nada de melocotones taoístas nada de ambrosías griegas el puréte son mangos mangos mangos
el verano asunceño es de los mangos, jugosos sukulentos chounitzables, anaranjados como la ropa de un monje budista, caen sobre la cabeza del poeta aturdido por el bochorno canicular y la muchacha tracia-milesia-sajona se desternilla (se caga se mea literalmente claro la yiyi) de pura risa viendo al poeta que desvela el universo de mayas del mundo verbal pero no puede esquivar con una finta a lo cabañas un mango hindú traído por los portugueses a brasil y contrabandeadas sus semillas por el vizconce taunay durante la cuádruple alianza contra el paraguay semillas cavendisheadas por las neuronas sedientas de mangos mangos mangos
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