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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

lunes, mayo 19, 2008

Sólo por ver a las yiyis-cariátides vale la pena venir del fin del mundo a Asunción

Sólo por verlas, sólo por detenerse un instante que se hace eternidad: ante ellas, vale el esfuerzo de venir desde el fin del mundo al Paraguay y quedarse en Asunción. Ellas, las vendedoras humildes de frutas, huevos, flores y gallinas, en la mañana asuncena. Vienen desde los pueblos cercanos en esos galerones grises de los autobuses pobres. Vienen desde los mercados municipales, el de Petirossi y el de José Berges. Vienen hasta estas calles silenciosas, verdes, abandonadas, de empedrado azul con aceras herbecidas entre polvo como sangre. Vienen lentas, erguidas, cargadas, a llamar a las puertas. Y, mientras abren, quedan como estatuas, como columnas de templo antiguo. El cestillo a la cabeza sobre trenzas tapadas por pañuelo que cae a los hombros, pañuelo de color o una blanca toalla. Vestidas de percal, que da turgencia a sus caderas, sus senos, su vientre, sus piernas. Y descalzas. A veces, una criatura al talle. A veces, un tabaco en boca como tea humeante. Unas, adolescentes. Otras, matronales. Vienen, ¿he dicho que del pueblo o del mercado? No. Viene de la Grecia que creíamos arqueologizada. Y vive. La Gracia de Asunción. La Grecia de estas cariátides, en la mañana. Son “la diosa Pomona –que lleva corona- de okára-poty”. “Son –hubiera dicho el poeta Pane- como surgiera Venus del Egeo (que aquí es el río), como la Luna, como una palmeras con verdes penachos” Son la “flor del trópico” de que hablara Eloy Fariña, de tallo frágil y hechas de pétalos, con piel de jazmín dorada por el sol. Son: el “ático aroma de las selvas nativas”, es verdad, Guillermo Molina Rolón: “ático”, aroma griego. Y, sin embargo, nadie ha exaltado a estas mujeres que sostienen el mundo asunceno como las cariátides del Erecteion: el cielo y la tierra de Grecia. Pintores, folkloristas, acuarelistas, escultores, poetas, camerámanes, se han detenido ante otras vendedoras tenidas como “tipos” del hábitat paraguayo. La burrerita de Lambaré, la placera, la chipera, la alojera, la galopera, o la clásica kyguá-verá con velo de ñandutí, clavel en la trenza, typói y pollera de almidón. Aros de crisolita en las orejas, y anillos de ramales en los dedos: la kyguá-verá que baila en las enramadas o en las fiestas de salón con la botella en testa. Todos esos tipos populares pintados por Sorozábal, Guevara, Holden Jara, esculpidos por Marsal. Guacheados por Zubizarreta…Pero nadie, que yo sepa, se ha detenido como me detengo yo en las mañanas, al acecho mágico de estas simples humildes vendedoras. A las que llamo, con toda conciencia: cariátides. Cariátides, porque son de la raza caria, la raza misteriosa de estas tierras, la raza que enlaza, no sé sabrá nunca por qué, con la estirpe helénica, aquella de los carios, a la que perteneciera la hija de Dión, transformada en árbol por Baco enamorado y, luego, en columna para sostener los templos. Aquella hija de Dión nominada, justamente, “Caria” –y de ahí: “cariátide”, su columna- y que sería como estas mujeres de Asunción, una canéfora, sacerdotisa de una diosa silvana, portando su cestillo o cálato, de frutas, huevos y flores, sobre las trenzas; la túnica y el peplos, dejando transparentar piernas, vientre, caderas, senos, por lo que Baco se enamoró de ella, como yo de estas carias, aunque no sean hijas de Dión ni yo un incontinente como Dionisos. Pero sí, igual a ese dios vital, yo también con capacidad poética de transformarlas en árbol, en columnas, en sostenes de este cielo indiano y afincarlas sus raíces, sus basamentos, sus plantas, sus pies desnudos, sobre estas calles-tierras o roca de la Madre América. Y, hecho su cestillo: capitel. Así las veo yo por las mañanas. Como se ven en el Pandrosión de Atenas, en la Logia dei Lanzi florentina, en los jardines Farnesio de Roma, en las pilastras de Louvre y de los Inválidos en París. Talladas por Escopas y Fidias, por Miguel Ángel y por Jean Goujon. Y, aquí, en Asunción, por mis cincilantes ojos encandilados. Cariátides… Mujeres –columnas-, árboles: sostenes del mundo. Como, entre los hombres míticos eran los atlantes, los que ayudaban a las cariátides a portar un fardo demasiado brutal para ellas: las montañas. Y que aquí, en América, serían esos indios del Ande, los que soportan, titánicos chasquis y jarkiris, las masas del Illimani o del Illampú. Si se ha dicho que un indio andino es un árbol que anda, también se podría decir de estas mujeres guaraníes que son árboles en sosiego. Aquéllos, extorsionados, como iban siempre los atlantes. Éstas, serenas y erectas, como están siempre las cariátides. Desde que en el siglo XVIII se comenzó a concebir el mundo con teorías geométricas y abstractas, hasta hoy que esa abstracción científica ha llegado a considerarlo como puro teorema matemático, el cosmos se ha deshumanizado y desdivinizado, olvidándose el misterio de la vida y de la muerte y del ser. Estaban más en lo cierto las viejas cosmogonías elementales. Aquella de Babilonia que creía ser el mundo obra de una mujer –Atar- que, al partirla Bel, formó el cielo con su cabeza y el suelo con sus plantas ¿Recordáis cuando Hesíodo el griego hablaba de la madre tierra de “anchos senos”, como los de estas naranjeras asuncenas aludido por Juan Pablo Casiabianca: Naranjeras con cestos llenos/ Del fruto de oro, /Dulce y redondo como sus senos…?
En la mítica paraguaya he leído no sé dónde que aquí también el mundo lo hizo una mujer –el cielo, la tierra, el hombre-. Y existe un prodigio fabuloso de la lengua guaraní, que se revela en su letra primaria, mágica y cosmogónica “a”, según se la module al decirla. El sonido de la “a” guaraní puede significar “fruta”, “semilla”, “cabeza”, como la de estas cariátides asuncenas. Y también “alma”, “sombra” y “raíz del sexo”. O sea: principio d todas las cosas. Aquí la mujer divinal siempre aparece como árbol o como flor. Es "ka’á” la que se convierte en yerba mate. Es “Man(d)ió” la que dio origen al pan de este suelo, la mandioca. Es “irupé”, la flor victoria regia de estos ríos. Viendo estas cariátides, en las mañanas de Asunción, inmóviles ante las puertas, sus pies hundidos en la tierra roja y húmeda y el cestillo en la cabeza –mandioca, nabos, jazmines, naranjas, aguaíes, rosas, miel, locro, bananas, gallinas, huevos, zapallos, porotos, guayaba- como un capitel de trópico, con toda esta naturaleza circundante por sombrero –queda revelado, de pronto- que esas mujeres han vuelto a su primigénica función vegetal de nodrizas pías de los seres. Árboles de vida. Sostén caulescente de cielo y tierra, palmera o ceibo u ombú o lapacho, fuerza edáfica y geotrópica, impulso genesiaco para proteger el vivir y producirlo al mismo tiempo. Miradlas: los dedos de sus pies hechos raíces se engarfian, reptan, se radican entre las piedras, buscando, sorbiendo mineralidades que, al ascender -¿las veis?- por los tallos de sus piernas, se azucaran en savia, y esa savia: en pulpa seminal por el regazo; y luego, en leche, miel, turgencia, por los senos; para brotar, ¡al fin!, triunfal por la cabeza entre el ramaje del pelo ¡como fruta, flor y ave! Fruta, flor y ave, que, al contacto con el aire, bebiéndose el cielo, establecen y conectan el amor ante la mineralizada masa oscura de la tierra y la claridad del éter, entre la mina y la estrella, poniendo en circulación todo el universo, a través de su tronco, de su árbol, de ellas… ¡Miradlas! Son árboles. Todo el barroco del trópico en esa su copa o capitel, en ese cestillo como corimbo-coclear, policárpico, flabelos verdes colgando. Es la tierra -Paraguay- misma hecha alimento portátil, que acude como madre –selva, vegetalidad- a las casas, y llama en silencio, trayendo el pan y la sangre y el poder hacer seguir viviendo cada hogar un día más.¡Un día más!, en el camino hacia la muerte. Es la vida. La vida apeteciente, recién salido el sol. Recién abierto el día como boca de niño a su nodriza. Sólo por verlas, sólo por detenerse un instante que se hace eternidad, ante ellas, vale el, esfuerzo de venir desde el fin del mundo al Paraguay y quedarse en Asunción. Ellas, las vendedoras humildes de frutas, huevos y gallinas. Cariátides asuncenas.

http://es.wikipedia.org/wiki/Ernesto_Gim%C3%A9nez_Caballero

De Revelación del Paraguay, Ernesto Giménez Caballero, Madrid, Espasa-Calpe, 1958

http://www.miguelhernandezvirtual.com/biblioteca%20virtual/coetaneos/index.php?ident=19

http://www.filosofia.org/ave/001/a018.htm

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-27-10-2005/abc/Cultura/un-libro-rescata-al-gece-inoportuno-y-politicamente-incorrecto-para-el-regimen_611851500016.html

http://us.imdb.com/name/nm0319841/

5 comentarios:

CRISTINA dijo...

Bogado querido.

Si yo me pongo con el pasaje tu te pones con la casa?

quiero ver tu versión en moreno en masculino allá.
porque tu eres paragua en rubio. la carita no te la quita nadie.


dale ponte con la estadía que no tengo morlacos pa la estadía. me escondo en el closet cuando vengan las novias. os lo juro.calladita.

Plaza Aydesa dijo...

Pensé que era tuyo. Pero qué pedazo de escritura dió mío! Envidia de cariátide stop motion sin brazos...
Lo simpático es que recordé haber bailado en la primaria la Galopa. Tengo fotos disfrazada de yiyi con canasta en la cabeza. Recuerdo haber extraviado las naranjas. Recuerdo haber visto unas mellizas enanas resbalarse entre esas naranjas y caer. Recuerdo la culpa ahogada en la consigna del show-must-go-on!
saludetes...

Anónimo dijo...

Creo que pusiste este texto antes aquí o en Kuruguay egoísta. ¿Me equivoco? Signado por una belleza escrita, que lo recuerdo, me marcó. Carajo, las mujeres silvestres. Muchas van a la ciudad y se ajan, trabajando duro, criando hijos, amándolos, o solas, lejos de ellos, torcidas por las rutas cruzadas de sus existencias.

Qué imágenes..., de mujeres que ellas mismas son como frutas. Terrenales.

(Que quede este comment...)
Salute.
Rain.

kurubeta dijo...

jajaja.
Turka de los mil demonios, ya te dije ke te vengas nomas, me bronzearè en invierno para vos, tranki, seré tu malcolm x del amor zootropikal...
Hospedaje
no te preokupes
dormirás empalada sobre mi regazo, babe!!!!
los viajes por rutas sudakas son muy accidentados, nena...besos

kurubeta dijo...

Rain, kerida, usted es lectobloggera con memoria de elefante, así mismo, pero valía la pena repostearlo como un postre de frutas hoy en dia ultra necesarios para el envairoment poetiko-sexual del mundo, además le añadí los pertinenetes links pa ahoindar en el ñato espanish tan ninguneado aki como allende el charco...saludetes hasta Lima!!!