Así pues, no volví a la clase del señor Parisi. No por los mosquitos, ya que no tienen nada que ver con esto, sino porque entendí que en el Periódico de los amigos se habían equivocado y me habían enviado a un ajustador. No quiero que me ajusten al entorno, quiero que el entorno se ajuste a nosotros. Digo «nosotros» a título plural, porque a veces me siento muy solo.
Creyeron que sufro de falta de exterior, cuando sufro también de exceso de interior. Hay excedente con ausencia de desembocaduras. Incluso me llegué a preguntar si el señor Parisi no es un empleado del Colegio de Médicos, y además un miembro artificial, por aquel comunicado firmado por el profesor Lortat-Jacob, presidente del Colegio, sobre los abortaderos. El señor Parisi está en resumidas cuentas en las prótesis, y está muy bien, por los mutilados y los amputados. Tiene una misión cultural que cumplir. El arte, la música, la reanimación cultural están muy bien. Es necesario. Las prótesis son importantes. Permiten ajustarse, insertarse, y forman parte de la política de utilidad pública y del estado de funcionamiento. Pero eso es aun así otra cosa, sobre todo cuando se piensa en las toneladas y toneladas de amor que vienen a estrellarse contra los parabrisas de los camiones en California. Está en la naturaleza. He renunciado también a hacer hablar a Mimos con voz humana para no desengañarlo. Ya está harto de los trucos. Tengo a veces la sensación de que vivimos en una película doblada y que todos mueven los labios pero que no se corresponde con las voces. Estamos todos postsincronizados y a veces está muy logrado y parece natural.
extractos pp.106-107
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