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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, octubre 08, 2008

campo rodeado por un mar de soja transgénika, ese yuyo maldito

Renacer viajó a Asunción para hacer un balance de los primeros meses de gobierno de Fernando Lugo. Reforma agraria, Itaipú y la deuda social. El micro cruza el territorio paraguayo de este a oeste; de Ciudad del Este a la capital Asunción. Las chiperas suben al bus cada veinte kilómetros y ofrecen pan y chipa a mil guaraníes (poco menos de un peso) la pieza. La ruta atraviesa los campos cubiertos por un mar de soja transgénica, ese “yuyo maldito” o “cereal milagroso” –según quien lo adjetive- que se reproduce en las ricas tierras paraguayas con la misma fuerza que las carencias de los campesinos guaraníes. “Todo esa tierra era monte. Ahora es soja de unas pocas familias”, me confiesa Guido, un campesino que viaja a Asunción para visitar a uno de sus hijos. “Negociados del Partido Colorado, chera´a (compadre). Arreglos con patrones y terratenientes brasiguayos. Estamos esperando la reforma agraria, chera´a. El campesinado no aguanta más”, explica antes de bajarse en la terminal de buses de Asunción. La primavera en la capital es húmeda y calurosa. “Mucho calor, chera´a. En los años de Stroessner estaba prohibido decir que la temperatura estaba por arriba de los treinta grados. Cuestiones psicológicas para tener tranquilo al pueblo”, explica un cambista en pleno centro de la ciudad. El termómetro social y político paraguayo parece que supera largamente esa temperatura ideal. Las tapas de los principales diarios destacan que en el encuentro anual de productores agropecuarios se criticó con dureza la posibilidad de una reforma agraria y advirtieron sobre la formación de guerrillas campesinas. “Pido a Dios que no tengamos que convertir las máquinas agrícolas en tanques”, arengó un empresario del sector. Ningún matutino habla de las fuerzas paramilitares de los terratenientes ni de del proyecto de ley sobre agrotóxicos frenado en el congreso. Es que desde hace varias semanas, los barones sojeros andan temerosos de los cambios en las leyes de tierras que se viene impulsando desde el joven gobierno del ex obispo Fernando Lugo. Con menos de 100 días en el Palacio López – la casa de gobierno paraguaya-, Lugo ya tuvo que apagar unos cuantos incendios: intentona golpista, renegociación de los contratos por la represa de Itaipú y levantamientos campesinos. Paraguay cambia. Es que el triunfo de abril pasado de la alianza variopinta encabezada por el ex cura tercermundista puso fin a casi 61 años de predominio del Partido Colorado- incluyendo los 35 años en el poder del feroz dictador Alfredo Stroessner- y dio un certero cross a la mandíbula del corrupto arco político paraguayo. Sin embargo, el aparato del Partido Colorado y sus nichos de saqueo y corruptela todavía siguen funcionando en buena parte del país. “Imagínese que tengo 40 años y no tuve un presidente de otro partido. Esto va a llevar su tiempo, pero confiamos en el presidente Lugo”, explica el cambista mientras agita varios billetes frente a su cara para frenar el calor corporal. Dictaduras, amiguismo disfrazado de populismo, asesinatos, desapariciones, alianzas con Washington y neoliberalismo fueron algunos de los trajes que supo calzarse el Partido Colorado durante sus seis décadas en el poder. El atraso económico, político y cultural que condenó a la pobreza a la gran mayoría del país –con una población de siete millones de habitantes de los cuales un millón tuvo que migrar al exterior para sobrevivir- es la herencia colorada que dejó al Paraguay al rojo vivo. “Vivíamos en el interior, pero como no hay trabajo ni tierra acá estamos”, me cuenta Carlos, un campesino devenido en cartonero que vive en La Chacarita, una barriada popular ubicada a pasitos del histórico Cabildo y El Palacio López. Asunción es una ciudad donde los extremos viven pegados como vecinos indeseados. Las barriadas y villas miserias se cuelan entre los muros y alambrados de los shoppings con aires de Miami. La parafernalia y la grandeza de sus caserones sacados del film “Lo que el viento se llevó”, los lujosos autos importados y los mercados opulentos de ropas gringas se pierden en la inmensidad del barroco chaperío de la barriada popular, el pie descalzo guaraní y el tereré que ayuda a estirar la jornada. “Hay vientos de cambio. Nada puede ser peor a la corrupción que vivía el país”, dice entusiasmado José, un joven escritor paraguayo, mientras compartimos un cocido cerca del popular Mercado 4. Lugo avanza cauteloso en sus decisiones. Juega un partido donde buena parte de los jugadores de su equipo todavía creen que visten la casaca colorada. Ya tuvo varios goles en contra: intentona golpista, aprietes de los terratenientes y problemas por su minoría en el parlamento. Pero también ha hecho buenos avances: investiga los crímenes de la dictadura, prohibió la compra de tierras fronterizas a extranjeros, renegocia el precio de la energía que le compra Brasil en Itaipú (vergonzosamente el país guaraní le subsidia la energía eléctrica a la quinta potencia del mundo) y anunció importantes mejoras en la salud pública y las jubilaciones. La reforma agraria y garantizar los derechos de los sectores más olvidados del país (campesinos e indígenas) todavía son deuda pendiente. Por algo se empieza, aunque sea por la ética de no meter la mano en el bolsillo del pueblo. Si después de tantos años de corruptela y opulencia colorada si hasta sorprende que el presidente haya decidido no habitar la lujosa mansión presidencial. Dicen que Lugo sigue viviendo en su pequeña pieza del barrio de Lambaré, entre biblias y tererés, y que cada tanto se reza un padrenuestro para ganar fuerzas. Hay que ver si Tatita le hace la gauchada y le da una mano.
Por Nicolás G. Recoaro – Desde Asunción del Paraguay
N.B.: Recoaro de bigotes a la izquierda de Pou y Diegues, compartiendo los altos pufes del céntrikamente karero Lido bar, viernes pasado de tarde.

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