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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, abril 19, 2010

El heresiarca y cía.:Guillaume Apollinaire

Cox-City

El barón d'Ormesan se llevó vivamente la mano a la cicatriz que yo terminaba de descubrir y se arregló el cabello para disimulardla.

-Debo tratar de estar siempre muy bien peinado -me dijo-. De lo contrario, esta desagradable mancha morada del cuero cabelludo, da la impresión de que padezco alopecia .. No es una cicatriz reciente. Es de una época en que fui fundador de una ciudad ... Hace de esto unos quince años, y ocurrió en la Colombia Británica, en el Canadá. ¡Cox-City! Una ciudad de cinco mil almas. Su nombre de Cox le venía de Chislam Cox, un gallardo tipo, mitad hombre de ciencia, mitad aventurero, que provocó un verdadero rush en esa parte de las Montañas Rocosas, vírgenes a la sazón, y donde todavía hoy se levanta Cox - City.

"Los mineros habían sido reclutados aquí y allá: en Quebec, en Manitoba, en Nueva York. Fue en esta última ciudad donde me encontré con Chislam Cox.

"Estaba allí desde hacía alrededor de seis meses, pero, en resumidas cuentas, debo confesar que no ganaba un centavo y me moría de aburrimiento.

"No vivía solo. Me hacía compañía una alemana muy bonita, cuyos encantos tenían cierto éxito ... Nos habíamos conocido en Hamburgo y yo me había convertido en su manager, por así decir. Su nombre era Marie-Sybille, o Marizibil, para hablar como la gente de Colonia, su ciudad natal.

"¿Es necesario agregar que ella me amaba hasta la locura? Por mi parte yo no era nada celoso. Sin embargo, esta vida de haraganería me pesaba más de lo que podía creerse; no tengo alma de rufián. Pero no conseguía emplear mi talento en trabajar ...

"Un día, en un saloon, me dejé embaucar por Chislam Cox que, apoyado en el bar, hablaba en voz alta y exhortaba a los presentes a seguirlo a la Colombia Británica, donde él conocía un lugar en el que el oro abundaba.

"En su discurso había una rara mezcla de Cristo, Darwin, el Banco de Inglaterra, y, Dios me condene si sé por qué, la papisa Juana. Este Chislam era muy convincente, así que me enrolé en sus filas, justamente

con Marizibil que no quería saber nada de abandonarme, y partimos.

"No llevé conmigo nada concerniente al equipo de un minero, sino el material necesario para un bar y bastante cantidad de bebidas: whisky, gin, rhum, etc..; algunas mantas y algunas balanzas de precisión.

":Nuestro viaje fue por demás penoso, pero tan pronto llegamos al lugar donde Chilam Cox quiso conducirnos, levantamos una ciudad de madera que recibió el nombre de Cox-City en honor de nuestro director.

"Inauguré mi despacho de bebidas que en seguida fue muy frecuentado. El oro era abundante en efecto, y hasta yo negociaba con el metal. Una gran parte de los mineros eran franceses o del Canadá francés; también había alemanes e individuos de habla inglesa. Pero el elemento francés predominaba. Más adelante llegaron algunos mestizos franceses del Manitoba y un gran número de piamonteses. También vinieron algunos chinos. Si bien al cabo de algunos meses, Cox-City contaba cerca de cinco mil habitantes, la población femenina sólo alcanzaba a diez hembras.

"En esta ciudad cosmopolita me había hecho una situación envidiable. Mi saloon estaba floreciente. Lo había bautizado Café de París y ese nombre lisonjeaba a todos los habitantes de Cox-City."

-Los grandes fríos se hicieron sentir. Era terrible. Cincuenta grados bajo cero constituyen una temperatura inaguantable. Recién entonces se advirtió que Cox-City sólo poseía provisiones para poco tiempo; no había comunicaciones posibles con el resto del mundo. La muerte como perspectiva inmediata.

"Pronto se agotaron las provisiones y Chislam Cox dio un conmovedor mensaje en el que nos hacía conocer todo el horror de nuestra situación.

"Nos pedía perdón por habernos llevado a la muerte; y, a pesar de su desesperación, encontraba medios para hablar de Herbert Spencer y del falso Smerdís. El final del memorial fue algo espantoso: Cox invitaba al pueblo a reunirse a la mañana siguiente en la plaza que se había tenido la inteligencia de diseñar en el centro de la ciudad. Todo el mundo debía llevar su revólver y suicidarse a una señal, para escapar a los horrores del frío y del hambre .

"No hubo ninguna protesta. La solución pareció más bien elegante, y hasta Marizibil, en lugar de echarse a llorar, me dijo que se sentía dichosa de poder morir conmigo. Nos repartimos todo el alcohol que quedaba y a la mañana siguiente nos trasladamos todos del brazo a la plaza mortuoria.

"Así viviera cien mil años, jamás olvidaré el espectáculo de esa multitud de cinco mil personas abrigadas con mantas y colchas. Todo el mundo tenía un revólver en la mano y se oía el castañeteo de los dientes ... ¡puedo jurarlo!

"Chislam Cox, subido a un tonel, dominaba la reunión. De repente. se llevó el revólver hacia la frente y disparó. Fue la señal. En tanto Chislam Cox caía muerto, todos los habitantes de Cox-City entre los que me encontraba yo, nos hacíamos soltat la tapa de los sesos...¡Qué horroroso recuerdo! ¡Qué tema de meditación el de esta solidaridad en el suicidio! Pero sobre todo, qué frío espantoso hacía ...!

"Yo no había muerto; solo estaba aturdido y pronto me incorporé. Una herida, o más bien un rasguño que me provocaba mucho dolor y cuya cicatriz llevaré hasta el fin de mis días, me recordaba que había tratado de suicidarme. ¿Por qué estaba solo?

"-¡Marizibil! -llame.

"Nadie me respondió. Los ojos desmesuradamente abiertos, temblando de frío ,permanecí largo rato atontado, mirando esos muertos, esos cinco mil muertos que mostraban una herida voluntaria en la frente.

"Después sentí un hambre terrible que me torturaba el estómago. Los víveres se habían agotado. No encontré nada en las casas que requisé. Enloquecido y titubeante me arrojé sobre un cadáver y le devoré el rostro: la carne estaba todavía tibia. Me sacié sin ningún remordimiento. Luego comencé a pasearme por la necrópolis pensando en los medios de salir de allí. Me armé; me cubrí concienzudamente; cargué la mayor cantidad de oro que podía transportar. De pronto sentí inquietud por la alimentación. El cuerpo de las mujeres es más rico en grasas; su carne es más tierna. Busque una y le corté las dos piernas . Ese trabajo me llevó más de dos horas, pero obtuve dos jamones que suspendí a mi cuello mediante dos correas. En ese momento advertí que había cortado las piernas a Marizibil; mi alma de antropófago apenas sc conmovió.

"Me puse en marcha, y, por milagro, llegué a un campamento de leñadores, justamente el día que mis provisiones se habían terminado.

"La herida que me hiciera en la cabeza curó rápidamente. Pero la cicatriz que trato de ocultar me recuerda sin cesar a Cox-City, la necrópolis boreal y sus habitantes helados, tales como los conserva el frío en la forma que cayeron -armados y heridos-, con los bolsillos llenos del oro por el que murieron inútilmente."

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