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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, diciembre 31, 2009

La Educación de Patrick Silver: Jerome Charyn

CAPITULO II
-Las botellas oscuras, Sammy, hazme el favor. Están en el cubo de siempre. Tengo una sed capaz de acabar hasta con un hipopótamo .
Patrick Silver bebía la «Guinness» templada. La cerveza venía de Dublín en botellas muy pequeñas que se apretaban religiosamente unas junto a otras detrás del mostrador. El «Kings of Munster» no podía fallarle al principal cliente que tenía. Un bar irlandés de la calle Horatio nunca se quedaría sin «Guinness».
Silver necesitaba veinte tragos. Solía entrar dando tumbos en el «Kings of Munster», agotado a causa de las tribulaciones que le ocasionaba la sinagoga. El barman siempre le tenía una copa preparada después de las oraciones de la tarde. A Patrick le tocaba la tarea de reunir un minyan (un quórum de diez judíos honrados) para su sinagoga. Patrick tenía una curiosa forma de captar judíos. Solía apostarse en los escalones exteriores de la sinagoga y piarles a los viandantes, ya fueran niños, hombres o muchachos.
-¿Es usted judío, caballero?
Si uno vacilaba aunque sólo fuera un segundo, estaba perdido. Patrick le echaba mano desde las escaleras, lo agarraba por un brazo y lo metía dentro a empujones. Era capaz de transportar de esta guisa a dos hombres o tres muchachos en un solo viaje. El hecho de tener allí a Jerónimo se lo ponía todo más fácil. Le clavaba a el Nene en la cabeza un chal de oración y lo incluía en el minyan. Los aullidos de Jerónimo echaban a perder la música zumbona del minyan. Si le faltaba un judío, Patrick tenía un libro de plegarias. Lo envolvía en las orlas del chal, pronunciaba una bendición y el libro de oraciones se transformaba en el décimo hombre de Patrick.
Pero la tensión de tantos minyans estaba empezando a afectar a Patrick, que tenía que ocuparse de la sinagoga y de el Nene. Así que se sentaba en su taburete preferido en el «Kings of Munster», lejos de la ventana y de aquella mierda de perro de la calle Horatio que viajaba tan de prisa en julio; resultaba peligroso para un irlandés estar en la calle.
-Dios lo bendiga -le dijo a Sam el barman antes de beber de la jarra.
Silver mimaba las botellas. No le salía el bigote de «Guinness» hasta que le servían la quinta botella. El «Kings of Munster» no era un bar para tragones. Patrick le daba muerdecitos a la cerveza, recogiendo la espuma amarga con la lengua. Aborrecía la cerveza americana, un agua rubia como orines que habría podido estar elaborada en una paja de hacer pompas. Silver se había criado con «Guinness», había nacido con una botella negra en la boca. Su papá, que fabricaba lápices en Limerick hasta que un cura loco echó de allí a todos los judíos, lo llevó al «Kings of Munster» cuando Patrick tenía un mes de edad y lo sentó sobre la barra. Patrick aprendió a gatear de aquella guisa, sobre una plancha de metal toda llena de bultos que estaba galvanizada a base de whiskey y cerveza de Dublín. No tenía que meter la nariz a escondidas en la jarra de algún caballero. Lamía la «Guinness», animada con un ligero gusto a cinc, directamente de la barra.
Cuando iba por la decimosegunda botella Patrick ya tenía bigotes en tres lados de la cara. Empezó a canturrear las canciones que le había enseñado su padre acerca de las brujas, gigantes y sapos de Limerick, y de la quema de la calle Wolfe Tone. Bien remojado en el interior de la cabeza, con la «Guinnes» saliéndole por las orejas, vislumbró un perverso «Chrysler» que pasó tres veces por delante de la ventana del «Kings of Munster». Patrick se escupió en la mano a fin de espantar a cualquier ángel vengador que pudiera andar revoloteando cerca de la calle Horatio. Conocía muy bien al dueño de aquel coche y a su principal pasajero. Le dijo adiós a Sammy, recogió los britches y salió cojeando del bar.
Era peligroso cruzar solo y en calcetines la esquina de la plaza Abingdon. Pero a Patrick le resultaba imposible llevar zapatos. Sentir aquellos pedazos de cuero en los pies le producía unas ampollas atroces. Cuando era policía había estado a merced de sus superiores. El Comisionado de Policía no permitía detectives descalzos cerca de su despacho. Patrick tuvo que rellenar con bolas de algodón todos los zapatos que tenía en el armario. Se pasó trece años caminando sobre algodones y aullando a causa de las múltiples ampollas que se vio obligado a soportar. Los médicos del hospital «Bellevue» nunca se habían encontrado con un detective de pies tan sensibles. Patrick esquivaba a los podólogos y a sus charlas acerca de los poderes milagrosos de los pies. Tenía que andar a saltos, muerto de dolor, cada vez que intentaba dar caza a un ladrón.
Ahora Patrick se andaba con mucho ojo para no pisar mierda de perro. Fue haciendo repetidas reverencias al acercarse a los bancos del parque de la plaza Abingdon, receloso de las zonas verdes que había entre una farola y otra. Por la noche Patrick se volvía un poco corto de vista. No se percató de la presencia en el parque de aquella cabeza más bien calva hasta que ésta le siseó.
-Ven aquí, Silver.
Patrick lanzó un gemido.
-Ya sabía yo que era usted el que iba en el coche del Primer Adjunto. ¿Por qué cojones me está siguiendo?
El hombre del banco era Isaac, Isaac el Bravo, que se había dejado los mofletes en el Bronx. Y también la mayor parte de la guapura. Tenía unas arrugas en la frente que no desaparecían ni en la oscuridad. La mandíbula se asentaba torcida sobre los ejes del cuello. Algún Guzmann debía de haberle hundido los dientes a Isaac de una bofetada.
CAPITULO III
Isaac el Bravo se bebió el trago de aceite de ricino y entró en el retrete. Formaba parte de la rutina de los miércoles por la mañana. El retrete pertenecía al «Hospital Presbiteriano». Isaac tenía que donar especímenes al laboratorio de enfermedades tropicales. Los médicos le examinaban la cámara una vez a la semana. El Jefe tenía un gusano en las tripas, un gusano malévolo e inteligente de tres metros y medio de largo, todo lleno de ganchos y ventosas.
El gusano de Isaac era el premio de las enfermedades tropicales. Los médicos y los técnicos no recordaban otro gusano que hubiese medrado de una manera tan espectacular dentro de un hombre. Le inyectaban tintes a Isaac para hacerle fluoroscopias al gusano.
-¿ Seguro que no ha pasado usted una temporada en Sudamérica, inspector Sidel? Ya no estamos en mil novecientos cinco. Ahora nadie se coge una tenia en Manhattan sólo por comer carne de cerdo.
El Jefe ya empezaba a cogerles miedo a aquellos paseos hasta el retrete. Salía del hospital debilitado a causa del aceite de ricino. Pero no tenía que arrastrarse hasta el Cuartel General como un oso herido. El chófer le llevaría hasta el centro de la ciudad.

El detective sargento Brodsky le estaba esperando a la puerta del hospital junto al enorme «Chrysler» de Isaac. Brodsky no podía acoger con calor el nuevo aspecto del Jefe. Isaac había entrado en el Bronx con patillas rizadas. Y había salido con cenizas en la nariz y los tir:antes marroquíes hechos una ruina; tenían los broches metálicos incrustados bajo capas de chocolate blanco. Los dientes se le habían puesto marrones al Jefe. El pelo había adquirido ese mismo tacto desordenado que las plumas arrancadas de un pollo. El Jefe se había vuelto todo gris. Seis Guzmann en una tienda de dulces habían conseguido absorberle el seso. Aquello no había sido de ninguna manera un pequeño invierno para Isaac. Papa Guzmann no toleraba hibernaciones en la calle Boston.
extractos de las pp.31-40
http://jeromecharyn.com/

miércoles, diciembre 30, 2009

THC envuelve con su humo rosa a El Chongo de Roa Bastos!!!


Buenos Días, Medianoche: Jean Rhys

Pensando en mis empleos ...
Tuve uno en una tienda llamada Inglaterra Joven.
X más ZBW. Eso significaba 68 francos con 60. Luego otro jeroglífico -XQl5tn- quería decir otra cosa, 112 francos con 75. Se vendía trajecitos de marinero para niños, y trajes Norfolk para caballeros ... Bueno, de allí me echaron a la semana, y muy contenta que me puse.
Luego, ese otro empleo, como guía. De pie en el medio de la Place de l'Opéra, perdiendo la cabeza y sin saber cómo llegar a la Rue de la Paix. Norte, sur, este, oeste, no tienen sentido para mí. La dama regordeta y plácida y su hija, levemente menos plácida, quieren pa­ear. Quieren pasear bajo el hermoso sol de París, ir caminando hasta la Rue de la Paix.
Me sobrepongo y llegamos a la Rue de la Paix. Va­mos a las tiendas francoinglesas y a las francofrancesas. Luego dicen que quieren almorzar. Las llevo a un restau­rante en la Place de la Madeleine. Son enormemente ri­cas, estas dos, madre e hija. Ambas son muy ricas y muy tristes. No pueden imaginarse lo que es ser feliz, ni siquie­ra estar alegre. Ni la madre ni la hija ...
En el restaurante el camarero sugiere panqueques con salsa de ron de postre. Son abstemias absolutas, pero absorben con avidez la salsa de ron. Nunca he visto a na­die cambiar de humor con tanta rapidez como la madre después de repetir el postre.
- ¡Qué salsa deliciosa! -Repiten por segunda vez.
Les bailan los ojos, Los ojos de la hija dicen "Por cierto, por cierto": los de la madre, "Quizá, quizá".
-Es extraño lo triste que puede ser el sol en la tarde, ¿no le parece?
-Sí -digo yo-, Puede ser triste.
Pero el humor dulcificado no dura.
Toma café y un vaso de agua y vuelve a la norma­lidad.
Ahora quiere que la lleve a la exposición de mate­riales de Loie Fuller, y quiere que la lleve a ese lugar don­de venden cámaras alemanas que no pueden conseguirse en ninguna otra parte fuera de Alemania, y quiere que la lleve a un lugar donde pueda comprarse un sombrero que llegará a épater a todos quienes conoce pero que sea fácil de usar, y además de todo esto quiere que la lleve a una exposición de cuadros. Pero no recuerda el nombre del artista y no está segura de dónde queda la exposición. Sin embargo, sabe que reconocerá el nombre cuando lo oiga.
Hago la prueba. Pregunto a mozos, a señoras viejas en los baños, a chicas en las tiendas. Todos responden. Hay una masonería entre los que viven de los ricos. Lo­gro complacerla en todo, excepto, tal vez, en el sombrero.
Pero me caló. Sólo me dio veinte francos de propi­na y nunca me volvieron a llamar de American Express para actuar de guía. Fue mi primer y último empleo allí.
Hago todo lo posible, pero nunca los engaño. Los pasillos nunca llevan a ninguna parte, las puertas siempre están cerradas. Lo sé, ..

Me pongo a pensar en el vestido negro. Lo ansío de­sesperadamente, furiosamente. Si lo tuviera, todo sería diferente. Y ¿si le pido a fulana de tal que le pida a fulana de tal que le pida a madame Penan que me lo guarde? Conseguiré el dinero. Lo conseguiré.
Camino a la noche con las casas oscuras encima, co­mo monstruos. Cuando se tiene dinero y amigos, las ca­sas son sólo casas, con escalones y puerta de entrada, ca­sas amistosas cuyas puertas se abren y sale alguien a reci­birla a una, con una sonrisa. Si una es segura de sí y tiene raíces fuertes, lo saben. Se hacen hacia atrás respetuosa­mente, esperando al pobre diablo sin amigos y sin dinero. Entonces se le echan encima, las casas que aguardan, lis­tas para objetar y aplastar. No hay puertas hospitalarias, ni ventanas iluminadas,, nada má que una torva oscuridad. Casas que expresan desagrado, que miran de soslayo y ríen despectivamente, una tras otra. Altos cubos de oscuridad, con dos ojos iluminados allá arriba, que se burlan. Y saben ante quién fruncir el ceño. Lo saben tan bien como el policía de la esquina, no te preocupes...
Caminando de noche. De regreso al hotel. Siempre el mismo hotel. Se aprieta el botón. Se abre la puerta, Una sube la escalera. Siempre la misma escalera, siempre el mismo cuarto...
extractos de pp. 33-35

lunes, diciembre 28, 2009

La Vida Sexual de Immanuel Kant: Jean-Baptiste Botul

PRESENTACIÓN DE LA EDICIÓN FRANCESA (1)
El texto que por vez primera se presenta al público francés forma parte de las últimas obras de Jean-Baptiste Botul, del periodo posterior a 1937 del que tan poco se sabe.
Se trata de un ciclo de cinco conferencias que J.B. Botul pronunció en Paraguay en mayo de 1946, probablemente entre el día 10 y el día 15, un año antes de su muerte. Las circunstancias de este acontecimiento pueden calificarse como extraordinarias, pues el público de Botul estaba compuesto en su totalidad por emigrados alemanes que habían fundado una colonia llamada Nueva Königsberg; admiradores de Kant que vivían a la manera del filosofo de Königsberg. En su mayoría provenían de esta ciudad, de la que habían huido en mayo de 1945 bajo un diluvio de fuego cuando el Ejército Rojo conquistara la capital de la antigua Prusia Oriental para fundar Kaliningrado. Tras un periplo, a la par trágico y rocambolesco, del que puede lamentarse que no haya suscitado el interés de ningún historiador, un centenar de estas familias halló refugio en Paraguay, fundando la colonia siglo y medio después de la muerte del filósofo. De acuerdo con los testimonios de los raros visitantes de Nueva Königsberg, aquellos alemanes se vestían como Kant, comían y dormían como él y, cada mediodía, repetían su legendaria caminata por un decorado levantado para evocar las calles de Königsberg. Fue, posiblemente, durante su estancia en Argentina cuando Botul tuvo noticia de esta comunidad trascendental(2). Se desconoce cómo fueran acogidas las revelaciones de Botul en lo concerniente a la vida sexual de Kant entre estos curiosos emigrados a los que, en ocasiones, se ha llegado a calificar de integristas kantianos.
¿Pudo Botul concluir su ciclo de conferencias? El tema resultaba crucial para la supervivencia de Nueva Königsberg. Para decirlo sencillamente: si Kant hubiera vivido en la más absoluta castidad, toda comunidad neokantiana que hubiera decidido imponerse tal regla de abstinencia, se habría encontrado condenada a la desaparición por extinción natural. Por otra parte, si el conferenciante revelaba la existencia de una vida sexual kantiana, podría empañar la leyenda dorada del maestro y verse acusado de revisionismo. Botul aceptó con valentía enfrentarse a semejante dilema. Al margen de su eventual auditorio, su mayor preocupación se centraba en Francia y, más concretamente, en la Sorbona. y no sin motivo. Los pocos universitarios que tuvieron acceso al texto no disimularon su sorpresa y su desaprobación. Así, Victor Delbos, profesor de la Sorbona y reputado especialista en Kant, decidió romper toda relación con su antiguo alumno, al que acusó en una misiva de ensuciar la reputación de uno de los más grandes genios de la humanidad.
Es verdad que, por aquel entonces, el neokantismo no sólo estaba muy extendido, sino que incluso dominaba en la Sorbona. Ni marxismo ni existencialismo ni Heidegger ni el psicoanálisis disfrutaban aún de derecho de ciudadanía en la facultad de Filosofia. Kant proporcionaba una estructura ideal de pensamiento, un punto de convergencia para las distintas tendencias del racionalismo republicano y laico. He puesto mi mano sobre un gigante del pensamiento que, al desequilibrarse, me ha aplastado bajo sus pies, se lamentaba Botul a su amigo Fernande B. en una carta, en la que, para convencerle de la importancia de sus investigaciones añadía: Para mí, la vida sexual de Kant es uno de los grandes interrogantes de la metafísica occidental(3). A idéntico corresponsal confiaría años más tarde cómo la sexualidad de Kant es la vía directa que conduce al conocimiento del kantismo y que tal aproximación le había permitido leer la Crítica de la razón pura como drama y autobiografía. Hay que lamentar que la Universidad no haya hecho mucho caso de esta novedosa lectura que revoluciona nuestra visión del kantismo, relegando a Botul a un silencio indigno que es tiempo ya de romper. Pero ésa es otra historia que se refiere a la supresión del botulismo de la filosofía contemporánea.(4)
Es hora ya de dejar al lector este texto perturbador. La capacidad de análisis y la audacia teórica de Botul se manifiestan aquí en toda su genialidad. Creían los Antiguos, que las personalidades más importantes quedaban inmortalizadas en forma de astro para brillar eternamente. Gracias a Botul puede decirse lo mismo del filósofo de Königsberg, con la salvedad de que, tras la lectura de esta Vida sexual, hay que imaginar al astro kantiano no tanto con el aspecto de un sol, sino con el de un angustioso agujero negro.

Frédéric Pagès

1) Esta Presentación, a cargo de Frédéric Pagès, encabeza la edicón francesa del texto, publicada en 2001 por las Editions Mille et une Nuits. (N.T.)
2) Acerca de su periodo argentino véase F Pagés. Sur un fragmem peu connu de J.-B. Botul. Édition Pluriel, 1998. Sobre la vida de Jean-Bapriste Borul, consultar los elementos biográficos
3)Carta del primero de mayo de 1932.
4) El botulismo --en sentdo filosófico-- ha tenido que sufrir dura me mucho tiempo la homonimia con el botulismo --en sentido médico-- grave afección provocada por el germen botulus (en latín, botulus, morcilla) presente en los embutidos en mal estado.

domingo, diciembre 27, 2009

Microbios: Diego Vecchio

El hombre del tabaco
Un tribunal de Edmonton, en la provincia de Alberta, Canadá, declaró culpable a la Southern Tobacco Company de los cargos imputados por Joshua Lynn, a quien deberá indemnizar con dos millones de dólares. Esta sentencia sienta un precedente sin igual en la historia penal de la literatura, dando esperanzas a miles de escritores fumadores. Joshua Lynn acusó a la fábrica de tabaco de haber provocado daños y perjuicios no solo a su aparato respiratorio sino también y fundamentalmente a su salud artística.
¿La prueba?
Joshua Lynn fue uno de los escritores más célebres de su generación, gracias a un cuento intitulado "Eva", publicado en la mítica Astounding Mysteries Magazine, a la edad de diecinueve años, cuando era un estudiante de historia de la universidad de Edmonton.
Joshua Lynn escribió el cuento de un tirón, en una noche de insomnio. Por la mañana, en vez de arrojarlo al tacho de basura, siguiendo los consejos de su novia, lo envió por correo a su revista favorita de ciencia ficción. El comité de redacción lo publicó en el número siguiente, sin vacilar.
Se trataba de una vieja idea, pero muy bien explotada, con una vuelta de tuerca que la volvía increíblemente nueva: la máquina para viajar al futuro, inventada por el doctor Curtis, pero que en vez de viajar al futuro, viajaba al pasado o más exactamente a un pasado modificado, por sustracción, división, multiplicación o adición de sus acontecimientos más significativos. Para Joshua Lynn, el tiempo era curvo y la historia no era más que repetición: repetición de una mínima divergencia que hacía que todo el resto fuera diferencia.
En su primera travesía, Timothy Curtis viaja al año 2061 de nuestra era. En vez de ser testigo de una invasión extraterrestre, se encuentra con Adán durmiendo profundamente en el jardín del Edén, como la primera vez. Pero no es la primera vez. El universo acaba de sucumbir en medio de una guerra intergaláctica y a Dios no le ha quedado más remedio que volver a comenzar de cero.
Como si nada hubiera pasado, al primer día distingue la luz y la oscuridad. Al segundo, separa el cielo y la tierra. Al tercero, cubre la tierra con plantas. Y así sucesivamente, hasta que al sexto día, cuando ya no hay brumas y los colores del prisma son puros, no por refinamiento del arte, sino porque la luz muestra las cosas tal como son, Dios crea al hombre, a imagen y semejanza suya. Y también a la mujer.
En vez de sacarle a Adán una costilla, Dios le arranca una uña. Este ínfimo detalle cambia radicalmente el curso de los hechos. En esta segunda versión de la historia de la humanidad, Eva no es una criatura de carne y hueso, propensa a las tentaciones, sino un ser de materia córnea y semi-transparente, con las vísceras a la vista, que no deja de crecer varios milímetros por día.
El problema del primer hombre y de la primera mujer ya no es el pecado original. sino un puro problema material: el problema de la forma. Hay que evitar que Eva pierda la forma. Armado con unas toscas herramientas, Adán se la pasa día y noche. limándole los contornos. El primer hombre no es ni guerrero ni cazador ni agricultor sino manicuro.. La tarea es, como pueden imaginarse. sumamente ingrata. Basta con equivocarse un milímetro para que Eva empiece a crecer en cualquier dirección, transformándose al cabo de un tiempo en cualquier cosa: una gallina de Guinea, un baobab o una locomotora con pijama. Para resolver semejante dificultad, Timothy Curtis le hace descubrir a Adán los beneficios de la tijera y el alicate: el cristianismo se vuelve un hecho históricamente innecesario.
La revista recibió una avalancha de cartas de lectores. "Es el cuento más original y divertido de los últimos tiempos", escribió Burt F. de Athabasca. "Simplemente inolvidable" afirmó Samantha K. de Yorkton. "Hasta el malhumorado Dios del Antiguo Testamento se hubiera reído con una carcajada que hubiera hecho temblar el Universo", aseguró el reverendo O. de Labrador City.
Era indudable: había nacido un nuevo talento.
Gracias a Joshua Lynn, la Astounding Mysteries Magazine agotó su tirada de cinco mil ejemplares. El comité de redacción decidió contratar a Joshua Lynn como colaborador permanente, pagándole una fortuna. Abandonando a su novia y a su Edmonton natal, Joshua Lynn se instaló en Toronto. De la noche a la mañana, se había convertido en una celebridad.
Este éxito rotundo le impuso a Joshua Lynn ciertas obligaciones, como por ejemplo, una vida mundana. Y esta vida mundana le impuso, a su vez, otras obligaciones, como por ejemplo, el imperativo de fumar. El tabaco le daba una pose. ¿Acaso qué era, en aquella época, para nosotros afortunadamente lejana, el retrato de un hombr.e de letras sin un cigarrillo, un habano o una pipa entre los labios, ligeramente de costado, en frágil equilibrio?
Sin ser consciente del peligro a que se exponía, Joshua Lynn empezó a fumar. Primero diez, luego veinte y, muy pronto, treinta cigarrillos por día: cigarrillos armados con un delicioso tabaco de Virginia, color ámbar. Lo que no dejó de afectar, como era lógico, a su prosa. Cuando el comité de redacción de la revista le encargó un segundo relato, Joshua Lynn se puso a escribir una novela de anticipación, que apareció en veinte entregas semanales, retornando al mismo personaje: el doctor Curtis. A imagen y semejanza de su autor, el doctor Curtis era un personaje fumador, que consumía un promedio de cinco pipas por episodio. La nicotina es una adicción poderosa. Dejar de fumar resulta a veces muy difícil.
En esta primera novela. Timothy Curtis viaja al año 4443 de nuestra era. al antiguo Egipto. el día de la ascensión al trono de Akenatón. Mientras arma una de sus pipas. a Timothy Curtis se le cae por descuido una hebra de tabaco holandés cerca de las orillas del Nilo. Unos días más tarde, aparece una planta de aspecto fétido y repugnante, hasta entonces desconocida por los egipcios: la Nicotiana Tabacum. Un tiempo más tarde. siguiendo el ejemplo de Timothy Curtis. Akenatón y su esposa Nefertiti se ponen a fumar tabaco de hebra larga. sin prensar.
En vez de expulsar a los dioses del Antiguo Egipto, difundiendo la herejía de Amón, dios del sol, Akenatón impone a su pueblo el consumo de cigarrillos. Este nuevo vicio produce una verdadera revolución política, económica, social, teológica y artística. En vez de afanarse en la construcción de pirámides, que serán la admiración de Heródoto, Napoleón y Hegel, los egipcios se ponen a construir fábricas tabacaleras. Las tumbas de los faraones están repletas, no de tesoros. sino de habanos. ¿Acaso un habano no es una momia de tabaco?
Nuevamente la revista recibió una avalancha de cartas de lectores. "El retrato de Nefertiti, con un cigarro entre los labios, me parece diez veces más hermoso que el busto que vi este último verano en el Agyptisches Museum de Berlín" aseguró Ralph R.. de Prince Albert. "Extraordinaria. Aún tengo la carne de gallina" escribió Chloé K. de Vancouver. "Simplemente estupenda", afirmó Andrew V. de Winisk.
Un editor se interesó en la publicación de Akenatón. Pero Joshua Lynn prefirió el formato pulp. Además de tener una relación más íntima con los lectores, ganaba quince veces más. Gracias a las aventuras de Timothy Curtis, la revista lograba vender más de diez mil ejemplares por número, lo que por aquel entonces era una cifra exorbitante. A Joshua Lynn le correspondía el 30% de las ganancias. Si hubiera pasado por un editor, hubiera ganado un famélico 10%.
Apuesto, célebre y fumador, Joshua Lynn se volvió también rico y contrajo nupcias con una millonaria, también bella y elegantemente fumadora, que aspiraba veinte cigarrillos por día, a través de una boquilla de platino.
Reconfortado por el éxito social, sentimental y profesional, Joshua Lynn se puso a escribir una segunda novela, retornando un argumento que ya era un clásico. Timothy Curtis viaja a la Roma imperial del año 6298, llevando consigo algunas armas de fuego que le permitirán al imperio romano resistir a las invasiones bárbaras. Su objetivo es evitar la caída del imperio romano de Occidente y los siglos de interminables tinieblas que le suceden.
Ahora bien, cuando llega a Roma, se encuentra con una ciudad envuelta en una niebla espesa, a pesar de ser pleno verano. No se trata de un fenómeno meteorológico excepcional, sino de un cambio fundamental en las costumbres de la humanidad en virtud de la modificación introducida en el Antiguo Egipto de su novela anterior. Bajo la influencia de los egipcios, todas las civilizaciones de la cuenca mediterránea se han puesto a fumar. Tan prácticos en todo, los romanos han sabido aprovechar al máximo los beneficios del tabaco.
En vez de un imperio exangüe y dividido, gobernado por Rómulo Augústulo, el último y patético emperador, un pueblo embrutecido por el circo y las costumbres licenciosas, un ejército indisciplinado y mal pagado. Timothy Curtis tiene el agrado de descubrir, caminando por la calle, el Coliseo restaurado, transformado en un gran cenicero, lleno de colillas. Gracias al tabaco, Roma puede soportar las invasiones bárbaras, de manera mucho más relajada, disfrutando plenamente de cada uno de sus instantes.
Una nueva avalancha de cartas de felicitación y admiración invadió el buzón de la Astounding Mysteries Magazine. Pero entre estos cientos de cartas, llegó una cuyo remitente era un tal Cliff Clayton, médico de Prince George, Columbia Británica. La redacción de la revista la publicó. para lanzar una polémica que supuestamente haría aumentar el número de ventas, sin medir las consecuencias. Basta con un hecho insignificante para derribar un imperio o un autor en la cima de la celebridad.
El doctor Clayton pedía que lo dieran de baja inmediatamente como suscriptor. Estaba indignado de que su revista preferida publicara semejante porquería, haciendo la publicidad de un veneno. En realidad. lo que más le molestaba al doctor Clayton era que Joshua Lynn hubiera cometido un error imperdonable en materia histórico-científica. Si la humanidad hubiera comenzado a fumar en la Antiguedad, se hubiera extinguido irremediablemente antes de llegar a la Edad Media. Según recientes estudios epidemiológicos, los fumadores suelen padecer cien veces más de bronquitis, neumonías, insuficiencia cardíaca, hipertensión arterial, úlcera, impotencia, abortos que los no fumadores. Y esto no es lo peor. Está demostrado que el consumo de tabaco aumenta considerablemente el riesgo de cáncer de pulmón, esófago, faringe, laringe, úvula. Incluso de estómago, duodeno, vejiga. Expuesta a tantos achaques, ninguna civilización de la Antiguedad, por avanzados que estuvieran sus conocimientos médicos gracias al embalsamamiento, podría haber llegado a subsistir más de dos siglos.
Al número siguiente, la revista perdió la mitad de sus lectores. Como esta pérdida provocó a la revista serias dificultades financieras. el director decidió prescindir de los servicios de Joshua Lynn. En su lugar. contrataron a un joven talentoso, sí, pero esencialmente no fumador, que escribía una ciencia ficción sin aditivos ni estimulantes. La mujer de Joshua Lynn dejo de fumar y pidió el divorcio.
Joshua Lynn no se dio por vencido e intentó ganar al público perdido. escribiendo una nueva novela. Y también intentó calmar un catarro que no lo dejaba en paz ni de noche ni de día, con unas pastillas mentoladas. El cigarrillo contiene sustancias irritantes que destruyen las cilias bronquiales cuya función es remover el polvo del aire aspirado. Sin cilias bronquiales, los pulmones se van cubriendo de hollín y alquitrán, como una chimenea. Quien fuma un paquete de cigarrillos por día inhala unos 840 cm3 de alquitrán por año. Para dejar de toser, simplemente tendría que haber dejado de fumar. Pero no fue el caso. A veces lo más simple es lo más complicado. La nicotina es una adicción poderosa. Dejar de fumar resulta a veces muy difícil. No dude en buscar ayuda y pedir consejo a un especialista.
Joshua Lynn puso el tabaco en su lugar, esto es, en las mesetas de América Central e hizo viajar a Timothy Curtis a la España de los Reyes Católicos del año 7355. Su objetivo es impedir que Colón descubra América. Sin descubrimiento de América, no habrá descubrimiento del tabaco y sin descubrimiento del tabaco en los comienzos de esta segunda Edad Moderna, no habrá contagio de una costumbre tan mortífera.
Timothy Curtis se embarca en una de las tres carabelas como timonel. Ahora bien, cuando las embarcaciones se alejan unas cuantas millas de las islas Canarias y se encuentran en medio del Atlántico, Timothy Curtis cambia abruptamente de rumbo, virando a estribor unos 90ª En vez de llegar a una isla tropical, la expedición de Colón encalla en una isla ártica, a la que bautizan Groenlandia. En vez de indios fumadores, Rodriga de Jerez y Luís de la Torre encuentran géiseres. Profundamente decepcionada por el aspecto inhóspito de la tierra que acaban de descubrir, la tripulación le pide a Colón que dé marcha atrás. El Almirante intenta convencer a sus hombres de que sigan adelante, puesto que pronto descubrirán unas islas muy fértiles, con ríos cristalinos y árboles altos y floridos, con frutos deliciosos y refrescantes y ruiseñores saltando y trinando de rama en rama que es una maravilla de ver y de oír. Pero este discurso, pronunciado en medio de una tormenta de nieve no resulta nada convincente. A Colón no le queda más remedio que aceptar el retorno a Europa con las manos vacías. Este fracaso mina su estado anímico. Profundamente deprimido, el Almirante se suicida. Su cuerpo es arrojado al Atlántico y desaparece, devorado por los tiburones.
Joshua Lynn envió el manuscrito a varias revistas. Pero ningún comité de redacción quiso publicar semejante historia. Le dijeron: "De nada sirven las buenas intenciones si no van acompañadas de buenas acciones". En lugar de seguir escribiendo, hubiera sido mejor que dejara de fumar definitivamente.
Sin darse por vencido, mandó el manuscrito a varias editoriales. Aunque reconocían en esta novela su talento inconfundible, le dijeron que no era posible publicarlo. En cada página y en cada línea, había un pestilencial aliento a tabaco, mal disimulado. Los lectores no podrían dejar de sentirse un solo instante pingüinos, chapoteando en un pantano de alquitrán. Seguramente algún personaje fumaba a escondidas.
Su carrera estaba arruinada. definitivamente arruinada. Así fue como aquel que, a los diecinueve años, con su primer cuento, había alcanzado la cima de la celebridad, algunos años después, sin haber llegado a los cuarenta, se había transformado en una colilla de piel y huesos. A Joshua Lynn, no le quedó más remedio que abrir fuego contra la fábrica de tabaco que durante tantos años le había estado administrando su dosis de veneno.
Incitado por su abogado defensor, intentó dejar de fumar de una vez por todas y para siempre, utilizando el parche de nicotina, que ha dado resultados positivos en más del 65% de los casos.Pero el parche no dio los resultados esperados. La nicotina es una adicción poderosa. Dejar de fumar resulta a veces muy difícil. No dude en buscar ayuda y pedir consejo a un especialista.
Beba muchos líquidos. en especial agua. Tome té y jugos de fruta, limitando el consumo de café y alcohol, que pueden aumentar su deseo de fumar. Evite el azúcar y las comidas ricas en calorías. Muchos fumadores temen engordar al dejar el cigarrillo. Esto puede ocurrir. Pero tenga en cuenta que la obesidad es mucho menos cancerígena que la adicción a la nicotina .
Para evitar el sobrepeso, haga ejercicios regularmente. Camine, corra, riegue el jardín. Dedíquese a los trabajos manuales, como bordar, escribir cartas. resolver crucigramas, lavar el automóvil. Mantenga a mano algunos sustitutos morfológicos o psicológicos del cigarrillo, como zanahorias, tallos de apio, semillas de girasol, uvas secas, goma de mascar sin azúcar.
Si hay una recaída. no se desaliente.
extractos de las pp.29-40