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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, agosto 22, 2009

Nadaísmo (1). Ha 52 años de explosión dela únika generación vanguardista de la atildada Colombia

EL NADAISMO El "Nadaísmo" fue fundado en 1958. Era algo más que un nuevo movimiento literario, o poético. A su fundador, Gonzalo Arango, se unieron X‑504, Jotamario, Amílkar Osorio, Eduardo Escobar y Darío Lemos. Otros nadaístas surgieron en Bogotá, Cali, Medellín y diversas ciudades. Seguramente, no ha habido en el país un movimiento tan iconoclasta como éste. Tuvo la gran virtud de ponerlo todo en duda. Dios, la sociedad, el establecimiento, las sanas costumbres, la tradición ‑ especialmente, la antioqueña ‑, incluso la literatura que le servía de instrumento para expresarse y convulsionar un medio sofocado de prejuicios. Todo ello se hizo con originalidad, con humorismo picante o amargo, con bruscos conceptos, rasgos de ingenio inesperados, con rebeldía auténtica, que suscitaba antagonismos extremos. El nadaísmo significó una ruptura y una apertura. Pero no solo ruptura con los medios literarios anteriores sino una negación, el intento de desquiciar los valores aceptados: desde luego, en poesía, pero también en política, filosofía y moral. En este sentido, rebasó los límites de la literatura y se infiltró, con algunas dosis de satanismo y cinismo, en las costumbres y en los credos. Ayudó a ensanchar más la brecha generacional. Y con agresividad ‑ pero con toques de ternura, pureza ‑ y con convicción casi fanática, se rebeló contra todo, ya que no hallaba asidero en nada. Nunca un nombre fue más apropiado. Negado todo, el nadaísmo afirmó su propia nada, o la del mundo, que es su reflejo. Situados en actitud combativa ‑ impregnados de valores "paganos" ‑, los nadaístas rechazaron la cultura, cuestionaron todos los valores religiosos, morales, cívicos. Fueron a dar con frecuencia a la cárcel, pues de la teoría pasaron muchas veces a la práctica revolucionaria ‑ teñida en ocasiones de comunismo. Sin duda, fomentaron su propio escándalo, y usaron y abusaron de la publicidad. Fueron los promotores de su propia revolución. Lograron, en buena medida, lo que se propusieron: inquietar, desorientar, suscitar más preguntas que respuestas, sembrar dudas. Se conectaron con diversos movimientos, especialmente con el hippismo, y no fueron ajenos a las drogas. De todo ello brotó una oscura, honda poesía, saturada de rebeldía y sentido crítico, lo mismo que de humor amargo, nacida de la angustia de la nada. Pero esta "nada" tiene mucho parentesco con "lo absoluto". Buscar y afirmar la nada es, ya, una actitud en cierto modo metafísica, como bien lo supieron Sartre, Heidegger y Camus. Y así, no es del todo extraño que ‑ al menos para algunos, empezando por el propio Gonzaloarango ‑ ese laberinto escalofriante de la nada haya desembocado en una aventura mística. Tal vez, algunos de los nadaístas fueron místicos ‑ignorados incluso por ellos mismos ‑ desde el comienzo. Es lo que se vislumbra a través de algunos de sus versos y prosas poemáticas, incluso en sus instantes más blasfemos o ateos, en sus actitudes más iconoclastas ‑ para la buena burguesía. Su desprecio por tradición, capitalismo, burguesía, implicaba una búsqueda ansiosa: un absoluto más allá de la rutina. Refiriéndose a esta experiencia, Jotamario ‑ uno de los nadaístas ‑ ha escrito en el más reciente libro de Gonzalo Arango: "Trece años le metimos a la misión pagana y tanto nos ejercitamos en volear el alfanje que en pleno campo de batalla le rebanamos la cabeza a nuestro aliado Satanás y volvimos a Dios las miras. Hoy nuestra espada está en la vaina y esa vaina oxidada en el fondo del mar de las deserciones. De todas las sorpresas que pudimos proporcionar, ninguna como la de que el Nadaísmo iba a dar a Dios". Sorpresa, sin duda, para los propios nadaístas y para sus lectores. Lo último que podía esperarse era que de su cubilete de prestidigitadores saliera, de pronto, Dios mismo, como un conejo inesperado. Pero así ha sido, al menos para algunos de ellos, hoy en trance sobrenatural. Los otros se han mantenido fieles a su línea inicial, a su ateísmo insurgente y a su desesperación; y, al llegar al fondo del mundo o de la vida, siguen topándose con la nada. Ignoro si los nadaístas colombianos conocieron, en su momento, una página muy significativa de don Miguel de Unamuno ‑ en "La agonía del Cristianismo" ‑ que alude a esta problemática e incluso a la designación hallada por Gonzalo Arango. En su estilo retorcido, característico, escribe don Miguel: "Nada! Otra palabra española henchida de vida de resonancias abismáticas, que el pobre Amiel ‑ otro agonizante solitario, y cómo luchó con la virilidad! ‑ graba en español en su "Diario Intimo" Nada! es a lo que viene a dar la fe de la virilidad y la virilidad de la fe. ‑ Nada! Así es como se ha producido ese especial nihilismo español ‑ más valdría llamarle nadismo para diferenciarle del ruso ‑ que asoma ya en San Juan de la Cruz... Nadismo que nadie ha definido mejor que el pintor Ignacio Zuloaga cuando, enseñando a un amigo su retrato del Botero de Segovia, un monstruo a lo Velázquez, un enano disforme y sentimental, le dijo: Si vieras qué filósofo!... No dice nada!" No es que dijera que no hay nada o que todo se reduce a nada: es que no decía nada. Era acaso un místico sumergido en la noche oscura del espíritu de San Juan de la Cruz..." Algo semejante ocurrió con el nadaísmo o nadismo colombiano[1]. Su actitud derivaba quizá ‑ por cuáles extraños laberintos del alma o de la conciencia colectiva? ‑ del nihilismo español. O del ruso. Y sus resonancias abismáticas ‑ al afirmar la nada y no solo al callar ‑ eran las de quienes estaban sumergidos en una oscurísima noche del alma. La de la nada pura o la del misticismo, por anticipado. Es cierto que Gonzalo Arango tuvo siempre algo de monje, de ermitaño, de místico frustrado, de anacoreta perdido ‑ y predicante ‑ en medio de una sociedad absurda. Hoy, en actitud de flor de loto y mirando hacia el cielo con arrobo, se diría que ha llegado a una culminación. Sin embargo, para nosotros sigue siendo difícil imaginarlo en actitud distinta de su rebeldía y de su demoledora y eficaz crítica, movida por su humor y su sarcasmo. En la obra de Gonzalo Arango[2] hay un texto que resulta muy ilustrativo para entender a cabalidad a los nadaístas. Es, al mismo tiempo, un excelente ejemplo del estilo poético del fundador del movimiento[3]:

  • LOS NADAISTAS
  • Los nadaístas invadieron la ciudad como una peste: de los bares saxofónicos al silencio de los libros de los estadios olímpicos a los profilácticos de las soledades al ruido dorado de las muchedumbres de sur a norte al encenderse de rosa el día hasta el advenimiento de los neones más tarde la consumación de los carbones nocturnos hasta la bilis del alba. Va solo hacia ninguna parte porque no hay sitio para él en el mundo no está triste por eso le gusta vivir porque es tonto estar muerto o no haber nacido.
  • Es un nadaísta porque no puede ser otra cosa está marcado por el dolor de esta pregunta que sale de su boca como un vómito tibio de color malba y emocionante pureza: "Por qué hay cosas y no más bien Nada?"
  • Este signo de interrogación lo distingue de otras verdades y de otros seres. El es él como una ola es una ola lleva encima su color que lo define revolucionario como es propia la liquidez del agua del hombre ser mortal del viento ser errante del gusano arrastrarse a su agujero de la noche ser oscura como un pensamiento sin porvenir. Ha teñido su camisa de revolución en los resplandores de los incendios en el asesinato de la belleza en el suicidio eléctrico del pensamiento en las violaciones de las vírgenes o simplemente en el barrio pobre de los tintoreros.
  • Lleva su Camisa Roja como un honor como un cielo lleva su estrella como un semáforo produce su luz intermitente de catástrofe como una envoltura de "Pall‑Mall" perfumando su pecho de adolescente. El nadaísta es joven y resplandece de soledad es un eclipse bajo los neones pálidos y los alambres del telégrafo es en el estruendo de la ciudad, y entre sus rascacielos, el asombro de una flor teñida de púrpura en los desechos de la locura.
  • Tiene el peligro de los labios rojos y los polvorines mira los objetos con ojos tristes de aniversario es el terror de los retóricos los fabricantes de mortal es sensitivo como un gonococo esquizofrénico inteligente como un tratado de magia negra ruidoso como una carambola a las dos de la mañana amotinado como un olor de alcantarilla frívolo frívolo como un cumpleaños es un monje sibarita que camina sin temblor a su condenación eterna sobre zapatos de gamuza. Sufre el vértigo de los sacudimientos electrónicos del jazz las velocidades a contra‑reloj corazón de rayo de voltio que estalla en el parabrisas de un Volkswagen deseando la mujer de tu prójimo. Se aburre mortalmente pero existe. No se suicida porque ama furiosamente fornicar jugar billar‑pool en las noches inagotables brindar ron en honor a su existencia estirarse en los prados bajo las lunas metálicas no pensar no cansarse no morirse de felicidad ni de aburrimiento. Es espléndido como una estrella muerta que gira con radar en los vagos cielos vacíos. No es nada pero es un Nadaísta ¡y está salvado!

Tal fue el mundo nadaísta. Tal su actitud de insurrección y violencia verbal. Y la pregunta que el nadaísta se formula ‑ por qué hay algo más que la nada ‑ es la misma que se plantea San Agustín en sus "Confesiones". Lo que ha salvado a Gonzalo Arango ha sido la pureza de su actitud intelectual. Siempre ha estado violentamente convencido de lo que dice y hace. Esa pureza le llevó incluso a renegar del nadaísmo y a enterrar el movimiento que él mismo había creado. Entre los varios textos de "Adiós al Nadaísmo" sobresale el que aquí incluímos:
  • ADIOS AL NADAISMO
  • Caído en el limbo espiritual suspiro por nuevos suplicios. Reclútame Señor para la salvación o el terror. Los ideales que no cambian la vida corrompen el alma. Esta pureza que cultivo en la soledad me da asco. El espejo ya no me refleja: me culpa. Dios mío, sálvame de esta paz difunta. Devuélveme la esperanza y el sufrimiento. Dame fe en una causa aunque sea perdida. Dame todo el fuego que sobró de Sodoma, la sed que incendió tus delirios. Quiero arder, ¡arder! Dame, Señor, la desesperación de creer y la felicidad de destruirme!

En otro poema, igualmente significativo, Gonzalo Arango nos traza una patética autobiografía. También una descripción del hombre según el concepto nadaísta. Es sin duda una de sus páginas más intensas y logradas, escrita en 1973. A través de esta vaga prosa, la personalidad muy enérgica de Gonzalo Arango se hace patente y ‑ como en los casos de Gaitán Durán, Alvaro Mutis, García Márquez y X‑504 ‑ la poesía destella en formas distintas de los versos tradicionales:
  • CESAR O DIVINIDAD
  • Yo pasé por todos los recovecos, las guaridas elegantes, y caí ciego en las trampas del laberinto del sistema aciago. Aprendiendo a pensar me perdí. Experimenté todo; Deserté de todo. Me adherí con juramentos a las banderas que luego traicioné, a los credos en que nunca creí. Desterrado de la razón vagué por los arrabales como un loco perdido. Mi hogar era los extramuros, las ruinas, los nidos de las águilas abandonados, los lechos de los ríos secos. En las montañas adoré a los bandidos que más tarde injurié. Las autoridades me abrumaron con su terrible falso poder, hasta el punto de desfallecer con solo presentir un crimen, el olor de un policía. Me sublevé, hacha en mano, contra los dogmas humillantes de la dignidad de la vida. En los jardines del tirano nunca me invitaron a roer el pan del poder, el de la gloria. Me daban a morder, en cambio, el hueso del sacrificio. El poder era mi sueño, pero en la vida me supo amargo y perecedero: pan de muerte. De las iglesias me expulsaron con exorcismos de azufre de excomunión, aunque impulsado por un feroz misticismo y un deseo de salvación salvaje, por impetrar perdón me ofrendaba en holocausto para que el humo de la plegaria de mi cuerpo me trajera de la hoguera el aroma de mi condición divina: El Martirio! Merodeaba en los aleros de los palacios del poder y la riqueza, y canjeaba poemas inspirados por besos adúlteros con mujeres espléndidas. A falta de oro, Judas fue mi preceptor en el sexo. Poseía todo lo que codiciaba, y después lo traicionaba. Entregaba mi alma por la clave de un sésamo para espiar en los paraísos eróticos de la aristocracia: carne de carnaval, amaneceres de embriagueces turbias, lujurias grises, el tedio de la incomunicación, la muerte perfumada y desnuda, el horror en el infierno de las delicias. Después de las orgías pactaba conspiraciones contra cualquier césar o divinidad. La taberna fue mi templo, mi universidad. En las antesalas de la gloria mendigué poder, santidad, heroísmo, con la abnegación de un pordiosero. Me rechazaron siempre por mi invencible aire de pureza que descubrían en el fondo de mi satanismo modelo o en mi rojo aire libre de profeta pirómano por la cólera y la compasión del mundo. En una edad lejana fui portero de alcobas concubinas en un prostíbulo real. Y, eunucobufón, pecaba con las llaves de oro de la imaginación inventando abracadabras para violar los secretos del sexo de la nobleza. ¡Oh jubilosas lujurias, oh satánicos éxtasis de fornicación! Mi Gólgota fue la castidad. En el delirio de la imaginación ascendí a tamborero del Palacio de Justicia. Mi misión era siniestra: ordenar los ajusticiamientos sin derramar una lágrima Envidiaba el dedo en el gatillo de los fusileros: su mano firme y su corazón helado. De ahí me trasladaron como censor al Palacio de Bellas Artes. Abrumado de méritos contra la Libertad, fui proclamado verdugo y me ahorqué por el honor de una medalla. La bandera del Trono se enlutó por mí. Mis mundos eran subterráneos y sinuosos como los del gusano y el topo. En la noche saltaba de cangrejo a búho. Del búho al ángel me separaba un abismo en el que sembré semillas de redención: un puñado de lujurias marchitas y derrotas frescas. Arruiné mi vida por enriquecer el ego. Pasé sin desgarramiento del Corazón de Jesús al comunismo; de las sosas academias a los antros de perdición; de la idolatría al sacrilegio. De la razón degollada di a luz el Nadaísmo como tabla de salvación para cruzar la noche náufraga del materialismo del siglo, y sobrevivir a sus feroces signos. Apuré todo lo sagrado como un tintero de veneno purificador pero la santidad me derrotó con sus primeras espinas: Me afilié en los bandos malditos y afilé mis garras para la barbarie. En la tensión del arco descubrí que la acción no era mi cielo. Escapé en un velero perseguido por submarinos atómicos. Me degradaron en público alegando mi ternura como traición a la patria. Me rebelé contra el orden opresor que impone los privilegios del poder a los pobres. Mordí la piedra de la derrota filosofal. Impotente contra la iniquidad y la inmundicia, me hice bandido político, bandido lógico, y una vez me reventaron como un sapo por no llenar los requisitos de la infamia, máxima virtud de los tiranos. Asalté los tesoros y repartí el botín entre los terroristas, las prostitutas chancrosasy los criminales en retiro: Yo no conquistaría ningún cielo, ningún trono, por la virtud. Armado de mis feroces atavismos: el terror la misericordia, me lancé a la aventura. Bienaventurados los aventureros porque de ellos serán los tesoros de la Imaginación. Fue así como derrotado de todo me hice bandido del poema, y un rayo me hirió de luz mientras miraba la gaviota de Providencia sobre una nube color naranja. Después de tales peripecias hallé el camino al caer al abismo donde me encontré a mí mismo. Agobiado por la felicidad di el salto a la penúltima fe: el Amor! Forjar en los más altos cielos del ser su trono en la cúpula divina.
  • "Providencia" es el título de una de las últimas obras de Gonzalo Arango[4]. Alude a la pequeña isla del mar Caribe donde vivió algún tiempo el poeta antioqueño. Es un mínimo libro que se lee rapidamente. Son pequeñas viñetas, cuadros, breves ventanas poéticas. El tono ha cambiado y también la personalidad del poeta parece haberse transformado al contacto de la isla, del mar y del amor. En algunas de las prosas poemáticas de Gonzalo Arango, se acerca a lo "real maravilloso". Así ocurre, por ejemplo, en "Punta Arenas". En tales casos hay cierta cercanía al realismo y a la magia de Mutis y de García Márquez, aunque conservando siempre un tono personalísimo. De su nuevo libro, "Obra Negra" ‑ que recoge lo mejor de su creación literaria, en sus diversos períodos ‑ hemos escogido, para terminar la presentación de Gonzalo Arango, tres prosas realmente excelentes:

MARASMO .................................
En un tiempo mi pasión fue el existencialismo, la literatura negra que celebraba el funeral del mundo occidental. Yo recogía los despojos de esa crisis, su podredumbre. No me interesaba el destino del hombre y había perdido la fe en Dios. Estaba solo como en la prehistoria. De todos los trapos derrotados remendé una bandera: el nihilismo. No volví más al templo de los viejos dioses y aprendí la blasfemia y el terror de las madiciones. Traicionada la metafísica por una moral maniquea descubrí que el oro de los santos era falso como los símbolos que encarnaban: la idolatría del poder, la humillación de las almas. En el trono de Dios no reinaban la belleza, el amor, la justicia. En el mercado negro se subastaban los valores sagrados. La teología dejó de ser conocimiento de Dios para convertirse en un libro fabuloso de contabilidad. Frente a esa industria de la fe, el demonio me pareció más idealista: ofrecía la libertad a cambio del alma, el goce pleno de la tierra sin complejos de culpa. ¡Era tentador! Me afilié a la causa del demonio. El placer era mi ideal. Mi aniquilamiento el porvenir. Brindaba por el fin del mundo en mi propia destrucción. Nunca abracé la felicidad, siempre una enfermedad nueva, una nueva desesperación se sumaban al calvario donde clavaría mi bandera de odio contra el mundo. Perdería mi guerra con orgullo, solo. Por mi muerte el ángel de las resurrecciones no tocaría la trompeta ni se apagaría el sol. Me hundiría solo en las sabrosas tinieblas. Una noche toqué el fondo cuando vi aparecer un astro, su resplandor. No era un astro del cielo, era la sonrisa de una mujer. Me miró como un puente entre el abismo y el horizonte, me tendió la mano para pasar. Cuando estuve del otro lado desapareció... Sé que era una mujer y no un sueño, pues aún me queda el aroma de su mano y el eco de esas tres palabras: ¡Vamos a vivir!
PIC‑NIC AL MAS ALLA
Esa noche me invitaron a un pic‑nic a la orilla del mar. Recostado en un tronco con el cerebro lleno de humo, la lógica se hizo ceniza en la hoguera sagrada. De repente sentí que la piel me abandonaba con una dulzura zozobrante y se i
ncendiaba en una estrella, allá lejos. Estaba fascinado con el prodigio. Por mis venas no corría sangre, sino un éter seráfico que me aliviaba de la pesadumbre del cuerpo. Cerrados los circuitos del pensamiento, volaba al infinito dentro de mí mismo, hacia Dios. En algún momento me asaltó cierto terror relacionado con mi vida. Sentí que e m ¡g r a b a... Un turbio sentimiento de culpa embargó mi alma por atreverme en los Enigmas. Presentí; aterrorizado, que iba a suceder lo mismo con mi piel: una fuerza brusca, sobrenatural, me arrancaría de mí mismo para arrojarme al vacío. Con un miedo impotente me aferré al tronco para evitar la caída, pero la madera empezó a crujir desintegrada, en un divorcio con mi cuerpo, como si la materia me hubiera desterrado de su realidad. En el absoluto desamparo evoqué lo que más amaba, lo más bello, que me retuviera de este lado del mundo: esa mujer, la turbadora promesa de su ternura sexual. Fue inútil. Nada podía alcanzarme en el vértigo de aquel abismo en que giraba lejos de la posibilidad humana. Náufrago del cielo, perdido en el torbellino de las constelaciones, brizna de nada en la eternidad, era arrastrado por aquella marea de terror a un reino de luz espectral en las ilimitadas orillas del no‑ser... Si mal no recuerdo, esa amarillez mística imitaba un cielo religioso en que la luz era beatitud. Sin duda había muerto en la tierra. Esta evidencia se impuso con tal claridad que no tenía objeto rebelarme. Consentí mi muerte y ni siquiera podía recordarme como cuerpo. Heme aquí despojado de materia, vago sin memoria en cielos vacíos. ¡Mi Dios, qué desiertos! Soledades puras.. esa luz sin límites... sin distancias... en que me siento perdido. No veo a Dios ni tengo esperanzas de encontrarlo. Me pongo a buscar desesperadamente aquella mujer que amé en la tierra, de quien una vez más me vendría la salvación. Esta ilusión gravita en mí como un destino. Recorro todos los estadios de la eternidad: nada, ninguna presencia, ningún signo. Lo humano está ausente de este mundo. Oh dioses, ¿dónde ocultáis a los mortales? La idea de que tendré que vivir toda la eternidad en esta ausencia, abruma mi alma con el peso de un exilio. Siento la tierna y terrible nostalgia de la tierra, la sed de sus jugos, el júbilo del ron alrededor de la hoguera, una cascada en el monte chorreando sobre una mujer desnuda, mi mujer en un campo de girasoles, una hamaca bajo las estrellas de Tolú, olor de campos arados, ríos de miel, de rocío, ¡oh, sí, la tierra, reino transparente de luz, de plenitud! Cuando volví del más allá los alcatraces jugaban en las olas del inmenso loto, burbujas de sol en el aire. La tierra era un sueño que despertaba de la pesadilla de Dios, y era verde. La bendije.
PUNTA ARENAS
Dios nace en el resto del mundo, menos en Punta Arenas. Los pescadores fueron al mar como siempre. Los areneros a la playa. Al mediodía los negros están en sus ranchos hamacando tiernamente una pereza de siglos. De las callecitas brota humo hacia el cielo de un azul canallesco. Parece un pueblo apestado, abandonado. En el aire zumba el aburrimiento como un presagio de muerte: son los zancudos que encendieron sus motores sedientos de la sangre del cordero. Si al menos un vientecito agitara los cocoteros. Pero no: inmovilidad de tumba, ausencia de Dios hasta en el cielo. Si algo existe al fondo de esta azulidad difunta, es la nada. Jacobo es el peluquero de Punta Arenas. Realmente no hay mucho de qué cortar en este pueblo de cabezas africanas. La barbería, por sustracción de materia, no es oficio lucrativo. Más bien un arte de perder el tiempo. Por eso Jacobo atiende su clientela las mañanas de domingo. Aunque no es domingo sino Navidad, afila las tijeras para distraer el tedio que azota los ranchos y abreviar este día sin porvenir. Cuando su instrumento cortaría en dos un suspiro, agarra a su hijo Feliciano y lo ata a una banqueta, donde el mocoso resiste y patalea como un sábalo atontado por la dinamita, hasta que el peluquero lo deja como un cepillo. Para no perder la afilada, levanta de la cama a Dimas, el abuelo, que se acostó a morir desde que un taco lo cegó. Dimas no habla, pero reconoce todas las voces del pueblo, aun esas que vinieron después de su desgracia. Se dice, además, que la explosión le desbarató los sesos y que el viejo está loco.De noche, cuando todos duermen en Punta Arenas, Dimas saca su flauta que le trajeron de Cereté y se va por las callecitas entonando melodías a la soledad de sus tinieblas. Jacobo le corta de la barbilla cuatro pelos de chivo, canosos, y él se deja hacer con la indiferencia de un muerto. El peluquero me señala con su arma blanca, cortando el aire entre sus dedos ágiles como una tijereta: ‑Venga le abajo esas ramas del coco ‑Gracias, Jacobo, es para taparme del sol. Como todos los de la casa están reunidos, pregunto si no piensan hacer una fiestecita para celebrar la Navidad. ‑Oye, Jacobo, ¿ustedes que hacen el 24? ‑Toitas de pueico. ‑Tortas de puerco, muy sabrosas. ¿Y después? ‑Depué ná, a domí... Tortasde puerco, ¡qué desgracia! Lo que soy yo me voy a tirar al mar. Por lo visto, Cristo perdió su venida al mundo, y yo a Punta Arenas. Nunca había sentido la soledad de la belleza como en esta naturaleza sin alma, en que los hombres no se distinguen de los cangrejos más que por la paja de sus grutas y la nostalgia de la flauta de Dimas bajo la eterna noche de los hastíos. Salgo del rancho y me tiro al mar, con la ilusión de que pase un tiburón buscando carne de cristiano para su cena de navidad. *
El gran poeta del nadaísmo fue, sin embargo, más que su propio fundador, ese otro personaje misterioso, que inicialmente se enmascaró bajo el seudónimo de "X‑504". Con tan extraño nombre firmó y público varios poemas nadaístas, audaces, renovadores, inquietantes. Detrás de estos versos desarticulados, se adivinaba un hombre culto, sagaz, y un poeta que fluctuaba entre lo macabro y lo tierno que, desgarrado interiormente, vivía patéticamente su "nada". Después, un poco para desengaño de todos, resultó ser un hombre corriente, con nombre propio ‑ Jaime Jaramillo Escobar ‑, buen trabajador, editor y tipógrafo para más señas, un poco más conformista ‑ exteriormente ‑ de lo que sus poemas rebeldes harían suponer[5]. "Fue una decepción" dice Gonzalo Arango. Con todo, ya descubierto, seguirá siendo siempre un ser enigmático. Su vida, empero, no interesa. Interesa, y mucho, su obra poética[6], creada con un estilo inconfundible, fuera de serie inclusive dentro del nadaísmo, que, con una precisión rara en la poesía y con una peculiar mezcla de humorismo oscuro y desolación lírica, revela una soledad infranqueable y dolorosa. Hondo conceptualmente ‑ sin ser racional ‑, siempre actual y sutil, sarcástico e imaginativo ‑ una fantasía referida a lo real de manera muy viva-, Jaramillo Escobar habita su nada. Es quizá el más nadaísta de los nadaístas. En sus versos ‑ excepcionalmente renglones tradicionales; casi siempre amplias prosas poemáticas ‑ todo sistema se evapora. Mundo y juego humano pierden sentido. Poesía terriblemente auténtica ‑ original no solo en sus temas sino en la manera de tratarlos ‑, en cuyo acento resuena un sombrío Baudelaire contemporáneo. Un Blake? Un Claudel ateo? Un Blois actual? Su poesía denota un pensador hondo, desgarrado como los más altos líricos, sensual y amargo, patético siempre, con algo Kafkiano. Este insondable X‑504 resulta imprevisible, insobornable. Al asomarnos a sus versos nos hallamos ante un abismo. Su aventura sigue abierta, inédita. Parece buscar, con amargura contenida y mucha dulzura íntima, una serenidad que constantemente se le niega. A veces, cambia su tono duro, se torna plácido, melancólico, triste, o abatido sin dolor; también sin esperanza. Otras veces, el poema parece desenvolverse en dos niveles, uno de pavura, otro mordaz sobre las cosas cotidianas. En esta lírica, impresionante, de la vida diaria, es difícil que se le supere. En ocasiones, son poemas monologados, o con diálogo tácito, o extensivo a personajes ‑ como Whitman ‑ o a obsesiones y deseos. En el fondo, una poesía escalofriante (como su "Aviso a los moribundos") que revela la convicción de que está de más en el mundo; la última alma ‑ dice ‑ era la mía, alma siempre sobrante y solitaria. Son frecuentes estos rasgos de su autobiografía interior. Palabras elementales: su poesía emana de algo más recóndito. Cuántos poetas más conocidos ‑ su lírica es todavía ignorada entre el público y la crítica ‑ resultan superficiales al lado de este sincero desgarramiento, retenido, sin embargo. En formas mínimas, expresa una honda poesía, como en el "Apólogo del Paraíso", con su sugestivo verso final, que puede vincularse a aquella confesión suya: "El secreto de mi estilo está en que escribo siempre desnudo". Su obra, aunque muy reducida ‑ qué más da! ‑ se nos antoja uno de los instantes culminantes de la lírica colombiana. Entre pocos, poquísimos ‑ si se hiciera la más estricta selección ‑, él tendría que figurar, con su tea oscura, incendiaria e iluminativa a un tiempo, pues su poesía, tan viva como llama viva, destruye, crea, agoniza, revive, fulmina, arde. Por todo ello, hemos querido darle a su poesía una amplia acogida en estas páginas antológicas:

  • AVISO A LOS MORIBUNDOS
  • A vosotros, los que en este momento estáis agonizando en todo el mundo: os aviso que mañana no habrá desayuno para vosotros; vuestra taza permaneceía quieta en el aparador como un gato sin amo, mirando la eternidad con su ojo esmaltado. Vengo de parte de la Muerte para avisaros que vayáis preparando vuestras ocultas descomposiciones: todos vuestros problemas van a ser resueltos dentro de poco, ya, ciertamente, no tendréis nada de qué quejaros, ¡oh príncipes deteriorados y próximos al polvo! Vuestros vecinos ya no os molestarán más con sus visitas inoportunas pues ahora los visitantes váis a ser vosotros, y de qué reino misterioso y lento! Ya no os acosarán más vuestras deudas ni os trasnocharán vuestras dudas e incertidumbres, pues ahora sí que váis a dormir, ¡y de qué modo! Ahora vuestros amigos ya no podrán perjudicaros más, ¡oh afortunados a quienes el conocimiento deshereda! Ni habrá nadie que os pueda imponer una disciplina que os hacía rabiar, ¡oh disciplinados y pacíficos habitantes de vuestro agujero! Por todo esto vengo a avisaros que se abrirá una nueva época para vosotros en el subterráneo corazón del mundo a donde seréis llevados solemnemente para escuchar las palpitaciones de la materia. Alrededor vuestro veo muchos que os quieren ayudar a bien morir, que nunca, sin embargo, os quisieron ayudar a bien vivir. Pero vosotros ya no estáis para hacer caso de nadie, porque os encontráis sumergidos en vosotros mismos como nunca antes lo estuviérais, pues al fin os ha sido dado poder reposar en vosotros, en vuestra más recóndita intimidad a donde nadie puede entrar a perturbaros. Ciertamente, vuestro suceso no por sabido es menos inesperado, y para algunos de vosotros demasiado cruel, como no lo merecíais, mas nadie os dará consolación y disculpas. De ahora en adelante vosotros mismos tendréis que hacer vuestro lecho, quedaréis definitivamente solos y ya no tendréis ayuda, para bien o para mal. Vosotros, que no soportábais los malos olores, ahora ya nadie os podrá soportar a vosotros. Vosotros, que no podíais ver un muerto, ahora ya nadie os podrá ver a vosotros, os ha llegado vuestro turno, ¡oh maravillosos ofendidos en la quietud de vuestra aristocrática fealdad! Tánto que os reísteis en este mundo, mas ahora sí que váis a poder reiros a todo lo largo de vuestra boca, ¡oh prestos a soltar la carcajada final, la que nunca se borra! Yo os aviso que no tendréis que pagar más tributo que desde este momento quedáis exentos de todas vuestras obligaciones, oh próximos libertos, ¡cómo váis a holgar ahora sin medida y sin freno! Ahora váis a entregaros a la desenfrenada locura de vuestro esparcimiento, no, ciertamente, como os revolcábais en el revuelto lecho de vuestros amantes, sino que ahora seréis vosotros mismos vuestro más tierno amante, ¡sin hastío ni remordimiento! Tomad vuestro último trago de agua y despedíos de vuestros parientes porque váis a celebrar el secreto concilio en donde seréis elegidos para presidir vuestra propia desintegración y vuestra ruina definitiva. Ahora sí que os podréis jactar de no ser como los demás, pues seréis únicos en vuestra inflada podredumbre, ahora sí que podréis hacer alarde de vuestra presencia! Yo os aviso que mañana estrenaréis vestido y casa y tendréis otros compañeros más sinceros y laboriosos que trabajarán acuciosamente día y noche para limpiar vuestros huesos. oh vosotros que aspiráis a otra vida porque no os amañásteis en ésta: yo os aviso que vuestra resurrección va a estar un poco difícil, porque vuestros herederos os enterrarán tan hondo que no alcanzaréis a salir a tiempo para el juicio final.

Quien escribió el anterior poema es, sin duda, uno de los mejores poetas colombianos de cualquier época. Lo extraño es que esta lírica impar no haya sido valorada, situada adecuadamente todavía. Por qué "Los poemas de la ofensa" han permanecido en esta penumbra cercana al olvido? Un tono completamente diferente es el de sus "Coplas de la muerte", poema casi jocoso, bailarín y sangriligero, con algo de romance popular y de fábula española del medioevo:
  • COPLAS DE LA MUERTE
  • La Muerte me coge el pie, yo la cojo del cabello; si se queda con mi pie, me quedo con su cabeza. La Muerte me coge un brazo, yo la agarro con el otro; cuando amanezca estaremos dando vueltas en redondo. Si la Muerte entra a mi alcoba, me tiro por la ventana; y si sale y me persigue corro al río y me echo al agua. Si me encuentro con la Muerte ¡qué susto le voy a dar! Le diré que en la otra esquina me acaban de asesinar. Para que nunca me encuentre la Muerte aquí me le escondo; si les pregunta por mí digan que no me conocen.

Ya subrayamos la influencia de Federico Nietzsche sobre el nadaísmo colombiano. Algunos rasgos del "Zaratustra" se hallan en Gonzalo Arango; otros, en este amargo y dionisíaco X‑504. Su obsesión por la divinidad, sin llegar a un Dios concreto, le conduce a una innominada angustia. A veces a una actitud de rebeldía: "La policía lo metió a la cárcel pocas horas después, como a todo hombre que intenta ser feliz" pues en este poeta, como en Gonzalo Arango, hay un contenido de insurgencia social. Para terminar esta visión de la poesía de Jaime Jaramillo Escobar, nos remitimos a sus poemas; su reiterada lectura es, como siempre, mejor que cualquier comentario marginal:
  • PROBLEMAS DE LA ESTETICA CONTEMPORANEA
  • La magnitud de la humanidad pesa sobre cada uno de nosotros, y sentimos profundamente a los antípodas pateando sobre nuestro corazón. De modo que no es extraño que andemos como unos cristos abofeteados en busca de una cruz para apoyarnos. Habiendo subido a lo alto de una colina una noche, ante mí se extendía la ciudad como una piel de tigre. Y en el licor de las copas cintilaban las lucecillas de tres almas. La última era la mía, alma siempre sobrante y solitaria. Por el aire volaban dentelladas y entonces apareció el Diablo y me dijo: ‑"Te lo daría todo si postrado me adoraras". Ser el dueño del mundo es lo mismo que no tener nada, pues el error existe en todo y siempre nos engañan. Mis jeans y mi chaqueta no se pueden cambiar por un edificio de cinco pisos ni por un puesto en las oficinas del Gobierno. Prefiero andar derrotado por los alrededores de talleres de mecánica y cobertizos de carros. Allí todos tratan de poner en sus vidas las mejores cosas que pueden, y así recogen una flor, una novia y un espejo. Este esfuerzo colectivo me enternece y de pronto, sin darme cuenta, le sonrío a la gente como un perro. Una mañana andaba un hombre desnudo por las calles de la ciudad. La policía lo metió a la cárcel pocas horas después, como a todo hombre que intenta ser feliz. Porque todo lo que no está dentro de la ley está fuera de ella. Y dentro de la ley no puede haber un hombre desnudo porque la ley es hecha por los representantes de los propietarios de las fábricas de tejidos. Como tampoco puede haber un hombre con hambre porque el hambre del pobre es resbalosa. A la puerta de un pequeño restaurante donde entré un día se paró un hombre hirsuto que después de mirar se fue diciendo: ‑¿Conque comiendo, eh? ¡Me alegro, me alegro!", y su risa cayó sobre la sopa como una araña negra. Bandadas de muchachos en las calles buscando el alimento andan en las ciudades perseguidos por un golpe tremendo. Pequeños señores de traje negro y de ojos perfumados y crueles los acechan. Los muchachos les roban algún swéter y unos zapatos viejos. El fabricante de rosquillas puede al menos comérselas, pero el que sólo sabe hacer poemas, qué comerá? Si una pregunta no tiene respuesta lo mejor es cambiar de pregunta y de problema. Para eso hay petulantes que nos dicen: ‑"¡Dedícate a la estética! LA LLAGA INCURABLE Hay un animal que tiene que estar siempre con el día. Si lo coge la noche, muere. Este animal corre con el sol, para él es siempre medio día y no conoce la oscuridad. Le da la vuelta a la tierra con el sol; corre, vuela, nada; está hecho así a su necesidad de luz. Atraviesa las selvas, las montañas, los mares, siempre con el sol. En las islas es fácil verlo cuando pasa siguiendo el día. Va siempre debajo del sol. En el último eclipse se precipitó en el mar como un paracaídas del sol. Estuvo a punto de morir. Asimismo hay otro animal que tiene que estar siempre con la noche. El día no le puede tocar la punta de la cola, porque muere. Este animal va siguiendo la noche, por continentes, islas y mares; pero no es fácil verlo. Sólo una vez estuvo a punto de ser atrapado sobre el Océano Indico. No conoce el día, y si por algún acaso se llegara a encontrar con el animal que va siguiendo el día, la pelea de ambos levantaría olas de cien metros en la Mar y trombas capaces de derribar un navío. Cuando pequeño, solía yo quedarme despierto toda la noche en el zaguán, esperando que pasara este animal para verlo, pero quizás no pasaba por mi aldea. Yo pensaba que él comería estrellas, pues ¿quién no sabe que las estrellas suben y bajan? Pero tal vez no se alimentara más que de luciérnagas. Este animal no tiene un nombre fijo porque en cada país lo llaman de un modo distinto. Nunca quiere salir de las tinieblas, y si el dedo de la luz lo toca en la espalda le abre una llaga incurable. APOLOGO DEL PARAISO Eva, transformada en serpiente, ofreció a Adán una manzana. Fueron arrojados del Paraíso, pero ellos llevaron semillas consigo, y Adán y Eva encontraron otra tierra y plantaron allí las semillas del paraíso. Podemos hacer siempre el paraíso alrededor de nosotros dondequiera que nos encontremos. Para eso sólo se requiere estar desnudos. CONVERSACION CON W.W. "El sapo es una obra maestra de Dios" Walt Whitman Viejo, no te burles, que Dios hizo lo que pudo. Además, el sapo no es la medida de Dios, evidentemente, pues el elefante es un monstruo más grande con su larga nariz, y el hombre un monstruo todavía más grande, portador a dos manos de su alto falo, de cuya punta beben las jirafas del crimen, y quien, no contento con su estatura, ha levantado estatuas suyas gigantescas sobre altísimos pedestales, pero entonces se han levantado también estatuas de Dios igualmente altas y arrogantes, ya que El no quiere ser menos que el hombre. Y has visto en cambio a los sapos u otros animales levantándose a sí mismos monumento alguno o siquiera una tumba? Sólo tienen estatuas los animales que el hombre ha tomado por compañeros, como el caballo, y eso porque aparece montado encima de él para hacer más alto su pedestal; y el perro por la comprensión sexual que hay entre los tres: Dios, perro y hombre. Y las figuras de águilas y de leones porque el hombre siempre ha aspirado a ser un animal feroz y de rapiña; eso, claro, lo sabemos, pero la hormiga no reconocería un monumento a su laboriosidad, ni la abeja un monumento a la hormiga, y menos la rana: no la nombres, la pobre rana que se pasa gritando en las lagunas para decir que está allí, igual que tú, y que Dios, que es el que más grita. Pobrecito Dios, ¡y tú burlándote! Si creó a los poetas, ¿por qué no podía crear también la rana? ¿no creó a la tortuga? ¿y al armadillo que es una tortuga torturada? ¿Es que Dios no creó sino sólo monstruos? ¿Y qué otra cosa podía hacer? Dices que tu amante no es un monstruo, pero yo le veo diez uñas afiladas, y un pene como una sanguijuela pegado a ti toda la noche; no charles, Walt, tómate esa cerveza sin mojarte la barba, viejo marrullero, andando empeloto por las calles de Manhattan delante de los aprendices durante un sueño que tuviste una noche cuando te acostaste un poco ebrio. Conque la rana es una obra maestra de Dios, no? ¡Entonces yo también! Y si yo soy una obra maestra de Dios, entonces Dios tiene que ser muy pequeño, un artista muy malo, francamente. EL ESPERADOR "Estaba yo en un alto monte y ví un hombre gigante y otro raquítico. Y oí así como una voz de trueno. Me acerqué para escuchar y me habló diciendo: Yo soy tú y tú eres yo; donde quiera que estés, allí estoy yo. En todas las cosas estoy desparramado y de cualquier sitio puedes recogerme, y, recogiéndome a mí, te recoges a tí mismo ". Evangelio Gnóstico de Eva Hasta los trece años vivió en lo alto de una montaña donde despuntaba el sol. El sol que ardía en las nubes y le revelaba los preceptos del día. Abatía las tenues brumas con sus gritos, y vivía enamorado del agua cuando descendía furiosa del cielo, arrancando gajos de árboles con sus brazos de viento. Y también de la humilde agua que corría encantada por los bosquecillos de hojas y le lavaba los pies. Porque en aquel alto monte hizo su primera comunión con todas las cosas, por donde vinieron a ser iguales el árido escorpión que hinca su aguijón en la rosa y el albo copo de nieve que sepulta al escorpión aprisionándolo entre sus cautas tenazas de frío. Cuando el soplo de la montaña ha penetrado el corazón del hombre, ya no puede éste ser sino como un árbol. Sus enemigos son el rayo y la tormenta, mas, entre tanto, todos los seres del bosque se guarecen en él. Y él espera y todos esperan en él. Y al décimocuarto año, albergando en su corazón todas las cosas, inclusive un puñal de brillante hoja, se dirigió a un monasterio de los Andes y allí estuvo seis años esperando que transcurriera su adolescencia, como antes había esperado que transcurriera su niñez. En este lugar un torrentoso y ululante viento que venía del río inundaba el claustro, golpeando las puertas. Entonces el Esperador se acurrucaba contra un muro y aguardaba un poco de calor de pecho, pero la lluvia no tenía sino sólo ojos como charcos, que lo miraban con sus pupilas grandes, como si lo quisieran delatar. Y el Esperador huía y se encerraba en inmensas salas oscuras de muchas ventanas donde arreciaba la soledad. Y estuvo un tiempo a la orilla del gran río, sentado sobre las grises cenizas de palma, como antes había esperado el transcurso de sus más tiernas edades. Sobre las lomas se sentaba a esperar la tarde que venía navegando por el río con sus remos de viento y su bandera de sombras desplegada. Meditando entre las piedras negras permanecía cuando el gran pez dorado atravesaba la noche tragando migajas de estrellas. Después marchaba a su choza de palma, y no apagaba su lamparita mientras dormía, porque ella era como una esperanza de la mañana. Y al vigésimo año subió hasta la ciudad de las luces y estuvo allí tres años esperando que transcurriera su amor. Y luego subió a la ciudad de las águilas y estuvo tres años haciendo penitencia bajo la lluvia. Y bajó de la cordillera con su manto de lana blanca y estuvo tres años andando por el país y esperando que transcurriera su alma. En las tierras bajas, húmedas y cálidas habitó, y todos los días se internaba en el bosque, a través de la mañana de hierbas húmedas, y se lavaba la cara con el río. Hasta que llegó a una extraña y maravillosa ciudad cuyas calles podían ser recorridas día y noche sin cansarse. Y en ella estuvo muchos años esperando que transcurriera la esperanza. No había para él nada que le fuera extraño y, a veces, esperando inmóvil sobre el agua, se dejaba arrastrar por la corriente sin darse cuenta, hasta muchos kilómetros más allá de la ciudad. Acurrucado junto a uno de los puentes del río, esperando que transcurriera la noche, le pareció presentir como una sombra activa que se preparaba detrás suyo. ‑Alguien va a arrojarse al río, pensó. En ese momento recibió el garrotazo en la nuca. VISITA DE LA BALLENA He aquí que una ballena ha venido a visitarme. Desde lejanas regiones del Mar ha venido a visitarme y me saluda con tres surtidores de niebla, deteniéndose a la entrada de mi cueva para solicitar audiencia. Acudo a recibir a la ballena (a quien Dios salude) y habiendo entrado ambos en intimidad inmediatamente, como dos amigos que se conocen desde hace años, le hablo de mi juventud en una gruta del alto pico del Aconcagua, y de la salida del sol detrás de mis orejas, y, dándole palmaditas en su impenetrable piel, nos reímos como dos amigos la ballena, bus de los mares, y yo que recibo su visita a la entrada de mi cueva, y charlamos hasta el atardecer, descansando sobre el brillante tapiz de las arenas penetradas de luz. Ella me cuenta lo que ha visto en las profundidades de los océanos, los naufragos viviendo en los barcos sumergidos y sus extrañas costumbres, y lo que sucede en el mar durante la noche. Después de que la ballena ha hecho uso de la palabra según las leyes de la hospitalidad y de las normas que rigen los actos de los visitantes, yo comienzo a hablarle de las profundidades de mi alma y cuando hago una pausa, a la hora del crepúsculo, no me responde. Entonces la arrastro y la deposito a la orilla del Mar para que éste la recoja y al alba, cuando la marea se retira, la despido con mi mano en alto. La ballena (a quien Dios respete y salude) se aleja rápidamente mar afuera y va a estrellarse contra el disco del sol que acaba de aparecer en el horizonte. dando la espalda a este espectáculo, regreso a la cueva para besar los escorpiones de mi angustia, ¡oh Monstruo que me habeis recluído en este monte a fin de proteger al mundo de mi extraña maldad! LA BUSQUEDA El enamorado busca su amor aún allí en donde sabe que no está, como el aventurero busca su tesoro aún allí en donde no se encuentra, y así como el hombre busca a Dios en toda parte y lugar sin hallarlo nunca, aún apostado esperando en los huecos de la esquina de la sala, por donde salen los ratones, y muere con la sonrisa del que no encontró nada pero buscó mucho, hasta morirse. Así yo he venido hoy domingo y te espero sentado en un pedazo de sol. Días y noches de búsqueda por los más ignorados lugares, preguntando en altas casas desde cuyos umbrales se divisa a lo lejos la ciudad entre la bruma, con el objeto de obtener un dato, una pista para seguir tu rastro y dar con el lugar de tu paradero, oh tú, por quien el pastor daría sus noventa y nueve ovejas restantes. Aquí pongo a secar al sol los paños de mi angustia más íntima. Buscadora de ausentes, mi soledad quiere comerse su propio amargo vientre. Y hoy domingo busco en tu nombre antiguo y en tus ojos asiáticos el tiempo, mientras los siglos pasados me levantan, con peligro de Dios, en brazo inmenso. Pero tus bellos ojos no aparecen... y me voy a cansar. EL DESEO Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle, y que nos sentemos en un café a hablar largamente de las cosas pequeñas de la vida, a recordar de cuando tú fuiste soldado, o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando. Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente y nos estábamos callados. Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre en la misma esquina hasta el día siguiente, con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la vida, pero que solo se da en la juventud, cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan entre el bolsillo, y se tienen creencias y confianzas así en el mundo como en uno mismo. Y quiero además aún hablarte, pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta noche con cerveza y música, y después yo seguir viviendo como si nada... o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas, mientras la Muerte me espera en el guardarropa para ponerme mi abrigo negro a la salida, yo buscando la puerta de emergencia, la escalera de incendios que conduce al infierno, todas las salidas custodiadas por desconocidos. Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad. Mientras la tarde transcurre evocaré el muro en cuya saliente nos sentábamos a decir las últimas palabras cada noche o cuando fuímos a un espectáculo de lucha libre y al salir comprendí que te amaba, y en fin, tantas otras cosas que suceden... *
  • Los dos poetas anteriores, Gonzalo Arango y Jaime Jaramillo Escobar, sintetizan, en realidad, el movimiento nadaísta. En torno de ellos, y siguiendo sobre todo los manifiestos de Gonzalo Arango, surgieron ‑ ya lo indicamos ‑ otros nadaístas como Jotamario, Amílkar Osorio, Eduardo Escobar y Darío Lemos. Ellos cuatro prolongan, dentro de nuevas modalidades, la línea esencial del nadaísmo, a veces encauzándola en sus propias angustias, o enriqueciéndola con su humor personal, su arranque irónico o sus tintes melancólicos y amargos. Jotamario[7] se expresa en formas poéticas muy libres y amplias. Su actitud es la de un hombre solo y desolado. Su verso parece despojado voluntariamente de todo adorno, para llegar de manera directa, incisiva, al lector. Fuerte, sarcástico, hace nadaísmo lírico y filosófico a través de versos que resultan punzantes, quemantes. Su desasosiego, su rebeldía, su inadaptación, todo rezuma rencor o agresividad. No llega, evidentemente, a las alturas, o a los abismos, de Gonzalo Arango y de X‑504. En otro nivel, nos parece que su mejor poema es el dedicado a Marylin Monroe, en el que, dentro su estilo muy personal, destella su originalidad, vibra su nihilismo:
  • LOS INADAPTADOS NO TE OLVIDAMOS MARYLIN Ahora que los gusanos han echado sobre tu cuerpo la primera palada de olvido ahora que vives debajo de Los Angeles sin necesidad de siquiatras ahora que el hueso altivo de tus caderas es puro polvo en una caja y puro polvo son tus nalgas diseminadas por el suelo de raso de tu tumba. ahora que la totalidad de tu cuerpo cabe en la más pequeña de tus polveras ahora que las uñas de tus pies disgregadas como planetas muertos y los tacones de platino de tus zapatillas de gala se doblan entre canastas de champaña bajo el peso terrible de la ausencia de tu talón de Aquiles ahora que en tu ropero las polillas han hecho lo propio con tus trajes olorosos a fiesta en Beverly Hills a Chanel número 5 a los cinco dedos de una mano ahora que el millonario excéntrico que alquiló la mansión que habitabas en Brentwood ha dejado de buscar tus axilas en los rincones de la sala y organiza con sus invitados un safari de rinocerontes en el Perú ahora que el siquiatra que te atendía se ha declarado en quiebra y para pagar sus impuestos está escribiendo tus "Memorias" y además porque a sus tres esposas les hacen mucha falta los doce mil dólares mensuales que le pagabas de honorarios ahora que las pastillas soporíferas que tomaste se agotan rápidamente en las farmacias como canciones de cuna definitivas ahora que hasta en las cintas viejas de celuloide se están cerrando tus ojos cansados de soportar tanta pestaña tanta vigilia tanta viga Ahora que ya nadie sabe quien era Norma Jane Baker porque las Baker Norma Jane abundan en los directorios telefónicos ahora que los 188.000 millones de psicópatas ya no te ven en sus sueños en inglés con leyendas en castellano como una bruja de Salem volando sobre un bate de beísbol ahora que la obra dramática de tu exmarido sobre tu vida ha quedado en tablas ante los críticos de Broadway y ha dejado para siempre de alumbrarte el sol de los fotógrafos oh gata llena de misterio sobre el Mercedes Benz del olvido en este pequeño país latinoamericano que se llama Colombia vivimos varios poetas inadaptados que no queremos olvidarte (tú Marylin fuiste más importante para nosotros que la doctrina Monroe) y que nos acordamos de ti cuando sale la luna sobre los "Jaguares" cuando bajamos deslizándonos por las pasarelas del jet cuando leemos en la prensa que Dalí ha hecho de tus senos una escultura de gavetas cuando pasa por nuestro lado veloz como una sirena una ambulancia blanca de dos pisos y nuestras mujeres gritan en lo más alto de los ascensores a veces como ahora te elevamos una oración por qué no te elevamos en una oración en un requíem en un antirequíem en un responso sabemos nosotros de estos nombres sólo que cada hombre ora a lo que más ama sobre todo si lo que más ama está muerto y es entonces cuando queremos acostarnos bocabajo en el cementerio de Westwood para sentir el cosquilleo en nuestros poros púbicos de las lanzas de hierba que crecen desde tus ingles norteamericanas ahora que estás muerta y reposas enquistada sin muchas esperanzas en la resurrreción de los cuerpos en ese pequeño lugar que es como el ombliguito de América luego de haber vivido entre reflectores y niebla entre almacenistas y magnates entre dramaturgos y policías entre los espejos y el espejismo del amor *

Otro nadaísta es Eduardo Escobar, nacido en 1943, en Envigado (Antioquia). Su obra[8], que presenta desiguales niveles, es una de las más características del movimiento que estamos analizando. Forma voluntariamente desarticulada, rota, de un lado; de otro, ironía, amargura, búsqueda incesante. Incluímos, a continuación, ejemplos de la poesía de Eduardo Escobar, que reflejan dos modos y dos instantes de su evolución poética:

NOCHE SECRETA

Busqué a Dios con sinceridad y paciencia en el directorio telefónico y en aguas mansas y en aguas turbias y en las precipitaciones de agua Lo busqué en la ausencia de los que amamos y en los desperfectos de nuestras mansedumbres Me fui tras El por pequeñas ciudades y busqué su fotografía cada mañana en el periódico Amé en la risa de la muchachas Su risa Y en la mirada de mi prójimo Pero encontré la muerte en todas partes (Buscar es lo que importa)

Este pequeño poema revela esa tendencia del nadaísmo, muy cercana del misticismo, de que ya hablamos. Otro ejemplo:

  • EL ZORRO NO SE DETIENE...
  • El zorro no se detiene ante ninguna dificultad ‑el zorro vale por su astucia y no por su fuerza Puede perdonarte la vida cada dos meses Te fía el auto la nevera ideales de cada día Ama el trabajo ‑ en los otros y la naturaleza en su casa de campo Ganarás el pan con el sudor del de enfrente ‑ es su consigna Y dice ‑ lo que yo hago está bien hecho y sigue a su guía ‑y tras él siempre adelanta El más zorro es el guía La patrulla de zorros tiene dos colores ‑un partido y el otro‑ Pero no bailan currulao
[1] Es interesante subrayar la influencia de Federico Nietzsche ‑Dios ha muerto, paganismo, nihilismo, espíritu dionisíaco, anticristianismo ‑ sobre el Nadaísmo colombiano. [2] Bibliografía de Gonzalo Arango: "Sexo y Saxofón"; "Prosas para leer en la silla eléctrica"; "HK 111" (teatro); "Providencia" (Barcelona, ed. Plaza Janés 1972); "Obra Negra" (Buenos Aires, ed. Carlos Lohlé, 1974). Libro en prensa: "Fuego en el altar" (ed. Plaza y Janés). [3] Al interrogar a Gonzalo Arango sobre su vida, nos respondió: "La biografía de un poeta son sus poemas. Aquí van. Nací en Andes (Antioquia) el 18 de enero de 1931 (ninguna mujer ni historiador sabe este secreto). No tengo títulos ni menciones de honor. Estuve a punto de ser abogado, pero cierta inclinación a torcerlo todo me desvió del derecho. La línea de mi vida, según los astros, es una línea curva, difícil y que conduce a la gloria. Salí del inmenso anonimato fundando el Nadaísmo para restituír a la Nada su condición rebelde, y a mi vida una razón de vivir entre los signos apocalípticos y nihilistas de mi tiempo. Creo que el poeta es el defensor de oficio de la vida y que la poesía no es el ocio de la palabra, sino su acción..." [4] "Providencia" es obra escrita en compañía con "Angelita", quien, además, la ilustra. [5] Jaime Jaramillo Escobar nació en Pueblo Rico (Antioquia) en 1933. Trabajó en empresas editoriales. Culto, ama la música, la poesía antigua, las ediciones raras. Actualmente gerencia una firma de publicidad. Dice que se ha alejado de la poesía; pero, es esto posible? [6] Bibliografía de Jaramillo Escobar: "Los poemas de la ofensa" (Bogotá, ed. Tercer Mundo", 1968), libro con el cual obtuvo el premio nadaísta de 1967. [7] Es J. Mario Arbeláez, nacido en Cali en 1940. Ha publicado un solo libro, "El profeta en su casa" (1964). Hizo la selección antológica de "Obra Negra" de Gonzalo Arango. [8] Bibliografía de Eduardo Escobar: "Invención de la uva" (Medellín, Ed. Carpel Antorcha, 1966); "Segunda Persona"; "Cuac"; "Del embirón a la embriaguez"; "Monólogos de Noé" (Medellín, ed. Gamma, 1967); "Buenos días, noche" (Medellín, Editorial Gamma, 1973).

1 comentario:

Rain dijo...

Xtino, opera como gran dossier este post deslumbrante [de rabia, luz &vigor].

GRACIAS.