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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, enero 11, 2010

Yoga, Inmortalidad y Libertad: Mircea Eliade

A primera vista, el rechazo de la Vida impuesto por el Yoga podría parecer aterrorizador, pues comporta más de un simbolismo funerario: experiencias que son otras tantas anticipaciones de la muerte. El proceso arduo y complicado de desprendimiento y de eliminación final de todos los contenidos pertenecientes a los niveles psicofisiológicos de la experiencia humana ¿ no trae a la memoria el proceso de la muerte? Para la India, en efecto, la muerte se traduce por una separación brutal del Espíritu que se aleja de todas las experiencias psicofisiológicas. Y observando atentamente, el misterio de la liberación, la regresión de los elementos (tattva) hacia la prakrti significa igualmente una anticipación de la muerte. Lo hemos dicho más arriba (p. 282): ciertos ejercicios yogui-tántricos no son más que una "visualización anticipada" de la descomposición y regresión de los elementos en el circuito de la naturaleza, fenómeno normalmente desencadenado por la muerte. Más de una experiencia de ultratumba descrita en el Bardo Thödol, el Libro tibetano de la Muerte. corresponde en forma extraña a los ejercicios de meditación yogui-tántricos.
Si tenemos en cuenta que el Assam (= Kamarupa) era el país tántrico por excelencia, que importantísimos Tantra exaltaban a Durga -Kamakhya y describían su culto sangriento y licencioso (por ejemplo Yoni Tantra, Mahanirvana Tantra y Kalika Purana), que los aghori eran célebres por sus crueldades y orgías, comprenderemos por qué el nombre de yogui llegó a designar en alguna oportunidad a los más extremistas entre los tántricos. Un detalle de los sacrificios humanos practicados en Assam es interesante para el problema que nos ocupa: los voluntarios se denominaban Bhogi, y a partir del momento en que proclamaban Su intención de dejarse sacrificar, se convertían en personajes casi sagrados, y todo estaba a su disposición: podían en éspecial disponer de todas las mujeres que desearan. Eran sacrificados en el festival anual de la Diosa, y Kalika Purana llega a consagrar todo un capítulo a los detalles de la decapitación, haciendo la salvedad de que en ese ritual sangriento no debe ser efectuado por las tres primeras castas (Griggs, p. 167 Y sig.). Según ese texto, la víctima encarnaba al propio Siva. Esto nos trae a la memoria otro sacrificio sangriento practicado en la India: el meriah de los Khonds, quien era estrangulado, cortado en trozos que eran enterrados en los campos con fines de fertilidad (ver nuestro Traité d'lHistoire des Religions, p. 295 'y sig.). El meriah encarnaba también a la divinidad. Ahora bien, resulta significativo encontrar, en un contexto tántrico que reúne al mismo tiempo a los aghori y a los kanphata-yogui, el mismo sacrificio sangriento que era practicado en otros lados para la fertilidad agraria. Es un ejemplo más de concordancia entre el saktismo y la ideología arcaica de la fecundidad en la que coexisten la sexualidad y la muerte violenta.

¿CóMO ES POSIBLE LA LIBERACIóN?
De hecho, el Samkhya-Yoga ha comprendido que el "espíritu (purusa) no puede nacer ni ser destruído, que no está ni esclavizado ni activo (buscando activamente la liberación) ; que no está sediento de libertad, ni liberado" (Gaudapada, Mandukhya-Karika, II, 32). "Su modalidad es tal que esas dos posibilidades están excluídas" (Samkhya-Sutra, I, 160). El Yo es puro, eterno y libre; no podría ser vasallo, porque no podría mantener otras relaciones con otra cosa que con él mismo. Pero el hombre cree que el purusa está esclavizado y piensa que puede ser liberado. Son éstas ilusiones de nuestra vida psico-mental. Porque, de hecho, el espíritu" esclavizado" está libre de toda eternidad. Si su liberación nos parece un drama, es porque nos colocamos en un punto de vista humano: el espíritu es un "espectador" (saksin), lo mismo que la liberación (mukti) es el conocimiento de su eterna libertad. Yo creo sufrir, yo creo estar esclavizado, yo deseo la liberación. 'En el momento en que comprendo -habiéndome "despertado"-que ese "yo" (asmita) es un producto de la materia (prakrt¡), comprendo al mismo tiempo que la existencia toda solo ha sido una cadena de momentos dolorosos y que el es píritu verdadero "contemplaba impasiblemente" el drama de la "personalidad". Así pues, la personalidad humana no existe como elemento final, sino que es una síntesis de las experiencias psico-mentales, y se destruye, en otras palabras, deja de actuar, desde que la revelación es un hecho. Semejante en esto a todas las creaciones de la substancia cósmica (prakrti), la personalidad humana (asmita) actúa, también ella, con miras al "despertar"; es por eso que, una vez cumplida la liberación, se torna inútil.
Estrictamente hablando, esta evolución del pensamiento budista no revela en demasía el mensaje del Despertado. El Buda se había negado a discurrir sobre el Absoluto; se contentó con señalar el camino para llegar a él, y este camino pasaba necesariamente por la muerte a la condición profanaj lo incondicionado estaba más allá de la experiencia, es decir, en última instancia, de la vida no regenerada. El "camino" equivalía a una iniciación: muerte y resurrección mística, renaci-miento a otro modo de ser. Se podía pues tratar de morir para el mundo profano partiendo de cualquier "sector" de ese mundo: aquel que, visitando un templo, imaginaba que penetnba en un Universo transfísico, santificado por el simbolismo de Buddha, vencía a la experiencia profana con el mismo éxito que el monje que se "retiraba dentro de sí mismo" por medio de los jhana y los sarnapatti, o un filósofo que se demostraba en forma lógica la irrealidad del mundo. En todos estos casos, se renunciaba a este mundo, se transcendía la experiencia profana y se participaba ya en una modalidad transhumana. No se trataba aún del Nirvana, lo incondicionado -pero era un ejercicio espiritual eficaz para aprender a "salir del mundo", constituía un paso hacia adelante en el largo proceso de la iniciación budista, la que, como toda iniciación, mataba al neófito para poder resucitarlo en un, nuevo modo de ser.
El Vacío es "realizado" mediante la creación en forma de cascada de los Universos; se los crea a partir de un signo gráfico y se los destruye después de haberlos poblado de dioses. Esas cosmogonías y esas teogonías en cadena tienen lugar en el propio corazón del discípulo: es por medio de imágenes que él descubre la vacuidad universal. Ejercicios similares se encuentran en la gnosis jaina medieval, pues también él dyana jainista sufrió la influencia del tantrismo. Sakalakirti (siglo xv) , en su tratado Tattvarthasaradipaka, recomienda la siguiente meditación: el yogui imaginará un inmenso océano de leche, calmo, sin olas, y en medio del océano un loto grande como Jambudvipa, con mil pétalos y brillante como el oro, con un pericarpio del tamaño de una montaña de oro. Se imaginará a sí mismo sentado en un trono colocado en el centro del pericarpio, sereno, sin odio ni deseos, presto a vencer a su enemigo, que es el karman. Ésta es la primera dharana. Seguidamente, el yogui debe imaginar un loto resplandeciente, de dieciséis pétalos, situado en su ombligo. En los pétalos están escritas las cuatro vocales, con am y ah y el gran mantra arhan reluce en medio del pericarpio. Entonce: imaginara una nube de humo surgiendo de la letra r de la palabra arhan, luego unas chispas y finalmente brotará una llama que se extenderá cada vez más hasta que queme al loto del corazón, que es el producto de los ocho karman, y que por esa razón tiene ocho pétalos. Este ejercicio forma parte de la segunda meditación, llamada agneyi dharana. Sigue la maruti dharana, durante la cual el yogui "visualiza" una violenta tempestad que dispersa las cenizas del loto. Después, imagina a la lluvia que cae y lava las cenizas que cubren su cuerpo (es la cuarta dharana, varuni). Finalmente, debe imaginarse a sí mismo identificado al Dios, libre de los siete elementos, sentado en su trono, brillante como la luna y adorado por los dioses.

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