Ya es bastante raro de por sí un destino que lleva al inglés hacia el holandés; pero el destino que lleva a Epsom a Pensilvania, y de allí a las montañas que encierran a Altamont sobre el sonoro canto coral del gallo y la suave sonrisa pétrea de un ángel, tiene visos del oscuro milagro de la casualidad, que crea una nueva magia en nuestro mundo polvoriento.
Cada uno somos todas las sumas que no hemos contado: que nos devuelven a la desnudez y a la noche otra vez, y veremos comenzar en Creta hace cuatro mil años el amor que terminó ayer en Texas.
La simiente de nuestra destrucción florecerá en el desierto, la alexina de nuestra salud se desarrolla junto a un roquedal montañoso y ronda nuestra vida una arpía de Georgia, porque no ahorcaron a un ratero de Londres. Cada momento es el fruto de cuarenta mil años. Los días consumidores de minutos van zumbando como moscas hacia la muerte, y cada momento es una nueva ventana abierta a todo el tiempo.
He aquí un momento:
Un inglés llamado Gilbert Gaunt, que después cambió su apellido por Gant (probablemente, concesión a la fonética yanqui), llegó a Baltimore procedente de Bristol, el año de 1837, a bordo de un velero, pero no tardó en engullirse glotonamente las ganancias de una hostelería que compró. Bigardeó hasta Pensilvania, al oeste, ganándose una vida peligrosa con sus gallos de pelea a los que enfrentaba con los campeones de las aldeas campesinas, teniendo que escapar muchas veces, después de pasar la noche en la cárcel pueblerina, con su campeón muerto en el campo de batalla, sin una moneda en la faltriquera, y en ocasiones con la huella de los gruesos nudillos de algÚn campesino en su rostro descarnado. Pero siempre se fugaba y, llegando por fin a tierra de holandeses durante la época de la recolección, se quedó tan impresionado con lo fértil de su tierra, que echó anclas allí. Al año, se había casado con una joven y garrida viuda, dueña de una finca bien cuidada, quien, como todas las demás holandesas, se sintió atraída por su aire de viaje y su hablar grandilocuente, sobre todo cuando recitaba Hamlet en el estilo del gran Edmund Kean. Todos decían que debería haber sido cómico.
1 comentarios:
las 100 páginas expurgadas fueron restituidas en una edición critica lanzada en el año 2000...
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