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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

sábado, marzo 22, 2008

Notas al pasar sobre "La Ciénaga" de Lucrecia Martel


Notas sueltas, al pasar, sobre La Ciénaga de Lucrecia Martel

—No es una película, porke no contiene una historia, un ir de A a Z lineal u oblicuamente. Es coreografía, despliegue sobre una multitud de espacios, en los ke el tiempo es fijo, eterno recomenzar de los ritos de una familia.
—Cine familiar, de probable origen televisivo. Tribu Brady, Simpson, Los Walton, La familia Ingalls, etc. (El cine clásico del héroe solitario que llega a un pueblo, se enamora de una yiyi, mata al malo liberándolos de una antigua opresión a los pueblerinos pero tiene que seguir su destino de condenado a la soledad honesta pues ha corrido sangre, etc.: ese cine sería su opuesto)
—Cotidianidad promiscua. Siempre me pareció vulgar y horrible el roce y el hacinamiento de los cuerpos en la casa familiar. Yo tuve la suerte de ser el último hijo de una familia parca y poko prolífica. Tenía toda la casa para mi imaginación. Y si veía ke mis vecinos si habitaban una casa de cuatro hermanas y cuatro hermanos, los varones siempre pateaban y alejaban a sus hermanas (para mi bastante apetitosas, eso sí) excusando el miedo a transgredir la línea del incesto con ke eran feas o grotescas. La cercanía mata el deseo, la distancia o la sublimación de la hermana es siempre la fuente de la yiyi idealizada. El tigre de Blake no habita jamás nuestra tierra estéril. Hay ke buscarlo en lejanos países, en otros ámbitos ke los de lo doméstico, familiar, hogareño, que sí es, en cambio, fuente de lo umheimlich.
—Impostación de lo real (la vida diaria) no de lo artificial (la peli): que el teléfono suene siempre y tarde en ser contestado, o el barullo del piberío como white noise de sus corridas y malones, en un perpetua producción de noise.


—Porno chanchada latinoamericana, década de la censura militar. No sexo que asalta las pantallas de nuestra PC en pleno siglo XXI, promiscuidad sin sexo setentera.
—Sobreactuación (los personajes siempre están saltando, corriendo, se hacen daño) pero de lo real no de lo artificial. Cuestión vidriosa.
—No hay denuncia en Martel. Tampoco sublimación nostalgika de un ayer familiar mejor. Que la Borges pase constantemente del vino al fernet no la envilece necesariamente: es que la cotidianidad es tan decadente, vulgar, aburrida, que ella busca un escape, su dipsomanìa es signo de lucidez más bien. (El personaje del marido, Gregorio, qué mal actor).
—Sin kerer kaer en una semiótica difusa, esotérika, oracular, cabalizante, de alambicar alrededor de situaciones nimias, casi insignificantes o secundarias, sin embargo es tan raro que las dos veces que surge en escena la secadora de pelo, su respectivos usuarios sean siempre hombres: el hijo para caer en una fiesta cumbiambera y el padre para tapar su beodez (¿¡)
—Hay mucho baño, afán de limpieza, zambullidas, duchas, pero eso ke se llama intimidad de un hogar petit bourgeois, nada; ni masturbación, menos aun sexo (y eso que más de la mitad de los personajes están en el apogeo de sus potencialidades hormonales, akì lo normal sería lo contrario, por lo menos una polución seminal deslizándose sin kerer). Me parece que la cámara mira las escenas como un niño o un púber pero no halla sexo en la realidad. Aquello de “El cine ve eso que el ojo no alcanza”, al decir de Ado Kyrou (Le surrealismo au cinéma, Ramsay Cinéma, 2005), no se da aká nunca, vemos lo que la mirada infanto-juvenil (infanto-puberil) ve y nada más, por más ke la directora niegue todo punto de vista de algún personaje -en especial en esta peli- según declaraciones a periodistas.
—La madre mestiza (interpretada por la Morán), la que deseaba escaparse a Bolivia con la Borges (son figuras conscientes del encierro a que la Realidad las somete: pero no la Realidad pre-2001, protoCorralito, desagüe sangriento del periodo de fiesta neoliberal, ese crack argentino por antonomasia, hito histórico de comienzos del nuevo siglo: no, es fuga de la eterna cotidianidad petit bourgeois en la que están enfangados todos los personajes; si hay terror, ella procede de lo cotidiano.
—Huir a Bolivia en forma burguesa, buscando ventajas económikas, apenas para readaptarse a la rutina: después de vacaciones, la escuela ya se viene. (“No está bien cómo estamos”, dice la Martel en una interviú publicada en Sin Cortes, revista argentina de cine, en mayo de 2001). Una calendarización -dentro de la no historia del espacio de los ritos familiares hundidos en una eternidad, una fijeza del tiempo absolutos- casi infanto-juvenil: vacaciones (Julio Verne tiene algún libro sobre el tópico, Ballantyne otro, dos novelas que “El señor de las moscas” utiliza para darle UN VIRAJE SINIESTRO AL GÉNERO JUVENIL DE LAS VACACIONES), escuela (miles de libros para niños hay sobre el tema, rescatemos “Marco”, versión parcial y televisiva de la exitosa serie novelesca decimonónica Corazón de D’Amicis)
—Virtudes, al fin explícitas, de La ciénaga: la fotografía. Tiene un no sé ke naturalista (los colgajos de piel fofa, fláccida, estriada, arrugada, las tetillas y vientres prominentes y afeminados de la vejez –sí, la pintura de Freud puede ser un modelo), aunque también cierta luminiscencia hiperreal (casi publicitaria, contribuye a tal impresión el hecho de que siempre están “actuando”, agitándose, saben que se los mira, sobreactúan hasta cotas histéricas –la Borges grita mucho- pero ya lo hemos destakado, se trata nada más de una histerización de los gestos influenciada por una realité chata, sosa, sin sustancia, alimentada con las poses anti-kamasutrístikas, en una anti-erótika del cuerpo rayana en el grotesque, donde una vez más se ve la mano ubicua e invisible de la TV).
—Me gusta mucho esta peli cuando el achinado mozalbete arremete en una coreografía torpe contra el “niño bien”, el hijo de la Borges, ese bien peinado gracias a la tecnología de punta cosmeticizante del hombre actual, entonces nos inunda levita -sólo hay- colores y músika tropical. El colorido de la escena y los rostros mestizos, achinados o quechuizantes, hacen que sin darnos cuenta estemos en pleno Oriente: vuelvan a mirar el maquillaje valle, cutre, cursi, recargado de bases, casi clownesko, totalmente blanco como el rostro de una geisha, de esa criada llamada Isabel, es casi tan blanco como la de Gong Li en una peli de Zhan Yimou (Esposas y concubinas, por ejemplo). Hermosa!
—En un mundo de mujeres (“como mis simpatías podría mencionar lo que yo considero como cine de terror, como algunas de Bergman, Polanski y David Lynch”, en interviú aparecido en Sin Cortes, revista argentina de cine, en mayo de 2001) -muy cercano a Bergman, pero Martel sería un Bergman sin psicología profunda sino una Bergman coreográfika-, tanto es así de contundente que cuando la gente que habita la city de La ciénaga harta de realidad cotidiana busca la evasión alucinado de una Virgen sobre un tanke de agua, evasión colectiva hallada en la epifanía de una figura femenina.
—Me gusta el comienzo, los créditos alternando con la escena de la piscina en ralentí, la cámara onirizada por litros de vino escanciados y vaciados uno tras otro de copas y botellas de vidrio, que dañarán el pecho de la Borges. Es un baile no de san Vito o carnavalesco lo que se filma allí entonces sino el baile en un barco en movimiento, el vaivén de un barco que es la cámara borracha. Ahí la perspectiva “ya” no es la de una niña, es la de un adulto borracho.

—Sí, efectivamente, hay una apología del ocio, del no trabajo, pero como -suponemos- fue en el paraíso- en el caso de la pareja paradisíaka par excellence de Adán y Eva, aká la familia se aburre, bosteza, se retuerce, se desnuda al calor ventoso de los ventiladores, no sabe cómo llevar sus horas banales.
—La muerte del niño al final de la peli no aporta nada: no importa el desenlace desde el momento que no hubo desarrollo de una historia ni planteo de ninguna intriga a resolver. La eternidad de la rutina seguirá. A lo más ke podemos alambicar un pokito, rizar el rizo es diciendo que el chico inconscientemente intentaba escapar, a su modo infantil, rebuscado, sinuoso, por los techos, no por la puerta cancel, huir de esa asfixia cotidiana.Rutina insuperable, pesimismo marteliano ante la opresiòn de lo cotidiano. ocomplacencia en esa ciènaga, pero el sustantivo tiende por traditio a ser peyorativo...
—De las tres adolescentes, la rubia con bucles retorcidos como piola, es la más bella pero siendo muy flaca, tiene piernas de pototita como Olivia la novia de Popeye, es por ke es muy joven, niña aún, la que coquetea con el hermano (José, creo se llama, ese es el problema de pelis con tantos personajes, cómo recordarlos a todos teniendo nombres tan comunes), la que no busca fuera del círculo endogámiko donde están enfangados como cerdos rutinarios, no desea lo Otro, lo exótico, si tuviera calentura, cogería sin korte con un familiar (“Yo nunca me acosté con ninguno de mis hermanos, pero porque hay demasiadas cosas en contra de eso, porque sino no sé, porque son tipos que conocés, que te caen simpáticos, los conocés de toda la vida, como conocés a sus padres que son tus padres no tenés ni siquiera que conocer a los suegros”, ¡palabras de la interviú a la directora Lucrecia publicada en Sin Cortes, revista argentina de cine, en mayo de 2001!). Pero el sexo es muy tímido, nunca aparece en la peli, no sabemos por qué, hay una desviación de lo sexual o se la mantiene en un tupper o campana de empanadas (salteñas), aislado, bajo una censura familiar. Cuando los púberes se bañan la cámara se sale del plano americano o del general hasta miniaturizarse en un primer plano moralista, anti-pedofíliko, arbitrariamente. Si somos casi de la familia -diría un canchero espectador frustrado- por qué no ver o mostrarnos las nalgas de una de las adolescentes. De hecho, todo el tiempo los hermanos de ambos sexos se entreveran en los espacios de la casa sin marcar distancias que normalmente se respetarían. Llevan como una vida conventillera, de chabola de Villa Miseria. Allí donde es norma que el hijo escuche durante las noches la cópula de la Madre Libidinosa con el Padre Cumplidor de su Mito de Potencia Infalible porke comparten la misma o únika habitación del tugurio.

—Para que no digan después los kurepas que soy un caso estereotipado de paraguayo anti-argentino, dictamino que el acento de los actores no me molestó para nada, creo que predominaba un acento neutro, actoral, o en todo caso se inmiscuía un retintín localista, del interior, salteño, muy saludable. Pero el sonido de la copia que me tokó en suerte ver en el auditorio del “Centro Cultural Jorge Luis Borges” de la embajada Argentina de Asunción (en su foyer o hall de entrada había un busto cuyo perfil no logré reconocer o en todo caso no remitía al del celebérrimo ciego de Ginebra) era pésima, tanto que me perdía frases enteras, los nombres de varios personajes, y saturaba mucho en las frases cortas y repentinas. ¡Pedíamos sotto voce replay! Pero al pedo, lo más flojo o insignificante de todo, desde mi modesta opinión, es el diálogo. No porke los diálogos hayan sido poko elaborados o carentes de vuelo literario. No, porque en el espíritu del filme y de la filmmaker Lucrecia Martel, una coreografa multicolor, lo esencial es el movimiento o desplazamiento de los cuerpos sobre los cuadrados de color.
—El silencio del mozalbete mestizo y de la criada de la casa-finca Isabel es otro dato revelador. No hablan porque actúan su destino correspondiente. La quinceañera -una de las hermanas, la de movimiento más torpe porke tiene un cuerpo desgarbado y exuberante para su edad- las observa en el bar cumbiambero cuando conversan sobre la decisión que tomarán después de la agresión al hijo de la casa en la fiesta de carnaval. Creo que esa es la perspectiva a lo largo de la peli: la mirada de una quinceañera.
—Lo rural del ambiente le ha dado frescura al cine argentino, alejarse de los escenarios habituales, de las calles archiconocidas y ultratransitadas por la TV, de esa robotización de los gestos que implika actuar en escenarios reiterativos, forever porteños o aporteñados.
—Elegir para la peli como escenario una finca hizo replantear todo el bagaje gestikulativo de los actores.
—Pregunta final, bombita de fin de partida: ¿si tus padres están todo el tiempo chupando por qué vos hijo suyo no empezás siendo ya como eres más ke púber un perfecto y apoteósiko adolescente, es decir, formando tu identidad propia, a imitarlos desaforadamente? No hay conato de escena en que los chicos roben o beban vino a escondidas. Ni sikiera el mayor que es José, el joven de nariz prominente y elegante. Allí hay un hueco, nos damos cuenta que se trata del fin de semana de una familia común, eso sí, con múltiples stygmata martir, pero eso no por deleziana herida estoica sino porke el bondage, el sadomasokismo, la torpeza físika, etc., son uno de los tantos agujeros que cava o practica lo Real sobre la superficie de nuestras instituciones burguesas, ductos por donde intentamos salir de esta cárcel de Realidad Tridimensional y entrar a la Realité Verdadera, a la Cuadrimensionalidad de la experiencia, esa otra parte o escena donde “intuimos” seremos nosotros mismos. En esa otra realidad habrá sexo, seguro, con condón o sin ella, con muñeka inflable o en soledad, pero habrá. La ciénaga es -además de idea afín a La caida platònika en un mundo degradado de las perfecciones ideales- la Realidad de un terreno acotado por trankeras y alambrados donde jugamos a la Libertad hasta aburrirnos como pingüinos en una heladera. Escapar es la orden inconsciente ya sea a Bolivia, con el novio mestizo, bebiendo, haciéndose daño físico, alucinando Vírgenes aguateras, pero ¡escapar de La Cienaga!, aunque sea muriendo en el intento por los techos de la ciudad, que es parte del encierro de la finca evidentemente.
—Jamás hay humor. En 1984 de Orwell hay más chistes que en el encierro cotidiano no distópico de La Ciénaga.

—Cineasta visual (Buñuel no es un cineasta visual por ejemplo, Kubrick sí: La naranja mecánika es la cara de Alexander de Large con su bombín y su ojo con pestaña postiza, y en Barry Lyndon cada plano es un cuadro casi: imágenes ke se fijan en la retina, producen un retintín prolongado en el inconsciente ke secreta los secretos abisales, las hormonas que iluminan las neuronas). Visualidad de ese cuño es la de Martel (sus imàgens kedan, se apropian de nuestro inconsciente), claro no hablamos akì de esa visualidad de la superficialidad, visualidad más bien propia de la publicitad, de cineastas como Alan Parker y Tony Scott.

7 comentarios:

luc dijo...

Yo digo: si una película soporífera, vacía, inaudible y con Graciela Borges (lo que dice desde el vamos que será todo lo enunciado); es decir una película de mierda, te inspira tanta reflexión, no quiero ni pensar que escribirás de alguna que te haya gustado.
Por ahí hablaste de Lynch.
Yo quiero, necesito, por favor, cuando puedas y quieras, si podés y querés una crítica (o na explicación) de Mulholland drive.
Muchas gracias

akemiakane dijo...

siempre me ha costado mantener la
atención en lo que estaba haciendo

kurubeta dijo...

Akemiakane, eres un re freakie casi oligrofrèniko genial!
Luc, si escribir implika una inspecciòn crítika no por eso de netrada escribimos sobre lo ke no nos gusta, creo ke si lleguè a escribir sobre "la ciènaga" en el fonfo es por ke no fue una obligaciòn,l por ejmplo, para kaerle simpàtiko a Ema, seducirla con mi sprit paraguayensis (claro,me gustarìa, hasta el momento ke me tratò de inteligente,ahì kagamos!) no,tranki, Mulholland Drive, yes, casi la vi una vez, pero estaba toda en inglès ke no la traguè, pero s ela pido a un socio y ya, fàcil. De Lynch vi hace poco Sailor y Lua, me pareciò floja...la primera vez divertida nomàs."Dune" es un timo de Dino de Laurtentis, la expurgò hasta lo irreconocible! Creo ke me kedo con "El hombre elefante", algo de "Blue velvet" (me parece sobrevalorada...) y Twins Pinks, la serie televisiva...De cine amerikano mi idolo total te confieso es "Wanda" de Barba Loden ke ninguna feminista conoce claro està.

ema dijo...

Kuru: menos mal que son notas al pasar... Guau. Casi una monografía. Acá dejo dos o tres mías, sí, como al pasar…
¿Por qué para entrar en la categoría de "película", para caber dentro de la definición de tal, debería consagrarse a repetir el manual de toda historia pretendidamente bien contada ("ir de A a Z")? Me parece que lo que la hace atractiva, entre otras muchas cosas, es precisamente ese corte con una forma tradicional de narración cinematográfica. Al hacerlo, instala al "espectador" (fea palabra) en otro lugar, como con otra actitud reflexiva, digamos. Sí, es coreográfica (palabra ajustada) pero para mí lo es en el sentido de la colocación de los cuerpos como centro gravitaciona de la películal: para mí el cuerpo (coreográfico) en el film se constituye en cifra del presente (cifra, por ejemplo, de política argentina). No veo lo familiar del film como de probable origen televisivo; en general, ese origen es de comedia y no creo que estemos frente a una comedia (a pesar de que hay muchos guiños que provienen del género); hay algo que instala el film más en lo filosófico, creo, quizá por el trabajo con la inminencia de lo ominoso. ¿La cotidianidad como algo terrorífico? Estoy totalmente de acuerdo; sostengo que este es un núcleo del film: no sólo por la inminencia antes mencionada, sino también la familiar (sí, lo umheimlich) como el lugar de donde surge la normatividad más nociva (el no deber ser, la repression, la coagulación de las salidas transgresoras, etc.). En lo que no coincido es que la película sea de estética publicitaria: ni los planos de los cuales se sirve (en muchos casos: con tiempos muertos), ni el tempo del filme (más ralentizado), etc. la colocan en esa estética. Visualidad, en todo caso, de nuestro estado precario. Relacionalidad humana precarizada.
abrazo (la sigo dopo),
e.

akemiakane dijo...

en cual me clasificás, mirá que el doc todavía no da :


* Idiota: es incapaz de comunicarse, carece de actividad física y es imposible de educar. Su cociente intelectual (C.I.) no es superior a los 30.

* Imbécil: no puede leer ni escribir.Su cociente intelectual (C.I.) no es superior a los 60.

* Morón: es autosuficiente en las tareas manuales y posee cierta memoria pero no puede desarrollar abstracciones mentales. Su cociente intelectual (C.I.) no es superior a los 90.

* Idiot-savant: Es autosuficiente para tareas manuales, aunque le falta criterio. Puede llegar a hilar 4 palabras seguidas, aunque no se le llega a entender. Posee una gran habilidad.

freaki:y que es freakie?

kurubeta dijo...

Querida Ema, la peli es tradicional desde el comienzo, cuando plantea la historia de una de las instituciones sacrosantas del mundo cristiano-burgués ke mal vivimos todo el santo día, de entrada es tradicional...Porke no trata de un asesino en serie, de un pedofilo, de un poeta vago y sifilitiko, de un yonki, de nada marginal, sino de padres, madres e hijos.
con respecto a los cuerpos, siempre están protegidos, hay una eskizofrenia en Martel, mucha carne y nada de sexo, intuimos ke cogerán en el futuro o cuando la càmara no mira (!?).
No hay sexo explícito, es la Argentina sufrida en familia al final la idea de fondo. Endogamia a full. Además es un apeli o una cineasta multipremiada, eso no me parece muy halagador. Tendría ke ver "la niña santa" para tener una visión más amplia sobre la ñata. Saludetes, che, y ahí o allá la seguimos. (En el fondo preferiría simepre copular a falar, pero ya ke somos animales enfermos y polítikos ahi me tienes, triste y verborrágiko al pie del cañón cultural!!!

ema dijo...

Querido cristino pro-castinador: le dejo un saludo también. Volveré para seguir el diálogo porque me interesa y mucho, señor verborrágico zoon politikón.