La espía tortillera
La norteamericana, espía y lesbiana, aunke ella siempre rechazaría ser espía, y por su trabajo tuvo ke hacer de Matahari creole o chica Bond en más de una cama, especialmente usando esa arma de desorganización masiva del cerebro ke dios no la CIA le había otorgado como basa para matar cuanto y cuando kisiera: un par de kamas Ñandejara graciaité, en guaraní titi guasú, ¡tetas del demonio!, la norteamericana del demonio yankee hacía su rutina espiatriz cada mañana, posando chic laptot y trasero sobre la madera barnizada de las sillas de la biblioteca de la Manzana, la pequeña, allí donde un tal Ever había leído los 3 libros anagramátikos de Vila-matas, allí donde vegetaba, como comida guardada en tupper, el Holandés errante , cada vez más nostálgiko del mar y hipersensible al calor de su novela interminable de la paranoia local, la norteamericana y su laptop con disko duro ciátiko, de la agencia central de inteligencia del planeta, claro eu, estaba también yo, ese lapsus cálami que un demiurgo beckettiano había borroneado kon la última punta de su lápiz myky, sufriendo la apertura de ventana en una de las PC antediluvianas, ke los malditos nipones habían donado “generosamente” a la biblitoteka tercermundista, la norteamericana, espía y lesbiana, el Holandés errante corrigiendo su novela de ambiente local, yo esperando conectarme a Meebo y chatear con el universo ke me kería con una antigualla lo fi, la lesbiana ke chupaba la información sobre mí o sobre la novela del Holandés, sobre el crack en la Chaka, o los libros en las 3 fronteras del MerkoSur del Amor Cumbiambero, con su notebook tuneado en las oficinas novayorkinas de la CIA o en una de sus subsidiarias jamesonbournianas, ella tenía, seguro, conexión directa al mar de su deseos, o a los de sus patrones ciátikos (eso morbo muy siglo XX ke amenazaba continuar su metástasis hasta alcanzar nuestros sesos salvajes), ya sabía seguro ke el Holandés andaba todo el santo día, arriba y abajo de las calles ultraccidentadas de Asunción, con su remera de Bin Laden mercadocuatrensae, ke mi papiamento iba ir creciendo en su léxico makarrónico, kon vocablos árabes, escamoteados del cyber libanés de Sajonia, del sueco oído al Sueco, puro tak su performance asunceno, pero mi paranoia reposaba a veces, no bien devanaba mis horas no bien veía chorreando a la espía yankee tortillera sobre mi jeta tercermundista, soñando con los 3 agujeros de su cuerpo, cuerpo no vigilado pero contactado vía móvil Pantech, Nokia o I-phone, por medio de la conexión wireless de su Mac personal, con la agencia central, seguro, si al momento de hacerla mía, de roer biscoitos a la nada, ellos sabrán todo lo ke kieren sobre mí, oirán mi respiración bakuniana, la pulsación del mal terrorista, la música agitada de un corazón subversivo, criminal, patológico, casi alienígena…
fragmento de "La espía tortillera", cristino Bogado, en Ke hacías cuando cubrió la yubia negra asunción?, VV.AA., Yiyi Jambo, junio, 2009
2 comentarios:
Avanti Kuruuuuuuuuuuuuuuuu! Voy a largar el aviso esta noche com tu texto y el de edgar! Quero ver si presentamos la antologia Asuncion Te Mata bilengue rapay-ñeeparaguay en Rio y Sampiland!
hola kuru!
para cuándo el relato completo???
me parece que ya me contaste una vez sobre esta historia, o algo que ya leí en tu blog, pero bueno, habrá que esperar a que salga la antología!
saludos y fuerza a los perros
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