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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

jueves, abril 17, 2008

Escribo para seducir y engatusar yiyis

Cuentan que todo lo que escribió Platón y que dos mil años viene paladeando y rumiando la filosofía occidental no fue más ke esfuerzo para sobresalir en la competitiva Atenas de la época. Que el verdadero Platón era el de las enseñamzas orales de la Academia, aristocratismo mistico-matemático. (Colli, "Dopo Nietszche", 1979).
Sin kerer parangonarme con personaje tan plomizo, desde ya denuncio toda otra interpretaciòn de mi escritura como blasfematoria, infamatoria, falsa, prejuiciosa, si intenta empujarla hacia argumentos humanitarios, nada hay en ella de teleologías trascendentales, idealidad ensalivada desde la cuna por benéficos padres y profesores, proyectos culturales, de misiones de salvación de la escritura, de Paraguay, ni superación de traumas de infancia, expresión catártika de angustias de larguísima data, apenas seducir y engatusar yiyis, poder levanrles las polleras sin asustarlas y penetrarlas gozosamente. El mayor número posible antes de reventar víctima de la Apokalipsis ekológika, bélika o maya (Códice Borgia).
Esto por ejemplo fue escrito en ese plan:
4. Ella flota para siempre

“¿Dónde están los presumidos, los llamados guapos, las guapas?” Luciano de Samósata
En general, P. le resultaba más bien simpático a N. No era uno de esos amigos que irrumpen e inmediatamente quieren llevar a la práctica de manera impositiva ideas elucubradas en momentos de pereza para un reino remoto e inexistente del cual ellos serían los tiranos (como bajar el volumen del feedback que soltaban los bafles por intermediación de Jesús & Mary Chain, My Bloody Valentine, Hüsker Dü o Butthole Surfers, ya suficientemente conocidos por la vecindad), o trasplantar toda su impedimenta o bagaje de mañas, vicios, resabios y malos hábitos desde la intimidad de sus guaridas hasta el solar de sus conocidos. Por el contrario, P. es cortés. Generoso, saca su cajetilla de cigarrillos, invita uno primero a su anfitrión, y luego prende el suyo, para empezar a barbotar sus enormidades. Una de las últimas, por ejemplo, era está: ha descubierto que la razón es una potencia demoníaca, es decir, una luz rebelde, disgregadora y aniquiladora, Luzbel, Diablo y Satán, respectivamente. La razón porta luz ―duda―, luego separa y, al final, destruye. La razón como proceso o método de encadenamiento de ideas. Como lógica peligrosa que nos acecha permanentemente, gobernando nuestros más ínfimos gestos. Dostoievski y Dalí fueron los primeros en hacer esta denuncia, precursores en la batalla contra su dominio entre los humanos. La posición de Dalí[1]: esa tendencia o esa capacidad para imaginar catástrofes ordenadas, para narrar con toda naturalidad las más horrendas pesadillas, para leer mal las letras de los letreros urbanos, para convertir a una mujer sola y sin hijos en una lesbiana, para sopesar e invertir los casos y los conceptos; la falta de pudor y de mesura en sus concepciones, su deseo visible de matar a dios con un silogismo, de disciplinar y conducir al mundo, como un flautista mágico, hasta un abismo de desconfianza y equivocidad constantes, coligiendo de una premisa otra totalmente distinta y opuesta, como al inducir del miedo una guerra, etc. En definitiva, P. desconfía profundamente de los carros alados de la razón, de ese encendido dinamismo que va quemando todo a su paso, de la tiranía pétrea de las certezas incontestables de las ecuaciones y los entimemas, del 2+2=4, todo ello como una suerte de cibernética profana agitando el suelo firme bajo los ilusos pies de los mortales. En síntesis, la razón es un instrumento, como el arpón que, con su punta y su filo incisivos y agudos, despierta a las dos ballenas que dormitan bajo la santa Rusia del mundo. Prefiere la piedad, el no cultivar el hábito agresivo de lanzar disquisiciones sobre lo real, el no cuestionar la apariencia de las cosas, el detener el bombardeo infatigable de las antorchas que perturban nuestras apacibles y modestas oscuridades. Si fuera lo suficientemente paciente y lo bastante habilidoso con las manos ―dice―, dedicaría sus afanes a construir pequeños y recoletos santuarios consagrados a las taras de los hombres, a modo de humilde homenaje a la timidez esencial del ser, ahora retirado del mundo por el acoso de las lupas y de los radares. Experimenta una verdadera fobia hacia el conocimiento mal entendido, hacia esa vana acumulación de estadísticas, diagramas, índex, censos, catastros, que, como gases mefíticos que emanan de toda esa agitación demoníaca, hacen irrespirable literal y metafóricamente nuestro hogar y ahogan la savia en sus raíces y que no son sino parte del proyecto metafísico que quiere abortar la vida y crear un mundo paralelo y ficticio para perdernos en su callejón sin salida. Por eso Aquiles siempre llega después de la tortuga. Porque toma el camino equivocado, el sendero del mundo paralelo, fascinante pero nulo al mismo tiempo, de las abstracciones. El camino recto, el de la tortuga de Zenón, se dirige sin rodeos hacia la naturaleza; allí no hay espejos deformantes.

Tío que promete al púber un regalo de cumpleaños pero muere durante el viaje. Sin embargo, mucho después su sobrino sabrá que el regalo en realidad fue despachado, pero que nunca llegó a su destino. Antes de conocer este hecho, habrá una larga espera siempre frustrante pero siempre ansiosa a lo largo de toda su adolescencia. Y jamás desaparecerá del todo en el sobrino, por más años que transcurran, el deseo apremiante de ver el misterioso objeto, la sorpresa elegida y prometida por el tío ―ese objeto desconocido que ahora es casi como el testamento que se escribe o se dicta al cabo de toda una vida―, esa especie de vislumbre de otro mundo, de un mundo perdido para siempre, pero que quizá su único sobreviviente, el regalo que llega desde el pasado, pueda devolver y restaurar mágicamente, como si de un talismán con poderes de hechicería o encantamiento se tratara. Se rumorea en la familia que el correo se extravió y terminó en una dirección equivocada. Y él piensa que quizá el prometido obsequio, la sorpresa del tío muerto ya, no detuvo nunca su feliz travesía, que no dejó de venir, que siguió viniendo, pero ―una metáfora, acaso― a través de unos medios de locomoción anacrónicos, superados tecnológicamente, preindustriales, aun mágicos, quizá una larga caravana de tortugas o de ratones que aún siguen viajando hacia él desde el pasado, desde los misterios de la memoria, y que, lentos pero fieles, arribarán un día, irrumpiendo fantásticamente en el presente, para entregar lo encomendado hace tanto tiempo a su legítimo destinatario, que en el fondo nunca había podido dejar de creer que así llegaría a ser, como un premio a su fe en que aquel pariente cumpliría finalmente su promesa. ¿Cuál es ese regalo? Es un secreto incluso para el chico. O, variante verosímil, íntimamente él sabe de qué se trata. ¿Un juguete? ¿Las indumentarias alegres de la juventud? ¿Nunca salió del todo, por ese motivo ―por no haber recibido nunca la cifra y el emblema de la adultez que le estaban destinados en el regalo del tío―, de la infancia? ¿El General tiene algo que ver con todo esto? ¿Es el amigo ―el mensajero mudo― de la caravana de criaturas diminutas salidas de un cuento de hadas? ¿Por qué pensar en el General? ¿Quizá porque él quiere traer el mundo del pasado, desde los fondos y los subterráneos de su memoria, a la luz del día? ¿Quizá porque, anciano ya, está próximo a la muerte y, por ello, a las dimensiones eternas ―porque fuera del tiempo― de la fantasía, al país congelado del pasado, que está más allá del mundo de la vida, a los encantados universos oníricos? Lista de objetos fetiches: la bola que al agitarse muestra una cabaña batida por la nieve (Ciudadano Kane). El saltamontes apergaminado y centenario del último emperador chino, el gran Kang-Hi. ¿Un perro, ya que aparecen tantos canes en el abanico de posibilidades, o, en todo caso, un bicho, ya tortuga, ya ratón? El barco cansino flotando musical en medio de la niebla del tiempo en Amarcord.
[1] Es oportuno aquí cotejar la posición de Dalí, el pintor, con la del otro Dalí que registra la historia: Dalí Mamí, pirata griego islamizado que, juntamente con Arnaute Mamí, albanés también islamizado, y también pirata, hizo cautivo a Cervantes en Argel, emporio que fuera de los piratas berberiscos en el siglo XVI y que, dicho sea de paso, estaba bien provisto de moneda propia, baños públicos, escuelas de teología y hospital para pobres. (Por cierto, el hoy en día considerado genio de las letras, Cervantes, en realidad un sujeto algo turbio ―turbiedad de la cual dan indicios las posiciones que ocupó en la sociedad de la época, en la que fungió entre otras cosas de recaudador de impuestos del entonces imperio cristiano por excelencia y en la que demostró una tendencia un tanto vil a adular a los poderes de turno, como lo demuestran el hecho de haber ocupado el primer puesto del premio de poesía convocado en homenaje a san Jacinto por los dominicos zaragozanos en 1595, el de haber escrito el “Poema a la muerte de Felipe II” en 1598, el de haber ingresado a la hermandad religiosa de la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento en 1609, el de haber recibido los hábitos de la Orden Tercera de San Francisco en 1613 e incluso, por qué no, el hecho mismo de haber quedado tullido defendiendo a la Cristiandad contra los paganos― asumió una postura más estrecha de miras, menos original y menos rebelde ante los convencionalismos miopes del “buen sentido” de lo que cabría esperar en un genio frente a los conflictos de religión de su época, decantándose por posiciones más bien conservadoras.) Dalí, el pirata, también se encontraba, como el pintor Dalí, en permanente estado de vigilancia, pero no de vigilancia de lo irracional que asoma por detrás de lo racional ni de la sombra siniestra que se agazapa por detrás de las formas claras y distintas de la luminosidad burguesa, sino de vigilancia de las aguas de las amenazantes intromisiones de los cristianos para el mantenimiento de las vanguardias musulmanas. En todo caso, ambos Dalí son habitantes de las fronteras, de los límites entre dos mundos ―el de la razón y el de la sinrazón en un caso, el de los musulmanes y el de los cristianos en el otro―, y, en tal postura a horcajadas, a un tiempo pioneros de su mundo en continuo avance y víctimas posibles de los embates del otro, disfrutan la lucidez y padecen la paranoia de los que ven “un poco más allá” de los horizontes habituales, de los que pueden atisbar los extramuros del mundo. Hombres de la línea, ya sea de la del fin de la metafísica, o de la platónica; en todo caso, nómadas en la línea de flotación de dos máquinas burocráticas, que es el en el fondo la única posición que puede ocupar el llamado gran hombre o genio.

http://youtube.com/watch?v=PgXMecVepnY

3 comentarios:

Tamarit dijo...

Lincoln cantando. Algo respirable.

edgar pou dijo...

por suerte me gusta más Sancho, pero no tudela ojo¡

KuruPicho dijo...

jajajaja lanza libro el 24 por si keres aparecer y embadurnarle el vernisagge!!!