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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

domingo, enero 17, 2010

EL HURGÓN MÁGICO: ROBERT COOVER

LA CANGURO

LLEGA a las 7.40, con diez minutos de retraso, pero los niños, Jimmy y Bitsy, están cenando todavía, y sus padres aún no están listos para salir. De otras habitaciones llega el ruido de un crío chillando, de un grifo abierto, de un musical en la televisión (sin palabras: probablemente un número de baile, acuden a la mente formas de figuras que se deslizan). La señora Tucker entra apresuradamente en la cocina arreglándose el pelo, y coge un biberón lleno de leche del cazo de agua caliente, vuelve a salir precipitadamente. "¡ Harry!", llama. "¡ La canguro ha llegado ya!"
¿Qué canción es ésta? ¿"Es Éste Mi Deseo"? ¿"Estaré Por Ahí"? Sonríe al espejo, se manda un saludo, se frota la mollera cada vez más calva. ¿"Hechizado", tal vez? ¿O, "Cuál Es La Razón"? Se pone los calzoncillos, se da una palmada en las caderas. El crío se para a medio gritar. ¿ No es la que la última vez usó su baño? "Quién Está Arrepentido Ahora", eso es. "Qué corazón se está destrozando a cada promesita ... "
Jack deambula por la ciudad, sin saber qué hacer. Su novia está vigilando a los niños de los Tucker, y más tarde, cuando haya acostado a los niños, tal vez se deje caer por allí. A veces mira la tele con ella, cuando está de canguro, es casi la única posibilidad que tiene de poder hacer algo con ella, ya que no tiene coche, pero han de ir con cuidado porque a mucha gente no le gusta que la canguro invite al novio. Sólo con besada ya se pone nerviosa. No cierra los ojos porque ha de vigilar la puerta todo el rato. La gente casada sí que lo tienen bien, piensa.
"Hola", dice la canguro a los niños, y pone sus libros encima de la nevera. "¿ Qué hay para cenar?" La niña, Bitsy, se limita a mirarla de reojo. Se sienta con ellos en un extremo de la mesa. "No tengo que acostarme hasta las nueve", anuncia el chico con tono de desafío, y se llena la boca de patatas fritas. La canguro ve por un instante al señor Tucker que sale apresuradamente del cuarto de baño en paños menores.
El vientre. Los sobacos. Y los pies. Éstos son los mejores sitios. Le va a pegar, dice ella. Que lo pruebe.
Este agradable olor que tienen las chicas. La suavidad de su blusa. Vislumbra las sombras delicadas entre sus muslos, al sentarse con las piernas dobladas. La mira fijamente. Su mirada está cargada de intención, pero ella ni siquiera está mirando. Hace globos con el chicle y mira la televisión. Está sentada justo allí, a unos milímetros de distancia, suave, fragante, disponible: pero, ¿ cuál va a ser la próxima jugada ? Ve a su compinche Marck en el bar, jugando. al billar romano, y se une a él. "¡Eh, esta nena está fría, Jack! ¡Necesita tu toque!"
La señora Tucker aparece en la puerta de la cocina con un pañal enrollado. "¡Oye, no comas sólo las patatas fritas, Jimmy! Asegúrate de que come también la hamburguesa, guapa. "Va corriendo al cuarto de baño. El chico mira con resentimiento a la canguro, provocándola en silencio a que cumpla la orden. "¿Y ahora, qué te parece un poquito de esta estupenda hamburguesa?", dice ella sin entusiasmo. Él deja caer la mitad al suelo. El crío está callado y un hombre canta una canción de amor en la tele. Los niños mastican las patatas crujientes.
Ella ama. Ella le ama. Dan vueltas aladamente, levantando una brisa ligera, por un paisaje mágico de rosa y esmeralda e intenso azul. Su cabello castaño claro se ondula y se mece suavemente en la brisa y los delicados pliegues de la falda blanca se adhieren a su cuerpo y luego se esparcen flotando. Él sonríe en un vibrante crescendo de sinceridad y canción.

"¿ Quieres decir que está sola?", pregunta Mark. "Bueno, hay dos o tres chavales", dice Jack. Introduce la moneda. Hay un rodar desordenado de bolas de acero alineándose. Aprieta la palanca con el pulgar, y una bola sale para quedar colocada en posición, dura y brillante de promesas. ¿ Su mirada? Para decir que la ama. Que se preocupa por ella y que la protegerá, la amparará, de ser necesario, con su propio cuerpo. Sonriendo, se inclina sobre la bola para apuntar cuidadosamente: él y Mark han estudiado esta máquina y la conocen bien, pero todavía no es tan fácil ganar.
Mientras conduce camino de la fiesta está pensando en parte en la muchacha, en parte en los años del instituto, hace ya tanto tiempo. Sentada en la mesa de la cocina con los niños parecía que era conscientemente que había arqueado la espalda y echado hacia delante sus pechos y enseñado los muslos al sentarse mejor: ¿ y para quién si no para él? Así que ella le había visto salir del lavabo, después de todo. Sonríe. Y sin embargo, ¿ él qué podía hacer con esto? Los buenos tiempos han pasado, viejo. Mira a su mujer que pregunta mientras se ajusta una liga: "¿ Qué te parece la canguro?".
Él la ama. Ella le ama. Y entonces llegan los críos. Y pañales sucios y una maldita comida después de otra. Platos. Ruidos. Desorden. Y carnes. No simplemente ajustada, la faja realmente le duele. En algún sitio ha leído hace poco que las mujeres pueden tener ataques de corazón o cáncer u otra cosa por usar fajas demasiado estrechas. Dolly cierra de un portazo el coche con un gruñido, extrañamente irritada, sin saber porqué. El humor de las fiestas. Por qué su marido está canturreando "¿ Quién Está Arrepentido Ahora?". Al salir jardín se vuelve para mirar la ventana encendida de la cocina. "¿Qué te parece la canguro?", pregunta ella. Mientras su marido tartalea intentando responder, ella se estira una media, sujetándola mejor a la liga.
"¡ Basta!", ríe ella. Bitsy está tirando de la falda de la canguro y él le hace cosquillas en las costillas. "¡ Jimmy, estate quieto!" Pero está riendo demasiado para pararle. Él salta sobre ella, ciñendo las piernas en torno a su cintura, y caen todos el: la alfombra delante de la televisión, donde en aquel momento un hombre en smoking y una niña con un vestido blanco con volantes bailan un zapateado. A la canguro se le sale la blusa de la falda, mostrando un trozo de vientre desnudo: el blanco. "¡ Vaya darle un azote"!"
Aprieta la palanca, haciendo subir una bola, y se inclina con aplicación sobre la máquina. "¿Consigues algo de ella?", pregunta Mark, y carraspea, sacude la ceniza del cigarrillo. "Bueno, no exactamente, todavía no", dice Jack con una sonrisa torpe, pero intentando sugerir más de lo que admite, y tira. Apoya delicadamente el cuerpo contra la máquina mientras la bola rebota en el tope de goma. Puede sentir cómo se calienta bajo sus manos, las aletas de la máquina cobran vida, delicadas formas de luz vertiginosa aparecen en las ráfagas de las luces. 1000 AL ENCENDERSE: ¡ahora! "Lo más que he hecho es meterle la mano." Mark aparta la mirada de la máquina, con el pitillo colgado en el labio. "Tal va. necesitas ayuda", sugiere con una mueca. "Tal vaez juntos, macho, nos la cepillamos. "

A ella le gusta la bañera grande. Usa las sales de baño de los Tucker, y le encanta sumergirse en la espuma fragante y caliente. Puede extenderse, sumergirse hasta la barbilla. Le produce una hormigueante sensación de somnolencia.
"¿ Qué te parece la canguro?", pregunta Dolly, ajustándose una liga. "Oh, apenas si me he fijado", dice él. "Es mona. Parece que se entiende con los niños. ¿ Por qué?" "No lo sé." La mujer se estira la falda hacia abajo, mira la ventana encendida por la que están pasando, y añade: "No estoy segura de si puedo fiarme completamente de ella, eso es todo. Con el crío, quiero decir. Parece un poco descuidada. Y la otra va., estoy casi segura de que se trajo al novio." Él sonríe, da una palmada en el ancho muslo con liga de su mujer. "¿ Y eso qué tiene de malo?", pregunta. Todavía con calcetines, además. Muslos desnudos, sin faja, solamente unas bragas ligerísimas y una tersa carne adolescente. Se ve inundado por vagos recuerdos de autos de choque y películas en el gallinero.
¡Qué chiquitín y gomoso es !, piensa, miemtras baña al niño, enjabonándole entre las piernas. Una casita divertida y zangoloteadora que parece como si ni siquiera tuviese que estar allí. ¿ Es de eso que hablan todas las canciones?
Jack mira cómo Mark se abalanza y se retuerce sobre la máquina. Ahora empiezan a correr y suben los puntos. A él no le entusiasma la idea de que Mark haga el tonto con su novia pero Mark es un conquistador con más sangre fría que quizás si esta vez lo hacen los dos juntos pueda vencer su propia timidez. Y si a ella no le gusta, chicas no faltan. Además, si Mark se pasa de la raya, podría romper con él. Siente mo sus hombros se ponen rígidos: basta y sobra, ami pero se ve la carne también. "Tal vez la llame más tar dice.
"¡ Eh, Harry! i Dolly! ¡Me alegra que hayáis podido venir!"
"Espero que no hayamos llegado tarde." "No, no, sois, de los primeros, pasad. ¡Caramba, Dolly, cada día estás más joven! ¿ Cómo te las arreglas? Dale el secreto a mi mujer. anda." Le da una palmadita en el culo enfajado a espaldas del señor Tucker, les lleva a tomar una copa.
Las 8.00. La canguro abre el grifo de la bañera, se peina lante del espejo del cuarto de baño. En la televisión dan una película del oeste, así que deja a Jimmy que la mire mientras le baña a Bitsy. Pero Bitsy no quiere tomar un baño. Está enfadada y llora porque tiene que ser la primera. La canguro le dice que si toma su baño de prisa le dejará mirar la televisio::. mientras se baña Jimmy, pero es inútil. La niña lucha para salir del cuarto de baño y la canguro tiene que agacharse de espaldas contra la puerta y tiene que desnudar a la niña por la fuerza. Hay casas mejores para cuidar niños. Estos dos difíciles y además, tarde o temprano, es seguro que el crío se va a despertar para que le cambien los pañales y le den el biberón. Sin embargo, los Tucker tienen una buena televisión en color y espera que las cosas se tranquilicen lo suficiente para poder pescar el programa de las 8.30. Mete a la niña en la bañera, pero todavía está chillando y dando golpes. "¡ Estáte quieta, Bitsy, o vas a despertar al nene !" "i¡Tengo pipí !", gimotea la niña cambiando de táctica. La canguro suspira, saca a la niña de la bañera y la pone en el retrete, mojándose la falda y la blusa. Se mira en el espejo. Antes de que se dé cuenta, la niña se ha levantado del retrete y ha salido del cuarto de baño. "¡ Bitsy! ¡Ven aquí enseguida!"
"¡Bueno, basta!" La falda está desgarrada y ella ruborizada y llorando. "¡ Ah! ¿ sí?" "¡ Sí, chaval!" El cabrón va a atacarla, pero él se interpone. Caen y ruedan por el suelo. Se vuelcan las mesas, oscilan las lámparas, cae con estrépito la televisión. Lanza un fuerte derechazo al vientre, le golpea la barbilla con un potente zurdazo.
"¡ Ojalá sea una niña!" No es demasiado sorprendente, ya que tiene ya cuatro hijos varones. Dolly da la enhorabuena a la mujer como todo el mundo, pero no siente ni una pizca de envidia. Sólo le faltaría esto, ahora. Mira al otro lado de la habitación donde está Harry dando palmadas en la espalda y poniéndose grosero, como siempre. Está echando barriga, entonces ¿ por qué diablos tiene que quejarse siempre de ella? "¡ Dolly, cada día estás más joven!", fue el saludo más agradable que recibió esta noche. "¿Cuál es tu secreto?" Y Harry: "Son todas esas calorías. Está recuperando las mollas de la infancia". "¡Jo jo, ten un poco de piedad!"
"¡Cógele por los pies!", le grita a Bitsy, con los dedos en las costillas de ella, arrojándose encima de su vientre desnudo y enredándose en la maleza de tirantes y ropa extraña. "¡ Quítale los zapatos !" Él la tiene sujeta apretando la cabeza en sus suaves pechos. "¡ No! ¡ No, Jimmy! ¡ Bitsy, basta !" Pero aunque da patadas y se retuerce por el suelo no se levanta, no de levantarse, está riendo demasiado, y se le sueltan los zapatos, y él agarra un pie cubierto por la media y le rasca la planta, implacablemente, y ella llevanta las piernas para sacudirselo de encima, está hecha una furia, amigo, pero él sigue resistiendo, y ella está riendo, y en la pantalla hay un traqueteo de cascos, y él Y Bitsy rodando y rodando por el suelo en un deo demencial de coces en el aire.
Introduce la moneda. Hay una caída metálica y un gol seco al empezar la señal de línea. "Espero que los Tucker hayan salido ya", dice. "No te preocupes, habrán llegado ya a nuestra casa", dice Mark. "Siempre son los primeros en llegar y los últimos en irse. Mi padre echa continuamente pestes contra ellos." Jack ríe nerviosamente mientras marca el número. "Dile que vamos para protegerla si alguien intenta violarla", sugiere Mark, y enciende un cigarrillo. Jack sonríe, apoyándose con aire despreocupado en la jamba de la puerta de la cabina telefónica, masticando chicle y con una mano en el bolsillo. Pero la verdad es que no se siente muy seguro. Tiene la sensación de que está echando a perder algo bueno.
Bitsy corre desnuda a la sala de estar, con un cojín entre ella y la canguro. "¡ Bitsy ... !", le amenaza la canguro. Luces rojas, verdes y moradas parpadean sobre el cuerpo mojado de la niña mientras trapalean cascos, traquetean fusiles y ruedas de diligencias retumban en el terreno pedregoso. "¡Quítate de delante, Bitsy!", se queja el niño. "¡No puedo ver!" Bitsy pasa como un rayo y la canguro le persigue acorralándola en el dormitorio de atrás. Bitsy le tira algo blando a la cara: un par de calzoncillos. Agarra a la niña que intenta zafarse, la lleva con dificultad al cuarto de baño y con un golpe rápido en su brillante culo la mete corriendo en la bañera. Por despecho, Bitsy se hace pipí en el agua del baño.
El señor Tucker añade un poco de agua a su whisky y bromea con su anfitrión y otro hombre, que acaba de llegar, sobre su buena forma en el golf. Arreglan una partida para el fin de semana, un grupo de tres que busca al cuarto. Con la bebida en la mano derecha, el señor Tucker balancea la izquierda simulando un golpe de salida. "Tendrás que darme un golpe por hoyo", dice. "¡Claro que te doy un golpe!", dice el anfitrión: "¡Date la vuelta!". El otro hombre pregunta, riendo: "¿Dónde está tu hijo Mark esta noche?". "No lo sé", contesta el anfitrión recogiendo una bandeja llena de bebidas. Luego añade con un refunfuño: "Persiguiendo faldas, imagino". Ríen la salida, luego se encogen de hombros, resignadamente, y vuelven a la sala de estar para reunirse con las mujeres.
Las persianas están echadas. La puerta cerrada. Miran la televisión. Tal vez cubiertos con una manta. Sí, eso es, cubiertos con una manta. Ella cierra los ojos cuando él la besa. Sus pechos, bajo sus manos, son suaves y blandos.

Un fuerte golpe en el vientre. Una cara hosca e hirsuta. Se tambalea. El nervudo sheriff ataca, pero recibe un espuelazo en la cara. El hirsuto se lanza hacia delante, arremete con el hombro contra el recio diafragma del sheriff, a ella se le encoge el estómago, se domina, cuando el shériff aplasta la nariz del hombre moreno, lo arroja violentamente contra la pared y le golpea otra vez, ¡y otra vez! El hirsuto gruñe rítmicamente, retrocede, se arroja con gesto suicida hacia delante -ella se ovilla como para protegerse- ¡el sheriff se tambalea!, ¡un golpe bajo!, pero en lugar de proseguir, el otro da un paso atrás -¡ una pistola!, ¡el hirsuto tiene una pistola!, ¡el sheriff desenfunda su revólver !, ¡dispara desde las caderas !, ¡detonaciones!, ella se aprieta las manos entre los muslos -¡no! ¡ el sheriff se retuerce!, ¡ herido !, el hirsuto titubea, apunta, ella endurece las piernas hacia el televisor, el sheriff se revuelca desesperadamente en la paja, dispara: ¡muerto!, ¡ el hirsuto está muerto!, gime, se dobla, la pistola le cuelga en la mano que se desploma, se desprende, él cae a tierra. El sheriff, agotado, rasguñado, mira débilmente desde el suelo. ¡Oh, ser íntegro!, i ser bueno y fuerte y justo!, ¡abrazar y ser abrazado por la armonía y la integridad! El sheriff se incorpora dolorosamente sobre un codo, se limpia la boca magullada con el dorso de la otra mano.
"Bueno, habíamos pensado si pasamos por ahí", dice, guiñando un ojo a Mark. "¿ Quién es pasamos?" "Oh, yo y Mark que está aquí conmigo." "Dile que una cosa tan buena como ella hay que compartida", susurra Mark tragando el humo lentamente y lanzando luego la colilla a la máquina de las bolas. "¿ Qué pasa?", pregunta ella. "Oh, Mark y yo estábamos diciendo que si dos son compañía, tres son una orgía". dice Jack, y vuelve a guiñar un ojo. Ella suelta una risilla sofocada. "¡ Oh, Jack!" Detrás de ella, él puede oír gritos y disparos. "Bueno, de acuerdo, sólo un rato, si os portáis bien." Vía libre, macho.
Seguro que hay algún puñetero mocoso. Metiéndose mano en el sofá delante de su televisión. Tal vez debería volver un momento. Sólo para asegurarse. ¡Nada de esto, si estás aquí es para trabajar! Aparco el coche un par de puertas antes, entro por la puerta principal antes de que ella se dé cuenta. Ve la ropa en desorden, los jóvenes muslos expuestos a la parpadeante luz de la televisión, oye llorar al crío. "¡ Eh, qué pasa aquí! ¡Fuera de aquí, muchacho, antes de que llame a la policía!" Naturalmente, ellos en realidad no están haciendo nada. Probablemente ni siquiera saben cómo. Mira con aire benevolente a la muchacha, que tiene la falda arrugada en torno a los muslos. Ruborizada, asustada, y sin embargo excitada, ella le devuelve la mirada. Él sonríe. Sus dedos tocan una rodilla, se acercan al dobladillo. Llega otra pareja. Llenando la casa de gente. Nadie le echaría de menos. Basta con salir sin hacer ruido, volver a su casa con aire despreocupado para recoger algo que olvidó -no importa qué. Recuerda que la otra vez que habían tenido a esta canguro, había tomado un baño en su casa. Ella luego tenía una cita, y acababa de venir de una clase de claque, o algo por el estilo. Aspirina, tal vez. Enuar silenciosamente y con aire casual en el cuarto de baño y coger alguna aspirina. "¡ Oh, perdón, guapa! ¡ Sólo ... !" Ella le devuelve la mirada, sorprendida y a la vez extrañamente emocionada. Sus suaves pechos mojados suben y bajan en el agua, y su vientre aparece pálido y rizado. Recuerda que el pelo del pubis que quedó en la bañera era castaño. Castaño claro.
No ha hecho más que meterse en la bañera para tomar un baño rápido, cuando Jimmy dice, fuera de la puerta, que tiene que ir al lavabo. Ella suspira: no es sino un pretexto, lo sabe. "Tendrás que esperar." Qué crío más pesado. "No puedo esperar." "Muy bien, entra, pero me estoy bañando." Imagina que no entrará, pero no. Entra. Ella se desliza en la espuma, hasta que sus ojos están al nivel del borde de la bañera. Él se muestra indeciso. "Si tienes que entrar, entra", dice, un poco incómoda, "pero yo no voy a salir." "No mires", dice él. Ella: "Si quiero mirar miro".

3 comentarios:

e. r. dijo...

Kuru,
vos sos lo máximo!!! Me entregó los libros Joana, no sabés cómo te agradezco. El de Kis ya lo empecé a hojear y la antología la vamos a hacer circular de mano en mano, después de que le dé una relectura. Ambos libros son inencontrables en argentina, así que sos lo más.
Te mando un abrazo, va uno de parte de Naty también, y otro para Maure.
Saludos

kurubeta dijo...

Tranki...
saludos dobles para Natalia y vos, che!
espero ke te cope ambos libros,la anto keremos enzoketarSela a mansalva o mejor a llach en planeta...conjuntamente con la anto de felicita: Asunción T mata...
veremos...
hablamos!

Edgar dijo...

ESte es uno de los mejores libros que he leído en mi vida, aunke el cuento en cuestión no sea mi favorito. Lástima que no se pueda encontrar en ningún lado,bueno si tenés tarjeta con buenos fondos podés hacer un pedido a amazon, pero no es ese el caso de la mayoría, así que el oscurantismo cunde y pareciera que lo bueno está al alcance de algunos pocos, poquísimos afortunados.
Me gustó especialmente el relato del mago y el de´l bar de la estación.