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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, septiembre 27, 2010

Paso a paso hasta el último: Louis-René des Forêts


Decir y volver a decir, repetir tantas veces que la repetición se imponga, tal es nuestro deber que usa lo mejor de nuestras fuerzas y que no tendrá fin sino con ellas.
Él, que camina ignorando completamente el fingido objeti­vo de dirigirse a alguna parte para darle a su recorrido no el sentido de una búsqueda precisa, sobre la cual no aporta rrue­bas, sino una apariencia de orientación, aun cuando la ruta luminosa jovialmente tomada al partir ya no sea más que tinie­blas donde se hunde cada día más hacia el lugar enigmático de su destino, un lugar tanto menos accesible en la medida en que por más que vaya hacia adelante aumenta la distancia con respec­to a él y duda que lo alcance alguna vez, llegando incluso a dudar de su realidad, de modo que la sensación de haber to­mado el camino equivocado es reemplazada por la creencia de que ninguno sería mejor que otro, que todos conducen, ni buenos ni malos, a veces a pesar de largos desvíos que inducen al error, a quedar entre la espada y la pared, frente a la muerte.
El pensamiento gira en torno al mismo motivo obsesivo con tan pocas variantes que se diría sometido a ese movimien­to orbital y como embrujado por él. Sin embargo, persiste en él la esperanza de que le será devuelta la capacidad de lanzarse fuera del círculo y escaparse, pero una esperanza que disminu­ye día a día y corre el riesgo de apagarse a corto plazo, tal vez mucho antes que aquel que habría esperado en vano su reali­zación y no conocerá otra evasión mental más que perdiendo' su vida -salvo que atribuirle ese conocimiento y la facultad de gozar de él es jugar con las palabras, pues el error de perspecti­va que no hay que cometer sería proyectar de antemano lo que depende de la vida en aquello que es su negación absoluta.
Separarse tanto como sea posible de lo más pesado de car­gar que sobrevive en el ser, que torna doloroso y frena el avan- 
 
ce, aun si aquello que lo obstaculiza es en buena medida lo que lo motiva, asegura su continuidad, aunque se haya vuel­to casi imperceptible y sin pausa como a punto de romperse.
¿Por qué lamentar que esta conjunción laboriosa de.la memoria y el lenguaje tenga un pregusto de muerte? ¿No pasa lo mismo con toda cosa animada, con mayor razón aquellas que uno se ha encomendado la tarea de rescatar del olvido, reactivándolas e integrándolas al presente? Su res­plandor es efímero en cuanto se manifiesta allí un retorno a la vida y por eso mismo una doble intimidad con la muerte, que sería una ilusión creer que no tendrá en esta caso, como en otros, la última palabra. Hacerle trampas enmarañando la cronología no la vuelve menos cercana, ni hace menos in­eluctable su llegada, tanto es así que nada recobra una forma viva que no deba perderla un día u otro, y esta vez de verdad, ya sea que nuestros esfuerzos se hayan mostrado demasiado deficientes y hayamos renunciado a asumir el papel de reanimador sin embargo insustituible, ya sea que aun antes de haberlo decidido de repente se nos sustraiga la vida, en cuyo caso la cuestión no hubiese debido plantearse en términos de elección -perseverancia o abandono- sino de fatalidad.
Semejante ley, sea que uno se le oponga o la acepte, no tolera excepciones. Toda reencarnación verbal no resulta me­nos vulnerable y fugaz que las realidades del momento, y hace falta una gran presunción combinada con cierta ingenuidad para imaginarse que no tendrá que sufrir la misma suerte tar­de o temprano.
Pero si algo hay que lamentar, alégremonos de que su tiempo esté igualmente contado, que la muerte activamente lo haga su presa y que, liberado como una vieja obsesión, se apacigiie nuestro espíritu vuelto casi indiferente a su propia pérdida, por inminente que nos parezca, pasada cierta edad. Una indiferencia que tampoco subsistirá, porque el tormen­to regresa bajo muchas otras formas a ocupar el campo del pensamiento para desaparecer y reaparecer transmutado y volver a desaparecer siguiendo las inflexiones del ser en bus­ca de su inhallable unidad.

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