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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, febrero 08, 2010

MUSEO DE LA NOVELA DE LA ETERNA: MACEDONIO FERNANDEZ (2)

(Tampoco entre los metafísicos faltaba la guerra civil: entre los Almistas, que querían que la Conciencia Humana llegue al Reflejamiento Tercero, y los Automatistas, que creían que la suprema sabiduría es el retorno a la Psíquica Zoológica.)
El Presidente meditaba sobre esta discordia ciudadana, y conociendo la inclinación a la tolerancia, al conciliado convivir que singulariza a las sociedades argentinas, exentas de terquedades, había cavilado largamente y por fin creído encontrar que esa exasperación inusitada de los porteños debía tener su germen psicológico, pero irreflexivo, en diversos señalados errores por Buenos Aires incurridos en el curso de los últimos treinta años, y quizás alguno bastante más allá, particularmente descuidos en la vigilancia de los gustos y prácticas de la estética de la convivencia civil.
También atribuía el Presidente parte del desencanto de la vida porteña, a la falta de realización de algún hecho histórico que habría decorado su pasado y se frustró.
Extirpada la Fealdad en su historia o en sus calles, reparada alguna injusticia histórica o demasía del entusiasmo ciudadano, la lucha entre ambos bandos desaparecería y Buenos Aires quedaría eternamente conquistada para la Belleza y el Misterio.
Fue así que el Presidente llegó a Buenos Aires con su diminuta pero eficiente hueste, y con el plan de convocar a los corifeos de ambos bandos y convencerlos de que su actuación tan disonante con el modo de Buenos Aires no podría sino constituir el fruto de un impulso o sugestión o causa que ellos mismos ignoraran.
Y Enternecientes e Hilarantes comprendieron la esterilidad de su disputa y la fecundidad de obra bella que esperaba el esfuerzo común.
¿Cómo ocurrió? ¡Por milagro de novela! (Milagros más abstrusos, como el de concepciones virginales, han hecho vivir de lo incomprendido a la humanidad, por siglos. Como más tarde lo sumo de no ser comprendido por nadie ha hecho célebre, por las loas de los que no lo comprendieron, a algún filósofo. Más milagro es el de estas glorias que los modestos, útiles milagros de que se vale la novela.) Y por diversos recursos sutiles y amenos de desesperación o encantamiento de la población de Buenos Aires, hasta tornarla dócil a la hueste presidencial. Así: pasear en las salas de los bares, entre los olores alcohólicos y tabáquicos, una hirviente olla de un gran puchero múltiple y sabroso que desparrama el perfume hogareño, enternecedor, de sus vapores, operando el desmontamiento del humor de orgía; el riego imperfecto de los árboles de plazas y veredas, dejando algunos sin regar, lo que desespera a quienes miran regar; la mujer que anda preguntando a todo el mundo si tiene la cara más ancha que larga; los espejos fijos y delgados que no alcanzan más que para la mitad lateral de la cara; máquinas fotográficas automáticas y distribuidas disimuladamente; la circulación subvencionada de o sordos que estorban en todas partes; todo el mundo gritando a sor os y viendo a gordos discutir con el guarda del ómnibus: "Sí, señor, yo paso de los noventa kilos, traiga la balanza", y atarearse a causa de un decreto municipal de gratuidad de pasaje a los noventa kilos, previa toma de peso; el chirrido de corchos frotados sobre botellas (ejercicio predilecto de Quizagenio); el sombrero al revés, la corbata desarreglada ...
Entre tantos recursos, ejercitados indistintamente por toda la compañía del Presidente, uno singular ideó y ejecutó la Eterna: hacer transcurrir por calles de Buenos Aires, de un extremo a otro, a un mensajero con una lámpara encendida, para que la llevara a un artista que en ese momento carecía de luz y estaba sentado a su escritorio lleno de inspiración.
Y quizá este mensajero se cruzó con otro que el bromista de Quizagenio lanzó a través de la ciudad: un trombonista que por una parte tenía paralizada la respiración y por la otra, en una mano paralítica también, llevaba encendida y apretada entre los dedos una vela que no podía apagar soplando, ni soltarla; y que con súplica gesticulada de que alguien la extinguiera para no quemarse recorrió muchas cuadras y finalizó chamuscándose los dedos, como se lo había anunciado Quizagenio, que quiso hacerle creer en el asombroso egoísmo de toda la población, de la que nadie se ofreció a apagar su vela; con 10 cual se propuso jugarle una mala broma al prestigio de fraternidad o de benevolencia de la población, cuando en realidad esa actitud negativa se debía al recelo en los transeúntes, de tratarse de un chiste, el miedo porteño a la cachada.
En fin, compitiendo con Quizagenio en el despliegue de la bromas con conquistadoras, la Dulce-Persona hizo averiguar cuál era el hombre de Buenos Aires más incapaz de manipular máquinas y a la vez más miope, y le mandó de regalo una radio en exaltado funcionamiento, dotada de un cierre muy complicado y diminuto, lo que hizo al principio del obsequio una calamidad final, ya que el pobre hombre no sabía cómo librarse del aparato para dormir o descansar, porque aunque miope y torpe era agradecido y gentil y no podía hacerla callar de un martillazo; sufrió, además, la rebeldía de la casa de pensión en que vivía.
Todavía recuerdo los cuentos apopléticos hechos circular cada medianoche; llamadas telefónicas electrizadas; imanes poderosos distribuidos subrepticiamente, que atraían invenciblemente todo lo metálico que llevan encima hombres y mujeres; y los sobres-cartas, es decir cartas escritas en los sobres repartidas en todos los asientos de tranvías y ómnibus con premio al que acertara si era un sobre con carta o una carta sin sobre. (El sobre-carta resucitaba una propaganda del autor iniciada ocho o diez años atrás, que se proponía lo mismo que el actual intento de conquista de Buenos Aires: dotar a Buenos Aires de misterio, que nunca tuvo.)
¿Cómo la población no iba a salir a la plaza pidiendo un Presidente Quita-dolor de tantas exasperaciones?
El idealismo de la Conquista podrá imaginarse fácilmente pensando en las pocas acciones que parece obligado recordar; e hízose así a la ciudad de Buenos Aires accesible a toda belleza, borradas todas las faces y vestigios de fealdad del vivir porteño.
A varios hechos del pasado ocurrido se les fulminó de inexistencia valiéndose del hechizo de la Eterna que desata pasados y ata nuevos pasados sustituyentes. (Por eso veis a veces pálida a la Eterna y notáis que no puede pronunciar las enes de las sílabas finales en "on". Cuando dice "pasiom", "salom", han ocurrido las únicas manifestaciones alteradas que se le conocen, y esa alteración acontece únicamente cuando lía cumplido en la noche la inmensa fatiga mental de nulificar un pasado, y, más aún, la de inventarle otro contentador a algún ser de historia dolorosa.)
Entre esos hechos están: el fusilamiento de Dorrcgo; el martirio de Camila O'Gorman; el destino de Irma Avegno (1); la exposición de las plumas de cierto escritor a la adoración del público porteño, del inteligente y modesto público de Buenos Aires; la publicación de las cartas de cierta emperatriz que eran de tan bello sentimiento como fue torpe violar su intimidad.
Un hecho que no ocurrió, por magia de novela se tornó existente: la presidencia argentina ejercida por Carlos Pellegrini, el más interesante tipo de presidente, ya que sin presidente parece que no sabemos respirar. Interesante porque al menos era hombre sin comedia, y abríamos experimentado si sin comedia se puede gobernar.
Se cumplió la belleza de la no-Historia; se suprimieron los homenajes a capitanes, generales, abogados, gobernadores, en los que no se recuerda el nombre de ninguna magnífica obra de madre, ninguna gracia fantástica de niño, ni suicidio sin luz de joven atontado por la vida; se dejó su muerte a los muertos y se habló sólo de 10 viviente: la sopita. el mantel, el sofá, la lumbre, el remedio feo, los zapatitos, la escalerita, el nido, la higuera, el pino, el oro, la nube, el perro, ¡Pronto, las rosas, el sombrero, la risa, las violetas, el tero (qué más hermoso que aprovechar la hablilla de los niños para hablar de Alegría); plazas y parques con los nombres de las máximas vivencias humanas, sin apellidos; calles de la Novia, el Recuerdo, el Infante, el Retiro, la Esperanza, el Silencio; la Paz, la Vida y la Muerte, los Milagros, las Horas, la Noche, el Pensamiento, Juventud, Rumor, Pechos, Alegría, Sombra, Ojos, Paciencia, Amor, Misterio, Maternidad, Alma.
Se deportaron todas las estatuas que enlutan las plazas, y su lugar quedó ocupado por las mejores rosas; únicamente se sustituyó la de José de San Martín por una simbolización del "Dar e Irse". En fin, en la ciudad presentista algo hizo al tiempo no transcurrente, como la historia, sino un Presente fluido , con memoria solo de lo que vuelve cotidianamente a ser, no de lo que no se repite, como los aniversarios. Por eso el almanaque de la ciudad tiene 365 días de un solo nombre: "Hoy", y la avenida principal se llama también "Hoy".
Y muchas más pequeñas cosas se cumplieron, cuyas pequeñas tristezas pueden ser el horror de la vida, por ejemplo lo regateado: la copita a medio llenar, o la lamparita de luz ahorrada, o la corbata dada vuelta, o las flores artificiales en los sepulcros.
Al ver el vecindario de Buenos Aires cumplido este plan de depuración de la cultura, de su pasado reciente, la salud civil se restableció por sí sola. Todos los afiliados a la pugna hilarante-enterneciente se despertaron una mañana preguntándose cómo habían podido jamás vivir una vida de idea fija y de contienda tan banal y descabellada.
Y el Misterio quedó brindado al revelar el Presidente, concluida la Conquista, el hecho más singular de ciudad alguna, de que fue único testigo sabiente. Pues he aquí que en un día del año 1938 y dentro de un período de mero vivir, de frivolidad, al ocurrir que el cuerpo de Alfonsina Storni tocó las aguas de la muerte la ciudad se desplazó sobre su eje girando su perímetro unos centímetros. El Presidente, perplejo aún al ignorar si ese esguince urbano fue un clamante "no mueras" o una, aunque dolida, aprobación a una temida y triste declinación de vivir, sabe que gracias a ese hecho, a la sensibilidad de la sede de una ciudad al instante de la muerte de una alma soñadora, Buenos Aires entró al Misterio.
A la misma hora de la mañana siguiente, vueltos el Presidente y su hueste a la estancia de "La Novela", se daban los buenos días. Pero el Presidente volvió por la noche a Buenos Aires y yo sé a qué. A asignar a las dos Plazas Centrales los nombres de "Ciudad sin Muerte" y "De los Hombres No-Idénticos"; estas denominaciones se completaban en un enlace de una Plaza con la otra. (Lo no-idéntico está exento de muerte.) (2)
Gracias a tales remedios y esperanzas, y a la Muerte Cachadora inventada por la Eterna, y al Chiste-Risa Resucitante creado por el Humorista, Buenos Aires quedó bendecida.
NB:
1-Borrado el rastro de los pasos de esta mujer -irrevocablemente desengañada de la piedad humana- en busca de la muerte voluntaria x calles de Buenos Aires y caminos de los suburbios.
2- Quizás alguno encuentre poco lucida la tan prometida Conquista de Buenos Aires para la Belleza y el Misterio. Es que era inevitable: lo imperfecto, trunco, y quizá insípido de una obra que sólo fue pensada como una curación, por la Acción sin Objeto, de un estado de depresión y desorientación del hombre que la ideó. Si este capítulo de la Conquista el autor lo hubiera realizado lozana y graciosamente, hubiera falseado la psicología de esa Acción. Por lo demás, a mi incrédulo y listo lector lo satisfaré confesando que el capítulo es simplemente la obra de un autor en agotamiento, que no da más. /Pese a cuya confesión no puedo evitar verificar 63 bajas de lectores exigentes de una estilística impecable.

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