David jamás le contó a nadie lo que había averiguado, ni siquiera a su madre ... Era todo demasiado aterrador, demasiado irreal para compartido con otra persona. Meditó sobre ello quedándose dormido, hasta que ya no supo dónde empezaba su padre de carne y hueso y dónde el de sus sueños. ¿Quién le creería si proclamaba que había visto a su padre armado de un martillo? Estaba de pie sobre la techumbre de las tinieblas, y debajo había muchas, muchas caras levantadas hacia él. ¿ Quién le creería? No se atrevía a contárselo a nadie ... Siguió soñando.
p. 35
0 comentarios:
Publicar un comentario