: Cioran, Caraco, Agamben…Y mi lista de escritores admirados incluye libros alemanes (en lengua alemana) como Retrato de grupo con señora de Böll, Corazón de piedra o La república de los sabios de Arno Schmidt, El hombre sin atributos de Musil, El malogrado de Bernhardt (también en Alfaguara 80’s), El juego de los abalorios de Hesse (que descubrí hace poco, increíble cuando Demian y Steppenwolff –el modelo transparente de la historia, chica salvaje e intuitiva y hombre ultra racional e intelectualizado en crisis, que subyace al caos formal de Rayuela- era pan comido para cualquier profano en literatura entonces…), La pianista de Jelinek, y un largo etc.
Mucho cine en la Alianza Francesa: Alain Jessua, Jean-Pierre Melville, ciclos de Buñuel (pega), de Godard (que hoy ya no me gusta, por su sofisticación y intelectualismo aburridos…), etc.
El Juan de Salazar tenía una biblioteca de muy difícil acceso entonces pero solía frecuentar sus sesiones de cine: Bardem, Saura, Berlanga, Erice… (Almodóvar era el más popular, pero a mí nunca me movió ni una ceja convulsa).
La de los brasileros era al modo europeo: tenías que leer allí y no te lo prestaban para leértelo en la casa. Yo solo leía los suplementos de los jornales allí.
Preferentemente comprábamos libros –caros pero buenos y actualizados- en Libro abierto, extinta librería que quedaba sobre General Díaz casi Alberdi, propiedad del malogrado Peroni. Allí compramos ahorrando litros y litros de ñoño de nuestro haber etílico e etnopotaiesko: Malone muere, Lecciones de cosas (Claude Simon), Silogismos de amargura, Pour Paul de Man (Derrida)…
Y los quioscos mejoraron: Benjamin, Adorno, Cioran, Bergson…
Mi Eliot Poesía Completa la adquirí de uno de los varios locales que tenían entonces las librerías Maita o Internacional (hoy extinta, pero Maita sigue como papelería nomás).
La poesía, toda una historia aparte…

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