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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, junio 19, 2010

Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado: James Hogg

James Hogg hace de la verdad un objeto absolutamente imposible en Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado (1824). La narración está dividida entre un informe impersonal del editor y una confesión en primera persona del pecador Robert Wringhim- en la línea del romanticismo alemán, Katermurr de ETA Hoffmann y Godwi de Brentano. Esta divisón de un "él" y un "yo" solo intensifica la confusión. La yuxtaposición de relatos aparentemente objetivos y subjetivos no concede autoridad a ninguno: socava a los dos. A pesar de referirse ostensiblemente a los mismos hechos, los relatos son mutuamente contradictorios, con rodeos que rechazan, o refractan, las versiones de verdad que se proporcionaron en alguna parte. Al borrar la autoridad narrativa, las dos versiones enfatizan la naturaleza insatisfactoria tanto del "hecho" documentado como de la "ficción" imaginaria. El lector puede no quedar satisfecho con ninguna de las dos. Las constantes dislocaciones estructurales evitan que el lector, el editor y los "personajes", lleguen a un punto de estabilidad en el que se pueda confirmar la " verdad". La ambigüedad estructural de las Confesiones de Hogg, como en el Melmoth de Maturin, deriva de la naturaleza equívoca del objeto representado ¿Qué es lo que constituye lo "real"? Aquí, por ejemplo, el "diablo" ¿es de origen natural o sobrenatural? ¿Cómo debe entenderse y definirse cualquiera de los dos? Ningún personaje está seguro o segura de lo que ve. George Wringhim, "confundido entre la sombra y la sustancia, ignoraba lo que hacía o lo que había hecho". Bella Calvert, una testigo de sentido común y origen obrero, se desespera ante las contradicciones que se le ofrecen: "no podemos depender de nada sobre la tierra más que de nuestros sentidos; si éstos nos engañan ¿qué hemos de hacer?" El editor y los personajes añoran una demonología ortodoxa que explicaría la sombra como una emanación sobrenatural, pero el "diablo" es demasiado ambiguo para permitir una definición como ésa. Robert es consciente de que esa extraña forma es proteica, que asume la forma del sujeto al que dobla: es diversamente Robert, George, Colwan, Gil-Martin. Hogg está excitado y al mismo tiempo preocupado por la idea de que el "yo" es más que uno. La metamorfosis inmanente lo priva de una identidad viable, hay formas muertas que que parecen rondarlo. Su único escape de todos estos "demonios" múltiples es el suicidio.
R.Jackson, 1981

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