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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, febrero 06, 2008

Blog del escritor paraguayo Esteban Bedoya

Esteban Bedoya
Presentía que el silencioso círculo de ojosrelampagueantes, lenguas ansiosas y flotante silenciose cerraba sobre ella tal como lo había visto otroracerrarse sobre sus adversarios derrotados.
Jack London
I Como gallinas al maíz, los curiosos atropellaron la entrada al cuarto doscientos dos. Rumiando y cacareando llantos penosos, contemplaron el cuerpo tendido sobre la alfombra de arabescos. Vivianne yacía delicadamente expuesta al apetito voraz de los pensionistas; en vano, el hotelero había intentado taparle los muslos tibios color caramelo. Ella se exhibía como si fuese la obra más perfecta de Helmut Newton, recostada sobre el brazo derecho, con las piernas ligeramente flexionadas, ¡La estética y la plasticidad de la muchacha, trascendían a la propia vida! Los glúteos duros valdrían más que mil montañas de oro...los senos coronados con rojas frutas silvestres, serían el más delicioso de los manjares...¿Es que semejante prodigio de la naturaleza decidió morir para buscar su sitio entre los Dioses? La habitación no estaba violentada, incluso el aparato de radio seguía prendido en la emisora de la Suisse Romande ”La meteo, indique.... tempêtes de neige et chute graduelle de la température....”, Ni siquiera la cama estaba desecha, todo mantenía el orden racional que Vivianne sabía darle a las cosas. Luego de empujar amablemente a los curiosos, el oficial Frederick Etter se arrodilló detrás del cuerpo y lo observó, cómo lo haría un glotón con el último bocado de un banquete. El hotelero y demás “deudos” respondieron profiriendo toda clase de insultos silenciosos. Etter nunca se dio por enterado de las maldiciones y envidias que arrancaba a los presentes, y ordenó “despejar el área”. Se sentó a meditar en el borde de la cama, buscando explicaciones. Sus ojos que reflejaban el brillo y la sabiduría del búho, se posaron sobre las marcas rojas que rodeaban la cintura de la víctima; parecían huellas de dedos sobre la arena mojada del mar...”¡Qué fuerza bestial habrá tenido el asesino para sujetarla de esa forma!...¡la cogió por detrás!”... (pensó el policía). Se puso de pie sin dejar de mirarla y dijo, “¡Schade[1], Schade!”. Sonó como si fuese el último piropo que recibiría la víctima.
Sigue akí:

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