Paraguay también cuenta con tres proyectos cartoneros que, a diferencia de lo que sucede en Bolivia no sólo tienen una excelente relación entre sí, sino que incluso comparten un mismo local en la ciudad de Asunción. Yiyi Jambo, Mburucujarami y Felicita tienen la particularidad de que en sus catákogos predominan autores locales de lengua guaraní, o un español híbrido. No es la única cartonera que saltó la barrera del español: también está el caso de la brasileña Dulcinéia Catadora, que por estos días cumplió dos años.
«Hacemos hincapié en autores inéditos, olvidados o arrinconados por la corriente de la oficialidad", se enorgullece Cristino Bogado, responsable de Felicita CarTonera. «No nos gusta ese novo kitsch de usar estuche cartonero de y para famosos y consagrados. Preferimos editar todo lo amorfo e incondicionado. En Paraguay hay dos esferas en el mundo literario: están los cartoneros, que son confundidos con cirujas del asfalto para emborronar sus textos pornos; y los otros, los chetos, que publican libros normales, son los serios e intelectuales ... También se vislumbran, en la neo-lengua que propala Felicita y las otras cartoneras paraguayas, las traducciones zafadas, las ediciones trilingües o plurilingües, lo macarrónico de vivir en las tres fronteras, etc. Tenemos un centenar de títulos, hemos copado pizzerías, galerías de arte, librerías de anticuarios, la red y las ferias de libros. El mercado es pequeño pero tenemos nuestro público, no nos quejamos. Aunque claro, esto no es un negocio ni un apostolado: es diversión ... ".
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