Aunque Ibn ' Arabi hubiera tenido el cuidado de precisar que sus poemas tienen un carácter sim.bólico, que las bellezas visibles no hacen más que evocar las realidades suprasensibles del mundo de las inteligencias angélicas, un .doctor de Alepo le acusó de haber disimulado en ellos un amor sensual para salvar su reputación de austeridad. Este personaje, real o ficticio, ocupa aquí el lugar debido: es el m.oralista que interviene para poner en duda la pureza de intención del enamorado y que suscita por parte de éste las mismas protestas que forman la explicación de la esencia del amor cortés. Más que de un personaje, se trata pues de una función en la misma estructura del género literario (y existencial) cultivado por los fieles de amor, desde los trovadores hasta Dante. Para refutar estas insinuaciones vulgares, Ibn 'Arabí se decide a escribir su largo comentario en el díwán, en el que explica lo que H. Corbin denomina el «modo de apercepción teofánico» propio de los fieles de amor. Así, Nezam se convierte en «una sabiduría [Sophia] sublime y divina, esencial y sacrosanta, que se manifestó visiblemente al autor de sus poemas, con tal dulzura que engendró en él gozo y alegría, emoción y arrebato».
La belleza inteligible manifestada en la belleza sensible del femenino es la expresión conmovedora y optimista del platonismo del místico andaluz. El corolario de esta concepción es doble: en primer lugar, lo que pertenece al inteligible está dotado de belleza femenina, como el ángel que aparece con los rasgos de una «princesa de entre los griegos»; en segundo lugar, todo lo que aparece bajo el resplandor del inteligible es partícipe de virtudes virginales, como la santa Fátima de Córdoba que, a la edad de 90 años, tiene aún el aspecto de una joven.
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