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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, diciembre 30, 2009

Buenos Días, Medianoche: Jean Rhys

Pensando en mis empleos ...
Tuve uno en una tienda llamada Inglaterra Joven.
X más ZBW. Eso significaba 68 francos con 60. Luego otro jeroglífico -XQl5tn- quería decir otra cosa, 112 francos con 75. Se vendía trajecitos de marinero para niños, y trajes Norfolk para caballeros ... Bueno, de allí me echaron a la semana, y muy contenta que me puse.
Luego, ese otro empleo, como guía. De pie en el medio de la Place de l'Opéra, perdiendo la cabeza y sin saber cómo llegar a la Rue de la Paix. Norte, sur, este, oeste, no tienen sentido para mí. La dama regordeta y plácida y su hija, levemente menos plácida, quieren pa­ear. Quieren pasear bajo el hermoso sol de París, ir caminando hasta la Rue de la Paix.
Me sobrepongo y llegamos a la Rue de la Paix. Va­mos a las tiendas francoinglesas y a las francofrancesas. Luego dicen que quieren almorzar. Las llevo a un restau­rante en la Place de la Madeleine. Son enormemente ri­cas, estas dos, madre e hija. Ambas son muy ricas y muy tristes. No pueden imaginarse lo que es ser feliz, ni siquie­ra estar alegre. Ni la madre ni la hija ...
En el restaurante el camarero sugiere panqueques con salsa de ron de postre. Son abstemias absolutas, pero absorben con avidez la salsa de ron. Nunca he visto a na­die cambiar de humor con tanta rapidez como la madre después de repetir el postre.
- ¡Qué salsa deliciosa! -Repiten por segunda vez.
Les bailan los ojos, Los ojos de la hija dicen "Por cierto, por cierto": los de la madre, "Quizá, quizá".
-Es extraño lo triste que puede ser el sol en la tarde, ¿no le parece?
-Sí -digo yo-, Puede ser triste.
Pero el humor dulcificado no dura.
Toma café y un vaso de agua y vuelve a la norma­lidad.
Ahora quiere que la lleve a la exposición de mate­riales de Loie Fuller, y quiere que la lleve a ese lugar don­de venden cámaras alemanas que no pueden conseguirse en ninguna otra parte fuera de Alemania, y quiere que la lleve a un lugar donde pueda comprarse un sombrero que llegará a épater a todos quienes conoce pero que sea fácil de usar, y además de todo esto quiere que la lleve a una exposición de cuadros. Pero no recuerda el nombre del artista y no está segura de dónde queda la exposición. Sin embargo, sabe que reconocerá el nombre cuando lo oiga.
Hago la prueba. Pregunto a mozos, a señoras viejas en los baños, a chicas en las tiendas. Todos responden. Hay una masonería entre los que viven de los ricos. Lo­gro complacerla en todo, excepto, tal vez, en el sombrero.
Pero me caló. Sólo me dio veinte francos de propi­na y nunca me volvieron a llamar de American Express para actuar de guía. Fue mi primer y último empleo allí.
Hago todo lo posible, pero nunca los engaño. Los pasillos nunca llevan a ninguna parte, las puertas siempre están cerradas. Lo sé, ..

Me pongo a pensar en el vestido negro. Lo ansío de­sesperadamente, furiosamente. Si lo tuviera, todo sería diferente. Y ¿si le pido a fulana de tal que le pida a fulana de tal que le pida a madame Penan que me lo guarde? Conseguiré el dinero. Lo conseguiré.
Camino a la noche con las casas oscuras encima, co­mo monstruos. Cuando se tiene dinero y amigos, las ca­sas son sólo casas, con escalones y puerta de entrada, ca­sas amistosas cuyas puertas se abren y sale alguien a reci­birla a una, con una sonrisa. Si una es segura de sí y tiene raíces fuertes, lo saben. Se hacen hacia atrás respetuosa­mente, esperando al pobre diablo sin amigos y sin dinero. Entonces se le echan encima, las casas que aguardan, lis­tas para objetar y aplastar. No hay puertas hospitalarias, ni ventanas iluminadas,, nada má que una torva oscuridad. Casas que expresan desagrado, que miran de soslayo y ríen despectivamente, una tras otra. Altos cubos de oscuridad, con dos ojos iluminados allá arriba, que se burlan. Y saben ante quién fruncir el ceño. Lo saben tan bien como el policía de la esquina, no te preocupes...
Caminando de noche. De regreso al hotel. Siempre el mismo hotel. Se aprieta el botón. Se abre la puerta, Una sube la escalera. Siempre la misma escalera, siempre el mismo cuarto...
extractos de pp. 33-35

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