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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, diciembre 18, 2008

about Batel de Giselle

Muy buenas noches a todos
Presentar este libro me alegra porque me permite compartir con ustedes, aunque sea brevemente, mi lectura y mi propia relación con Batel y porque quizá si al leerlo suman éstas a las suyas se aproveche aún más la versatilidad que tiene todo buen libro. La mayor parte de los escritores no publican libros sino que perpetran crímenes ecológicos, y no merecen por ende comentarios sino multas. Hablando de delincuencia, siempre robé ropa para mí, pero hace algunas semanas lo hice también para otra persona por vez primera. Ahora veo por qué esa persona tenía que ser Giselle. Que mencionó su curiosidad por verme en acción hace tiempo y se abstuvo de insistir cuando yo, sin saber por qué lo estaba haciendo, fundamenté más de una vez por qué robo para mí pero para nadie más y menos sobre pedido. Giselle no objetó nada, pese a lo cual una especie de inquietud me hizo dedicar todavía un par de veces divagues al tema de la naturaleza no utilitaria del genuino vicio, en mi caso el vicio del peligro, y al absurdo de cumplir deseos ajenos según la lógica de la libertad. Derroché pólvora por un impulso para mí oscuro teorizando mientras me movía o andaba a la vez que fumaba o chupaba y mientras Giselle decía que qué buena está esa frase o te entiendo demasiado bien. Y al releer Batel tras el reciente robo veo que nunca dijo ni tenés razón ni es cierto ni mucho menos renuncio a que robes para mí. De paso, no lamento su persistencia, doblemente fructífera pues robé para las dos (hacerlo sólo para ella ya no habría sido cortés sino servilmente abyecto). Sin caer en mi insistencia compulsiva, Giselle, quieta y con la mente clara, apuntó con buen pulso mientras yo me movía de aquí allá y me iba por las ramas diciendo qué temazo no se puede escuchar un tema así y seguir sentado a menos que seas fiambre o no tenés chocolate o yo qué estaba diciendo o será que estoy en pedo y gastaba mi pólvora disparando en cualquier dirección balas perdidas. Ved cómo se afila callada la inteligencia en firme dirección al objetivo cuando se tiene algo qué decir o escribir, o, en este caso anecdótico, qué lograr. Al releer Batel releí también retrospectivamente los hechos viendo la presencia discreta, el recto filo de la inteligencia, y releerlos a su vez hizo visible la distancia interna, la quieta reserva de la inteligencia. De la solitaria inteligencia. La específica inteligencia de Giselle y la específica inteligencia de Batel y lo que de Giselle hay en Batel y a la inversa. En los hechos, mi propia insistencia me hartó y aburrió y me olvidé del asunto por completo. Y entonces, en persistencia tácita y sin embargo nunca abandonada, Giselle vio el momento del disparo dando en el blanco sin derrochar ni pólvora ni balas. Anécdotas así, cabe decir, son alegres. Pero la alegría real es vecina de lo oscuro, como la luz más fuerte da más sombra, y el clima de Batel, aunque a ratos sonría, no excluye la tristeza. Tristeza, sin embargo, no de sombra sino de penumbra, no de horror y tinieblas sino del peso callado del crepúsculo:









El exiliado,


el que se está yendo,
vuelve
y trae lémures
y bateles que se alejan
tristemente
unos ojos le gritan
desde la bahía,
pero él está volviendo
a ser devorado
por el crepúsculo
la respiración es poca
para las familias,
y se desprenden
globos de aire
por todas partes
entonces,
hay vino para rato
La tristeza crepuscular puebla los días de un vivir melancólico. Aunque fuera de Batel la melancolía sea fumigada con fines de exterminio por deepakchopras que nos atiborran de chocolate caliente para el alma, por libros con los que se autoayudan a lucrar sus autores, por hordas de peligrosos fanáticos de la felicidad uniformados con la delirante sonrisa planetaria del bienestar y por psicólogos que creen cuerdo de su parte curar el pesimismo ante lo que sea, desde la iniquidad social o la sospecha de vivir indignamente hasta la muerte ajena o la certeza de la propia, es decir, que creen razonable curar la lucidez, ya que ante ejemplos como los citados la felicidad sería lo psicótico. También sobre la demencia democratizada y el hecho de que la gente, encima de ser imbécil y estar loca, tenga la prodigiosa estupidez de tragarse el cuento de que la loca soy yo, entre algunos otros tópicos afines, he teorizado feroz y airadamente ante Giselle con derroche de pólvora, blasfemias y palabrotas. Y Giselle, que también sabe estas cosas, dispara en cambio detonando sin ruido la sonrisa:






Clasificación C





–¿Qué mirás?
Somos tercermundistas de la tercera edad
asistiendo a un encuentro del tercer tipo
anote, también, que:
venimos con el firme propósito de terciarizar
la última lámpara y el tercer deseo,
el miedo póstumo
y nuestra tercera oportunidad.
(sonido tresdé,
imágenes en formato emepetrés)
Sonrisa un poco triste. Siempre discreta, nunca desgarradoramente triste. El crepúsculo es triste sin exceso, ya que después de todo es cotidiano. Sonrisa generosa, que no se ensaña con los pobres bípedos, víctimas, al fin, de sus propios miedos y pequeñeces, aburridos, previsibles, monótonos, pero indignos de gastar violencia en ellos, que de puro grises ni calientan y que a ratos pese a sí mismos son casi entrañables en su mísera inepcia y hasta, detrás de su sonrisa Kolynos, inconfesablemente desdichados. Sobrio distanciamiento que cumple con estilo nítido, contundente, su justicia minúscula, su justicia que escribe en minúsculas la minúscula vida. Sensación de la minúscula, de la pausada tipografía del crepúsculo. Minúscula que dice: las mayúsculas mienten. Minúscula que dice: es mentira la H mayúscula de la Historia y son mentiras la I mayúscula del Ideal y la mayúscula F de la Felicidad y la propia mayúscula metafísica de la S del ser. Minúscula que dice la íntima desolación de lo irrisorio, que de puro irrisorio no llega ni a ser trágico, pues la Tragedia lleva T mayúscula. Minúscula que sonríe tristemente ante las Grandes Mayúsculas, ante el Hombre que se cree importante milagro, forjador de cultura, sujeto de derechos y otras mayúsculas más y que en el fondo sólo es un aturdido







parado entre el pez y el pescado,



la gallina y el pollo
el hombre y el ciudadano
Tantas Mayúsculas para maquillar un rostro tan insignificante, indica la tristeza risueña de Batel. Indica su propio fondo vacuo, que es el de la existencia: un fondo hueco que está lleno de nada. Que está, por paradoja, lleno de su vacío:










A la tarde, nos tenderemos a reposar,



a tomar tereré con abundante hielo,
a beber café, birra, con los amigos,
solos, viendo películas yanquis para señoritas,
llorando, al final. Riendo, durante,
si alguien nos mete la mano.
Independientes.
En algún momento, haciendo lo propio,
los señores varones preferirán
hablar de «El saber» en los copetines
y las señoras feministas de «La sabiduría»
en las peluquerías.
Fondo sin furia aunque desengañado de los nombres dichosos que maquillan la inevitable desgracia, los miedos proyectados sobre el écran en blanco del silencio, del silencio que siempre intranquiliza:












Es como si las bolsas de plástico




se hubiesen puesto de moda para los muebles
porque para qué recordar a los muertos
y juntar polvo en la casa
Las telarañas emigran
y las hormigas hacen lo suyo:
se llevan la última miga
de un hogar, dulce hogar
El fondo opaco de las esperanzas traicionadas y los sueños mentirosos, de las ebrias noches de promesas de dicha y del gris despertar de la resaca. El fondo vacío de lo que se infla mucho y suena a hueco. El fondo lleno de nada de las máscaras que se ponen los hombres ante el espejo.









Montserrat Álvarez, Asunción, Manzana de la Rivera, miércoles 17 de diciembre, 2008, 7 pm.