―Seguramente pretenderá que yo considere todo esto muy ingenioso, pero... ¿acaso cree realmente que yo?...
―Sí - me interrumpió I ―. Ser ingenioso quiere decir ser personal, diferenciarse de los demás. De modo que lo ingenioso, lo original, destruye la igualdad... Lo que en el lenguaje idiota de nuestros antepasados se llamaba banal, lo llamamos nosotros en este caso cumplir con nuestro deber. Pues...
Ya no pude dominarme:
― No hace falta que me diga a mí esas cosas.
Entonces, ella se encaminó hacia el busto del poeta de nariz aplastada, clavó nuevamente la mirada en el suelo y dijo, al parecer muy seriamente (quizá para calmarme), algo inteligente:
― ¿No encuentra extraño que la gente haya tolerado en cierta época a tipos de esta clase? ¿Y no solamente tolerado, sino que los haya incluso venerado? ¡Qué espíritu tan servil!, ¿verdad?
―¡Claro!... Es decir... yo quería... (¡Este maldito claro!)
―Bueno, bueno, ya entiendo. Y estos poetas eran más poderosos que los soberanos de corona y cetro de aquella época. ¿Por qué no se les aisló, o no se les exterminó? Nosotros, en cambio...
― Sí, nosotros... - comencé, pero súbitamente ella prorrumpió en una irónica carcajada.
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