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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, abril 26, 2010

Del Retorno.Abecedario biopolítico: Toni Negri

B de ...

B de Brigadas Rojas ...

Hay que tener cuidado en no pensar en las Brigadas Rojas como la totalidad del movimiento de los años setenta, y en ese movimiento como un paréntesis histórico, un término absolutamente aislado, singular, separado. En realidad, el movimiento fue más bien una trayectoria, un recorrido común a gran parte de mi generación. Todavía hay gente a veces ingenua, más a menudo estúpida que sigue presentándome como el jefe de las Brigadas Rojas, el cerebro malévolo. Ser profesor y ocuparse de política o, si lo prefiere, ser universitario y ser comunista, sólo puede significar lo siguiente: maestro malvado, cattivo maestro. Es consternador.

Por qué todo esto ocurrió de forma tan diferente en Italia?

Hace poco, varios periodistas americanos, después de Imperio, el libro que he escrito con el filósofo americano Michael Hardt, vinieron y a preguntarme por qué Italia era el único país que no había resuelto ni digerido mayo de 1968. Es una historia absurda. Podría presentarle a personas que hoy están en el poder en los gobiernos europeos y que vivieron las mismas experiencias que yo. i Pero yo estoy en la cárcel Todo se ha vuelto del revés. Lo interesante no es mi historia en particular, habría que contar la historia de una generación, para explicar por qué este relato no es posible más que en el año 2001. Algunos todavía siguen en prisión o en el exilio, y otros se han convertido en hombres poderosos.

Hay que entender que Italia es un país católico. A mediados de los años setenta y para responder a 1968, hubo una alianza perversa entre el catolicismo y el estalinismo. Lo que se ha llamado el «compromiso histórico» era el del Partido Comunista y la Democracia Cristiana, que se pusieron de acuerdo para conducir una política común. En esa alianza, los comunistas se desligaron del ideal revolucionario, es decir, de la representación de los pobres y los trabajadores: la gran represión italiana tocó a todos los que denunciaban aquello. Porque después de 1968, en Italia como en otras partes, hubo una enorme esperanza de cambio que se sostenía por las luchas, en las fábricas, en las universidades, en los grupos de mujeres ... y esa esperanza es la que el compromiso histórico aplastó. Por lo tanto sólo quedaba la represión. Además, toda la intelligentsia europea de izquierdas apoyaba al Partido Comunista italiano porque mantenía cierta independencia en relación con la URSS. Pero en realidad el Partido Comunista italiano pagaba esa libertad de crítica con alianzas pactadas con el poder que gobernaba el país, y ello incluía la muerte, la traición, el espionaje, las provocaciones.

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Las manifestaciones se vieron conducidas a armarse en ese momento, en Italia ...

Sí, ya hemos hablado de ello. En Italia, entre 1943 y 1945, había habido una guerra de resistencia extremadamente poderosa. Veinticinco años después, en 1968, la memoria seguía ahí, porque el antifascismo estaba ligado a la lucha de clases. Los pobres, en Italia, por lo menos en el norte, seguían siendo antifascistas. A partir de los años sesenta la izquierda extraparlamentaria penetró todas las capas sociales, y en particular en las fábricas. La ruptura con el Partido Comunista oficial se efectuó a ese nivel, lo que condujo al Partido a una regresión fuerte, precisamente porque la oposición era obrera. Es difícil imaginárselo hoy en día ... Además, como el Partido Comunista italiano estaba particularmente abierto a los valores occidentales y era reactivo en relación con la línea soviética, reprimir la extrema izquierda era entrar con pleno derecho en el sistema oficial de los partidos «del mundo libre». Y ahí es donde la gente reaccionó. Imagínese lo que hubiera ocurrido si, en Francia, hubiera habido una mayoría de extrema izquierda en Renault o en Citroen ... En Francia, durante los acontecimientos de mayo de 1968, fuero los obreros los que no siguieron el movimiento: los intelectuales dirigían el movimiento de rebelión, pero los obreros no. En Italia ocurrió lo contrario: eran los obreros que se oponían al compromiso histórico quienes dirigían las luchas, no los intelectuales.

Los detenidos de las Brigadas Rojas con los que estuve en prisión durante los años ochenta y después de mi vuelta, en 1997, provienen de ambientes populares. Creyeron verdaderamente que estaban haciendo la revolución.

¿ No pensaron que una vía pacífica era posible?

Nadie lo pensaba en aquella época, y yo tampoco. Todavía hoy, creo que existe la violencia del Estado. Y que la respuesta puede ser no violenta, pero seguro que no «pacífica»: en todos los casos, sigue siendo una resistencia. ¡El capitalismo tampoco es pacífico! No puede subsistir sin violencia. Nos cuentan que el capitalismo es natural, porque el mercado y el intercambio son las formas naturales de la vida civil: nos hacen creer que no hay otras formas de Imaginar y realizar formas de producción y de reproducción de las riquezas y de la vida. ¿Entonces? Todo eso es violencia. El problema en aquella época no era la búsqueda de una vía pacífica. Era elegir entre la resistencia a esa violencia, como yo lo hice, y la utilización de esa misma violencia -armada-, como hicieron las Brigadas Rojas.

En Italia, para vencer al terrorismo, el gobierno y la policía procedieron montando dos operaciones: la primera fue criminalizar a los intelectuales que participaban en las luchas; y la segunda, la delación. El sistema de los «arrepentidos», es decir, el reconocimiento jurídico de la delación, concedió la libertad a todas las personas que estaban dispuestas a «confesarse», cualesquiera que fueran sus cargos de inculpación. ¡Algunos habían cometido una decena de asesinatos y fueron liberados inmediatamente! Muchos contaron cualquier cosa para poder salir. Los que pensaban de cierta forma fueron criminalizados, y los demás fueron utilizados para acusarlos. Por lo tanto, cuando unos militantes eran arrestados con el arma en la mano, la policía les decía: «Querido amigo, o te pudres en la cárcel y te juegas la vida, o hablas ... ». Algunos dijeron la verdad, lo que ya era algo trágico en sí porque aquello se saldaba con decenas de arrestos, otros contaron mentiras e hicieron que se condenara a inocentes. Lo repito, la mayoría de los inculpados en mi proceso, el «proceso 7 de abril», fueron absueltos después de seis o siete años de cárcel. Todavía hoy sigue usándose el mismo método: entre todos los delitos cometidos, la policía sólo actúa sobre una decena de ellos, porque son los delitos ejemplares, los que corresponden a ciertas repeticiones estadísticas y para los que hay que inventar ejemplos de represión. Alrededor de todo esto, la gran labor de la policía es encontrar informadores ... Todos los que piensan en la policía exclusivamente como un «gran cuerpo», como una fuerza física de protección de los ciudadanos, cometen un gran error. La otra policía, la policía inmaterial, es la que ce da orden a partir de la delación, con las consecuencias que se puede imaginar.

F de Fascismo ...

Hay quien dice que el fascismo también representa una forma a través de la cual se puede organizar a la multitud. Creo que es una idea impropia: cuando la multitud se vuelve fascista, es porque ha sido reconducida a la masa y a la soledad. La multitud sólo puede volverse fascista cuando ha sido vaciada de su especificidad, es decir, del hecho de que es un conjunto de singularidades, una multiplicidad de actividades irreductibles. Al igual que el mal, el fascismo es siempre una negación de la potencia, una sustracción fuera del Ser común. Cada fascista empuja al odio del otro, santifica la violencia como remedio contra los vicios del mundo, oblitera las diferencias, exalta el orden del mundo pasado ... El fascismo -cualquier fascismo-reacciona de forma destructiva contra el movimiento de la vida, contra la manera alegre y múltiple en que se inventa. El fascismo es triste, es el reino de la vulgaridad y de la violencia. El fascismo reacciona por lo tanto con terror frente a la emergencia de las diferencias, le escandaliza el mestizaje, le horripilan las experiencias alternativas a la pseudonormalidad sexual. La frustración, la hipocresía y la violencia son la base de todo ello; pero eso todavía no basta, porque lo que domina por encima de todo es el culto fascista de la personalidad, que siempre se vuelve a proponer.

W de ...

W de Wittgenstein ...

Wittgenstein es uno de los grandes virajes filosóficos del siglo. Ya hemos hablado de Heidegger; Wittgenstein es «el otro». Es el otro gran linaje del pensamiento contemporáneo. El que ha roto definitivamente la relación ingenua entre el signo y la realidad. Juega con el signo para intentar reconquistar la realidad. Pero la cosa más importante no es el proceso que conduce del signo a la realidad, es la comunidad del signo y de lo real en el lenguaje. Wittgenstein es el extraordinario redescubrimiento de una fenomenología de las pasiones dentro del lenguaje, o, mejor, la percepción de que, más allá del lenguaje, el trabajo vivo y los afectos producen la realidad. Es algo que realmente me trastocó en el momento en que leí a Wittgenstein por primera vez. Y aquello me dio ganas de hacer filosofía, ¡lo cual no fue el caso con Heidegger!

Cuando habla de la pasión dentro del lenguaje, ¿ qué quiere decir.

Con Wittgenstein, el lenguaje se convierte en la condición del espíritu, su forma misma. Nos introduce a un análisis del lenguaje en el que no es el cuestionamiento filosófico el que cuenta sino la forma lingüística de la interrogación, el tono de la voz, todos los elementos corporales del lenguaje que se vuelven centrales. Es extraordinario y toda una serie de problemas -el lenguaje privado, el sufrimiento, ciertos problemas morales- se reexaminan a partir de ese proceder. Este viraje lingüístico no es una pequeña revolución, es un trastorno total. Más tarde ocurrió la división entre la filosofía continental y la filosofía anglosajona que, en gran parte, ha impedido que comprendamos lo fuerte que ha sido la influencia de Wittgenstein sobre la filosofía continental misma. Creo que hoy la filosofía continental sería impensable sin la herencia wittgensteiniana.

A Francia, y eso es algo bastante extraño, los filósofos nunca llegan «puros», sino ya reinterpretados. Tenemos por ejemplo un primer Heidegger que llega con Sartre. Se ha tenido que esperar cincuenta años para tener acceso al verdadero Heidegger. Ve modo semejante, se lee a Wittgenstein a través del viraje lingüístico que Lacan encarna; es bastante increíble que se tenga que pasar por el psicoanálisis para leer filosofía alemana...

Lacan le ha hecho a Wittgenstein exactamente lo mismo que Sartre le ha hecho a Heidegger, ¡con el único resultado de que encontrar hoy una lectura de Wíttgenstein decente es una empresa ardua! Hay un fenómeno de traducción/traición que es muy frecuente en Francia. Piense en la importancia de Maine de Biran, o en Kojéve e Hyppolite para Hegel: hay grandes comentadores que al mismo tiempo son responsables de una recepción muy parcial y muy subjetiva de la obra original...

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