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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

viernes, febrero 29, 2008

Apología de la saliva en "Folisofía"

No pens, no credáis, ni timáis, endilgaroos un tractat sopra las difierentes escrementes que escreta el coerpo del homme. Mas vedré que, comparada con la merda, la pis, la mucos de la nariza, la cera de la oreca o el peto del culo, la escopida es mult supierior. La merda es lerda en estremo y por su natorale va pra abaco, la pis, ben, la adiriges do queres, pero puede te faltar, para non parlare de la mucos y la cera, que crían se escasas como en soeños. en coanto al peto, vero es que en la mi esestensia ytové magistros petorreadores de primera calitat, capaces de dar un concert longuísimo con piesas de todos los estils, coal si la su persona non foese más que un inorme e puro peto que a voluntade dilatábase por las arias. Pero, maguer la grascia, ¿qué sea el peto si non solo roído? Puesoque la olor por jediente que risolte non la comandas e disípase al poronto. endemientre que la espetorasión de la escopida colpea allí do queres y en el instante que queres. ¿Non es la más antiga manifestación civile del homme? Pero si es ato de protest, maguer cualcún háyala usado tambén como isturumento de aprobasión y agradeciment, que cosa cualquequier poedes aspetar del homme impulume. E como arma de protest es la más secreta, poroque la portas e niengún te la suspecta hasta que no la padesce, que la saliva de la boca non falta te. Apréstate con la mosculatura del rostro, coal hace el conejo, las glándolas saliviales del endentro e pensas en un sucolento manyare que non manyarás e allénase el ujiero de la boca con pura saliva. E goárdasla pelena aspetando tu oietif. Considera que la saliva es mero condutore, que descaragarás sin engredimiento coando la protest sea leve. E podes graduar la intensitat de tu arma asegún queras. Que la mesclas por primo con cualcuna flegma que atraes de tu estógamo e dasle con ello densitat mayore. Loego si boscas protest foerte sórbeste la mucos de la nariza e bátesla ben con la saliva ya realzada por las flegmas, que la mucos da cualcuna siliditat. Pero si el protest lo pensas como punisión e castigo, debes sere catarrroso del boronquio varios pedacsos de catarrro, que tren lentejuelas verdes e garabancillos grises e amarellos, e mesclas e tenes en el ujiero de la boca una vera minestra para disparar.
de Folisofía, H. A. Murena, Eudeba, Bs. As., 1998, pp.63-64

jueves, febrero 28, 2008

Cielito de Kuru infernalizado por efluvios al ras del suelo

Cielito rekové pasticheado plagiado al Leonard Cohen guarani, Mito Sequera. Como verán tiene una estructura call & response que facilita la interacción coro y voz cantante e incluso entre voz y públiko del entorno (del colectivo, metro, tren bala, Mercado 4,etc.). Se me okurrió agora ke el capo Sérgio Medeiros estabame pidiendo lista de canciones paraguayas (polkas y guaranias)con tópicos ornitológikos, fluviales, viajeros, etc..La variación es prácticamente infinita como en el raga o en el jazz.La rima en "u" en guarani es tan frecuente como en rumano.Elegí en este caso glosar las plagas que azotan a paraguay en estos días (o hace 60 anhos colorados, da igual).

Ehendú ehenduke ehendu
Mba’echaipa ñati’u okambú
Ehendu ehendukena ehendu
Mba’echaipa ñatiu sa’yju okambu
Ehendu ehendumije’yna ehendu
cherembo rasy mba’eichapa okuarú
Ehendu ehendumikena ehendu
Mba’eichapa oguata kangy che pytu
Ehendu ehendu ehendu
Ñati’u Colo’o mba’eichapa okambu
Ehendu ehendu

miércoles, febrero 27, 2008

Kuru usa da lingua matrix komo de una pata de kabra apeluchada para tuer melhor

Kuru rekurre al rulce idioma materno komo de un kysé hainveporäasy adesangrahagua petei kurepípe

Ejapiró monte de sinaí ejahu nde tembomente monte ijaípava monte de lo ay eguatá te rehó ekambú burro remboré nde vyro vayro hale monte de ybyturuzu hypy! Cháke reisu'uta hina la nde kü de kurepa ku nde cuento regueruakue ejuroguare nahaeiete puesiajapohagua sino emerkahagua pub asunto güiare mbaera la jajehodeséta ejavyjeyna cheve hia’achehina nde avionkolí montes inokuos ehevionapetembolope ejohei ejohyi na la cazó revi chupé la heví në pe mon testa rude rural testa montesa! Mon brave ekuarú canalétape! Nde vayro nde vyro mba'echapa che rendu hina nde ximbopysapé mon tesina de profe jurutavy jurujái mo ntembai amóntembai hyepaite ijehe che duki tacuakemboyensemente ahesehinahiañoreimimante juajuajauauau Mbo'o gua pio ndeve nde jurulata mba’a pio ndeikua’a ndeve jaguary’ai erejeyna chere la mavaveva ndarentendeihina koanga nde plaga ere erea mavavema nandeuveima jajajaja opa la vieja nguera opa la guaiguï fashioned tatu në ndeveguara monte sin sino ni xino che segui pio nde badulake pombeiro unilingüe akurepado reietemi AICHEJÁRANGA mba'eiko oikota ndehegui de tus oikos on-í tembo Ojelia nde rehe ha'etandeve lamentablemente ke kulpa pio tenho eu porke vos no sapo nada do guarani paraquarensis jauajauajauajaua mon amon mon amontema monte maontema montemos mon mon ttttttttttttttttttttttttttteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeemaaaaaaaaaaaaaaaaa nde sa’yju

Mar Paraguayo, el libro; Sopa paraguaya, el lenguaje

Hacia la subversión geográfica: Mar Paraguayo de Wilson Bueno Pablo Gasparini
Listar del broderie el entusiasmo, intuito del fiestero, al gozador las lenguas se le hacen medias (o inmedias) como estambres. (PERLONGHER, 1997, p. 107) Además, trazia dentro en mim toda una outra canción- (BUENO, 1992, p. 16)
El poeta y antropólogo argentino Néstor Perlongher afirmó en su introducción a Mar Paraguayo de Wilson Bueno que si la publicación de este breve texto (novela o singular nouvelle) constituía un verdadero acontecimiento, lo era sobretodo por su deliberada invención de una lengua, o, más bien, por la mezcla aberrante y errática de varias lenguas, una “sopa paraguaya” que transgrede los límites de la literatura brasileña para insertarse, con pleno derecho, en las tradiciones macarrónicas de cualquier literatura "nacional" hispanoamericana. Esta pertinencia, que quizás pueda parecer exagerada, está plenamente justificada por un efecto de lectura. Cualquier lector nativo del español, aún sin saber una palabra de portugués, podrá leer -asumiendo los olvidos y los recortes intrínsecos al acto de la lectura- la disforme y poética prosa de Mar Paraguayo. Lectura, ésta, silenciosa, que driblará, por su propia naturaleza, los conflictos de la oralidad para ofrecerse, al menos en el caso del portuñol, como acto intraducible. Mar Paraguayo transcurre de por si en un límite, una playa, más precisamente el balneario brasileño de Guaratuba2, donde una marafona3, al parecer paraguaya y de abuela argentina, nos relata, a la mejor manera de Puig (ese tono conversacional y doméstico que Perlongher descubre en Wilson Bueno) sus anhelos y desgracias sentimentales. También, como muchas veces en Puig, y como un trazo innato al discurso amoroso, es una muerte (la del “viejo”, el impotente y lúbrico protector de la prostituta) la que dispara la escritura. Si la vida –según la concienzuda voz de la narradora- es “Unos días, tango; outros, puro bolero-canción”, el relato de esta vida se mueve entre lo trágico y lo patético, entre la culpabilidad de un posible asesinato que nunca llega a asumirse y el kitsch de un sentimentalismo autocomplaciente recorrido, de a trechos, por una nostalgia de lengua en la que se aventan los restos, fragmentarios y hormigueantes, de un pasado recóndito: Escribo para que no me rompam dentro las cordas del corazón: escribo noche y dia, acossada, acavalada, asi en el viento del balneário en la cadência triste de los invernos de ahora: el tiempo moviendo-se y las sombras úmidas de los sombreros, de marcha y espeto con la paisagem de la ruíta estragada de arena y sal. (BUENO, 1992, p. 32)4 Perlongher afirma que el efecto del portuñol sería inmediatamente poético y esto por una suerte, asegura, de tensión u oscilación permanente que imposibilitaría la construcción de cualquier encuadramiento o gramática. Antes que con una ley capaz de revelar las chispas de sentido que surgen de la combinación errática de ambas lenguas, nos depararíamos aquí con la indeterminación, plenamente poética, de una serie inconmensurable de transposiciones semánticas. El propio Perlongher, sabemos, cual uno más de aquellos “hispano-americanos residentes no Brasil” que “usam os inconstantes, precários, volúveis achados da mistura de línguas para se expresar” (8) explota este recurso en su poesía, centralmente en “el rompehielos”, texto que incorpora bajo el título mayor de “Frenesí” en su segundo libro de poesía, Alambres (1987): Alud del aludir: el respostar, resposteril membrana, en el calambre, nítido o níveo, la renda en la gárgola, la gárgara de rendas, el gorgotear del pelandrún en la marisca de sofocos, puercoespín, himenil, el piecesillo de Farabeuf –cuando, al piscar, al ornicar, hacía hablar a los peces azules, colorados-, el truco estaba en el tricot de la cadera, en el tricostelón de la Nigeria, acantilar atlántica del oso lenguaraz. (PERLONGHER, 1997, p. 107). Desde la poética del neobarroco, que, de acuerdo a Perlongher "tece, mais que um texto significante, um entretecido de alusões e contrações rizomáticas, que transformam a língua em textura, lençol bordado que repousa na materialidade de seu peso” (PERLONGHER, 1991, p.16), este texto hace de las intermitencias del portugués (de su aleatorio juego de manifestaciones y latentes subyacencias) una de las contracciones capaces de llevar a lo hiperbólico el gozoso entramado de sus posibles alusiones. Así, por ejemplo, por atrás del “Alud del aludir” con que comienza el poema (y que configura, según lo dicho, un resumen o imagen chispeante de esta poética), podemos entrever la secreta operatoria de una segunda lengua por medio de la cual es posible desplazar los sentidos de la primera (el sustantivo portugués “alude”, que, calcándose sobre la tercera persona del verbo castellano “aludir”, sugiere el “Alud del aludir"). No es la intención aquí intentar construir aquella "gramática sem lei" que Perlongher liga, paradójicamente, a lo obsesivo de un “lingüista preso a lei” (9) y que pasaría, necesariamente, por un relevamiento exhaustivo (y siempre incompleto) de este "entrecruzamento de 'desvios'” que el portuñol provocaría; sí, insistir, sin embargo, en el original poder evocador que parece desprenderse del uso poético, y puntualmente neobarroco, de esta “língua” errática. Digo “original” porque si bien podríamos afirmar que Perlongher recupera una de las obsesiones barrocas, la de la incorporación o fago-citación de vocablos extranjeros (recordemos los acusativos a la griega y las palabras del latín, del toscano y del griego que Góngora incorpora en sus sonetos cuatrilingües) no se trata aquí de la pretensión de enriquecer o realzar poéticamente la lengua nativa. Tampoco, debemos decirlo, de la fascinación por una lengua extranjera de la que se obtendrían puntuales renovaciones estéticas (pienso aquí en el papel del francés en nuestro modernismo; en el “Automnal" de Ruben Darío o hasta en los vanguardistas galicismos de Huidobro). Contra las preciosidades gongorinas y contra las esperanzas o utopías de modernización, se trataría aquí del trabajo con otra lengua no central, algo que, en todo caso, y desde una estética más ligada a la expresión que al discurrir (aunque con igual énfasis en la materialidad del lenguaje) sólo podría compararse a César Vallejo (quien trabajó, además de con el francés, con lenguas no cotizadas internacionalmente: el lituano, el polaco, el rumano y el propio quechua5) , y, por otro lado, de una lengua que –desde los gauchos abrasilerados de Borges, los peones de Quiroga y la bandeirante “Voz Tutorial” en Yo el Supremo de Roa Bastos- ha trasuntado los conflictivos pliegues identitarios de una frontera que impugna y subleva la aparente precisión del Tratado de Tordesillas. Creo que Mar Paraguayo se inscribe en esa tradición hispanoamericana y que, puntualmente, si esta “fábula de amor” se dice y se escribe, en principio, en portuñol, obedece en gran parte al poder poéticamente evocador de esta lengua. De hecho, las asociaciones que van discurriendo a lo largo de este falso "flujo de consciencia", se realizan por obra de las alusiones (aquel “alud del aludir”) que despierta el errático entrecruzamiento de lenguas, y esto más allá de que esas asociaciones se deban a cierta propensión especulativa (las confesiones, incluso con matices policiales, que orbitan alrededor de la muerte-asesinato del viejo), o existencial (esa reflexión tanguera sobre lo amargo de la derrota de una vida que vendría de la abuela argentina y que recorre todo el texto). Por solo poner algunos ejemplos, podríamos afirmar que las reflexiones sobre la muerte del viejo parecen concentrarse alrededor de la materialidad (fronteriza) de la letra jota. Así, si la marafona parece hartarse del mismo por la atrayente aparición de un joven de diecisiete años (“sus diecisiete años que me juegan, sin piedad, en nesto mundo de aflición”, afirma la narradora), éste aparece dicho por la metonimia de sus atrayentes “joelhos” entrevistos desde la “janela” de su cuarto (26). Son esos “joelhos” o jóvenes años que “le juegan” en contra, esa incontrolable pasión que la protagonista sintetiza con la sugerente palabra “jugo” (“su caricia branda hecha de jugo y temor”, 52), los que se oponen a los seniles "juegos del viejo" (36): “Su gusto y su martirio: perseguir-me, casar-me, catar-me. Alcançando-me, o que siempre figurava inevitable, jugava-me ao solo (de forma alguma como tuvo de hacer contra el sofá) (36). Al parecer, en los vericuetos de esta lengua que dice a la narradora, el viejo que la “juga” (o “chuga”) al suelo transforma los juegos del jugo en inapacible “yugo”, habilitando el juego final, la “fatídica transposición para el sofá" que disparará la culpabilidad de la marafona: “Su rosto: non, non su rosto de muerto en el piso del baño, el súbito muerto que arrastê hasta el sofá de la sala, por lo puro juego (ô jugo?) de uno descargo de conciencia (...) Por el viejo, juro al pie de Dios, yo jamais faria nada (...) (72). Los ejemplos serían innumerables, pero, quizás contra lo que pueda parecer aquí, el portuñol trasciende el mero juego de palabras para convertirse en una fuerza corrosiva que, destruyendo los sentidos plenos, va construyendo una identidad que, menos que una afirmación de sí, sugiere una serie de relaciones de continuidad y de diferenciación relativa. Así, gracias a esta errática lengua que dice a la marafona, se transpone cualquier tipo de contradicción excluyente y taxativa por la que la narradora puede ser (o al menos decirse), a la vez, culpable e inocente de la muerte del viejo (y también, por otro lado -por otros vericuetos- masculina y femenina, prostituta y adolescente romántica, presa y cazadora, etc.). Como si esto no alcanzase a hacer de Mar Paraguayo un texto realmente singular, la “notícia’ que lo antecede afirma que: "el guaraní es tan essencial en nesto relato quanto el vuelo del páraro, lo cisco en la ventana, los arrulhos del português ô los derramados nerudas en cascata num solo só suicídio de palabras anchas. Una el error dela outra" (13). Según este aviso, deberíamos esperar que el guaraní, esta lengua que la marafona asume como su “idioma nativo” (18), se combinase material y semánticamente con el portugués, el español, o, en una suerte de “ménage a trois”, con el propio portuñol, originando ese “portunhol malhado de guarani" que Perlongher llega a comparar -en su introducción a Mar Paraguayo- a la experiencia “gaucho-beduino-afro-hispano-guaraní” del poeta “argentino” Francisco Madariaga. Sin embargo, la entrada del guaraní en Mar Paraguayo, parece lejos del entrelazamiento orgánico que caracteriza la mixtura (incestuosa) del español con el portugués. Antes que entrar en el alud de esas combinatorias, las palabras y aglutinaciones del guaraní, cual incisivas e innumerables hormigas, se inmiscuyen, a la manera de aposiciones, en el entramado del texto: “E ahora yo gostaria de lhes recontar uno só y cabeludo segredo: toda me esfuerzo para erguer-me con las manchas y gran exercítos de hormiga, todos los sonidos silentes que hormigas dicen, comparando estos inofensivos insectos con el guarani que viene a mim, hormiga, tahii, tahiiquaicurú, hormigas, chilreantes, tahii, tahiiquaicurú, aririi, aracutí, pucú." (33) Podríamos pensar que el tratamiento particular que recibe el guaraní obedece a la propia naturaleza de éste, ya que la radical diferencia material de esta lengua respecto a las lenguas romances europeas impediría el juego de desplazamientos fónicos/semánticos del portuñol. Sin embargo, esto, la mixtura –por decirlo de algún modo- lengua indígena/lengua romance, es una inquietud permanente en autores diglósicos hispanoamericanos. Pongamos por caso, ya que se trata del Paraguay y del guaraní, las experiencias de Roa Bastos en Yo el Supremo. En un tramo de esta novela, referido a la infancia del futuro dictador del Paraguay, se relata que éste ha desenterrado, por puro azar, una vieja calavera y espera que su aya (indígena) le revele la identidad de la misma. Tomando la calavera en la mano, la anciana comienza a cantar y en determinado momento pone en boca del cráneo los versos que siguen: Cuando era joven Guitarreando Guitarreando pasaba el tiempo pasaba y pasaba pasabá avá avá avá avasitoká. (ROA BASTOS, 1985, p. 265) Apenas un par de indicaciones a pie de página operan a manera de un diccionario español-guaraní para indicar la traslación de los vocablos aborígenes (avá: indio; avatisoká: palo o mano de mortero). A pesar de su brevedad y parquedad, el recurso es bastante inusual en Yo el Supremo al cual, intencionalmente, el autor no le ha añadido ningún tipo de apéndice que sirviera a modo de glosario6. Se diría que si Roa coloca aquí un par de entradas terminológicas, es para mostrar las limitaciones de tal tipo de pasaje o comprensión. A su vez, el fragmento –o canción- propone otro tipo de pasaje: el aya encuentra en la materialidad del español (precisamente en la desinencia del significativo verbo “pasar”) aglutinaciones significativas del guaraní que arbitran, por medio del cambio acentual (pasaba-pasabá-avá) el pasaje del español a la lengua índigena, y con ello el pasaje del cantar como mero pasatiempo al cantar como una forma de saber7. Menos que un tranquilizador reposar en el español y un uso unidireccional desde esta lengua al guaraní, nos encontramos aquí con una apropiación guaraní del español que intenta responder, una vez más, a las obsesivas preguntas de Roa: ¿cómo escribir en español cuando la lengua materna es el guaraní? ¿cómo escribir ante una lengua materna de carácter oral? Esas problematizaciones están ausentes en Mar Paraguayo que, además de contar con un extenso "elucidário" guaraní-portugués, hace de su narradora y protagonista una suerte de traductora simultánea de las lenguas romances a la lengua nativa y materno-oral. En efecto, como decíamos más arriba, entre las palabras del portugués-español-portuñol, se insmiscuyen o se cuelan aposiciones que trasladan aquellas al guaraní, incluso con aclaraciones de traducción cuando lo cree necesario8. Esto no marca, sin embargo, una deficiencia del texto, sino el énfasis en otro interés y en otra estrategia. De esta manera, deberíamos notar que las traslaciones al guaraní se concentran cuando se trata del obsesivo temor de la marafona por el infierno (añareta, la cosa añaretãmeguá), que, habilitado por la cristiana culpabilidad del deseo y del posible asesinato del viejo, se vislumbra como hecho apocalíptico -con “grandes tempestades de langostas, tucú”, (24)- o como el concreto achy guaraní, la naturaleza finita y mortal del mundo antes de entrar a la Tierra sin Mal9. Si Mar Paraguayo se desarrolla así durante una Semana Santa (con lo que está involucra en la mitología cristiana de muerte, expiación, descenso a los infiernos y resurrección), las traducciones al guaraní confrontan la redención cristiana al mesianismo guaraní y a su búsqueda de una tierra exenta de dolor (un mito común a los diferentes grupos guaraníes, tanto brasileños como paraguayos). Antes de la inevitable catástrofe futura -un diluvio, un incendio universal, una prolongada oscuridad o, incluso, el cristiano Apocalipsis (como se redefine a veces esta amenaza bajo la influencia de la “instrucción” jesuita de los siglos XVII y XVIII)- la tierra sin mal, por lo común representada bajo la forma de una isla en medio del océano, se abre como el espacio de una vida nueva al abrigo de las inclemencias de la ya conocida. El acceso a esta tierra, o mar, no es, sin embargo, fácil y supone una ardua migración bajo el dictatorial y profético carácter de un Karaí. Exaltada por el “gozo del mar” que le supone el encuentro con el niño (66), esta “canción marafa” se dice así desde esa “outra canción” que la marafona dice traer desde el “fondo del fondo del fondo” de su país a esa ardua Guaratuba donde la ha arrastrado la “ecandalosa liderança” (66) del viejo: Nasci al fondo del fondo del fondo de mi país – esta hacienda guarani, guarânia e soledad. La primera vez que me acerquê del mar, o que havia era solo el mirar en el ver – carregado de olas y de azules. Además, trazia dentro en mim toda una outra canción-.(16) Del portuñol como gozosa experiencia poética, pasamos aquí al portuñol como marca de una poética e irreducible identidad fronteriza, un ser extranjero de intraducibles y contradictorios sentidos que procura, por momentos -por momentos de alegre traducción- el transformador pasaje (panamá/Panamá) a la redención mítica del guaraní; o, para decirlo en otros términos, el utópico y subversivo pasaje del muy concreto Guaratuba, ese mar para guaxos 10o para guachos11 (en todos casos para huérfanos, para sin padres, para sin patria, para detenidos y fronterizos nómades en migración; ese mar para guachos, gauchos o gaúchos) al siempre deseado, y siempre cercado, mar del Paraguay.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BUENO, Wilson. Mar Paraguayo. São Paulo: Iluminuras / Secretaria do Estado da Cultura do Paraná, 1992. GASPARINI, Pablo. “Brasil en Yo el Supremo (o de bandeirantes, tamoraes y carnavales de cartón)”, Hispamérica, año XXIX (87), Dezember 2000. LIENHARD, Martín. “Del padre Montoya a Roa Bastos: la función histórica del Paraguay”, Cuadernos Hispanoamericanos 493/94, Julio-Agosto 1991. PERLONGHER, Néstor. Caribe Transplatino. Poesia neobarroca cubana e rioplatense. São Paulo: Iluminuras, 1991. _____. Poemas Completos. Bs. As.: Seix Barral, 1997. ROA BASTOS, Augusto. Yo el Supremo. Bs. As.: Sudamericana, 1985. _____. “Una cultura oral”, Hispamérica, año XVI (46/7), 1987. SCHADEN, Egon. Aspectos Fundamentais da cultura guarani. São Paulo: Difusão Européia do Livro, 1962. VALLEJO, César. Obra poética Completa. Bs .As.: Ayacucho / Hyspamérica, 1986.

martes, febrero 26, 2008

Fan fancy farria nacional de Mara Vacchetta, ensayista gua'í

Fanfarria nacional-

De Mara Vaccheta-Presentación de Libro 13 de marzo

Arenga con kara de culo colorado, peroración con ruido de pororó al fondo!

Plantel Perfomátiko:

Mariscal-moskito de campo abatido y voz de churero afóniko:

Kuru Bogado (con la nariz-fálika de Alexander The Large, embutido en una camiseta del club Libertad)

Teclados 3 fronteras: Denise (con camiseta de club Libertad)

Guitarra enchufada a Itaipú: Jorge (con camiseta de club Libertad)

Púber Tragafuegos: Lolita o Dolorcito de Ñemby

Abstract: farra fanfarria lafarrukeada nacional denunciada en libro didiaktiko-pedagógiko de alta escola sambenito tuke y demás artilugios discipulantes en el libro Fanfarria nacional, versión ilustrada del anterior best seller-i “Era felice y no lo sabía” de la psicokanailista y ensayista Mara Vaccheta.

Palabras-clave: farra lafaruka de contrabando jakaú lo perro pitos y flautas música de murga discurso borracho monólogo

Arenga I:

Muy pero muy buenas noches, compatriotas y correlís todos aun los acorralados por la marea roja, que tengan muy buenas noches en estas selvas de soja transgenérika ubérrima y chopetonas selvas y más selvas de soja travesti soja feminista soja gay selvas darvinianas donde la fiebre colorada sin remedio vive eternamente peleando con sus moskitos pynandí sayjú, pero haciendo la salvedad que con sus correspondientes motomochilas en banderola, contra toda clase de mbopís, mboís y kururús que antes vivían con la tan indigesta nutrición de estos vectores de plagas extranjerizantes más ke bíblicas, aunque algunos sospechen que son inkubadas acaso en las propias oficinas del ministerio de salud pública que es la que en el fondo causa la enfermedad de la misma manera y con esa lógica absurda en que el ministerio de educación produce analfabetos de blanco uniforme y de blanca ignorancia.

Señoras y señores del sambódromo patrio, nuestra salud es vieja y probada, rozagante, roja, colo’o, inoculada sin las burocraqcias de la OMS o la OPs desde hace medio siglo monocromátiko gracias a nuestros bien formados cuadros de karayas y nuestro bien armado ejército de monos en uniforme unicolor…

Hemos renovado ese viejo y anacróniko eskudo eurocentrista, la del león y la hoja de oliva, hemos vuelto a nuestras raíces salutíferas, a esa época de antes de la invasión colombiana, mucho antes del nefasto 1492, entronizando en lugar de la hoja griega a la cannabis sativa que cultivan nuestros amigos cuates colegas dukis anguirús embongarus operadores políticos esos denodados infatigables sudorientos empresarios de frontera , y en vez del león, el bello che rymbá-mi churruru chúlina luego ese ejemplar urbano neo-especie paraguayensis par excellence el zorro gris o aguaraí del asfalto hú, y siguiendo esta veta enrikecedora como si se tratara de las propias minas de uranio caazapeñas, hemos promovido la sustitución de su leyenda bolaterapiaintereí, el lema amóntema ese de “Paz y libertad” obsolescente por uno más actualizado auténtiko karaia’yetévoi puesto al día cosmopolita y muy buena onda mundial global amnésico amnistiásiko: “Era felíz y no lo sabía, chamigo-mi kuera”….Suena como myúsika en la vox de los mitai kuera.

Nuestro himno de marcha anti-patotero reza así: mbareté, opareí vyroreí, tendota, gaa vos kien sos? Triángulo de dios das capital paraguayo democracia enclenque golpe de estado tiranía y vuelta a comenzar el cántaro del pyrague tiempos del cháke somos esquizo-paranoides hip hip hurra!!!

Señoras y señores, niñitas de dios y del diablo, amable platea expectante, estimado público consumidor de libros destapa-sesos, a vos os dirijimos cuando alzamos el tono ya de por sí al natural, sin necesitar de chisme tecnológico alguno, viril de nuestra voz hasta alturas de verdadera desesperación vocal, en el umbral de lo permitido por los oídos civilizados como el nuestro habituado a las concentraciones y marchas anti-campesinas anti-leyes sexuales anti-aumento del presupuesto de salud anti-casi todo menos la guita para los mucháchis, hemos venido, hemos salidos de nuestros recovecos confortables calentitos para deciros una verdad, la gran verdad que todos vosotros kereis escuchar esta noche: no “no existe dios” ni ocho cuartos, no que se ha fundado recientemente el PCS (o partido colorado de suicidas), sino algo más trascendental e insoslayable para la laya paraguaya: el país tiene tuvo y seguirá teniendo un solo color dominante, y hoy es el amarillo de esa fiebre patria que insufla de espíritu casi alcohólico la aventura cotidiana hacia el “jehodé ja’upa la oi’a ñande la ñamandaba ape hina” autóctono nativo atávico de la raza guaraniete .

Vosotros, señores serios y responsables, fieles lectores de sesudos ensayos interpretativos de la irrealidad nacional, fanáticos de analistas como la guaireña Mara Vaccheta, sí ustedes, respetuosos de la cultura y curiosos hasta las heces de la cifra ke explicará por fin d euna buena y maldita vez pe mba’e pa’a tuja herava el enigma patrístiko: les digo otra sabiduría contenida en el libro que esta noche se presenta al estropicio gubernamental, al desenmascaramiento del como si paraquarensis secular, al gesto consumista de vuestras faltrikeras generosas:

El paraguay hubiera sido como Grecia o la India, una tierra de poetas si Indio Fifí no hubiera nacido en kambá kuá, si Indio Fifí no hubiera sido zurdo, sino Indio Fifí no hubiera traicionado sus principios socialistas innatos en un indígena como él de san Lorenzo, distrito de raíces coloniales muy profundas, muy hondas y oscuras, Kambá kúa; el Paraguay hubiera sido tierra no de conejos como España sino de poetas, si de su tierra no brotara planta tan frecuente y dañina como Indio Fifí. Una cola interminable de Indios Fifís representan siempre a nuestro país en la Conferencia Mundial de Avivados del planeta Tierra.

domingo, febrero 24, 2008

Suco Loco paraguayo!

Denuncia campesina

La Alianza Patriótica Socialista - Partido de la Unidad Popular (PUP) Lista 33, se dirige a la Opinión Pública Nacional e Internacional, para expresar cuanto sigue:

Denuncia el apresamiento de sus dirigentes y candidatos de la Alianza Patriótica Socialista Juan de Dios Acosta Mena, candidato a senador N° 2, Pablo Martínez Jara, candidato a la Junta departamental por el departamento Central y el dirigente de Partido de la Unidad Popular (PUP) Antonio Gayoso. Los mismos fueron detenidos hoy sábado 23 de febrero cuando estaban recorriendo colonias campesinas de la zona del departamento de Itapúa en el marco de la campaña electoral.

Cuando los compañeros llegaron al asentamiento 15 de agosto, de la colonia 13 de mayo, de 6 años de ocupación y 842 hectáreas, en el distrito de Natalio, km 70. fueron brutalmente reprimidos por civiles armados encabezados por el supuesto propietario del inmueble en litigio, el ex médico personal del dictador Alfredo Stroessner, Amado Cano Ortiz, acompañado por la fiscala Delia Cardozo. Este asentamiento sufre persecuciones constantes por el propietario como la fiscalía, cuando la parcela fue denunciada como Malhabida ante la Procuraduría de la República.

Este nuevo atropello prueba una vez más la política de criminalización y persecución hacia los movimientos campesinos, y a sus referentes políticos. Es evidente que esta violación de derechos humanos y políticos en plena campaña electoral es reflejo del autoritarismo de Nicanor Duarte Frutos que va a ir poniéndose más agresivo, a medida que se acerca su derrota electoral. Nicanor Duarte Frutos utiliza el aparato de estado para fines personales y de su partido; denunciamos estos métodos sucios, anticonstitucionales y antidemocráticos, financiados por la mafia, que sabemos van a amplificarse hasta el 20 de Abril.

Exigimos la liberación inmediata de los tres compañeros de la APS, así como el cese de la persecución y la recuperación de las tierras malhabidas a manos de los aprovechados de la dictadura de Stroessner, la entrega de las tierras a los compañeros sin tierra y el desarrollo de la reforma agraria integral.

Asunción el 23 de Febrero 2008.

Belarmino Balbuena

Dirección de APS – Alianza Patriótica Socialista

viernes, febrero 22, 2008

Itacurubí, de Fredi Casco

El poeta, fotografo, artista conceptual, editor paraguayo Fredi Casco (Asunción, 1967) fala de su último trabajo fotográfico, un homenaje nostálgiko a los mejores años de su infancia itacurubiense (Itacurubí de la Cordillera, a 80 kilómetros de Asuncióm, que en guaraní significa literlaamente : "Polvo de Piedras"), allí en esa región donde el agua brota al pisarla apenas, zona de balnearios y arroyos como Chololo, Y'aguy y Pirá Retá, que vió nacer a Zunilda, la yiyi-musa-esposa del capo del cartón porteño, el seudo paraguayo-dominicano Washinton Cucurto. Un cigarrillo hace de reloj de arena para marcar el tiempo de la nota en youtube con el gourmet máximo del jugo loco asunceño. Pugna entre el ojo técniko y las ruinas de la memoria.

jueves, febrero 21, 2008

Dassin, Gary, Mercouri, Seberg: fichas de la aventura de ser "judío"

Jules Dassin (hijo de un barbero ruso) famoso mundialmente por sus pelis como "La ciudad desnuda", 1948 , por su fuga del macartismo a Francia (Riffiffi, 1955), sus trabajos en Grecia (donde se casa con cantante y actriz griega Melina Mercouri, primera mujer griega en alcanzar el puesto de Ministro en ese país), muerto en 2007, entre otras muchas otras cosas más filmo la novela autobiográfica del judeo.lituano-frances Roman Gary "La promesse de l'aube" en 1970 con plata nuevamente yankee (Se llamo en inglés "The promise at dawn")...Este Gary de vida venturera, que ganó dos veces el Gouncourt, casi se llevó el Renaudot tambien 2 veces, que escribió 25 novelas en francés, 6 en inglés, que se burló de toda la crítica fashioned francesa incluído Queneau con su seudónimo o timo literario llamado Emile Ajar, por demostrar la capacidad sarcástika del romántiko anacróniko como le tildaban en ese entonces, era del nouveau roman, que se suicidó en 1980 con un revolver Smith & Wesson, calibre 38 especial, que le dió un hijo a la bellísima blonda y actriz godariana Jean Seberg llamdo Diego, este "Inonesco, Céline y Boris Vian"... "Promesa al amanecer" tiene la alegría de "Lady L." ya filmada por Ustinov en la década de los 60 con la Loren y el Newman, tiene música judía-rusa tristona y dulce, muy bella firmada por George Deleure, es una bildungsroman que narra como la Madre Mina Kacew (verdadero apellido de Roma) prepara a un Roman para la genialidad, un canto edípico de la Madre ultra absorbente, ansiosa de besos rusos pegajosos con el hijo, su itinerario ruso, polaco (Cracovia, donde lleva una brillante carrera de modista de haute couturne), francés (Niza) hasta la muerte en 1941 cuando Roman servía a la Fuerza Aérea de la Resistencia desde Gran Bretanha, que le valió el gradod e capitñan y ser nombrado Caballero de la Legión de Honor... Sólo quería expresar mi satisfacción y asombro ante la peli, esa empatía de dos sensibilidades (la del director, judío de origen ruso y la del escritor lituano-judío) , y mi parte preferida es en los créditos, después d eun petit introito, cuando asistimos a la jaula de unos primos del humano, madre e hijo simios, en una coreografía típicamente humana, demasiado humana, el mimo castrante propinado al descendiente por el progenitor, una especie de epítome de la narración que nos será contada un poco después pero en el palno ya sapiens sapiens...Cuando los monos casi nos hacen llorar .

miércoles, febrero 20, 2008

Panero, Kafka: pieles rojas, makás

DESEO DE SER PIELROJA
(Leopoldo María Panero)

La llanura infinita y el cielo su reflejo.

Deseo de ser piel roja.

A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido

el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.

Deseo de ser piel roja.

Sitting Bull ha muerto: no hay tambores

que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.

Deseo de ser piel roja.

El caballo de hierro cruza ahora sin miedo

desiertos abrasados de silencio. Deseo

de ser piel roja.

Sitting Bull ha muerto y no hay tambores

para hacerlo volver desde el reino de las sombras.

Deseo de ser piel roja.

Cruzó un último jinete la infinita

llanura, dejó tras de sí vana

polvareda, que luego se deshizo en el viento.

Deseo de ser piel roja.

En la Reservación no anida

serpiente cascabel, sino abandono.

DESEO DE SER PIEL ROJA.

(Sitting Bull ha muerto, los tambores

lo gritan sin esperar respuesta. )

"Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo". Franz Kafka, El deseo de ser piel roja, en La condena, Alianza, 1986, traducción J.R.Wilcock

martes, febrero 19, 2008

Soy "Padres e hijos" de Turgueniev, dice Kuru

"Soy 'El diario de Henry Brulard' de Sthendal...dice un personaje de Farenheit 451. "Soy 'La república' de Platón", dice una yiyi-libro un poko después. "Soy 'Esperando a Godot'," otro tanto dice un hombre-libro más allá. "Soy 'La cuestión judía' de Jean Paul Sartre" dice una yiyi-libro rubita de pelo corto, casi una pendex apenas. "Ahí está 'Alicia a través del espejo' jugando " y sigue enumerando el cicerone de la república de los hombres-libros, esos nómades memorizando libros considerados indeseables por la sociedad en que viven. Memorizan los libros y despúes lo queman. Nuestro héroe truffaniano es David Copperfield, Julie Christie aparentemente es 'Las memorias de Saint-Simon'. Unos hermanos simaeses se presentan doblemente como "Soy 'Orgullo y Prejuicio, tomo I y II de Jean Austen"...Me he preguntado inmediatamente despues de ver tan poétiko final de la peli (la primera mención literaria una vez más se la debo a Leopoldo María Panero) qué libro sería yo si me tokara en desgracia tal sociedad, cómo me presentaría, cuál sería mi esencia libresca, mi post-yo ?...Tal vez me presente en sociedad diciendo: "Soy 'Ideas y creencias religiosas ' de Mircea Eliade", o "Soy 'El héroe de nuestro tiempo' de Lérmontov" o "Soy 'Los demonios' de Dostoievski", o "Soy 'Para una tumba sin nombre de Juan carlos Onetti', o apenas un capítulo de repente de un libro, un libro-fragmento, entonces diría: "Soy la muerte del Rufián Melancólico de Roberto Arlt", o "Soy 'El Gran Inquisidor' de Los hermanos Karamazov de Dostoievski" ...Tú, si, tú, lectodor kurupiniano, ¿ que yiyi-libro o hombre-libro eres?

lunes, febrero 18, 2008

Elizabeth, look at a estos pobre mortales a tus pies que agonizan

Por esto es por lo que el hombre hace la guerra, descuartiza, desnariga, mutila, gasea, secciona orejas, castra, desmembra, devasta, el resto es temboreí, es nada…
  • Palmetto La peli se llama Palmetto (1998), un noir del alemàn Volver Schlöndorff, que ya trabajara en yankilandia la vez que llevo al celuloide el éxito de Brodway La muerte de un viajante con el narigón de Dustin Hofman, y en esa historia incestuosa protagonizada por Sam Sheppard y July Delpy, Homo faber (1991). En Palmetto la diosa caida en tierra Elizabeth Shue nos reconcilia con el viejo amor adolescencial: la masturbación. El manoseador, el actor rubio de nombre inrecordable es la mano masculina par excellence intentando abarcar la divinidad de Venus…Claro, sucumbirá como mera nutriente lujurio-canibal en las tripas de la viuda negra...
  • Elizabeth & Monkey Aki Elizabeth Shue durante la década de Karete kid, les sugiero ke cotejen la astucia de la razón natural de su trasero ebúrneo con el candor ochentoso de su cara… Nosotros representamos a ese mono que kiere vislumbrar la epifanía en este valle de lágrimas…Aurhg aurghhhhhhhhhh.
  • Observación: youtube les va a pedir que confirmen su mayoría de edad así ke no les kedará otra ke registrarse con un nickname y un passwer para poder visualizar los dos videos, plis
  • sábado, febrero 16, 2008

    Dos renacimientos

    Primer renacimiento: idea robada a una de esas pelis que pasan de madrugada -hora innona e innoble habitada solo por insomnes que aman la vida hasta en sus momentos más callados-, por ende ficticia, no autobiogràfica, en ella yo salvo la vida de una yiyi (ella venía a cobrar un cheque a ese banco que justo le tocó en suerte ser asaltado por nosotros en ese momento), mato a mi colega delictual cuando después de raptarla kiere despenarla porke ha reconocido su cara. Como yo me he enamorado instantáneamente decido por ella y el dinero. Vagamos, huyendo del pasado de violencia fundacional que nos ha unido de por vida, por el mundo gastando el botín y ella se pliega a mí en una suerte de esclavitud sexual, una mujer Venus de Milo (sin abrazos para defenderse de mis travesuras infantiles, de mis perversiones oligofrénikas), de por vida me debe su vida y me la paga con una unción amorosa-religiosa-sexual total. Moraleja: Exclavitud al Otro, al salvador, fidelidad a la memoria de ese hecho milagroso. Perspectiva del salvador, del polo positivo, ganador, del neurótiko realizado... Segundo renacimiento: como está basada en un hecho autobiográfiko entra dentro de Memorias de un jointcero: Durante un paseo dominical por el sitio veraniego llamado Pirá Retá o acaso Chololo, soy succionado por un pozo de agua sin apenas haberme sumergido ni un ápice durante toda la jornada en ese arroyuelo alcahueteador de la juventud stronista ansiosa de sensaciones verdaderas...El pozo me absorbe hasta profundidades abisales...siento que algunos han notado mi inexplicable desaparición o la presencia de esa sensación de que mi cuerpo no haya vuelto a flotar después de su "zambullida". La mayoría intenta sakarme, pero como la desgracia es disgregadora, altamente destructiva, lovecraftianamente caotizante, kiero llevarme conmigo en mis desesperados manotazos de ahogado impenitente a quien diera lugar. Una pizca de lucidez permite que mi cerebro ya hidropésiko de la orden a mis manos robotizadantes para tomar la mano de uno de los reskates y pegoteándoselo como papel con goma aràbiga a mi cabellera (¡hay felicidad del avuku, cerveza y concha infinita a los cultivadores de guedejas salvadoras!)y así pudo jalarme hasta la atmósfera terrícola, lejos de esa pesantez voluptuosa del agua dulce y mortal. Simulando aturullamiento, dopamiento masivo de la cabeza, pulmones y oídos obturados con la cera del agua barrosa, rehuyo extenderme en agradecimientos con mi salvador improvisado: un enano mal formado, pelele dominguero supongo aficionado a la cachaca y la birra de arró piré...Nunca anoté su nombre, dirección, nombre de su yiyi, oficio, jamás insinué una retribución monetaria, laboral, moral, poétika...Lo borré de mi mente (otra forclusión más de las tantas ke que han marcado como hitos de silencio mi ajetrada existencia)y de mi vida tan pronto como llegó y relampaguéo inmoralmente dentro de ella. Moraleja: desprecio del salvador inoportuno, la doble desvergüenza de la continuidad de la vida debida a un un ser demiúrgiko de tercera categoría: el bien es el olvido,por ende. La perspectiva narrativa es la del polo negativo, la del oprimido por tan fatal y trágica hazanha, la del condenado al agradecimiento eterno, como si un domingo de tarde yo mismo con mi torpeza y boludez habitual hubiera engendrado, malparido al mundo un segundo padre-madre...(usted, amable lector y companhero virtual, hermano del silencio universal, cuando me lea y sienta cierta inclinación hacia mis textos, que asimile al kuru como un mal necesario de la red, digo, entonces, no olviden al enano inmundo que un domingo de mierda cualkiera trajo de vuelta a este su servidor que muy bien estaría de otro modo siendo pasto de medusas y piranhas si no mediara la intervención del personaje gnómiko).

    jueves, febrero 14, 2008

    Qué ave roes, poliglotón, en esta avicena de cenizas?

    (...) Vaya con la malaya (...) Algo ginebriosos (...) Dalirante dalineante (...) Eurekakareando su descubrimiento (...) La cita sternebrosa (...) La argentina despampanante (...) Salomesalinas en muselinas (...)Bon! Camaleonardo! (...) Sobre la brumadrugada (...) Sus pornoctambulaciones (...) El tsetseo ahogando el sexeo (...) Morocha rechoncha la Concha (...) Los palabrazos no valen nada (...) Alias "Sherlock Wholemess" (...) Le place el placebo (...)Contándote sus aventura en franco franglais (...) Asmodeo era el diablo del asma (...) Regla sin sexcepción (...) Para disoluto...Paradisopurgatorioinferno (...) Feo católico y semental (...) Jarabe árabe (...) El Ficcionario de la Lengua Larva. Babel de una noche de San Juan, Julián Ríos, Plaza & Janés, 1994, Barcelona

    martes, febrero 12, 2008

    Bernhard anti-reggetón

    El asco. Thomas Bernhard en San Salvador, de Horacio Castellanos Moya, Editorial Arco Iris, San Salvador, 1997, 8° edición
    Mi gran amigo y mayor escritor luqueño-paraguayo, Javier Viveros (hoy en día en Accra, Ghana, esa ex Costa De Oro del África Occidental, que en 1935 fue el país más rico del mundo, la de la tierra sagrada de los Akan, de los gặ, la de uno de los doce reinos de los Ashanti diseminados entre Ghana y Costa de Marfil, que tanto escandalizaron a los colonialistas ingleses como al espía decimonónico del Imperio Británico Richard Burton) me prestó hace poco un libro que compró en el aeropuerto Comapala de San Salvador, contandome la anécdota que en todas las librerías le habían dicho que no tenían stock de ese autor nativo y en el aeropuerto, que sí tenía un ejemplar del mismo, le dvirtieron que no creyera nada de las ideas anti-turisticas que aparecían en sus páginas: El asco de Horacio Castellanos Moya. Son 119 pp. de una escritura perfeccionada en años de estudio de la música atonal que configuran las frases floripondiadas de Herr Loco Bernhard. Un calco perfecto del Bernhard más legible, clasicista casi, de frases claras y distintas templadas en polvo de todos los días, un pastiche-homenaje del autor austriaco. Es el Bernhard de El malogrado, de Tala, de El comebarato, de las nouvellitas, sin ese deshuesado lirismo de los escritos autobiográficos (corpus de 5 libros considerado su obra maestra): El frío, El sótano, El niño, etc. Alejado del pos-dodecafonismo enmarañado, denso, la de las imbrincaciones de rubios torti crines, hirsutas, un Peguy crazy, noisy, estridente, cadenas de Alban Berg sajando las reiteraciones esquizofrénicas, el machacamiento de la naturaleza física lujuriantemente hipocondríaca tuberculosa proto-macabra de esas otras obras como son La Calera, Corrección, Helada, los relatos como el Watet, pero al mismo tiempo ese expresionismo monocorde-monocromático, deudor del pesimismo absoluto de Schopenhauer. Castellanos Moya considera El Salvador de los militares, de los guerrilleros, de los asesinos de Roque Dalton, y aún antes de eso, un vertedero, un mingitorio como el que se erige en la entrada de la ciudad cerca del aeropuerto. Mejor será citarlo:

    (…) no puedo entender cómo está raza bebe esa cochinada de cerveza con tanta ansiedad, me dijo Vega, una cerveza cochina, para animales, que sólo produce diarrea, es la que bebe la gente aquí, y lo peor es que se siente orgullosa de beber una cochinada, son capaces de matarte si les decís que lo que están bebiendo es una cochinada, agua sucia y no cerveza, en ningún lugar del mundo eso sería considerado cerveza, Moya (….)

    El juego del autor salvadoreño es enceguecer todos los colores del objeto sobre el cual pasa su bisturí crítico, absolutizando la degradación, la miseria, la ignorancia de sus compatriotas, doblegarlos bajo un mismo saco protector de la luz piadosa, que lleva a la hiperbolización de tal estilo, sabiendo además que el calco bernhardiano es total, lleva al lector que no conoce su país salvadoreño a veces a reírse, pero otras veces da la sensación como que poco ese discurso de criticismo europeo nórdico no cala mucho en el trópico, el color nos relaja, además nuestra resignación masoquista nos mantiene quietitos, en una serenidad de viejos sabihondos o al menos bien posicionados en un escepticismo moderado: no nos tragamos tan fácilmente que El Salvador sea peor que Paraguay por ejemplo…pero obviamente es la única terapéutica prescriptible en esta novelita revulsiva, un vomitorio para desesperar y provocar a los salvadoreños ahogados en el canto de sirenas ensordecedoras del cinismo de su historia contemporánea sangrienta, etc. ¿Cómo hacerse oír, hacer oír uno su música, que será tan escandalosa para fastidiar a los que de por sí viven en una interioridad de criminalidad, corrupción, prepotencia amoral? He ahí la clave no bien temperada, buscada a lo largo del libro. Citemos nuevamente:
    “nadie puede mostrar su lucidez después de haber estudiado once años con los hermanos maristas, nadie puede convertirse en una persona mínimamente pensante después de estar bajo la educación de los hermanos maristas, haber estudiado con los hermanos maristas es lo peor que me pudo haber sucedido en la vida, Moya, haber estudiado bajo las órdenes de esos gordos homosexuales ha sido mi peor vergüenza, nada tan estúpido haberme graduado en el Liceo salvadoreño, en el colegio privado de los hermanos maristas en San Salvador, en el mejor y más prestigioso colegio de los hermanos maristas en El Salvador, nada tan abyecto como que los maristas le hayan moldeado el espíritu a uno durante once años, ¿te parece poco, Moya? (….)”

    No nos vendría mal a nosotros los paraguayos uno de estos libros indexables en el Registro de los Libros Antipatrióticos, Libros Burlas, Vómitos Letrados infalibles contra muestra secular autoindulgencia cotidiana moral-polítika-social.

    (…) estoy aquí luego de 18 años, regresé nada más para constatar que hice muy bien en irme, que lo mejor que se me pudo ocurrir fue largarme de esta miseria, que este país no vale la pena para nada, este país es una alucinación, Moya, sólo existe por sus crímenes, por eso hice bien en largarme, en cambiar de nacionalidad, en no querer saber nada de él, es lo mejor que se me pudo ocurrir, me dijo Vega (…)

    El largo plagueo de 119 páginas cuyo típico toque bernhardiano, el punto a parte es el punto final, se resuelve en un vómito final que se sugiere desde el título del libro, El asco, el momento que da la bienvenida a los visitantes de la ciudad, los pequeños que comen y beben durante el vuelo, en el baño del burdel al final, allí está la llave perdida del secreto salvadoreño, bien metido en el water-closet del baño de un nauseabundo burdel llamado “La Libertad”…El asco de Castellanos Moya es una náusea omniabarcadora, físico-química, ronda como una niebla de invierno eterno, a través de la absolutización de su miseria existencial, la náusea metafísica de un Sartre de alguna manera. Esa totalidad del ser metaforizada en el asco literario de un solo punto aparte de una larga parrafada de 119 pp. es el supremo bloque de mármol que Castellanos Moya quiere poner sobre la tumba humana espiritual de su Salvador natal:
    (…) Vomité, Moya, el vómito más inmundo de mi vida, la más sórdida y asquerosa manera de vomitar que podés imaginar, porque yo era un tipo vomitando sobre un vómito, porque ese prostíbulo era un enorme vómito salpicado de semen y orines. Verdaderamente indescriptible, Moya, aún se me revuelve el estómago de sólo recordarlo. Salí de los sanitarios, tambaleante, con la firme decisión de abandonar ese antro inmediatamente, sin importar lo que argumentaran mi hermano y su negroide acompañante, con la terminante decisión de subir a un taxi y dirigirme a casa, me dijo Vega (…)

    lunes, febrero 11, 2008

    cabichu'i

    colección grabados del cabichu’í
    periódico de la guerra de la triple alianza única colección orgánica -aunque incompleta- que existe en el Paraguay del periódico CABICHU’Í (que significa avispita en guaraní) y de los pocos estudios que encaran sistemáticamente el tema de este periódico como expresión popular y como registro histórico.

    "Todo es lo xerox del xerox!", Ronaldo Bressane sobre Asunciòn en Estado de Sao Paulo de este domingo

    Muchas exclamaciones depois, saltamos em um barrio de árboles y mansiones. Ali conocemos Carla Fabri, fada-madriña do movimento. Toda de blanco, blancos-pérola sus cabellos longos, ella nos recebe com um abrazo galáktico. Su casa é lotada de objetos de arte e pinturas modernistas; lá fora um espejo d’água é cercado por enorme gramado - “necesito espacio para que acá descendam las naves interestelares”, explica a atriz e cronista do diário ABC (Carla é a Danuza Leão de Assunção). Almorzamos com Cristino Bogado Gamarra, El Kuru, que dispara:- Las Mercenárias ainda tocan, verdad? Y Fellini? Conoces Akira S, Ira!, Patife Band? - Kuru, autor de Punk Desperezamiento (Lima, Sarita, 2007), morou em São Paulo nos anos 80; daí su admiración pelas bandas alternativas da ciudad. O editor e poeta paraguayense é a terceira ponta do tridente selvaje - além de primo do Gamarra, maior zagueiro da história do Corinthians. Assim que devastamos las milanesas, Carla y Kuru nos levam ao Hotel Gran Paraguay... ex-residência de Madame Lynch, amante de Solano López! - Cuidado com el fantasma ninfómano de Madame... - Carla estala besos en mis bochechas. Y es mismo despampanante el hotel! Lo más estraño es que sólo yo y el periodista brasileño Bruno Torturra estamos hospedados lá... Nosotros y, saberemos mais tarde, 700 debutantes! Ai ai ai!
    Sigue akÏ, che duki kuera:

    sábado, febrero 09, 2008

    Robbe-Grillet sobre Roussel

    Enigmas y transparencia en Raymond Roussel (1963)
    Raymond Roussel describe; y, más allá de lo que describe, no hay nada, nada susceptible de ser llamado tradicionalmente un mensaje. Usando una de las expresiones favoritas de la crítica literaria académica, Roussel no parece tener gran cosa “que decir”. Ninguna trascendencia, ninguna extralimitación humanista pueden aplicarse a las series de objetos, gestos y acontecimientos que constituyen, desde la primera visión, su universo. A veces, por requerirlo así una muy estricta línea descriptiva, tiene que contarnos alguna anécdota psicológica, o bien cierto imaginario rito religioso, un relato de costumbres primitivas, una alegoría metafísica…pero tales elementos nunca tienen “contenido2 alguno, ninguna profundidad, en ningún caso pueden constituir ni la más modesta aportación al estudio de los caracteres humanos o de las pasiones, la más mínima contribución a la sociología, la menor meditación filosófica. Se trata siempre, en efecto, de sentimientos declaradamente convencionales (amor filial, abnegación, grandeza de alma, alevosía, y tratados siempre al modo de las estampas de Epinal), o bien de ritos “gratuitos”, simbolismos acreditados y gastadas filosofías. Entre la absoluta falta de sentido y el sentido agotado sólo quedan, una vez más, las cosas mismas, objetos, gestos, etc. En cuanto al lenguaje, no responde Roussel mucho mejor a las exigencias de la crítica. Muchos han sido ya los que lo han señalado, y por supuesto para lamentarlo: Raymond Roussel escribe mal. Su estilo es sin brillo y neutro. Cuando se sale del orden de la constatación –es decir de la vulgaridad reconocida: el terreno del “hay” y del “se encuentra situado a cierta distancia”-, es siempre para caer en la imagen trivial, en la metáfora más trillada, procedente a su vez de algún arsenal de convenciones literarias. La organización sonora de las frases, por último, el ritmo de las palabras, su música, no parecen plantear al autor problema de oído alguno. El resultado carece casi continuamente de atractivo desde el punto de vista de las buenas letras: una prosa que salta del runruneo más memo a unas trabajosas y cacofónicas imbricaciones, unos versos que hay que contar con los dedos para divertir que los alejandrinos tienen realmente doce sílabas. Estamos pues en presencia del perfecto reverso de lo que se ha convenido en llamar un buen escritor: Raymond Roussel no tiene nada que decir y lo dice mal…Y no obstante, su obra empieza a ser por todos reconocida como una de las más importantes de la literatura francesa de principios de siglo, una de las que han ejercido su fascinación sobre varias generaciones de escritores y artistas, una, sin duda alguna, de las llamadas a figurar entre los antepasados directos de la novela moderna; de ahí el interés, en creciente aumento, que se dedica hay a esta obra opaca y decepcionante. Veamos primero la opacidad. Se trata, también, de una excesiva transparencia. Como quiera que nunca hay nada más allá de la cosa descrita, es decir, que ninguna sobre-naturaleza se oculta en ella, ningún simbolismo (o en tal caso se trata de un simbolismo inmediatamente proclamado, explicado, destruido), la mirada se ve obligada a detenerse en la superficie misma de las cosas: una máquina de ingenioso e inútil funcionamiento, una tarjeta postal de un balneario, una fiesta de desarrollo mecánico, una exhibición d brujería infantil, etc. Una transparencia total, que no deja subsistir ni sombra ni reflejo, equivale, en efecto, a una pintura efectista. Cuanto más sea cumulan las precisiones, la meticulosidad, los detalles de forma y dimensión, más profundidad pierde el objeto. Es pues ésta una opacidad sin misterio: al igual que sobre un telón de fondo, nada hay tras de esas superficies, ni interioridad, ni secreto, ni segunda intención. No obstante, por un movimiento de contradicción frecuente en las modernas técnicas de escribir, el misterio es uno de los temas formales más de buen grado empleados por Roussel: búsqueda de un tesoro escondido, problemático origen de tal o cual personaje, o tal objeto, enigmas de toda especie a cada paso planteados tanto al lector como a los protagonistas en forma de adivinanzas, jeroglíficos, ensambladuras aparentemente absurdas, frases en clave, cajas de doble fondo, etc. Las salidas escamoteadas, los subterráneos que comunican dos lugares sin relación visible, las súbitas revelaciones sobre las interioridades de una filiación en entredicho, jalonan ese mundo racionalista a imagen y semejanza de las novelas “negras” de la tradición romántica transformando por un instante el espacio geométrico de las situaciones y dimensiones en un nuevo Castillo de los Pirineos…Pero no, aquí el misterio es incesantemente controlado pero que muy bien. No sólo esos enigmas son expuestos con excesiva claridad, analizados demasiado objetivamente, y se declaran excesivamente tales enigmas, sino que además, al final de un razonamiento más o menos largo, se descubrirá y desmontará su solución, también esta vez con la mayor sencillez, habida cuenta de lo extremadamente complicado de sus hilos. Tras haber leído la descripción de la máquina desconcertante, se nos da derecho a la descripción rigurosa de su funcionamiento. Tras el jeroglífico viene siempre la explicación, y todo vuelve a su cauce. Hasta tal punto que la explicación se hace a su vez inútil. Responde tan bien a las preguntas hechas, agota tan por completo el tema, que parece a fin de cuentas hacer las mismas veces que la máquina misma. Y aun cuando se la ve funcionar y se sabe con qué objeto, ésta sigue siendo cabalística: así el famoso pisón que sirve para componer mosaicos decorativos con dientes humanos utilizando la energía del sol y d e los vientos. La descomposición del conjunto en sus más minúsculos resortes, la perfecta identidad de éstos y de la función que cumplen, no hacen sino de volver al puro espectáculo de un gesto privado de sentido. Una vez más, el excesivamente transparente significado coincide con la total opacidad. En otra parte, empieza por proponérsenos una reunión de palabras lo más heteróclita posible –colocada por ejemplo bajo una estatua, llena a su vez de múltiples particularidades desconcertantes (y como tal dadas)- y se nos explica luego prolijamente el significado (siempre inmediato, a ras de las palabras) de la frase-adivinanza, y cómo está directamente relacionada con la estatua, cuyos extraños detalles se revelan entonces como absolutamente necesarios, etc. Ahora bien, tales elucidaciones en cadena, extraordinariamente complejas, ingeniosas, y “traídas por los pelos”, parecen tan irrisorias, tan decepcionantes, que es como si el misterio permaneciese intacto. Pero es ya un misterio lavado, vaciado, que se ha hecho innominable. La opacidad ya no oculta nada. Tiene uno la impresión de haber encontrado un cajón cerrado, y luego una llave; y esa llave abre el cajón impecablemente…y el cajón está vacío. El propio Roussel parece haberse engañado un tanto a propósito de este aspecto de su obra, él que se creía capaz de hacer acudir corriendo a las multitudes al Châtelet para asistir a una cascada de aquellos –creía él- palpitantes enigmas y a su sucesiva solución por un protagonista paciente y sutil. Pero la experiencia, desgraciadamente, pronto le sacó de su error. Era fácil de prever. Pues se trata en realidad de adivinanzas planteadas en el vacío, de pesquisas concretas pero teóricas, carentes de accidente, e incapaces por tanto de hacer caer en la trampa a nadie. Y hay sin embargo trampas, a cada página, pero se las hace tan sólo avanzar ante nosotros, señalándonos todos los resortes e indicándonos en cambio cómo no ser sus víctimas. Por supuesto, aun cuando no tenga una larga costumbre de los mecanismos rousselianos y de la necesaria decepción que sigue a su realización, todo lector cualquiera será impresionado, desde un principio, por la ausencia total de interés anecdótico –la total blancura- de los misterios propuestos. Una vez más, se trata, o bien del vacío dramático completo, o bien del drama de capa y espada con todos sus accesorios convencionales. Y, en este caso, tanto si las historias contadas traspasan o no los límites de lo desconcertante, ya de por sí la manera de presentarlas, la ingenuidad con que se plantean las preguntas (del tipo: “Todos los asistentes estaban muy intrigados por…”, etc.), y el estilo por último, lo más alejado posible de las reglas elementales del buen suspense, bastarían para alejar al aficionado mejor dispuesto de estos inventores para Concours Lépine de la ciencia-ficción y de esas páginas folklóricas reguladas como un desfile de marionetas. ¿Cuáles son entonces esas formas que nos apasionan? ¿Y cómo actúan sobre nosotros? ¿Cuál es su significado? A las dos últimas preguntas, es sin duda demasiado pronto para responder. Las formas rouselianas no han llegado aún a ser académicas; no han sido aún digeridas por la cultura; no han pasado aún a la categoría de valores. Podemos ya, sin embargo, tratar al menos de nombrar algunas. Y, para empezar, precisamente esa búsqueda que destruye ella misma, mediante el estilo, su propio objeto. Esa búsqueda, lo hemos dicho ya, es meramente formal. Es ante todo un itinerario, un camino lógico que conduce de un estado dado a otro estado, muy semejante al primero, aunque se llegue a él dando un largo rodeo. Tenemos un nuevo ejemplo –que tiene la ventaja además de situarse enteramente en el terreno del lenguaje- en los cortos relatos póstumos cuya arquitectura ha explicado el propio Roussel: dos frases que se pronuncian de idénticas maneras, con una diferencia de una letra, pero cuyos sentidos no tiene n relación alguna, a causa de las distintas acepciones en que se toman las palabras semejantes. El trayecto es aquí la historia, la anécdota, que permite reunir las dos frases, que constituirían, respectivamente, las primeras palabras del texto y las últimas. Los episodios más absurdos quedarán así justificados por su función de utensilios, de vehículos, de intermediarios, la anécdota no tiene abiertamente más contenido, sino un movimiento, un orden, una composición; tampoco ella es más que una mecánica: máquina para reproducir a la vez que para modificar. Pues preciso es insistir en la importancia dada por Roussel a esta levísima modificación de sonido que separa las dos frases-clave, por no mencionar la modificación general del sentido. El relato ha operado ante nuestros ojos, por una parte un profundo cambio de lo que significa el mundo –y el lenguaje-, y por otra una íntima diferencia superficial (la letra alterada); el texto “se muerde la cola”, mas con una pequeña irregularidad, una pequeña contorsión…que cambia todo. Con frecuencia también encontramos la mera reproducción plástica, como ese mosaico dibujado por el pisón citado. Abundan los ejemplos, ya sea en las novelas, las obras de teatro o los poemas, de esas imágenes de todas clases: estatuas, grabados, cuadros, incluso burdos dibujos sin ningún carácter artístico. El más conocido de esos objetos es la visión en miniatura que se divisa en el mango de un portaplumas. Por supuesto, la precisión de los detalles es tan grande como si el autor nos mostrase una escena de verdad, de tamaño natural, o incluso aumentada mediante un aparato de óptica, gemelos o microscopio. Una imagen de unos cuantos milímetros de lado nos permite así ver una playa con diversos personajes en la arena, o en el agua en unas embarcaciones; no hay en ningún momento nada desvaído en sus gestos, o en las líneas del decorado. Al otro lado de la concha pasa una carretera; y por esa carretera circula un coche, y hay un hombre sentado dentro del coche; ese hombre lleva un bastón, cuyo puño representa…, etc. La vista, sentido privilegiado en Roussel, alcanza rapidísimamente una agudeza de locura, que tiende hacia el infinito. Tal carácter se hace sin duda aún más provocador por el hecho de tratarse de una reproducción. Roussel describe de buena ganan, lo hemos señalado ya, un universo que no s e da como real, sino como ya representado. Se complace en colocar a un artista intermediario entre él y el mundo de los hombres. El texto que se nos propone es una relación concerniente a un doble. El desmesurado agrandamiento de ciertos elementos lejanos o minúsculos adquiere pues en él un valor particular; porque el observador no ha podido acercarse para observar de cerca el detalle que retiene su atención. Evidentemente, también él inventa, a la manera de esos numerosos creadores –de máquinas o procedimientos- que pueblan toda la obra. Otro carácter sorprendente de esas imágenes es lo que podría llamarse su instantaneidad. La ola que se dispone a romper, el niño que juega al aro en la playa, más allá la estatua de un personaje en ademán elocuente (aun cuando el sentido esté al principio ausente, en estado de jeroglífico), o el objeto figurado a mitad de camino entresuelo y la mano que acaba de soltarlo, todo es dado como en pleno movimiento, pero fijado en medio mismo de ese movimiento, inmovilizado por la representación que deja en suspenso todos los gestos, caídas, rompimientos, etc., eternizándolos en la inminencia de su fin y cortándolos de su sentido. Vacíos enigmas, tiempo detenido, signos que se niegan a significar, agrandamiento gigante del detalle minúsculo, relatos que se cierran sobre sí mismos, nos encontramos en un universo llano y discontinuo en el que cada cosa no remite sino a sí misma. Universo de la fijeza, de la repetición, la evidencia absoluta, que encanta y desanima al explorador… Y he aquí que de nuevo aparece la trampa, pero es de otra naturaleza. La evidencia, la transparencia, excluyen la existencia de ultramundos; no obstante, de este mundo descubrimos que no podemos ya salir. Todo está detenido, todo está reproduciéndose, y el niño sostienen para siempre en alto el bastón sobre el aro que se inclina, y la inmóvil espuma de la ola va de nuevo a caer…
    De Por una novela nueva, Alain Robbe-Grilllet, Seix Barral, 1973, Barcelona