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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, septiembre 11, 2010

Todo escritor es 1 disidente engulagizable hoy o tomorrow

Un texto bellísimo, tristísimo y grotescamente pesadillesco: Helada de Siniavski.

Tiene la alucinación del Hombre del subsuelo y la ironía sarcástica de Gogol y la ruptura de fronteras físicas y espirituales de El Trasgo de Sologub, la prosa free de una balalaika jazzy y la tristeza de una chanson de Bulaz enraizada en las canciones populares rusas como Ojos negros

Wikipedia y Marc Slonim lo traducen como El carámbano, tal vez más propia y coherente con el texto, pues ese pedazo vítreo es decisivo en la narración, pero Helada también va con los tiempos que dominan desde el que habla el narrador, Vasili.

La filosofía de fondo se puede reducir a la iluminación amarga schopenhaueriana: sabemos pero eso no sirve para salvarnos.

El narrador es una Casandra que ve todo, su vidas anteriores y futuras, y sus respectivas muertes, las de sus padres y , en especial, la de su amada, Natacha…pero los tiempos del materialismo dialéctico no comulgan con estas ideas deterministas y místicas y Siniavski se convierte en la era pos-deshielo (de ahí el chiste del título del cuento también suponemos), la que viene inmediatamente a la de Kruschev, la del neo dogmatismo de Breznev, y se convierte en el primer disidente de la literatura soviética…

Vasili tiene su propia teoría literaria. La definiríamos de ontológica si aceptáramos las grandes palabras y la jerga de autenticidad del saber filosófico-científico, contra la cuales despotrica con sarcasmo demoledor en el texto, entre otros fantasmas que son su blanco a lo largo de las 100 páginas que dura:

¿Pero quiénes son mis lectores? ¿Y a quien me dirijo, a fin de cuentas? Me parece que, principalmente, a mí mismo. Ante todo, el que escribe lee y relee, casi involuntariamente, lo que ha escrito.

Pero no para mí tal como soy en este momento, sino para aquel que seré algún día

¿Quizá es usted –usted mismo- yo?

La mayor parte de los libros son palabras lanzadas al futuro como advertencia sobre lo que ha sucedido

Juega con ideas pitagóricas de la transmigración sempiterna de las almas y con aquél individuo trascendental nietzscheano que exclama eufórico en un aforismo entre la profecía y la esquizofrenia (el tono que prefiere el narrador de Siniavski también): yo soy todos los hombres de la historia.

Yo soy mi primer lector puede decir el Siniavski censurado de la década del 60-70 de la unión soviética.

Se encariña con el pathos saudadoso del personaje de 12 monos mirando a las personas del hoy como amistades del ayer o del mañana. Los anacronismos nada importan en un mundo desplegado en una horizontalidad ilimitada. Si soy el embrión en su fase pez también soy el lector que me encontrará en estas páginas contando la tragedia inderogable de un hombre que quiso salvar por enésima vez a su amada muerta x el carámbano del materialismo histórico o la helada eterna donde resbalan los hombres. El eterno retorno de la vida es la de la lectura también. Soy Vasili queriendo salvar a Natacha cuando leo su texto mensaje en la botella lanzado al mar del mundo pidiendo que la salven. Soy crocianamente Siniavski diciéndole a la cheka y sus esbirros: ¡Salven a Natacha de ese carámbano por favor!

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