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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, noviembre 30, 2009

De a poko ñandereja'ohovo hina los nacidos en los años 20! Pavic, snif

Serbian literary figure, novelist and a member of Serbian Academy of Sciences and Arts, Milorad Pavic, has died at the age of 80 on Monday from heart failure. “When we read, it is not ours to absorb all that is written. Our thoughts are jealous and they constantly blank out the thoughts of others, for there is not room enough in us for two scents at one time,” said Milorad Pavic who was one of the most eloquent and poignant writers of the 20th century. The 80-year-old Pavic died on Monday from heart failure at the age of 80, according to Ria Novosti. Pavic’s most famous book was published in 1984 called “The Dictionary of the Khazars.” His narrative form books have been translated into several different languages. Pavic spoke Russian, German, French and several ancient languages. He even translated the works of Alexander Pushkin and Lord Byron into Serbian. Radio Srbija notes that Pavic was a professor at the Faculty of Philosophy in Novi Sad. He has also been nominated for the Nobel Prize in Literature by Brazilian, American and European experts.

“Imagínese que dos hombres tengan cogido a un puma con dos cuerdas. Si quieren acercarse uno al otro, el puma atacará, pues los lazos se aflojan: sólo si los dos tiran al mismo tiempo, el puma quedará a la misma distancia de uno y de otro. Este es el motivo por el que el que lee y el que escribe difícilmente se acercan: entre los dos, capturado, está el pensamiento en común, atado con cuerdas que tiran en direcciones opuestas. Si ahora le preguntásemos al puma, es decir al pensamiento, cómo ve a estos dos hombres, podría responder que los seres comestibles están tirando con las cuerdas de algo que ellos no pueden comer…”
Lo scrittore serbo, poeta, professore universitario, traduttore, Milorad PAVIĆ ha finito la sua vita, come a volte capita ai levrieri russi in piena corsa nelle immense steppe - stroncato dall'infarto. Nel caso di PAVIĆ, quelle steppe erano i sogni dai quali lui ricamava le parole.
Scrisse il Dizionario dei Chazari, il Paesaggio dipinto con il te', il Lato interiore del vento e molti altri sogni diventati romanzi, racconti o poesie. Non usava le parole come le usiamo noi. A volte sembrava impossibile che la lingua potesse avere quella forza, quei colori, suoni e profumi. "Lui pensa come noi sognamo", dicevano i critici. I suoi modi di dire a volte davano le carezze, sapevano curare e guarire le nostre parole personali, ferite dalla vita, cambiate o dimenticate sotto i strati del tempo mai vissuto. Ora chi curerà queste nostre parole sopravvissute alla realtà che non sa più sognare? Ci siamo conosciuti tantissimi anni fa attraverso i levrieri russi, condividendo così un incantesimo e un amicizia. A casa sua, un giorno, con la felice partecipazione dei suoi famigliari e delle due femmine di borzoi, tra le varie edizioni dei suoi libri pubblicati in tutto il mondo, mi raccontò che il Dizionario dei Chazari, prima di essere pubblicato, rimase sette anni chiuso nel casetto di un editore statale! Questa storia ci conferma che gli uomini non possono ingannare il Destino. vedo che abbraccia le sue amate borzoi, quelle che hanno visto nascere il Dizionario dei Chazari, e si allontana... mentre nell'aria volteggiano i suoni del violino di un vecchio zigano, che solo per lui suona per l'ultima volta dal Petrovaradin...
La dedica sul libro dice: "A cara Valerija tutti i nostri levrieri come sul palmo..."
Last Updated ( Monday, 30 November 2009 )
DICIONÁRIO KAZAR
"O autor actual deste livro garante que o leitor não será condenado a morrer depois de o ter lido, como foi o destino dos seus predecessores, em 1691, quando o Dicionário Khazar ainda estava na sua primeira edição e quando o seu autor ainda vivia. A propósito dessa 1ª edicão é necessário fornecer algumas informações, mas, a fim de não se estender inutilmente, o lexicógrafo propõe um acordo ao leitor: ele escreverá as suas observações antes do jantar; o leitor lê-las-á depois das refeições. Assim, a fome impulsionará o escritor a ser breve e o leitor, saciado, não achará a introdução demasiado longa."
O Dicionário Khazar conta três versões da conversão do [Khazar]: a versão cristã, a versão islâmica e a versão judaica. É um romance em forma de dicionário. O livro é composto por três dicionários em que algumas das entradas são repetidas e por vezes podem contradizer-se entre si. O livro vem em duas versões, uma versão masculina e uma versão feminina. Segundo o livro, os [Khazar] habitaram uma região lá para os lados do mar negro e foram exterminados no século IX. Pouco antes desse acontecimento, o seu chefe convocou representantes das três grandes religiões das redondezas com o intuito de escolher uma."

“…y obtendrá de este diccionario, al igual que de un espejo, tanto cuanto invierta en el mismo, pues de la verdad -como se apunta en una de las páginas de este léxico- no puede obtenerse más de lo que se pone.”

domingo, noviembre 29, 2009

pdfeizando la vida: novedades, shylock, cuerpo-maquinas

http://www.fuzzylogic.com.py/jakembo/la_filosofia_del_pop_(esbozo).pdf

Novedades en la kerida sección TO DEINOTATON, alli en el último eskalón del sidebar de nuestro blog mitológiko, tienen desde hoy pdf completito de los escritos non fiction de Cristino Bogado titulados LA FILOSOFIA DEL POP: Acá les dejamos un fragmento, bon apettit!:
El fármakos capitalista ya no es definible como un cuerpo sin órganos artaudiano. Es parchado como el monstruo de Frankeinstein, pero su carne es casi robótica, maquinal. Un muñeco de níquel y gutapercha articulable, desmontable. La muerte le llega en forma del Shylock capitalista, el judío que espera la libra de carne posmoderna y no al Mesías, llega por desprendimientos sucesivos de ese cuerpo. La famosa muerte de a pocos, por pedazos, tan mentada por el imaginario gótico, aquí llega a hacerse realidad. El cuerpo-mitología urbana se va despojando de partes de su cuerpo en el montepío del Judío, la libra de carne es un artefacto, porque el montepío solo tiene piedad hacia los objetos del capitalismo, revendibles para que la gente siga practicando el colaboracionismo universal, sigan viendo tele, DVD, VHS, escuchando casetes, discos, vinilos, cedés, etc. Cuando el fármakos capitalista se ha cansado de hacer del Honesto (o la lógica escabrosa del callejeo corriendo detrás del dinero le ha demostrado de forma contundente su imposibilidad), y temeroso de sucumbir a la dignidad atroz y sin retorno del Criminal, entonces comparece en la clásica escena shakesperiana que nosotros hemos elegido para describir nuestra vivencia cotidiana: te presto plata por una libra de carne de tu cuerpo aún no magro, todavía comerciable, intercambiable, judaizable. Los objetos que llevamos a empeñar, empeñados nosotros en seguir siendo considerados parte de los normales y honestos no de los anormales y criminales, de cumplir al pie de la letra sudorosa el ideal de sujeto burgués responsable de sus deudas, son parte de nuestra historia, son nuestro cuerpo. Esa colección de vinilos de los 80 y 90 por ejemplo, tiene lágrimas del adolescente o del joven que se entusiasmó con las tonterías de su época. Ese reproductor de cedés portátil lo compramos con mi amada cuando apenas empezamos a vivir juntos, una especie de primera compra en común, y los cedés escuchados en ella ya tienen todo un sello exclusivo, único, intransferible (El mejor grupo musical de nombre chuscamente agramatical, la banda salsera colombiana Fruko y sus tesos, suena con una tristeza insufrible cuando toca su clásico “El preso”, la identificación era total). La libra que tenga mi oreja (un reproductor de cedés), mi boca (un aparato celular*), mis piernas (una bicicleta), mis ojos (un ordenador pre-LCD), mis muñecas (una cadenilla de oro de los tontos, un reloj de pulsera), etc., cada una de las partes que suman libras en la balanza judía, el Paciente por antonomasia, el siniestro Esperador, cada artefacto tecnológico es desgajado del cuerpo para ir al mismo tiempo cosiendo la del fármakos que será sacrificado finalmente con delectación gatuna sobre el altar capitalista cuando ya solo sea un corazón y un ojo (Ver el macabro cuento de Ronald Dahl). Lo fáustico es más bien cosa del pasado, de la Edad Media, pre-tecnológico. Claro, sería mejor hablar de lo mefistofélico, esa parábola de la mirada por sobre el pirú, escuálido y poco alimentado cuerpo hasta alcanzar el centro sensible de la realidad trascendente: el alma. Duró hasta el Renacimiento, cuando hasta había un alma del mundo que unía cielo y tierra aún. Lo mefistofélico se ha acotado al mundo de los santones indios, derviches y morabitos musulmanes, mendigos y clochards varios, cuyos cuerpos totalmente alejados de las relaciones de fuerzas capitalistas (ni hablar del estado de bienestar), apenas tienen su alma para alguna transacción, con ese judío negro: Mefistófeles.

*Acá podemos mecionar como ejemplo el cuento "Clonsonante", del libro epónimo de José Pérez-Reyes, (Arandurá, 2007, Asunción, Paraguay), donde literalmente al voz del protagonista es el celular, la voz keda filtrada o materializada solo a través del aparato portátil como una suerte de prótesis del mundo posmoderno. Claro, la hermenéutica en Pérez-Reyes correría por dos carriles :a) el miedo cerval y supersticioso de paises provincianos como Paraguay a lo tecnológiko, tanto es ke imagina un secuestro de la voz por la makinita diabólika, como antes -dice la leyenda ke pensaban- los indios con respecto a la camara fotografika ke les robaban el (o una de sus) alma(s).
b) hay una mirada sarcástika a las nuevas tecnologías, un escepticismo y desdén burlón del ciudadano paraguayo medio, para kien lo úniko de nuevo en toda esta historia pararä es ke intuye apenas una variación en el método de desvalijamiento de los bolsillos ya sempiternamente magros por su conditio de países "atrasados" gracias a la succión vampírika de sus tesoros llevada a cabo por ese doble de Shylock, el Desvalijador del colonialismo europeo, ke los gadgets de punta son espejitos engañabobos de la "nueva" era y nada más .

Si hay filósofos sordos y otros ciegos, ¿hay escritores musikales?

Notas sueltas, preparatorias, a “Filósofos sordos y filósofos ciegos”
Este hijo de un daimon, según Laercio, había hecho una especie de taxonomía emocional de la música. Recordemos que el creador de Sócrates había hablado de tonos que suscitaban la melancolía, de otros que hacían otro tanto con la euforia o la manía y aun de otros que provocaban estados intermedios. Bowles menciona la virtud de los tambores de ciertas tribus o sectas magrebíes que empujan al trance místico, resuelto en una operación de autolaceración inconsciente y por ende indolora. El chanterío de la musicoterapia puede ser rescatado de su estatuto peyorativo y timador a partir de aquí. Wagner mismo ha sido acusado de manipulador despiadado de los más bajos instintos. La sangre (vino) y el esperma (hostia), símbolos cristianos par excellence que atiborran sus libretos son nimiedades -que obnubilaron al ultra-racionalista de Nietzsche para tacharlo de reaccionario y procristiano- ante, por ejemplo, la tempestuosidad del comienzo o nacimiento del hombre en 2001. Odisea en el espacio (es cierto, no se trata de Wagner sino de Strauss, pero la estética es altamente parasitaria de Bayreuth, tanto como lo es el caso de John Williams en Guerra de la galaxias, especialmente cada vez que entra en escena Dark Vader).
El Cecil Taylor de César Aira, personaje del cuento homónimo, es un nuevo Zenón de Elea en su paradojal carrera, esta vez no entre la tortuga y Aquiles, sino entre el fracaso y el éxito, en clave de relectura del género autobiográfico o biográfico. El fracaso se subdivide en cada estación perceptiva, que son todos los posibles oyentes, cada uno un poco más (o menos) perceptivo y condescendiente que el anterior, y así hasta el infinito, por culpa de la broma pianística (y subversiva, viendo de quién procede, negro anteojudo para más trazas, imposible no desmontar su conato de sublevación racial) que ven y oyen los contertulios–oyentes, y el éxito siempre llega una milésima de segundo después. Si se omitiera la “broma”, es decir, la singularidad con que las manos de Cecil atacan el teclado, o, de otro modo, si tocara como lo prescribe la tradición, el éxito podría revertir la carrera paradojal y acaso el género biográfico fuera recuperado o reapropiado al fin, hegeliano-capitalistamente.
La Berlín oriental de Einstürzende Neubauten (algo así como “edificios nuevos desmoronándose”) es propicia para saltar por sobre el uso de los instrumentos normales, clásicos, occidentales. Se recurre a tambores, a desechos que arrojan la industria y la urbe y, por sobre todo, al ruido, mucho ruido, para enfrentar los acantilados de la creación musical.
Estética negativa basada en el par destrucción/creación, sin haber leído a Adorno. El “Antes de nada, estoy en contra” de Groucho. Antes de construir, destruir lo anterior, la premisa ideológica de lo bello y musical. Carcomer el orden puro de la ecuación melodía + armonía con el virus más a mano en la ciudad industrial: noise nojento, nauseabundo, excavando la silueta armónica y bien delineada de las representaciones clásicas. Por supuesto, el nivel entrópico, aquella homogenización general hacia lo feo de la que habla Perniola es correcta, pero la noisificación del suelo después de la “limpieza” llevada a cabo, o, más bien, la contaminación de lo melódico, a su vez es cariada de vuelta por dentro hasta asumir una pose musical. La homogenización del ruido ya no es tal. Sin administraciones periódicas de ácido lisérgico y parentela psicodélica incluida, el oído es el enemigo de EN. Masajear el oído en una coctelera ácida y ruidosa más que con un medio embotante lo que hace es galvanizar y expandir el espectro sonoro que puede cazar nuestro oído. Vamos cazando con pequeñas redes que son nuestros sentidos el infinito en un trabajo de Sísifo sin fin, yes, la tesis del Nietzsche de la época de Aurora es inatacable e intachable aún. Pero la red, tanto como contraerse, puede también expandirse. El giro sistólico del oído que propone el ruidismo pos-futurista de EN es una corrección epistemológica a Nietzsche. Y el mayor cazador, la voz humana, mímesis de lo animal, de las aves, verbigracia, se sobrepone a la inhumanidad primigenia y esencial de Roussolo y sus compinches futuristas. Sí, existe el humus de lo industrial: ruido de fábricas, trenes, automóviles, etc., pero la voz, fragilidad antediluviana, ilumina el desplazamiento entre las sendas perdidas de esta urbe en decadencia (desmoronándose -ese einstürzende del nombre del grupo es suficientemente sugestivo).
Nada más claro para ello que volver a oír King Ink de los Birthday Party. La voz, demonio o legión atrapado entre los tegumentos pegajosos y lovecraftianos de las guitarras que serruchan, exorciza la impotencia creativa y se deshace por un poco de goteo de tinta, fluido esencial del poeta exangüe y agonizante de vida y nulidad creadora
La pregunta es si la música es la estructura, el ensamblaje ajustado y matemático de partes musicales (como la concepción de la música sinfónica, hegelianismo musical si los hay), o la propia materia sonora misma, la realidad atomística eclosionando y chocando con otros átomos en el vacío Cagiano (aquí Leibniz y Cage chocan efectivamente, pues la ausencia de vacío mentada por el pitagórico-matemático hombre empelucado es inverosímil ante el vacío y el silencio del norteamericano); el piano preparado es único e irrepetible ciertamente, singularidad perversa y autoconfesamente original y única, aunque puede llegar a ocupar el “lugar vacío” que ocupan los timbales o un pizzicato en una obra total, sinfónica, obvio. Pero el timbre de una cinta de casete que contenga ruidos o sonidos previamente grabados, naturales o no, acelerados o retardados por la cinta sin fin, la llamada electroacústica de Stockhausen, escapa al pentagrama canónico de la música clásica. Ver la lectura de la Física aristotélica hecha por Lyotard en esta cuestión. Increíblemente, la lectura pos-sublime de M. Lyotard de la singularidad nominalística o estética de la diferencia de los timbres de la música electrónica nos retrotrae a Platón.

sábado, noviembre 28, 2009

Iluminaciones post-lanzamiento de libro

En Py cada presentación de libro es un deseki-libro ambiental, una x más plantada en su maraña sojera y anti-kultural. Pero las iluminaciones ke proporciona son del nivel sufí o de proyección cabalístika, esa suerte de balístika dentro de las ciencias okultas...
En el principio, cuando no eramos ni imaginación atroz en la cabeza disparatada de un demiurgo, estaba la Nada. El señor de las cosas inmóviles y yertas, o de las caótikas y revulsivas, como kisiérais imaginarla, pero prístina nada era SU DOMINIO Y SEÑORÍO la nada andaba por el mundo exenta de tonterías ke depois se llamarían cultura civilización humanidad pathos conchas...
Miles de años después según el cuento de hadas de la ciencia aparecemos nosotros, los problemáticos...un sandwich dentro de la nada..La nada, nosotros y again la nada...sabemos la flecha sagital del tiempo hacia donde marca: la Nada.
Esto nos lleva a dos opciones de vida, a enfrentar las ultimidades: como todo lo ke hagamos, construyamos, creemos, será polvo y ceniza y nada, sino muy pronto, lo será tarde o temprano, y volverá el señor absoluto: entonces ¿ké importa nada, ké importa lo ke hacemos, ke importa laburar, votar, cumplir ritos? Podemos volvernos rebeldes y subersivos por una fucking vez vez en la vida, apostar a ese kairós, a el gran rechazo a todo, dar el gran golpe a la vida, soltar amarras al fin, total todo es efímero, ñamanopata enterovea, no hay caso.
A como opción sería destructiva, liberadora de las ataduras de la civilización la ley y su orden estatal o politico sobre mi yo.
Mientras la opción B es moderada, ya ke nada importa, vivamos las cosas con trankilidad, paladeemos los instantes , ¡mira ya se van al pozo del inodoro de la nada!, vivamos los monentos como si fueran los últimos, pensemos en ke somos unos condenados a la pena máxima, nada, ke tenemos los días contados, nos espera la horka de la muerte, nosotros y nuestras obras desaparecerán, demorémonos entonces en lo ke nos gusta, en akello poco ke amamos sin presiones, olvidemos la gramátika, el orto de la grafía, a pepa y a pipu, a mil mildas y a la malvadas hadas, a Lugo ke no liga nunca, pensemos y concentrémonos en nosotros, lo importante, no vivamos de prestado ya, yes...una gran nada como tumba de mármol se posará sobre todos, incluso sobre los héroes y las star del hoy aparentemente eterno...coloreemos el blanco y negro esencial.
ok?
Ustedes deciden...
En paraguay
los días de libros enlo(pe)kecemos de sabiduría última!

expresiones ke no expresan sino intentan ocultar

"ella está mal" es una expresión-comodín elaborada sin dosis de eléboro alguno para consigo, una expresión ke aparentemente es agresiva, ataka, denuncia, es un dedo deíctiko no hacia el cielo como en el cuadro boludo del rafael vatikaniensis, sino al bulto humano allí enfrente de él...en la superficie de la nada ke es ...la vida...pero en el fondo sabemos ke es un conato tonto de exorcizar su propia nada, la muerte ke lo envuelve como un aura intransferible, pero no se atreve a simbolizarlo: todos nos moriremos, lokos o no.

viernes, noviembre 27, 2009

La eternidad de un perdedor

La eternidad de un perdedor
Acá sólo te permiten ser o asesino, o idiota”.
H.A.Murena
Soy un reprimido sexual. Soy un muchacho simple y natural que tiene deseos sexuales y no los puede satisfacer. Ante la simple presencia de cuerpos femeninos, ya me mareo y mi falo desobedece la lisura de las buenas costumbres y la sequedad de los bien pensantes. Soy sumiso e iluso; nunca pienso que la gente pueda ser malintencionada en su indiferencia. Algunas veces me asombran mis propias ocurrencias: me pregunto quién o quiénes satisfacen a tantas mujeres exuberantes y tropicales, a tanta nostalgia del pene, a tanta oquedad. Nunca he hecho un uso pleno de los beneficios que la ciudad civilizada ha creado para casos como el mío. A veces, la timidez voyeur del cine; más frecuentemente, el temblor sudoroso de las revistas brasileñas. Nada barriobajero, ni sórdido o bacteriológico. Ninguna corriente amarillenta ha conmovido mis sueños inquietos. Eso sí, he tenido incestos pre-orales, meras imágenes de tardes desesperadas. Mera literatura emocional y efímera. Soledad ante todo, angustia del falo solo, la angustia roja y salivosa obstaculizando nuestro hábitat, minando de vértigos la inercia cotidiana. Y lo peor es que soy de la generación pos-marcusiana, clase flower children, ola mayo del 68. Piso el humus tecnodemocrático del antibiótico y del condón. Pertenezco al tiempo en el que los patitos feos ya son dinosaurios. Tanto el diván freudiano como el susurro del confesionario me absolverían. Es decir, estoy obligado a habitar, no la ermita ni la prisión, sino algo más contundente y fatal: el silencio. Se me prohíbe el viejo refugio del grito –atravesando todo el convulso cuerpo en una penetración al revés– arrojado como un salivazo visceral.
Pero los momentos de lucidez me permiten salir a flote. Es como si el semen desbocado se desvitalizara momentáneamente, se enfriara y llegara a coagularse en luz, en pensamiento. Esta leve fisura luminosa es mi salvación. Para cuando la tormenta haya recrudecido, entonces ya me veréis al socaire de una nueva estrategia. Hoy soy un clipper travieso brincando en las calientes aguas de la UCA, en medio de sirenitas pequeñoburguesas, devotas de malos pensamientos, hijas de militares ansiosas de látigo, y de la generalidad carnosa, entre la monotonía del melodrama y la insipidez de la violencia machista. Soy un genio, es cierto, un genio virgen y con las manos sudadas por el trabajo de topo de la libido sobre las adrenalinas y los nervios. Pero hasta Napoleón me concedería que un general debe seguir vivo mientras tenga batallas que librar. Y yo tengo la UCA como campo de batalla. Me permito frotarme las manos mojadas, lubricar la garganta; todo es cuestión de elegir la víctima propicia. Hago pública promesa de respetar a las chicas del personal de limpieza, de no desbordar el tranquilo y pacato límite, ya sea hacia la impensable pedofilia, ya hacia el delictivo fetichismo, y de omitir a las jovenzuelas medio sórdidas que emergen de los bajos. Tal vez me permita algún pecadillo tan folclórico e inofensivo como el adulterio, o algún roce urgente resuelto en la fellatio universalmente popularizada por las memorias de Casanova, quien la restringiera, sin embargo, a los casos rigurosamente prescritos, como la vejez ya muy fofa y reseca o la noviciatura sobresaltada por una mirada más diabólica que piadosa.
En cuestión de mujeres, tengo gustos burgueses. Éste ha sido mi laberinto siempre. Burguesitas de culo apretado y duro, rubias y aburridas, soberbias en su frivolidad, sin ningún matiz complejo, de esas que se abstienen terminantemente de coquetear con Faulkner, siquiera con la mano, las de fácil allanamiento, moralmente venales, caras y hermosas, y, por último, con el imprescindible acento de la alta. Esa lenguita sonrosada, hipersensible por esencia, que omite elegantemente todo atisbo guarango, toda posible alusión a esa genealogía onomatopéyica y como salvaje y dura, a ese arrastrar de ecos e inflexiones guturales, a ese idioma más cercano al fin a los ruidos de la naturaleza que a los de la palabra. Burguesitas etéreas, encapsuladas en los autos importados de sus papis trabajadores y sudorosos, apenas un tereré al día, cristianas y delicadas, mostrando en su rutina una tendencia hacia la asepsia, no moral, desde luego, sino, diría, material, física, una hipersensibilidad no sólo hacia el sol desbocadamente asesino desde la retirada del ozono, sino hacia todo lo que huela a proletario, a pobreza, a barrio obrero, encapsuladas en el auto importado como en una ermita, persiguiendo una pureza escasa hoy en día, un tal cultivamiento del espíritu en su soledad hierática, santa y venerable. Ermitañas on the road. Un Honda modelo 90 como ermita sólo chocaría a los espíritus antiprogresistas que proliferan en este país de vagos –de paso, se puede agregar, para realzar la imagen, en este país de vagos mantenido por campesinas machistas y serviles–. Una ermita moderna, afín al espíritu práctico del pret-a-porter de fin de siglo, para aprovechar los beneficios de la técnica en pro de la superación personal. Sin mayores conflictos y sin dilemas entre la materia y el espíritu. Si primero el huevo y luego la gallina… No, la reconciliación de los opuestos, la negación recíproca de los dos elementos contrarios y en tensión resuelta en una superación conciliadora, el consenso, la mansedumbre siempre como modelo de vida, el Opus Dei como verdadera opción individual.
Burguesitas finas y hermosas. Nada de putas baratas que circulen entre la plebe en una parábola socializante y promiscua; en última instancia, acaso putas finas, al igual que quería siempre Bataille, hermosas aunque sean un tanto versátiles. Sí, entiendo a Bataille, todo sea por satisfacer al loco trasgresor que todos tenemos dentro (y a los paraguayos hay que sumarles a ese loco el indio; por descontado, los españoles no eran locos ni bárbaros, ya que les gustaban el oro y la plata, que son, como se sabe, cosas finas y de gente fina), y hay que considerar, además, que el trabajo y la civilización, el interdicto, no suele dar lugar, cito a Bataille (tipo con look erudito en rarezas, cuyos libros importados son muy caros por acá), ese hegeliano sin aufhebung, atrapado fatalmente en una dialéctica circular rarófila del humano saliendo de la animalidad y lo humano a su vez de nuevo que añora lo animal perdido, bueno, el interdicto, decía, no suele dar lugar a la manifestación de esa íntima bestia nuestra. Un laberinto sin Ariadna.
Elegida la víctima, rebobinando mentalmente toda la utilería terminológica de la promiscuidad y de la orgía (cunnilingus, fellatio, “a la Bocaccio”, “a la pompeyana”, etcétera), he asumido mi funda de cuero negro, he puesto encima una edición de bolsillo de la Venus de las pieles y me he munido de la cocaína en polvo imprescindible para que el eros pueda hablar en todos los sentidos y a todos los orificios. Tal vez un plató algo decadente y barroco, una túnica sutilísima de world music negándose en su liviandad a posarse totalmente sobre el oído y, para atenuar las intrincadas convulsiones de la epilepsia, colchones repletos de tabaco holandés. Sin olvidar jamás, como látigo, la boca desbocada y sucia pertinente para hacer piafar a la mantis religiosa escondida en toda mujer estándar de clase media con estudios terciarios –psicología laboral, concretamente. El sacrificio exige, hay que decirlo, una burocracia harto dilatada en sus repulsivas genuflexiones, sonrisas, esperas, angustias sudorosas, triquiñuelas verbales, mañas pararrománticas, subterfugios melodramáticos; exige una digresión, una curva necesariamente retórica y rebuscada, lo que definiría nuestra cultura como una sociedad protocolar, rococó, una sociedad de amantes de las máscaras en la moda y de los gongorismos en la gramática. Alicia, Lolita, Julliette, Emmanuelle… fonemas, hitos de un discurso público –nada más público que el acto sexual– que la gente se empeña en negar y ante el cual simula casi siempre asombro y temor. Como mi pobre sadomasoquista, que repitió esa mueca de asepsia física y moral en mi escenario afro-afrodisíaco y ante su decorado kitsch, cuasi glitter, almodovariano, preparado de una forma consciente como resistencia a lo profano y vulgar. En un siglo freudiano, Sigmund tiene todo el derecho de exclamar: “¿Se me ha comprendido, se me ha comprendido acaso?”
(Mueca estúpida. Si hasta el mejor teatro actual –el del absurdo, verbigracia Beckett– ha hecho retroceder las palabras ya sin fuerzas hacia el silencio y se basa en su totalidad en lo visual de su escenografía, y si la música más criticada pero más exitosa comercialmente de la primera mitad de los 70 ha sido calificada de SeeMusic, entonces cómo nosotros, cotidianos y feroces en nuestras pulsiones, podríamos rechazar la influencia decisiva de la imagen sobre la libido; es más, el magnetismo de lo iconográfico dentro de nuestra órbita sexual. Hay que decirlo una vez más: el esperma es de color rojo psicotrópico y el orgasmo es de un azul cobalto cuasi místico.)
Trece o catorce años, esencialmente sumisa, flotando en ese trajinar silencioso de la fermentación de la adolescencia, cuya inminencia sólo era transparentada por un rostro deformadamente abultado y soso: en fin, representaba toda una metafísica de la pedofilia. Para tratarse de la primera incursión de un tigre teórico-práctico, el acercamiento fue lo más logrado. Pero los perfeccionistas hubieran preferido la mano derecha fuera del bolsillo del pantalón, como para aparentar una desenvoltura atávica; en cuanto a la corriente verbal, yo sabía que era esencial mantenerla dentro de una continuidad pre-cuántica, de saltimbanqui, porque la pubertad es una época totalmente proclive a las distracciones de todo tipo, de modo que cualquier discontinuidad, ya fuera una ruptura gestual o un punto muerto de la oratoria, un balbuceo mental, una digresión visual sobre las pantorrillas pubescentes, bastaría para desbaratar el acorralamiento. Durante los primeros cuatro minutos la estuve poseyendo sostenidamente por el orificio llamado oído. Para probar si su pasividad y su atención callada se debían más que nada al encantamiento de mi logos-sexual, paré de hablar. Verificada la potencia verbal, me sentí ya a mis anchas, y entonces llevé mi perorata hacia el disco que había sido el objeto de distracción de la púber y el pretexto para la aproximación –cuya iniciativa, dicho sea de paso, había sido asumida por ella, quien diera este primer paso movida por su deseo de usufructuar el objeto mediante un préstamo–. Para precisar, se trata de The dark side of the moon, de los Pink Floyd. La convencí de irnos a tomar un par de… gaseosas (“no, no tomo bebidas alcohólicas”, me dijo, contrita, ante la propuesta inicial) a su casa escuchando Athom heart Mother (“sincretismo posmoderno”, pensé para mi coleto, súbitamente lúcido). Hicimos a pie las pocas cuadras hacia la casona, con un servidor, charlatán y desenvuelto, convertido repentinamente en catedrático ad honorem de pop music. Ya inmersos en un clima contracultural –platónicamente degradado, obviamente–, con el tocadiscos girando con los pequeños saltos que el zafiro –último galeote de la edad de piedra sobreviviendo a la tempestad de la modernización acelerada– imprimía a los surcos, y sintiéndome un poco avergonzado por la presencia de la coca-cola que la muchachita bebía bastante complacida, no me quedó, lógicamente, más opción que empezar a entrar en materia y hablar de mariguana, amor libre y toda esa cantinela anacrónica y aburrida pero siempre eficiente en estos casos.
Hoy a la tarde estuve por el video club, alquilé una película y me fui a verla a casa. Tenía que emborronar un reseñita mercenaria para el periodiquillo miserable que ni siquiera me pagaba por esa molestia intelectual. Lo que logré fueron unas cuantas notas sueltas con un tufillo a algo entre Cahiers du Cinema e Imagen y movimiento, sin los emolumentos de Toubiana ni la fama de Deleuze, y visiblemente “apiñadas” y necesitadas de “espacio” y de un más lento desarrollo, ardua tarea en la que no estaba dispuesto en absoluto a gastar energías. Las enviaría tal como estaban.
“ ‘Cazador blanco, corazón negro’, de Clint Eastwood
“John es la sensación que sólo habita en el Instante y Peter es construcción (razón, cultura), permanencia en la eternidad de la Memoria. La película que debe filmar John Wilson es postergada todo el tiempo por la cacería del elefante (el peligro y el placer: las caras del Instante). Ésta recién tiene lugar cuando la Muerte entra en escena. Hay un salto dialéctico en John desde el Instante (sensación) hasta la Eternidad (cultura, arte), desencadenado por la Muerte accidental de Kubi. John llega a ‘comprender’ el arte a través de la experiencia de la muerte (el arte como un intento de eternizar una realidad). El filme (arte, cultura) como subproducto, a pesar de todo, de la realidad, que es sensación. Como recuerdo de lo real. Como energía desvitalizada (Nietzsche). Cuando la muerte de Kubi acontece, entonces se tiene el permiso para caer en el arte. Arte: ¿piedad por la realidad que va a ser estrangulada por la muerte? Pero el Instante implica también esas imágenes siempre borrosas y obscuras que agitan al individuo. Incomunicabilidad. La eternidad del arte es la fijación de imágenes bien contorneadas y claras sobre el humus de la corriente de las sensaciones borrosas e intransferibles, imágenes necesarias para alcanzar su condición de comunicabilidad, de hecho público, de bien común. John (o Peter Verneil o Clint Eastwood, guionista y director respectivamente, cuyo alter ego o dramatis personae sería el personaje John) da otro salto: del individuo a lo colectivo, de la incomunicabilidad a la comunicabilidad. La llave es la muerte. En realidad, no hay por qué ser tan hijos del relativismo nihilista (Gorgias) o tan apologetas de la mayor vitalidad de lo real por sobre la razón y sus abstracciones (otra vez Nietzsche). No hay mayores razones para pensar en un abismo insalvable entre vida y cultura. La Sensación, encerrada siempre en el individuo, ante la presencia de la muerte, literalmente, ha sangrado y rebasado su recipiente tradicional, rompiendo su circularidad mítico-metafísica. Pero el flujo de las sensaciones, una vez cristalizado por la cultura, sigue siendo tan real, vital y verdadero, dentro de la cultura (memoria), como antes lo había sido en el individuo (olvido). En suma, hay continuidad entre vida y cultura. Entonces, Freud no tiene por qué inventar el concepto de sublimación y colocar a ésta por debajo de (o subsumirla en) la sexualidad.”

En un principio combatí el letargo asunceno-paraguayo, por ejemplo el literal de la Semana Santa, en el lejano tiempo stronista, tratando de profanarlo. Entonces practicaba con afán cismático el consumo de carne y la cópula en pleno período de prohibición. Posteriormente me percaté de que ese acto de conculcamiento carecía de verdadera fuerza, de que pecaba de ingenuidad, de una doble debilidad práctica e inerte. Comprobé que toda la mojigatería aletargada y enfangada en el tedio y el sopor animal practicaba estas profanaciones clandestinamente tanto como yo, pero con una coherencia tal que no sé cómo nunca la había imaginado, y entonces me burlé de mi mismo. Intenté una variante. Organicé el Primer Día Internacional del Ruido, en pleno corazón de la Semana santa, un Viernes Santo pacato y devotamente silencioso. Los más despiertos e inteligentes de mi generación, personas de ojos realmente bondadosos y acaso con una chispa de “espiritualidad” y de vida allá en el fondo de su pereza y de su anonadamiento, me recriminaron primero y, luego, intentaron disuadirme de mi actitud “fuera de foco” pidiéndome que omitiera, por el amor de Dios, tamaño exabrupto y acusándome de parecer un niño que armaba berrinche y bochinche por un sadismo nostálgico-narcisista atascado en las praderas más anacrónicas y zonzas. Que me enfundara por fin una vida más adulta y unos vicios más acordes a nuestra contemporaneidad. Robar, por ejemplo. O amasar una fortuna lo más rápidamente posible, sin escrúpulos o censura alguna. Sólo atiné a esbozar como defensa el gesto inútil y decadente de excusarme en mi falta de talento y concentración para el caso. Comprendí (con semejante sosegate a mis ínfulas anarcointempestivas) que la Semana Santa era la totalidad del territorio donde me había tocado en suerte nacer, vivir y sufrir, y el Viernes Santo su atmósfera habitual, su tiempo (metafísico y meteorológico) regular y constante. No me quedó otra opción que cambiar de metodología contra el tedio, el silencio y la existencia vegetativa que integraban el triunvirato de este reino y que al mismo tiempo formaban el suelo común sobre el cual resonaban mis pasos rudos y atolondrados de hijo despistado y obstinado en su egoísmo fastidioso y exótico. Me refugié en la somnolencia fantasmal que obsequian los pequeños comprimidos rosados del Neurotol. Suficiente para tapar el noise que brotaba no sé bien si de los rizomas esquizoides del cerebro o de los laberintos de mi oído. Vivir así, como los bueyes uncidos, con los ojos fijos en los zapatos, agobiado el pescuezo por la insustentable carga del Neurotol, me cansó rápidamente. En especial porque la gracia del día empezaba recién a la noche y yo a esa hora, agotado, ya empezaba a dormir como un bebé, cuando lo que me interesaba era salir volando hasta las ventanas iluminadas de alguna princesa bañándose y acceder a su visión, como los budistas voladores de que hablan ciertas fuentes. (La iluminación soltaba las amarras del cuerpo, mientras que el apego a los engaños del mismo nos atornillaba a la tierra. El Neurotol sería más bien un colaboracionista de la “dictadura de las apariencias de lo real “, en el sentido de esta secta budista. En el mismo sentido se entendía el escolio de Montaigne a Platón en el que afirmaba que el problema del griego se hallaba, no en que no pisara tierra, sino en que, en realidad, no se elevaba lo suficiente.) Quebré la estatua in progress del Neurotol (o me sacudí de ese gradual sueño pétreo, de ese entumecimiento progresivo del cuerpo), que no era otra cosa que la continuidad de ese paisajismo petrificado y paralizado que constituía la cotidianidad. Como en aquellos cuentos de hadas o en las historias medievales de viajes, el encantamiento del héroe era posterior al del topos en el que se introducía o en el que irrumpía o se arraigaba. Estúpido de mí, intenté alcanzar la fluidez de un pescado estando en el desierto. Me encontraba definitivamente atrapado en el viejo e infatigable dilema: salvar lo mínimo, el individuo y su egoísmo, o el todo, el sistema y la ley. La radio era grumo solidificado, el diario un pedazo de granito que taladraba los sesos. La gente no caminaba ni cambiaba, apenas posaban como estatuas de yeso en un jardín rococó y silencioso. Me quedaba el recurso, no de reanimarlos con inofensivas cosquillas en los sobacos, sino de rajar lo duro, de resquebrajar lo detenido, de abrir paso al dolor, de mutilar su forma preclara y neta para que lo que los renacentistas llamaban el “alma” circulara de nuevo como sangre entre la cabeza, el torso y los miembros, entre el cielo, la tierra y el infierno. Me queda aún, antes del frío final y de la inmovilidad, la opción vislumbrada en lo oscuro de la sala con el VHS rodando su sugerencia subtitulada. Camino ahora hacia ella. Mientras ustedes me acompañan hacia su posible materialización, les cuento. Su propia brillantez me hace estremecer. No termino de creer que pudiera surgir algo tan sólido y palpable de mi mísero cerebro de provinciano subcontinental que desde el principio de todo estuvo fuera de la Historia y que sólo ingresó en ella al precio de ser ultrajado en su ADN por los europeos y después por los otros, mis compatriotas. Sacrificar mi juventud, mi brillantez intempestiva o “fuera de foco”, o definitivamente imposible, mi nada, a una idea, a la realización de una idea. Como Gavrilo Princip (de la Joven Bosnia) ante el príncipe heredero del Imperio Austro-húngaro, como Bruto ante Julio César, como el italiano aquel ante Sissí, como Lee Harvey Oswald ante Kennedy, como el asesino de Lincoln ante el presidente abolicionista, quedar, a través de un acto atroz, unido de por vida a una figura del panteón de la Historia, sellar una alianza de origen espúreo, pero inderogable, con la Historia, con los poderosos que son los héroes de esa Historia. Entrar mau en esa maldita epopeya mítica sin la cual el mundo no avanza, o no simula avanzar. Lo bruto del poder o la belleza unido por la transgresión de la sangre, acaso, a lo ínfimo, a lo minúsculo, a lo insignificante, a lo irrisorio, a lo vulnerable, a lo feo (¿a lo inteligente?), conformando ad aeternum una hermandad (por una especie de consanguinidad adquirida e indeseada, o deseada unilateralmente, pues es el asesino el que elige a su víctima –y entonces se le impone, y entonces el poderoso es él–) como la de los grandes amantes que se suicidan juntos. Cuantas veces la Historia mencione, para legitimarse o engatusar, las peripecias de su Heroína, ahí, sutilmente callado, sordo pero tangible, como una sombra obstinada, como un bulto deforme o una desarmonía estética, ahí yo, el débil, el don nadie, el fracaso de la Historia, el perdedor, el alma sin cenotafio del señor Kis, el dolor obliterado benjaminiano, estaré riendo para siempre con mi risa fálica más que sádica. Inseparables hasta el infinito. Si el que mató (en su virginidad, en su esplendor juvenil pletórico de deseos e ideas, etc.), cruzando las vicisitudes de los astros y de los que los contemplan con expectativas inexplicables, atravesando las banalidades que exudan las palabras de los historiadores, logra imponer su enormidad, allí nuestra unión artificial acaso soporte los embates de la nada y aun los de los historiadores-narradores. Sí, ustedes dirán, al final se trata simplemente del Placer petrificado, eternizado, monumentalizado en ese horizonte difuso llamado Eternidad. Pero piensen que, además de divertirlos (con el morbo), por lo menos les he hecho aprender –lo que nunca ha sido función del relato–. De mí aprendieron la existencia resentida de un fracaso pujando, hozando por echar un vistazo sobre el esplendor de las porquerías que a ustedes el destino les regala y que ustedes pisotean diariamente. Es algo, ¿no?

En el El Rubio se lanza "Bookcrossers" x Caracoles y Kurupis, bicho binacional de la colección de stories en shorts cortitos de J.Viveros

La primera editorial auténtikamente transfronteriza fuera de toda bola y retórika al uso, "Caracoles y Kurupis", primera cartonera binacional del Mundo (casi totalmente neoliberal pero estamos los ke nos aferramos aún al Casi), ke en su dinamismo feedbackico uruparaguaylándiko entre Montevideo y Asunción, Paraguay-Uruguay, como una cinta sin fin, la pija de un cura sembrando semillas x dokier, puja por los libros una & otra vez.
Y les invita a la presentazione'í en la noche 27 del mes corriente interminable de noviembre su primer título en Paraguay (el tercero ya si le sumamos "Caraco putea coreanos al ritmo de Pesimismo FM" de Kuruney y "La salivera" de Sebastian Kirzner -capo de Milena caserola-)...:"Bookcrossers. The best & bellas stories en shorts cortitos do laureado escritor lukeño: Javier Viveros".
contactos y pedidos:kuruney@gmail.com
no falten, El Rubio tiene ñoño y su estacionamiento está popularmente abierto a las constelaciones
Bookcrossers" en Karakoles y Kurupis
libro binacional
Tipo: Música/Artes - Inauguración-presentazione-venta
Fecha:Viernes, 27 de noviembre de 2009
Hora:20:00 - 23:00
Lugar:el rubio
Calle: Colón y Azara
Ciudad o población: Asunción, Paraguay

jueves, noviembre 26, 2009

Lenin

Lenin••••
Muchos hombres y mujeres como yo, ahora pasados de cincuentones, acariciamos alguna vez en la vida la imagen del guerrillero heroico y justiciero. Distribuimos los plegables de la prensa clandestina, con grave peligro para la libertad y para los huesos, escribimos poemas extremos que lindaban con el incendio de la epilepsia, y firmamos manifiestos hasta que se nos encalambró la mano. Pero jamáspudimos evitar que Lenin nos resultara antipático, sospechoso, a pesar de la reputación de su genio filosófico y como obstinado hombre de acción. Tuvimos que hacer esfuerzos supernumerarios, en el sarampión del mate-rialismo, para confiar a pesar de todo en el hielo de sus ojos de hipnotizador de feria, llenos de ironía, en su barbilla mefistofélica y en la ausencia de sensibilidad que acobardaba. Leímos sus libros por disciplina intelectual, bregando con toda el alma por encontrarle el lado bueno a su prosa de un pragmatismo desalentador para la poesía, a su lógica esteparia y a su obsesión por el poder absoluto. Además de odioso Lenin parecía imprescindible. Tratando de entenderlo terminamos en Trotski. A ver si salvábamos la fe en el futuro revolucionario del mundo. Pero ni siquiera su biografía de Lenin consiguió corregir la imagen despiadada y farragosa del hombre sin amigos, que convirtió a quienes lo quisieron bien en camaradas o en alfiles de su juego. Activo. Maloliente. Duro como el acero. Más tarde, durante las opresiones de la burocracia estalinista, cuyo germen estuvo en el absolutismo de partido de Lenin, hicimos los oídos sordos, por necesidad y piedad con nuestros propios sueños, ante los defectos infames del proyecto de libertad internacional de los bolcheviques. Y al fin acabamos aferrándonos a modelos del revolucionario más cargados de valores emocionales, de tintes más románticos y catadura de anarquistas, como el Che Guevara, los líderes más o menos opacos de las guerrillas de los pobres latinoamericanos, Sendic en Uruguay, Juan Carlos Marighela en Brasil y poetas como Ho Chi Minh o Mao, para aliviar el espíritu de la sombra oprobiosa y prosaica, de apariencia esterilizante, de Lenin, y tomar cierta distancia saludable con el hombre. Eso no quiere decir que Lenin no hubiera seguido siendo Lenin. Lenin era Lenin objetivamente, en el lenguaje de la cábala de la burocracia del internacionalismo comunista, por repulsivo que resultara para la subjetividad. Las opiniones de Lenin sobre la música de Beethoven y la poesía de Maiakovski acrecentaban la antipatía. Para Lenin, Maiakovski era políticamente correcto, nada más, según dijo. No un gran poeta futurista, para quien la barca del amor acabaría rompiéndose contra la vida cotidiana, como escribió el propio Maiakovski en su última carta antes de descerrajarse el tiro. Además, Lenin, según su propia confesión, mantenía a raya a su vez a Beethoven, como nosotros lo manteníamos a él, porque, dijo, lo humanizaba y temía que le mordieran las manos. Esto significa en suma que Lenin era un deprimido, un autómata que ahogaba en germen sus emociones, que funcionaba según el rigor de la lógica implacable del poder. Su incapacidad para entregarse a la belleza y las emociones espanta. La belleza y el arte, eran para Lenin superestructuras vacías, malformaciones sociales, apéndices o vehículos de la propaganda partidista nada más. Por eso jamás llegó muy lejos en sus ejercicios de piano. Ahora lo sabemos. Lenin fue uno de esos monstruos que, como es fama, engendra la razón a veces. No era el filósofo que creímos. Era a lo sumo el publicista de una utopía siniestra, de una idea fija; el profeta de un realismo atroz basado en la astucia y el odio. Y como carecía de corazón, su revolución culminó en un imperio de emperadores ateos, en el absolutismo de la mediocridad puesta bajo la protección religiosa de la Santísima Trinidad Materialista: Marx-Engels y él mismo. La disciplina del militante explica que hubiera mantenido un lugar de honor en nuestro corazón revolucionario aunque fuera a regañadientes. Lenin representaba en el fondo todo lo que nuestra generación aborrecía. La idolatría de la Historia y la sacralización judaizante del trabajo, la reducción del ser humano a fenómeno económico y político y del individuo a servidor del Estado. Su idea de la felicidad como la electrificación unida a la incongruencia del partido único, el realismo sin hígados, la falta de calor, el aire espartano, su Parusía del obrero, resultaban inaceptables para nuestra intimidad. Pero nos negábamos a aceptarlo. Y creíamos que era un rezago malsano de una educación pequeñoburguesa y equivocada. Las perversiones de la voluntad de poder, del profesional de la política, encarnan en este devorador de periódicos, sombrío gacetillero él mismo, que leía todos los que se publicaban en Europa en el mismo café de Zurich donde James Joyce descansaba sus ojos de la gestación del Ulises. Ahora Lenin no es más que el icono de un episodio del siglo veinte, experto en crueldades e imagineros infames. Sus herederos quisieron imponerlo como un hito en la carrera humana, como el fundador de una era, igual a Jesús. Y acabó convertido en el santón de una burocracia atroz y voraz, cuya momia manicuraban y maquillaban pandillas de teólogos a sueldo. Sus apóstoles ensangrentaron la Tierra en vano, a lo largo del siglo, en nombre de su ilusión de una justicia de hierro. Agradezcámosle una cosa. La animadversión que nos inspiró, nos salvó a muchos de la amusia del dogmatismo de izquierda, de sus paranoicos aparatos aparatosos, de sus himnos y de sus banderas. Que entierren a Lenin a la profundidad del olvido. No importa ya. Es historia pasada. Para recordar su empeño, bastan Natalie y el café Pushkin, cantados por Gilbert Becaud, el charango triste de la chilena Violeta Parra, el canto de Stalingrado de Neruda y por sobre todo, las espléndidas imágenes de Maiakovski que Lenin ni sus comisarios entendieron. El poeta Eduardo Zalamea, me dijo un día, cuando ya comenzaba a adentrarse en la lucidez de la demencia, cagado y temblando, la mejor definición del proyecto de Lenin. El comunismo, me dijo Eduardo, no es más que el cambio de cómics.

miércoles, noviembre 25, 2009

El cadáver exquisito más largo del mundo: leimotiv, el cura cojonudo e irresponsable personaje farsesko de la polítika parawayensis:Lugo

http://especiales.perfil.com/lugometro
La idea surgió por celular: un amigo poeta (pedorreta) sugirió ke empiece el bokón su servidor con un verso ke me daba vueltas hace más de un año bajo al lengua y ke los colegas vayan añadiendo una especie de coleta como aporte versístiko...sencillito, hasta formar el cadáver exquisitamente poétiko y, quizá, polítiko más largo del mundo (por el número de colaboradores sobre todo más ke por el número de sus verbosos versos). Y de repente ganar la preciosa presea del Guinnes al poeta más participativo du mundo (el Guinnes de cura con más hijos del Mundo y la Galaxia es ya insuperable)
va el verso prístino:

Mba'eiko nde tipo nde repoiri okápe!
(Kuru)
PROBLEMA MENOS ERE,BE, ELE / POEMA
(martín barea mattos)
inspector pety tykúa Avakh guruleno moxto Lubis éte Kristo-delle-seslavos
(Ney)
Eire, eire, Zea, Mboi manterei Sphera
Upeicharamo, py’a miri estí ´w jaguaretétapypi manterei e eimí Zeo
Dio diten Irü:Mvoby hecha Y ete aretékuaa kororo osoro
ngotyo paha arete arete
Miel, miel, alegría, Diosa, [serpiente]
significa [esfera]así es, el tigre es cobarde
la vagina significa y es DiosDos veces nacido Colega:pocos ven la verdadera excelencia
saber vivir roto
en la dirección del fin, la fiesta/excelencia areté valió por los dos idiomas

(Satori)

"Why do we all stay up so late?"
(Royer Santiváñez)
la posición del kan-dado: ke tu pirulí retorciéndose hasta el marrón kede conectado a él y la castidad será tu reino ganado
(Bola paraguaya)
a ver kien se anima a seguir?:

martes, noviembre 24, 2009

Roa xupamedia del Poder: ke muera el muerto!

Roa forever amó el Poder...de joven aun cuando era mitarusuetepemavoí o ponele osaramo moite lento makatu upea pe edad doradagui, escribió un poema laudatorio del más rastrero linaje del xupamedianismo (como Neruda a Stalin o Borges a Lenin)...a StroeSSner y Pe(o)rón, bicho bicéfalo sudaka!
Que yo se pa Pou ni Diegues nunca escribieron a Chávez o a Obama ni una carta-bomba...entonces, entre poetas además de las obvias del talento, hay errores ke marcan, no?
Su masterpiece gua'ú es sobre un dictador de días aciagos para el Py, cuando desaparezca el sostén akátemboendémiko de ese tipo de literatura menos Mal (habrá y)pasará pasará al olvido o a lo sumo sin grasa ni zumo alguno, cual humo o fuego fatuo se acantonará cual gusanito por-favor-no-mematan-con-pisadas-matámena-con-tu amor en las aulas de la sofistiquerie afranxutada...ese cementerio.
Y esta es mi preferida: en plena madurez para la muerte, fotito con el mayor Tirano vivo hasta ese entonces -hoy creo anda con un gadget en el culo, es decir, está embalsamado en vida, pobre, como él kiso embalsamar la realité- de Amerika Latina: Castro...el fantasma de Cabrera Infante, ese genio.
Claro, me dirán ustedes, a bogados de abokadillos y suckerpijasdediktatores jetattores, ké lo ke tanto, si está también el retrato k muestra a Goethe en Weimar en actitud mendikante de pleitesía exxxtrema y degradada degrada ke uno piensa ke es ya homo su mirada conde-ascendente hacia el enano de Napoleón, su daddy en tan S&M relación pictórika...
Como postre post-exergo va hermoso poema a Stroessner y Perón, ejemplo para los jóvenes en especial para las mitakuña kuera ke kieran ser poetas sin ser cogidas en el intento por ineskru(popu)losos ñatitos!-esto es promover kultura karajo y no makana, debería pedirle a Lugo un zokete y le escribiríamos contra-ditirambos a su fékula fekundante, ese maiz do Paraguay,post-isla del futuro amóntema -:
stroessner y perón
sellan su abrazo
con la emoción creadora de los hombres
ke vencen
al destino
y hacen en la historia a golpes de verdades
vivientes como el himno de los hombres...
Venid y ved, pueblos del mundo, cómo
el peso de la espada es justiciero
cuando se yergue en defensa de la paz
y su eje de diamante
busca la vertikal de la Esperanza
(Uf..bostexos zzzzzz..)
En sus hombres soldados
(van 3 veces lo de hombres, ke manía del person de comerse maní..y las mujeres pio naipori luego, lugo eremina cheve?)
en sus pueblos de paz, en su destino
común de patrias anlazadas,
Py y Argentina
están unidos
de corazó a corazó
hermanos para siempre,
eternamente...!
una joya este ñato noñato