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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, mayo 25, 2009

II
El orden stronista
La Guerra del Chaco
(por Julio Benegas)

El país se enfrenta a una segunda guerra en 1932. Una guerra impuesta por la penetración imperialista de EE.UU que por esa época ya se disputaba los negocios más importantes del continente con Inglaterra. De acuerdo con datos de la época, EE.UU. contaba ya con inversiones de 1.200 millones libras esterlinas en América Latina, mientras que Inglaterra se retrasaba a un segundo e inmediato lugar con 900 millones.
El control del negocio petrolero del Chaco y la necesidad boliviana de acceso al río Paraguay se conjugaron en una absurda contienda entre pueblos que apenas sabían de sus respectivas existencias. En EE.UU., la voz del senador Long (una calle en Villa Morra lleva su nombre), retumba en una caja hueca contra la guerra, a la que denominaba un crimen por intereses mezquinos de la Standard Oil (Exxon actualmente), a cargo de los Rockefeller. Huey Long murió asesinado y el hijo del patriarca, David Rockefeller, visitó Paraguay en 1972. Bolivia no accedió al río, pero la zona de exploración de petróleo de la Standard Oild quedó en “sus tierras”. Los estudiantes del Colegio Nacional de la Capital, ahora un colegio mixto, se manifestaron contra el famoso empresario y el régimen de Alfredo Stroessner los reprimió.
Este trasfondo económico imperial de la Guerra del Chaco ya es observado y denunciado por la Conferencia Sindical realizada en Uruguay, en 1931, un año antes del inicio formal. No todos van a la guerra alegre, heroica o resignadamente. En Asunción y otros núcleos urbanos se desarrolla un movimiento antiguerra que denuncia el trasfondo ruin de la cuestión. El Partido Comunista sostendrá una verdadera aunque enmudecida campaña por desenmascarar los intereses del embate imperialista sobre tierras chaqueñas. Cuando el pueblo andaba todavía en su esencial emprendimiento de reprocucirse sin Estado que lo cobije ni registro para los hijos, de nuevo avanzaba sobre nuestras poblaciones la movilización general de los mayores de 18 años. El ejército regular, de escasos hombres, aunque triunfante en Boquerón, pronto queda diezmado.
El pobre volumen en dinero que brinda una economía de subsistencia, de extracción netamente agrícola familiar y ganadera, brindará, como dijimos, muy pocos recursos a los estados liberales para desarrollar un proyecto de modernización, como también impedirá o amortiguará el desarrollo de conflictos de clase de envergadura. A punto, sin embargo, de constituirse la primera central obrera, llegaban la prohibición de José P. Guggiari y los tambores de guerra del Chaco, apagando nuevamente el conflicto para unir a la gente ante un “enemigo externo”.
En la guerra del Chaco el pueblo peregrina una tierra de arcilla y jukeri, de hambre, sed y calor seco, tan distinto paisaje a la de la Selva Central que cruzaba Paraguay o de la Selva Atlántica que surcaba tierras rojas fértiles, irrigaba chacras comunales y haciendas libres. De una región Oriental bendecida por los ríos Paraguay y Paraná, formando llanos y valles de pocos accidentes geográficos, al martirio épico. Un esfuerzo extraordinario que curte el cuerpo y el espíritu de los guerreros, antaño humildes, contemplativos y laboriosos campesinos. En este tiempo, el Estado construye un ejército de dimensiones populares, con enormes cuerpos de Ejército, divisiones, regimientos y compañías que hasta hoy, por lo menos en el organigrama, se mantiene. En la guerra se encuentra una clase dirigente que entiende que era hora de ejercer el gobierno. Es así cómo, al término de la contienda, un grupo de coroneles y jefes militares asesta un golpe de Estado incruento, casi hablado, terminando, en 1936, con décadas de gobiernos liberales. Este grupo, encabezado por el coronel Rafael Franco, esboza un proyecto de grandes reformas sociales que será truncado un año y medio después. “Realizaremos con método, serenidad, el programa de reformas sociales más profundas que permita la evolución política de nuestros tiempos en América del Sud”, sostiene en su discurso de ascenso al poder el coronel Franco. “Vamos a la liberación de las clases trabajadoras del campo y de las ciudades, pero tal propósito no significa de ningún modo un atropello inconsiderado al capital que este país necesita arraigar, defender y estimular para el aprovechamiento útil y fecundo de sus grandes fuentes de producción y para el fomento vigoroso de sus fuerzas económicas”, diría luego en su discurso por el Día del Trabajador, un primero de mayo de 1936 Con la separación del postulado comunista, Franco encarnaba un movimiento regional que en América Latina tuvo exponentes de gran peso. Es un movimiento de carácter popular y nacional que encarnaría en Juan Domingo Perón (1945-1955) su más emblemático ícono. “O gobierna el Estado o gobiernan las trasnacionales”, reza una de las tantas frases adjudicadas al polémico ex presidente argentino. Esta frase es tal vez definitiva en la concepción que ese movimiento, en general, quería significar en dicha época en oposición de muchas décadas de gobiernos liberales: la construcción de un Estado administrador y regulador del capital y las relaciones socioeconómicas.
En Paraguay no se puede desarrollar este movimiento. También se lo aborta en Colombia al matarse a su líder más representativo, Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, retomando este país un período de grandes convulsiones y guerras internas que hasta ahora determinan un presente fragmentado. En Brasil la oleada la encarnaría Getulio Vargas y en Bolivia el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, ascenso abortado, y retomado ahora por el Movimiento Al Socialismo. Todos estos movimientos en ascenso serían enfrentados en el tiempo por las dictaduras militares propiciadas por las oligarquías locales y promovidas por EE.UU. en el contexto de la Guerra Fría.
La base de apoyo de Franco era el movimiento sindical no comunista en un país de relaciones muy artesanales y agrícolas, con un grupo de poder económico principalmente de extracción ganadera. En esa fragilidad del movimiento obrero por la composición económica del país de agricultores y artesanos habría que buscar algunas de las razones por las cuales este movimiento regional no logra hacer escala en el país y, por lo tanto, no logra construir un sistema para pensar fuera del ángulo liberal y el perseguido comunismo. No había, en síntesis, una base material que pudiera disparar la construcción de un estado de carácter socialista, aunque mechado con una vertiente nacionalista.
Al igual que durante la Guerra Grande, el poder movilizador de la Guerra del Chaco utilizó el guaraní para irradiar patriotismo y encarnar la misión nacional. Los temas de Emiliano R. Fernández en jopara recogerán y extenderán la épica romántica al frente de las batallas y al regreso acunarán ensueños de grandeza. Al término de la guerra, muchos de nuestros padres y abuelos no se resignarán a volver sobre el arado cansino, a la espera contemplativa de la lluvia de las estaciones, del sol de las cosechas. Necesitan contar, rememorar la épica y lo hacen en tabernas, almacenes o garitos improvisados para el truco, el bojo y el aguardiente, con facón en la faja, caña blanca y en disposición de “hombres” de buscar o no rehuir pendencias. Se reforzaba nuevamente la peculiaridad del “macho paraguayo” que emergiera “triunfal” luego del exterminio de la Guerra Grande. El arriero, ese hombre vagabundo y descomprometido en el imaginario colectivo de otros tiempos, sería encarnado como modelo social en relación que reforzaría cierto despotismo judeocristiano en su relación con la mujer, a la que llamaría “che servi ha” (la mujer que me sirve).
Así como el Estado no lograba extender el servicio público a los pueblos y compañías ni en rutas, centros de salud, escuelas, así también el modelo de relaciones judeocristianos no podía extender el matrimonio por Iglesia y el Estado por el registro civil. El amancebamiento o el concubinato se extendieron como relaciones normales entre los pobladores del país, como dijimos, mayoritariamente rural. El Estado, que se conformaría de espaldas al pueblo y por lo tanto a su idioma y su historia, calificaría de “naturales” en sentido peyorativo a los hijos nacidos fuera del matrimonio legal.
En este período, Natalicio González intentará darle grado de ser particular a la “raza guaraní” en su libro “Proceso y formación de la cultura paraguaya”, emulando a Fitche que en Alemania sostuvo como ontológica la superioridad del “ser alemán”. El tratado de González, más allá del pretendido nacionalismo “superman”, es una exposición importantísima para entender el carácter mestizo de la sociedad paraguaya cuyo Estado se esquilmara en la Guerra Grande. Y también para comprender la imposibilidad con que se encontró la Colonia Española para reproducir sus instituciones clásicas como la discriminación social por oficios o por linajes.

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