kurupí akärakú paraguay akärakú kurupí paraguay akärakú paraguay akärakú paraguay

KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

martes, febrero 12, 2008

Bernhard anti-reggetón

El asco. Thomas Bernhard en San Salvador, de Horacio Castellanos Moya, Editorial Arco Iris, San Salvador, 1997, 8° edición
Mi gran amigo y mayor escritor luqueño-paraguayo, Javier Viveros (hoy en día en Accra, Ghana, esa ex Costa De Oro del África Occidental, que en 1935 fue el país más rico del mundo, la de la tierra sagrada de los Akan, de los gặ, la de uno de los doce reinos de los Ashanti diseminados entre Ghana y Costa de Marfil, que tanto escandalizaron a los colonialistas ingleses como al espía decimonónico del Imperio Británico Richard Burton) me prestó hace poco un libro que compró en el aeropuerto Comapala de San Salvador, contandome la anécdota que en todas las librerías le habían dicho que no tenían stock de ese autor nativo y en el aeropuerto, que sí tenía un ejemplar del mismo, le dvirtieron que no creyera nada de las ideas anti-turisticas que aparecían en sus páginas: El asco de Horacio Castellanos Moya. Son 119 pp. de una escritura perfeccionada en años de estudio de la música atonal que configuran las frases floripondiadas de Herr Loco Bernhard. Un calco perfecto del Bernhard más legible, clasicista casi, de frases claras y distintas templadas en polvo de todos los días, un pastiche-homenaje del autor austriaco. Es el Bernhard de El malogrado, de Tala, de El comebarato, de las nouvellitas, sin ese deshuesado lirismo de los escritos autobiográficos (corpus de 5 libros considerado su obra maestra): El frío, El sótano, El niño, etc. Alejado del pos-dodecafonismo enmarañado, denso, la de las imbrincaciones de rubios torti crines, hirsutas, un Peguy crazy, noisy, estridente, cadenas de Alban Berg sajando las reiteraciones esquizofrénicas, el machacamiento de la naturaleza física lujuriantemente hipocondríaca tuberculosa proto-macabra de esas otras obras como son La Calera, Corrección, Helada, los relatos como el Watet, pero al mismo tiempo ese expresionismo monocorde-monocromático, deudor del pesimismo absoluto de Schopenhauer. Castellanos Moya considera El Salvador de los militares, de los guerrilleros, de los asesinos de Roque Dalton, y aún antes de eso, un vertedero, un mingitorio como el que se erige en la entrada de la ciudad cerca del aeropuerto. Mejor será citarlo:

(…) no puedo entender cómo está raza bebe esa cochinada de cerveza con tanta ansiedad, me dijo Vega, una cerveza cochina, para animales, que sólo produce diarrea, es la que bebe la gente aquí, y lo peor es que se siente orgullosa de beber una cochinada, son capaces de matarte si les decís que lo que están bebiendo es una cochinada, agua sucia y no cerveza, en ningún lugar del mundo eso sería considerado cerveza, Moya (….)

El juego del autor salvadoreño es enceguecer todos los colores del objeto sobre el cual pasa su bisturí crítico, absolutizando la degradación, la miseria, la ignorancia de sus compatriotas, doblegarlos bajo un mismo saco protector de la luz piadosa, que lleva a la hiperbolización de tal estilo, sabiendo además que el calco bernhardiano es total, lleva al lector que no conoce su país salvadoreño a veces a reírse, pero otras veces da la sensación como que poco ese discurso de criticismo europeo nórdico no cala mucho en el trópico, el color nos relaja, además nuestra resignación masoquista nos mantiene quietitos, en una serenidad de viejos sabihondos o al menos bien posicionados en un escepticismo moderado: no nos tragamos tan fácilmente que El Salvador sea peor que Paraguay por ejemplo…pero obviamente es la única terapéutica prescriptible en esta novelita revulsiva, un vomitorio para desesperar y provocar a los salvadoreños ahogados en el canto de sirenas ensordecedoras del cinismo de su historia contemporánea sangrienta, etc. ¿Cómo hacerse oír, hacer oír uno su música, que será tan escandalosa para fastidiar a los que de por sí viven en una interioridad de criminalidad, corrupción, prepotencia amoral? He ahí la clave no bien temperada, buscada a lo largo del libro. Citemos nuevamente:
“nadie puede mostrar su lucidez después de haber estudiado once años con los hermanos maristas, nadie puede convertirse en una persona mínimamente pensante después de estar bajo la educación de los hermanos maristas, haber estudiado con los hermanos maristas es lo peor que me pudo haber sucedido en la vida, Moya, haber estudiado bajo las órdenes de esos gordos homosexuales ha sido mi peor vergüenza, nada tan estúpido haberme graduado en el Liceo salvadoreño, en el colegio privado de los hermanos maristas en San Salvador, en el mejor y más prestigioso colegio de los hermanos maristas en El Salvador, nada tan abyecto como que los maristas le hayan moldeado el espíritu a uno durante once años, ¿te parece poco, Moya? (….)”

No nos vendría mal a nosotros los paraguayos uno de estos libros indexables en el Registro de los Libros Antipatrióticos, Libros Burlas, Vómitos Letrados infalibles contra muestra secular autoindulgencia cotidiana moral-polítika-social.

(…) estoy aquí luego de 18 años, regresé nada más para constatar que hice muy bien en irme, que lo mejor que se me pudo ocurrir fue largarme de esta miseria, que este país no vale la pena para nada, este país es una alucinación, Moya, sólo existe por sus crímenes, por eso hice bien en largarme, en cambiar de nacionalidad, en no querer saber nada de él, es lo mejor que se me pudo ocurrir, me dijo Vega (…)

El largo plagueo de 119 páginas cuyo típico toque bernhardiano, el punto a parte es el punto final, se resuelve en un vómito final que se sugiere desde el título del libro, El asco, el momento que da la bienvenida a los visitantes de la ciudad, los pequeños que comen y beben durante el vuelo, en el baño del burdel al final, allí está la llave perdida del secreto salvadoreño, bien metido en el water-closet del baño de un nauseabundo burdel llamado “La Libertad”…El asco de Castellanos Moya es una náusea omniabarcadora, físico-química, ronda como una niebla de invierno eterno, a través de la absolutización de su miseria existencial, la náusea metafísica de un Sartre de alguna manera. Esa totalidad del ser metaforizada en el asco literario de un solo punto aparte de una larga parrafada de 119 pp. es el supremo bloque de mármol que Castellanos Moya quiere poner sobre la tumba humana espiritual de su Salvador natal:
(…) Vomité, Moya, el vómito más inmundo de mi vida, la más sórdida y asquerosa manera de vomitar que podés imaginar, porque yo era un tipo vomitando sobre un vómito, porque ese prostíbulo era un enorme vómito salpicado de semen y orines. Verdaderamente indescriptible, Moya, aún se me revuelve el estómago de sólo recordarlo. Salí de los sanitarios, tambaleante, con la firme decisión de abandonar ese antro inmediatamente, sin importar lo que argumentaran mi hermano y su negroide acompañante, con la terminante decisión de subir a un taxi y dirigirme a casa, me dijo Vega (…)

1 comentario:

Rain dijo...

Directas las analogías rabiosas y llenas de vida.

¡Kurupí siempre como una sacudida!.

Necesito leer este libro....


Gran salute.