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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, abril 21, 2010

La Princesa Mary (parte de UN HÉROE DE NUESTRO TIEMPO): Lermontov

PRÓLOGO

EL prólogo es, a un tiempo, lo primero y lo último de todo libro. Tiende a explicar el objetivo de la obra, o bien a justificarla y a responder a la críti­ca. Pero el propósito moral y las diatribas periodísti­cas suelen tener sin cuidado a los lectores. De ahí que no lean los prólogos. Y es una lástima que así suceda, máxime en nuestro país. Nuestro público es aún tan joven e ingenuo, que no comprende la fábula si no encuentra el final de la moraleja. No adivina la broma ni percibe la ironía; está, sencillamente, mal educado. Ignora todavía que en una sociedad correc­ta y en un libro correcto no caben inventivas desem­bozadas; que la cultura moderna ha ideado un arma más punzante, casi invisible, aunque no por ello me­nos mortífera, que, amparándose en el ropaje de la adulación, asesta un golpe certero y fatal. Nuestro público se parece al provinciano que, oyendo una con­versación entre dos diplomáticos, pertenecientes a dos cortes hostiles, quedara convencido de que ambos en­gañaban a sus gobiernos en aras de una amistad mu­tua y tiernísima.

Este libro sufrió no hace mucho las consecuen­cias de esa malhadada credulidad en lo literal de que adolecen algunos lectores e incluso revistas. Unos se ofendieron terriblemente, y muy en serio, de que se les brindase como ejemplo un personaje tan inmoral como el Héroe de nuestro tiempo; otros indicaron con gran sutileza que el autor había dibujado su propio retrato y los retratos de sus conocidos ... ¡Vieja y de­plorable broma! Pero a lo que parece Rusia es así: todo en ella se renueva, a excepción de semejantes absurdos. ¡El más mágico de todos los cuentos quizá no se libraría en nuestro país del reproche de ser un atentado a la personalidad!

Un héroe de nuestro tiempo, muy señores míos, es, efectivamente, un retrato, pero no el de un hom­bre sólo: es un registro constituido por los vicios, en pleno desarrollo, de toda nuestra generación. Volve­réis a objetarme que un hombre no puede ser tan malvado; a lo cual replicaré que, si habéis creído en la posible existencia de tanto malhechor trágico y ro­mántico, ¿por qué no admitís la realidad de un Pe­chorin? Si admirasteis invenciones mucho más terri­bles y monstruosas, ¿por qué ese carácter, incluso como invención, no goza de nuestra indulgencia? ¿No será, acaso, porque hay en él más verdad de lo que quisiérais…

Me diréis que la moralidad no gana con ello. Dis­culpadme: se han venido sirviendo a las gentes de­masiadas golosinas; por eso tienen estropeados los estómagos: se precisan medicamentos amargos, ver­dades acerbas. Sin embargo, no se os ocurra pensar, después de eso, que el autor de este libro ha tenido alguna vez la fatua pretensión de corregir los vicios humanos. ¡Dios le libre de tamaña ignorancia! Senci­llamente, le divierte describir al hombre contempo­ráneo, tal como lo entiende, y al cual, para su des­gracia y la vuestra, ha encontrado con demasiada frecuencia. Ya es de por sí suficiente haber indicado la enfermedad; pero cómo curarla, ¡eso Dios lo sabe!

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