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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, enero 04, 2010

Gramática de la Multitud: Paolo Virno

Industria cultural: anticipación y paradigma

Con el nacimiento de la industria cultural, el virtuosismo se convierte en trabajo masificado. Es ahí que el virtuoso comienza a marcar su tarjeta de ingreso. De hecho, en la industria cultural, la actividad sin obra, es decir la actividad-comunicatlva que se cumple en sí misma, es un elemento central y necesario. Y justamente por este motivo es en la industria cultural donde la estructura del trabajo asalariado coincidió con la de la acción política.
En los sectores en que se produce comunicación como medio de comunicación, las tareas y los roles son, conjuntamente, "virtuosos" y "políticos". Un gran escritor italiano, Luciano Bianciardi, en su novela La vita agra cuenta los esplendores y miserias de la industria cultural en la Milán de los años 50. Una admirable página de este libro ilustra muy bien lo que distingue a la industria cultural de la industria tradicional y de la agricultura. El protagonista de La vita agra llega a Milán con la intención de vengar las recientes muertes laborales ocurridas en su región y termina empleándose en la naciente industria cultural. Pero luego de un período, lo despiden. Transcribo un párrafo que hoy tiene un indudable valor teórico:

"Y me echaron, sólo por el hecho de que arrastro los pies cuando camino, porque me muevo despacio, miro alrededor aun cuando no es indispensable. En nuestra actividad, en cambio, hay que separar bien los pies de la tierra y golpearlos estruendosamente contra el piso, hay que moverse, caminar, repiquetear, saltar, hacer polvo, mejor, una nube de polvo, y después esconderse adentro. No es como ser campesino u obrero. El campesino se mueve lentamente, porque su trabajo sigue las estaciones: él no puede sembrar en julio y cosechar en febrero. El obrero se mueve ágilmente, pero si está en la cadena de montaje, porque ahí le han contraído los tiempos de producción, y si no camina a ese ritmo tiene problemas [ ... ]. Pero el hecho es que el campesino forma parte de las actividades primarias y el obrero de las secundarias. Uno produce de la nada, el otro transforma una cosa en otra. El medio de valoración del obrero y el campesino es fácil, cuantitativo: si la fábrica hornea tantas piezas por hora, si la finca rinde. En nuestra actividad sucede de otra manera, no hay una evaluación cuantitativa. ¿Cómo se mide la pericia de un cura, de un publicitario, de un especialista en relaciones públicas (RRPP)? Ellos ni producen de la nada ni transforman. No son primarios ni secundarios. Son terciarios y, osaría decir [ ... ], aun cuaternarios.No son instrumentos de producción y tampoco correas de transmisión. Son lubricantes, son vaselina pura. ¿Cómo se puede evaluar a un cura, a un publicitario, a un RRPP? ¿Cómo se hace para calcular la cantidad de fe, de deseo de posesión, de simpatía que ellos serían capaces de generar. No, no tenemos otro patrón de medida que la capacidad de cada uno de permanecer a flote, de subir un poco más, es decir, de convertirse en obispo. En otras palabras, quien elige una profesión terciaria o cuaternaria necesita dotes y actitudes de tipo político. La política, como todos saben, desde hace tiempo ha dejado de ser la ciencia del buen gobierno y se ha convertido en el arte de la conquista y la conservación del poder. Así es que a bondad de un om re po ítico no se mide en relación con el bien que hace a los demás, sino, sobre la base de la rapidez con que llega a la cima y el tiempo que se mantiene. [ ... ] Del mismo modo, en las profesiones terciarias o cuaternarias, si no existe producción visible de bienes que sirva de patrón de medida, el criterio será ese" (Bianciardi 1962: 129- 32; las itálicas son mías).

Por muchos motivos, el análisis de Bianciardi está visiblemente fechado, ya que en él las actividades de la industria cultural figuran como una excepción marginal y extravagante. Además, es un poco superficial la reducción de la política a una pura y simple superchería. No obstante, en el pasaje que cité sobresale una formidable intuición, que retorna a su modo y mezcla la tésis de Arendt sobre la similitud entre los virtuosos y los políticos y las observaciónes de Marx sobre los trabajos que no tienen por finalidad producir una "obra" independiente. Bianciardi subraya la creciente "politicidad" del trabajo en la industria cultural. Pero, y esto es lo importante, vincula esta politicidad al hecho de que en esta industria no se producen obras separadas de la acción misma. Allí donde no hay una "obra" extrínseca, hay acción política. Una aclaración: en la industria cultural (aunque hoy ocurre en la industria en general) no faltan productos finitos para comercializar al final del proceso productivo. El punto crucial es que mientras la producción material de objetos es demandada al sistema de máquinas automatizadas, las prestaciones del trabajo vivo, en cambio, se asemejan cada vez más a prestaciones lingüístico-virtuosas.
extractos de pp. 52-54

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