Seguro fue antes de 1985 (año de la fuga del colegio y el comienzo de mi
vida azarosa). El del primer libro
de esta nota memorialística: Viaje
alrededor de mi cuarto de Xavier de Maistre. Reposaba ahí en los estantes
del Colegio Nacional de la Capital junto a Memorias
de Ultratumba y Memórias Póstumas de
Brás Cubas (estos 2 libros y sus autores hoy día son la modernidad (Machado
de Asiss) y la anti-modernidad más actual, posmoderna acaso (Chateaubriand).Entonces
eran tiempos de las botas, yo aún no tenía ni bagaje ni criterio para juzgar sus
posiciones dentro del juego de los cánones pero como libros que colaboraron
aunque sea inconscientemente en la configuración de mi hecceidad problemática sino
intelectual, seguro…eso sí, sabía. Sí, lo más probable, fue el primer año de colegio
de mi vida y en el malhadado CNC. Xavier era hermano del papista y reaccionario
autor de Las veladas de san Petersburgo,
libro de cabecera –depois me enteraría de eso también- de Baudelaire y Cioran…Todo
ese lustro lo vislumbro entre el cielo encapotado del stronismo y la voluntad
de ser y querer schopenhaueriana pero no creo posible agora sucumbir al kitsch
de decir como la canción rusa tristísima (qué tiempos aquellos que ya no
volverán…).Había guerra en las tapas de las revistas kurepas (en Gente, por ejemplo, seguían lo de las
Malvinas ese mes de abril) de los kioscos monopolizado por productos de esa
nacionalidad, operativo condorito, diríamos hoy…Control de los kioscos, de su
grafía y su nomenclatura desplegable en la vía-vereda pública. De España, en
cambio, entraban fluidamente libros de la editorial que fraguó el boom de forma
masiva: Seix Barral, esos Onetti y Sábato (autores superados hoy día, creo, por
lo menos el ciego de los derechos humanos, del uruguayo aun se puede regalar a
un adolescente su Para una tumba su
nombre. En todo caso, muy poco de la barra -sex) se vendían entonces hasta en las rejillas del supermarket afincado
frente al colegio: en La Negrita
(super cuyos dueños son alemanes!).De la parodia del viaje imaginado por un francés
en un castillo turinés durante 42 días, lejos de casa, de su pasado noble, rusificándose
con el tiempo, me viene acaso mi desidia en viajar hoy día (dicen que fue uno
de los primeros lectores de Sterne y de
esos tories satíricos como Pope, el cuate de 1.35 cm de Swift, lectores con
nuestra perspectiva, valga el anacronismo para entendernos). Forma ese linaje
anti-Odiseo que ha dado legitimación al kaigue anti-oguata de mi vida madura:
Huysmans (A rebours), Bloy (Los cautivos de Longjumeau), Bernardo Soares
(Livro do desassossego)… No había para
hacer en Asunción entonces más que leer…Sólo cogían los stronistas en los
flamantes moteles lambareños con sus agradecidas yiyis aupadas en algún departamento de archivos
de Yacyreta o Itaipu…Leer estos libros de la biblioteca del CNC o del seminario
ya mudado a Republicano (allí al lado de
la mansión de Ezequiel González Alsina: Pascal, rancio existencialismo, etc.
El colegio de mi barrio Santo Domingo donde hice la primaria no tenía biblioteca,
a pesar del empuje de sus barbudos curas polacos, su emisión ad infinitum (en
mi memoria) de Marcelino, pan y vino
(dirigida por un Ladislao Vajda hoy reivindicado también) pero mimeógrafo sí,
para emborronear una revistilla parroquial que tuvo mi aporte literario alguna vez…Los años del
pre-mundial de México, de los grupos curepas disfrazados de The cure en la TV
estatal, stronista tout court. Años en que imaginé minuciosamente un dostoieskiano
lebensplant, un futuro de personaje de Dostoievski…
El segundo libro: Malina de Ingeborg Bachmann…
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