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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, noviembre 18, 2009

Papi Mesa y los Kurupís

Papi Mesa se pasaba las mañanas en su hamaca mientras una de sus mujeres (pues se decía ke tenía otra señora y familia enterita con retoñitos panzuditos y eterno tïsyry allá hacia el bajo, por ahí por zona Valle Apuá), la oficial, con la que vivía en el barrio cuando nosotros nos mudamos desde La Chacarita, jugaba con sus uñas y le cebaba tereré al mismo tiempo ke le gritaba a algún chikilín que no metiera el dedo tomasino en la cacerola hirviendo su locro sobre el braserito de hierro camiontujakue ochokava'ekué...Yo correteaba detrás de una sus hijas más retozonas y musculosas, quería frotarme contra ella como un gorrioncito y si fuera posible jugar a los camioneros, mi juego favorito de la época, pues ella me usaba en el doble papel de palanca de cambio y de motor guapo y kyrey, y ella la herína hacia de una linda chofer con sus rulitos de niña de barrio puahu semi salvaje en los primordios de los 7o. Los Kurupis caían a la tardecita, Resorte era el guitarrista, la Muerte era el arpista, y a veces, cuando iban al interior se les sumaba un rabelero mby'a o avá y hacían musica fronteriza mezclada a polca jahe'ó con sabor a mezcal mexicano unas gotas de narkocorrido o, si iban a Baires, a su acordeón se le sumaba un bandoneón tanguero (por puro toke nacionalista, él detestaba el tango, el acento kurepa y sus ínfulas de estar a la vuelta de todo) o más lejos aún, en España tocaron con un ñato sin poltergeist ke le bajaba cajón peruano y salía una rumba flamenca cruzada con Villa Guillermina...Y con Los Indios fue su apoteosis: durante esa única e irrepetible experiencia y featuring introdujeron maracas y trompetas de mariachis mexicanos y las viejas austríacas se meaban sobre el sofá color rojo burdel de lujo del lounge del Savoy....
Papi era la estrella, tenía el espíritu ke le decían de bohemio, tomaba a la tardecita su aperitivo de caña Piribebuy y depois ya le bajaba cerveza toda al noche, entre el abrir y cerrar de su instrumento tirolés, sin olvidar sus La V cortos y negros.
El nombre de su grupo se le ocurrió al produtor durante la única grabación de su dispersa y atolondrada carrera musikal; envinilonada en la capital de los argentinos y contratados por la empresa Chanta Discos. Este ñato había travajado ya antes con otro paraguayo: Féliz Pérez Cardozo, en los años 50 e incluso era especilaista de arpista guireños si el sumamos su s sessiones de grabación con Cristino Báez Monges, vaya uno a saber´si el kurepa lo leyó en algún libro sobre mitología guaraní o se morfó a una yiyi en algún foko pytä ke abundaba en zona Retiro enzoketandole algún cuento traído de los pelos, pero lo concreto es ke apareció un día en los estudios de grabación con ese nombre colgadod el cuello y lo estuvo repitiendo todo el santo día ke los perros se rieron tanto ke les gustó el nombre y se lo quedaron...Juan La Muerte sospechaba que alguna somnilera paraguayita reavivada le jodió al gil del productor engatusándolo con ke tenía atributos parecidos al mítico ser selvícola (jjjj).
Uno de los fanáticos del grupo era un joven actor que empezaba entonces llamado Arnaldo Nambré, que los invitaba a su cottage de villa Gesel en el verano del 69, entre canciones de Leonardo Favio y Los Paraguayos, el puerco de Resorte (decían los coronistas indiferentes a los hechos ke narran cual autores ausentes o muertos del estructuralismo franxute) no hacía ascos cuando de agujeros se tratyaba -considernado su infancia en las riberas miasmáticas de Cerro Poty Lambaré, el cacique rebelde- con tal que hubiera de por medio buena mesa y abundante liquydo embriagador nunka preguntaba que culo había apechugado toda la cuchipanda y aceptaban la amable invitación.
Papi Mesa, un mujeriego cool y casi monolingüe, no funcionaba mucho con el chamullo en kurepilandia, iba directo a los kilombos acondicionados por la civilizada municipalidad ubicadas a lo largo de la calle Corrientes, se sakaba la pija en kada eskina para mear, en el obelisko, en la plaza Miserere, y volvía borracho con una tonadilla temblandole de alkohol musikal en las yeyas de su acordeón trotamundos.
Hoy que Papi ha alcanzado la edad de Omar Kayyam y alegra las noches insomnes del comandante, cual Glenn Gould goldenbergiano en la corte panmusulmana (distinguiéndose -por no llevar su aopoí tradicional sino rigurosa ropa talar (thawb) incluso la cabeza envuelta en una ghutra con adornos cúficos- de la guardia de corps maká que era la única sección que llevaba uniforme propio, su vestidos de algodón de colores multicolores y en especial el del jefe Si'ei'u, un cacique Mak'a úniko, hombre ke gozaba de poderes extraordinarios, sobresalía por su vistosidad casi plumífera), siento nostalgias de alta graduación techagaú de nuestro barrio'í apenas escamoteado al barro tobatí primigenio del caos, de la belleza de sus hijas, todas flacas y medio desnutridas pero tetonas y culonas por alguna gracia de los oligoelementos de esa tierra lambareña que nos dio de comer en nuestra breve y alucinante infancia...

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