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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, octubre 31, 2007

Muero-salto, madre-salta de Mon brave Puba

Pendejo

A LOS AMIGOS les quiero avisar que después de la mesa que LIBROS LA CALABAZA DEL DIABLO organiza en Centro Cultural Balmaceda 1215 (se adjunta flyer) se presentará mi novela "PENDEJO". así es que vayan el miércoles. Gonzalo
08/7914837

martes, octubre 30, 2007

en el Yacana

http://sol-negro.blogspot.com/2007/10/montserrat-lvarez-en-el-yacana.html

Totally engatusado!

La importancia de la exposición titulada “Paraguay esquivo” ra dica en potenciar nuestra identidad visual desde repertorios temáticos abiertos a una comprensión universal, y lograr situarla en escenarios internacionales. Asimismo, considerar que esta exposición fuera diseñada desde Paraguay y la Argentina por dos referentes de su comunidad artística, es un auspicioso ejemplo de asociación e integración. Un equipo que logró dotar de visibilidad a este evento y generar alianzas con instituciones, gobiernos y el comercio; montar un espacio sugerente y editar un catálogo. Esta iniciativa de la sociedad civil ha comprobado que, a pesar de la escasa promoción internacional que tiene el arte contemporáneo local, es posible generar un hecho real a partir de buenas ideas y de unas obras de gran calidad que las sostengan. Por tanto, es importante subrayar y reclamar que las políticas culturales del Estado sean fluidas y sensibles para la circulación de embajadas visuales portadoras de comunicación y diálogo con el mundo, como entendemos que fue en este caso, desde la colaboración de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Ext e r i o r e s. El concepto de definir un lugar, enunciado desde la negatividad de una condición “es - quiva”, puede ser comprendido en su acepción retraída y dura, un papel o rol que cabría al Paraguay tras una historia cerrada al mundo. El proyecto construye una imagen nacional desde una trama que quiere ser reflejo de la compleja realidad paraguaya: mestiza, urbana, campesina, cosmopolita, guaraní, castellana; aspectos culturales emplazados físicamente en una mesopotamia de naturaleza proverbial y hoy afrontando graves desafíos. Diversas generaciones de artistas dan cuerpo a esta exposición, cuyas prácticas emplean estrategias conceptualistas, donde muchas veces sus ideas son tan o más potentes que las formas que las contienen. La obra que presenta Ángel Yegros acumula diversos elementos donde valora su materialidad y eficacia expresiva, como es el caso de fibras vegetales y pieles de ofidios. Registra un nivel presente del tiempo y haciéndolo dialogar con lo arcaico, pues incorpora resinas, plásticos o restos de la industria. Por su parte, el trabajo de Marité Zaldivar combina elementos de la naturaleza vegetal y sentidos de ancestralidad. La capacidad poética de la artista en dotar de sentido a restos y objetos encontrados de fuerte identidad local es una característica que impregna su obra. La obra de Carlo Spatuzza, quien también trabaja la materia, en este caso de origen animal, consiste en unos objetos que representan carteras de uso femeninos. Funcionan a un nivel metafórico como símbolos de consumo y estatus social, y han sido elaborados a partir de una compleja operación física y química. Sarah Hooper dibuja misteriosos lugares de fuertes alusiones al cuerpo a través de unas obras monocromas de gran formato. La voluntad de abstracción de esta obra ofrece un repertorio de formas orgánicas, en la que resalta la intensa geometría de las composicio- nes, situación que cifra aún más su lectura. Una clavepara comprender y renovar nuestro pasado reciente, como los años de la dictadura, ofrece el artista Fredi Casco al apropiarse de un archivo fotográfico de la época de Stroessner. Alterándolo mediante ediciones digitales, logra una sutil crítica que estrella la egolatría del “único líder” y su corte, a la vez que construye una operación de la memoria, desde una mirada lúdica e irónica. Fernando Moure Crítico de arte mourefernando@gmail.com

lunes, octubre 29, 2007

Adiós a la poesía y voilá la narrativa-mamotreto

La risa del pene en erección

Los alquimistas se masturbaban

La cuádruple alianza (Usa, Argentina, Brasil y Uruguay) para ocupar Paraguay se firmó en el Maracaná, durante la final de la Copa coca-Cula de Fútbol del 2010, que ganara el equipo kurepa con gol del hijo okara de la presidenta. Todos los brasileros eran kua chapí, y todos los argentinos, obligatoriamente, bizcos, como Clarence el león de ¡Daktari! Desde entonces nos movemos entre los yuyales y caraguataty, somos partisanos pynandí, nos alimentamos de carne de glúteo de minas kurepas o de mininas venenosas rapais, en cambio, la carne uruguaya es amarga como su mate y su fútbol. Los xavantes y sea harrier israelíes agujerearon el mborebí rapé con sus tiroteos inteligentes, matando solo a humanos, sin destruir edificios de departamentos u oficinas de la prensa nacional. Algunos paraguayitos nos salvamos porque justo en este momento crítico estábamos chupando en un burdel, o como fue mi caso, estaba de viaje a un encuentro internacional de poesía solo para poetas-peatones a lo Forrest Gump. Los colaboracionistas consiguieron sinecuras en Itaipú o como doble agentes de Itamaratí o del Pentágono. El guaraní fue proscrito, los heterosexuales masacrados, las mujeres empleadas en la Joy Division que fue levantada en la antaño plaza Uruguaya, los poetas marcados con la esvástica del ku-kux-klan, los mitaí de madre paraguaya ahogados en el vientre de su madres como lo prescribe la autoridad de los más preclaros intelectos fronterizos, colaboracionistas con el Imperio. La estrategias anacrónicas del Comandante Guevara fueron exhumadas para sobrevivir al cólera, el dengue y la hambruna que asolaron nuestra tierra, las dos primeras promovidas artificialmente como las enfermedades venéreas en los burdeles de frontera, donde a veces aparecíamos como infames foucaultianos, para despavlovizar a las prostitutas ñembo akurepadas, nuestras aliadas en la resistencia contra los invasores. La contraseñas de reconocimiento cambiaban cada día, atacábamos como los incas sólo en luna llena, las jornadas de viento norte nos enterrábamos bajo los karuguá, el guaraní circulaba carcomido o invertido para evitar sospechas, mi schibolleth más despreciado fue Virna, nombre votado en honor de una puta de frontera ke me (nos) inoculó la impotencia pos-guerra de la cuádruple alianza, novedad bélico-biológica en el cono sur. Nos disfrazábamos de chamanes estelares de la etnia tomáraho o de vendedores urbanos maká cuando las papas quemaban, o de locos trajeados con hule y diarios viejos. El mercado negro oficial valoraba una enormidad el semen nativo, pagado en peso oro en los laboratorios de yankilandia, asegún decían por movilizar unas moléculas asociadas con el savoir vivre desconocido entre los puritanos del Norte o aun entre los kanguylones de nuestros vecinos, como siempre traidores por contrato.

I. Vuelven como maldiciones

El dolor de muelas, los agujeros de lo calcáreo, la eflorescencia ciliar, el topepí rekó, no tapan ese otro dolor, forcluido, apelotonado, guardado en el freezer de “la vida/show debe seguir”. En la calle recuperamos la introversión, el autoanálisis, el flujo calmo del pensamiento, en medio de la población callejera repleta, congestionada de caras oviedizadas, coloradizadas, recuperamos la reflexión, la verdad sin redención posible, el conocimiento, allí cuando los ñembo picholos, los punkies gordos, se han desintegrado en la urdimbre mayesca…

II. Seremos niños y amaremos el excremento

El citadino Millán, el suicidado Lira y el friolento Maquieira no me devolverán jamás el pasado, mi parra-discotequero pasado. La felicidad no piensa, el presente por siempre se ahoga en mi esencia en devenir inatajable, nos despedazamos al vivir, pero torpe entre los torpes corre detrás del rabo de la galaxia más bella que hayan visto mis ojos. Hoy, la vulgaridad me produce un salpullido alérgico…

Vete a la mierda

En medio del territorio ocupado, violado, invadido, recuperamos culturas ya extintas entre mis coetáneos y compatriotas: la cultura de los saprofitos, hozar en lo blando del tobatí hasta arrancar con los dedos a punto de desmayarse el hongo llamado “vaká rekaká”, infalible ambrosía voladora; el avaporú, sustituido por los jesuitas con la vulgar ingestión de carne de vaca; el cannabis sativa envuelto en hojas de ambay; la cópula con animales, la bestialidad más esópica que nuestra infancia freudiana hubiera imaginado…

domingo, octubre 28, 2007

Las pendejas de los perros


Las pendejas de los perros
Que chupan pijas
Cuando bala Miguel Ángel
Que se morirán algún día
Por más que estén chupando
Pija esta noche
Quemándose en TV
Se morirán
Aunque trabajen con la multiplicidad de un hombre orquesta
O usen pañal desechable
En el super donde changuean
Para comer
Se morirán igual como morirán mis acreedores
De a uno pasarán frente a mi portón
El espía de ItamaratíO el planillero de ANDEO asesor intelectual de ITAipú
Morirán como morirán
Los que salen hoy
Antinapoleónicamente
Las pendejas de los perros
Se morirán reventarán
Aunque quieran chuparte
La pixa dura de adolescente que me da
Al mirar en TV quemar no el país
Sino la naturaleza
El Chaco Maracayú Ibyturuzú con sus pombeiros
La pixa cicatrizada de mil
Gonorreas sífilis
Y otras yerbas putañeras
Se morirán
Más allá de su fealdad
O generosidad chulupí
Las pendejas de los perros tembolos
No chupan mi
Pilín desnutrido
De calderillas nikeles tiki-takas
“carajo todo el mundose muere Guillermito”
el perro de la Browningel loro de Churchill
los huevos de los triunfadores los brazos
de los millonarios los chistes
de los enmotados los pelos
pichái de losque no saben de nada de
la cultura ashlushlay
morirán sin saberdecir “lo siento” en nivaclé
las pendejas de los perros¡ cómo son testarudas
en su muerte analfabeta!
Morirán como
Murió la Novak
La Monroe la Vitti
La Grace la Lady Di
Las pendejas de los perros
Ya no chorrearán orina con liquido vaginal orgásmico
Sobre tu morro de cachorrito
Atenazado por un par de piernas ninfómanas
Tu jeta alcoholizada madrugante ollarante
Todas las Bien Muertas
Las cobijadas bajo laBuena Muerte
Todas las chupadoras
De pijas del mundo
Las Jane BirkinLas scarlettLas Theron
 las NeveLas KateLas kechupis 
las hijas de las hijas de las bien muertas
La enardecida dama5 estrellas la puta 4tenedores 
la cantatriztatú de hada
de mi barrio
las pendejas de los perros
se moriráncomo han muerto
y se pudren bajonuestros torpes pies
las pendejas de los perros de la muerte
turras que no te chuparán jamás el pirulí
aunque kieran pagarme por ello
morirá maradona Chávez busch kircner lula
morirá woody auster JohanssonFresan 
morirá como todos mis odiadosenemigos intelectuales
 todoslos vampiros que como
las pendejas de los perros
se morirá la felicidad
de que se morirá
con desdén Poeta
Chamán Falo Verbal+ que falo músculo
ductilizable hacia laxonxa zonza
como morirán todos los despendejados como
hoy o ayer murió
el pavo de pavarotti comomorirán todos los gerentes
del Banco Mundial del FMI
todos los consultoresitalianos con perras
enautadas enataúdes 4 × 4y las pendejasde los perros
 hablancuando va y viene MAcomo murió la
Afrodita de Perurimá
La Miss Tanga deKurepilandia 
laYegua de Burkina fasso
Las pendejas de los perros
Siempre se morirán



sábado, octubre 27, 2007

Correo semanal de Última Hora de hoy sobre Yiyi Jambo

Flanagan, Calle influencian la literatura de Houellebecq

En la quincuagésima lección de sociología, Auguste Comte lucha contra esa «extraña aberración metafísica» que concibe la familia según el tipo de sociedad. «Fundada principalmente en el afecto y el agradecimiento, la unión doméstica está destinada, sobre todo, a satisfacer directamente, por su sola existencia, el conjunto de nuestros instintos simpáticos, con independencia de cualquier idea de cooperación activa y continua para conseguir un objetivo cualquiera, a no ser el de su propia institución. Cuando, desgraciadamente, la coordinación de las tareas es el único principio de unión, la unión doméstica tiende necesariamente a degenerar en simple asociación, y no suele tardar mucho en disolverse esencialmente.» En la oficina, yo seguía haciendo lo mínimo posible; aun así tuve que organizar dos o tres grandes exposiciones, y me las arreglé sin muchas dificultades. Trabajar en una oficina no es muy difícil, basta con ser un poco meticuloso, tomar decisiones con rapidez y atenerse a ellas. No había tardado mucho en comprender que no es forzosamente necesario tomar la mejor decisión, sino que en la mayor parte de los casos basta con tomar una decisión cualquiera, a condición de tomarla rápidamente; bueno, si uno trabaja en el sector público. Eliminaba algunos proyectos artísticos, seleccionaba otros: lo hacía según criterios insuficientes, en diez años no había pedido información suplementaria ni una sola vez; y en general no sentía el menor remordimiento por ello. En el fondo, apreciaba bastante poco los medios del arte contemporáneo. La mayoría de los artistas que conocía se comportaban exactamente como empresarios: vigilaban atentamente los nuevos mercados, y luego intentaban posicionarse lo más deprisa posible. Como los empresarios, salían en masa de las mismas escuelas, estaban hechos en el mismo molde. Con ciertas diferencias: en el terreno artístico, la prima de innovación era más alta que en casi todos los demás sectores profesionales; por otra parte, los artistas se movían a menudo en jaurías o redes, al contrario que los empresarios, seres solitarios y rodeados de enemigos: los accionistas, siempre dispuestos a abandonarlos, los directivos, siempre dispuestos a traicionarlos. Pero era muy poco frecuente que yo sintiera una verdadera necesidad interior trabajando con los informes de los artistas de los que tenía que ocuparme. De todos modos, a finales de junio se inauguró la exposición de Bertrand Bredane, a quien yo había apoyado desde el principio con obstinación; para gran sorpresa de Marie–Jeanne, que se había acostumbrado a mi indiferente docilidad, y a quien le repugnaban las obras de ese género. No se trataba exactamente de un artista joven, ya tenía cuarenta y tres años, y físicamente estaba más bien consumido; recordaba bastante al personaje del poeta alcohólico de El gendarme de Saint–Tropez. Se había dado a conocer, sobre todo, dejando pudrirse pedazos de carne en las bragas de mujeres jóvenes, o criando moscas en sus propios excrementos, que luego soltaba en las salas de exposición. Nunca había tenido mucho éxito, no pertenecía a las redes adecuadas, y se empeñaba en una vena trash un poco pasada. Yo veía en él cierta autenticidad, pero tal vez era la autenticidad del fracaso. No parecía muy equilibrado. Su último proyecto era peor que los anteriores; o mejor, según se mire. Había filmado un vídeo sobre el recorrido de los cadáveres de esa gente que dona su cuerpo a la ciencia después de la muerte; por ejemplo, para que sirva en las prácticas de disección de las escuelas de medicina. Algunos estudiantes de medicina de verdad, vestidos de calle, se mezclaban con el público de la exposición y enseñaban de vez en cuando manos cortadas, ojos arrancados de sus órbitas; en fin, tenían que hacer esas bromas a las que, según el tópico, son tan aficionados los estudiantes de medicina. Cometí el error de llevar a Valérie, ya agotada después de su jornada de trabajo, a la inauguración. Me sorprendió comprobar que había bastante gente, incluso algunas personalidades importantes: ¿acaso empezaba un período de gracia para Bertrand Bredane? Al cabo de media hora, Valérie se hartó y me pidió que nos marchásemos. Un estudiante de medicina se detuvo delante de ella; tenía en la palma de la mano una polla cortada, con los testículos todavía rodeados de pelos. Ella apartó la cara, asqueada, y me arrastró hacia la salida. Nos refugiamos en el café Beaubourg. Media hora después entró Bertrand Bredane, acompañado por dos o tres chicas que yo conocía y algunas otras personas, entre las que reconocí al director de mecenazgo de la Caisse des Dêpots et Consignations. Se sentaron en una mesa vecina; estaba obligado a ir a saludarlos. Bredane se alegró visiblemente de verme, y es cierto que esa noche yo le había dado un buen empujón. La conversación se eternizó, y Valérie vino a sentarse con nosotros. No sé quién propuso ir a tomar algo al Bar–bar; probablemente el propio Bredane. Yo cometí el error de aceptar. La mayoría de los clubs de intercambio de parejas que han intentado incluir en su programa de animación una velada sadomaso semanal han fracasado. Por el contrario, el Bar–bar, dedicado desde el principio exclusivamente a las prácticas sadomasoquistas, sin por ello exigir a la entrada un dress–code demasiado estricto —salvo en ciertas veladas—, estaba siempre lleno. Por lo que yo sabía, el medio sadomaso era bastante específico: estaba compuesto por gente que ya no sentía interés por las prácticas sexuales corrientes, y a la que por lo tanto le repugna ir a un club bisexual clásico. Cerca de la entrada, una mujer de unos cincuenta años, con la cara rubicunda, maniatada y amordazada, daba vueltas en una jaula. Al mirar con más atención me di cuenta de que tenía los tobillos atados a las barras de la jaula con unas cadenas de metal; sólo llevaba un corsé de skai negro, sobre el que colgaban sus pechos grandes y fláccidos. Se trataba, según la costumbre del lugar, de una esclava a la que su dueño iba a subastar durante toda la noche. No parecía divertirle mucho, noté que se volvía en todas direcciones para intentar disimular la celulitis de las nalgas; pero no era posible, la jaula estaba abierta por los cuatro costados. A lo mejor hacía eso para ganarse la vida, yo sabía que uno podía alquilarse como esclavo, entre mil y dos mil francos la noche. Parecía una empleada subalterna, del tipo telefonista de la Seguridad Social, que iba allí para redondear su sueldo. Sólo quedaba una mesa libre, junto a la entrada de la primera sala de tortura. Justo después de sentarnos, pasó un ejecutivo completamente calvo, barrigón, con traje y chaleco, atado a la traílla de una dominadora negra con las nalgas desnudas. Ella se detuvo a la altura de nuestra mesa, y le ordenó que se desvistiera de cintura para arriba. Él obedeció. Ella sacó de su bolso unas pinzas de metal; para ser un hombre, él tenía el pecho bastante graso y abultado. Ella cerró las pinzas sobre sus pezones, que estaban estirados y rojos. El hizo una mueca de dolor. Ella tiró otra vez de la traílla: él volvió a ponerse a cuatro patas y, bien que mal, la siguió; le temblaban los pliegues del vientre, macilentos bajo la luz tenue. Yo pedí un whisky, Valérie un zumo de naranja. Ella miraba obstinadamente la mesa; no observaba lo que ocurría alrededor ni participaba en la conversación. Por el contrario, Marjorie y Géraldine, las dos chicas que conocía de la Delegación de Artes Plásticas, parecían muy excitadas. «Esta noche está todo muy tranquilo, muy tranquilo...», refunfuñaba Bredane, decepcionado. Nos explicó después que, algunas noches, había clientes que se hacían clavar agujas en los cojones o el glande; una vez había visto a un tipo al que su dominadora le había arrancado una uña con unas tenazas. Valérie se estremeció de asco. —Me parece totalmente repugnante... —dijo, incapaz de contenerse por más tiempo. —¿Por qué repugnante.? —protestó Géraldine—. Desde el momento en que hay libre consentimiento de los participantes, no veo dónde está el problema. Es un contrato, eso es todo. —No creo que se pueda consentir libremente en la humillación y el sufrimiento. E incluso si es así, no me parece una razón suficiente. Valérie estaba realmente nerviosa; yo estuve a punto de desviar la conversación hacia el conflicto entre israelíes y palestinos, pero luego pensé que la opinión de aquellas chicas me importaba una mierda; que, incluso si dejaban de llamarme por teléfono, lo único que pasaría es que tendría que trabajar un poco menos. —Sí, esa gente me asquea un poco... —dije con desdén—. Y vosotras también... —añadí en voz más baja. Géraldine no me oyó, o fingió no haberme oído. —Si soy mayor de edad, doy mi consentimiento —continuó— y mi fantasía es sufrir, explorar la dimensión masoquista de mi sexualidad, no veo en nombre de qué podrían impedírmelo. Estamos en una democracia... Ella también se estaba poniendo nerviosa, estaba claro que no le faltaba mucho para sacar a relucir los derechos humanos. Al oír la palabra «democracia», Bredane le había echado una mirada llena de desprecio; luego se dirigió a Valérie. —Tiene razón... —dijo, sombrío—. Es absolutamente asqueroso. Cuando veo que alguien se deja arrancar una uña con unas tenazas, luego permite que le caguen encima y para terminar se come la mierda de su verdugo, me parece asqueroso. Pero lo que me interesa, precisamente, es el lado asqueroso del ser humano. Al cabo de unos segundos, Valérie preguntó dolorosamente: —¿Por qué?... —No lo sé —contestó Bredane con sencillez—. No creo en el lado maldito porque no creo en ninguna forma de maldición; ni de bendición, para ser exactos. Pero tengo la impresión de que cuando nos acercamos al sufrimiento y a la crueldad, a la dominación y la servidumbre, nos enfrentamos a lo esencial, a la naturaleza íntima de la sexualidad. ¿No cree?... Ahora se estaba dirigiendo a mí. No, de hecho, yo no lo creía. La crueldad es antigua en el ser humano, la encontramos en los pueblos más primitivos: en las primeras guerras entre clanes, los vencedores se tomaban el trabajo de conservar con vida a algunos prisioneros para matarlos después de hacerles padecer terribles torturas. Esta tendencia se repetía, constante en la historia, y en nuestros días la encontrábamos intacta: en el momento en que una guerra, externa o civil, tendía a borrar las obligaciones morales corrientes —no importaba la raza, la población o la cultura—, aparecían seres humanos dispuestos a darse el gusto de la barbarie y la masacre. Era un hecho demostrado, permanente, indiscutible, pero no tenía nada que ver con la búsqueda del placer sexual, igualmente antigua e igualmente fuerte. En resumen, que no estaba de acuerdo; pero tenía conciencia, como de costumbre, de que se trataba de una discusión inútil. —Vamos a dar una vuelta... —dijo Bredane cuando terminó su cerveza. Yo le seguí, y los demás conmigo, a la primera sala de tortura. Era una cueva abovedada, de piedra. La música de ambiente se componía de acordes de órgano en la escala más grave, sobre los que se superponían alaridos de condenados. Vi que los amplificadores de graves eran enormes; por todas partes se veían manchas rojas, máscaras e instrumentos de tortura: la instalación tenía que haber costado una fortuna. En una alcoba había un tipo calvo y casi descarnado, con los cuatro miembros atados: tenía los pies metidos en un dispositivo que le mantenía a unos cincuenta centímetros del suelo, y los brazos sujetos por unas argollas que colgaban del techo. Una dominadora con botas y guantes, vestida de látex negro, daba vueltas a su alrededor, armada con un látigo de finas tiras de cuero incrustadas de fragmentos de piedras preciosas. Al principio le azotó durante un buen rato las nalgas, con golpes fuertes y decididos; el tipo estaba de frente a nosotros, completamente desnudo, y gritaba de dolor. En torno a la pareja se fue reuniendo un pequeño público. —Ésta tiene que estar en el nivel dos... —me susurró Bredane—. En el nivel uno se paran en cuanto ven la primera gota de sangre. La polla y los huevos del tipo colgaban en el aire, muy largos y como dislocados. La dominadora dio una vuelta a su alrededor, metió la mano en un saquito que llevaba atado al cinturón y sacó varios anzuelos, que le clavó al tipo en el escroto; la piel se perló ligeramente de sangre. Después, más suavemente, empezó a azotarle los genitales. La cosa estaba en el límite: si una de las tiras de cuero se enganchaba en los anzuelos, la piel de los testículos podía desgarrarse. Valérie volvió la cabeza y se apretó contra mí. —Vámonos... —dijo con voz suplicante—. Vámonos; luego te lo explico. Volvimos al bar. Los demás estaban tan fascinados con el espectáculo que no nos prestaron la menor atención. —La chica que le estaba azotando... —me dijo Valérie a media voz—. La he reconocido. Sólo la he visto una vez, pero estoy segura de que es ella... Audrey, la mujer de Jean–Yves. Nos fuimos enseguida. En el taxi, Valérie estaba postrada, inmóvil. En el ascensor no dijo una palabra. Sólo cuando cerramos la puerta del apartamento se volvió hacia mí: —Michel..., ¿te parezco demasiado convencional? —No. A mí también me horroriza todo eso. —Comprendo la existencia de los verdugos: me repugna, pero sé que hay gente a la que le gusta torturar a los demás; lo que no puedo entender es que existan las víctimas. No consigo meterme en la cabeza que un ser humano pueda preferir el sufrimiento al placer. No sé, habría que reeducarlos, amarlos, enseñarles el placer. Yo me encogí de hombros, como para indicar que el tema superaba mi capacidad de razonamiento, cosa que ahora me ocurría en casi todas las circunstancias de la vida. Las cosas que hace la gente, lo que decide aguantar... No se podía sacar nada de todo eso, ninguna conclusión general, ningún sentido. Me desnudé en silencio. Valérie se sentó en la cama, a mi lado. La sentía todavía tensa, preocupada por el tema. —Lo que me da miedo de todo eso —continuó— es que no haya ningún contacto físico. Todo el mundo lleva guantes, utiliza herramientas. Las pieles nunca se tocan, no hay ni un beso, un roce, una caricia. Para mí es exactamente lo contrario de la sexualidad. Ella tenía razón, pero supongo que los adeptos al sadomaso veían en sus prácticas la apoteosis de la sexualidad, su forma última. Cada cual estaba encerrado en su cuerpo, plenamente entregado a sus sensaciones de ser único; era una manera de ver las cosas. En cualquier caso, lo que quedaba claro es que esa clase de sitios estaba cada vez más de moda. Me imaginaba muy bien a chicas como Marjorie y Géraldine frecuentándolos, por ejemplo, mientras que no conseguía imaginarlas con la capacidad de abandono necesaria para una penetración, por no hablar de cualquier otra relación sexual. —Es más simple de lo que parece... —dije al final—. Está la sexualidad de la gente que se ama, y la sexualidad de la gente que no se ama. Cuando ya no hay ninguna posibilidad de identificación con el otro, la única modalidad que queda es el sufrimiento... y la crueldad. Valérie se acurrucó contra mí. —Vivimos en un mundo extraño... —dijo. En cierto sentido seguía siendo ingenua; sus horarios de trabajo demenciales, que apenas le dejaban tiempo suficiente para hacer las compras, descansar y volver a irse, la protegían de la realidad humana. Añadió: —No me gusta el mundo en el que vivimos.

Plataforma, Michel Houellebecq, Editorial Anagrama, Barcelona, 2002

http://www.arrabal.org/new273.html

jueves, octubre 25, 2007

Libro ofrecido públicamente en los diarios pero agotado!

Secretaría de Cultura de la Nación Unidad de Proyectos y Programas Especiales Línea por el Respeto a la Diversidad Cultural Formulario para la solicitud de libros Datos Personales Nombre y apellido Dirección Código Postal Localidad Partido Provincia Teléfono E-mail Datos de la Comunidad u Organización Nombre de la Comunidad Dirección Código Postal Localidad Partido Provincia Teléfono E-mail Pueblo ¿Qué temáticas trabaja? ¿Qué actividades realiza? ¿Con qué población trabaja? ¿Está interesado en recibir el libro "Mujeres Dirigentes indígenas. Relatos e Historias de Vida"? ¿cuántos? ¿En el marco de qué actividades lo usarían? Mail de la UPPE:
El libro se ha agotado y la segunda edición no está confirmada todavía. La forma de accedeer al libro es completando el formulario que se envia adjunto, nosotros realizamos el envío gratuito. EN CASO DE REALIZARSE LA SEGUNDA EDICION RESPONDEREMOS A SU SOLICITUD. atte UPPE

miércoles, octubre 24, 2007

el patio azul, Cajamarca 2007

Mujer tenía que ser

Toda la fealdad argentina representada
en ese gesto, en esa mujer de prototìpika cara akurepada, en ese porvenir dominikal que amenaza
proseguir estas pompas post-bizcamente presidensiales, féminas de rostros estirados para la victoria final, la peronización definitriva de Vakaria.

martes, octubre 23, 2007

Prólogo de Juan Carlos Ramiro Quiroga a "Dobre oreja" de Carmen Abaroa en Yiyi Jambo

El orgasmo on line de Carmen Abaroa
“Los poetas, jóvenes, son cosa, de nuevo, del pasado: sujetos sujetos al padre como están, aún en la madre, al falo.” (Último poema de Carmen Abaroa)
Por Juan Carlos Ramiro Quiroga
1. La celebridad de Carmen Abaroa, poeta boliviana que vive en la ciudad de Santiago de Chile, probablemente se debe más a las velocidades rampantes del correo en línea y a las subidas instantáneas de los blog poéticos.

2. Su figura poética es nomás una creación virtual (Internet y demás cómplices interactivos), aparte de las premiaciones sin maravedíes que ha recibido de parte de los corrillos contraliterarios de la ciudad do moró Alonso de Ercilla.
3. Que uno sepa, la poesía de Abaroa, tataranieta del héroe boliviano de Calama, ha crecido cada vez más que sus cabellos negros y rizados, en inigualable precisión y soltura de vocablos, todos enrevesados, rotos y fragmentarios. “Una babelia totalmente anodina y harto citadina”, apunta Cristino Bogado, poeta das 3 fronteiras.
4. También, la poesía de Abaroa se mueve como sierpe encendida en algunos sitios de la blogosfera para halago y oscurantismo de quienes la leen o tardan en dar con alguna explicación acorde a lo que plantea en ella. ¿Alguien sabe por qué escribe así?
5. Hay adhesión pitagórica en su poesía, también médula alemana que inventa espantos y magines en los verbos. Otrosí, su recurrencia poética va creciendo como la de Roberto Bolaño. Poca, pero con fuerza aymara o del terruño de Sorata.
6. ¿Es una gran lectora de Celan? Tal vez. No obstante, su musa es desmenuzar las lenguas madres de América Latina con la portuguesa. Un barroquismo plus innovador o a ultranza avant la lettre.
7. ¿Acaso lee vorazmente a Juan Luis Martinez, el escritor visual de La Nueva Novela (1977)? Una apreciación un tanto exagerada que varios seguidores chilenos han tratado de deslizar por debajo de la admiración espontánea por sus breves piezas literarias.
8. No sé cómo la editorial Yiyo Jambo, de Asunción, Paraguay, se atreve a publicarle un librito, si ella ha jurado no meterse en líos con ninguna editorial del mundo.
9. ¿Sabéis que ella experimenta más en Internet y de lo que ella produce en suma? Su orgasmo poético es en línea.

Más allá de lo humano

Peter Sloterdijk es quizás el filósofo más inquietante y fascinante de Europa. Faltaban pocos meses para el año 2000 cuando pronunció una conferencia titulada "Reglas para un parque humano" en el castillo de Elmau, Alemania, en ocasión de unas jornadas sobre Heidegger y Emanuel Lévinas. Sus palabras generaron un revuelo que aún hoy no cesa. En realidad, Sloterdijk no había hecho más que retomar la "Carta sobre el humanismo" de Heidegger a partir del diálogo El Político
  • de Platón para demostrar que la era del humanismo está terminando y que, entre otras cosas, la ingeniería genética despliega hacia el futuro un tipo de "domesticación y cría de los seres humanos" diferente del de la modernidad. Sloterdijk es alguien que celebra los avances tecnológicos; que se asume en la estela de Heidegger y sobre todo de Nietzsche, pensadores que en Alemania aún cargan con el lastre de su supuesta cercanía con el nazismo; que no teme decir "domesticación y cría" en este contexto, a pesar de que son palabras de Platón retomadas por el propio Nietzsche. Son suficientes razones, entonces, para que fuera acusado de filonazi por la oficialidad intelectual alemana, encabezada por Jürgen Habermas. Duque dedicó un largo escrito al llamado " affaire Sloterdijk" y es una voz autorizada para opinar sobre esa querella. "Sloterdijk -dice Duque- tiene cierto optimismo antropotécnico que lo lleva a decir que el hombre es autooperable genéticamente y que no hay nada malo en ello. En sí es una posición rescatable en la medida en que no condena de antemano la eugenesia y en que reconoce, además, la novedad aportada por la cibernética. Pero hay que aclarar que el hombre autooperable es también el hombre autodesechable, porque es evidente que no todos los hombres pueden acceder a este estadio de autooperación eugenésica. En segundo lugar, hay que discutir hasta qué punto es deseable esta carrera de autocorroboración del potencial tecnológico, hasta qué punto cabe seguir pensando o no en la dignidad del ser humano. Por último, el nuevo régimen de domesticación y cría, ¿en qué medida no reproduce todos los problemas de dominación del viejo hombre? Y no estoy hablando solo de la dominación de algunos hombres sobre los demás, sino de la relación con el propio cuerpo, con la dominación de uno mismo.
  • Duque
  • lunes, octubre 22, 2007

    Dibujos ishir, nivaklé, guaraní

    Asunción, Paraguay, Domingo 21 de Octubre de 2007 LA LÍNEA DEL CHACO

    Dibujo indígena contemporáneo del Paraguay
    Exposición de dibujos de indígenas ishir, nivaklé y guaraní del Chaco paraguayo. Los dibujos nivaklé y guaraní, realizados durante el año 2007, fueron colectados por Verena Regher en el contexto de un proyecto de promoción de la cultura indígena a partir de sus valores expresivos. Los dibujos ishir fueron colectados por Ticio Escobar entre 1990 y 2003 y pertenecen al acervo de Arte Indígena del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro. También forma parte de esta colección un lote de dibujos nivaklé reunidos por Miguel Chase Sardi, durante la década de los años 70.
    El trazo incompleto
    Exento de los cánones estéticos occidentales, el dibujo indígena transita libremente ámbitos diferentes, traspasando líneas divisorias y poniendo en jaque los órdenes y las clasificaciones. Lo que caracteriza el arte indígena –lo que nosotros llamamos “arte indígena”– es justamente su descarado desconocimiento de categorías que encasillan los géneros y los estilos. Que encasillan el arte, en última instancia. El dibujo indígena trastorna el régimen de las oposiciones binarias entre lo real y lo imaginado, lo decorativo y lo expresivo, lo gráfico y lo plástico, lo plano y lo bidimensional. Y esta fecunda promiscuidad obedece a razones diversas. No solo se debe a una tradición cultural diferente a la marcada por las Bellas Artes, sino al hecho mismo de que lo artístico –lo que para nosotros es artístico– corresponde a una matriz híbrida, nutrida de fuerzas diversas, abierta a sentidos plurales y desarrollada mediante prácticas múltiples. Esta indiferenciación de lo estético –que cruza diversos momentos del cuerpo social– involucra un universo de significaciones inestables y acentúa las mixturas entre ámbitos y principios que la teoría tradicional del arte separa (lo gráfico y lo plástico, las bellas artes y las artes aplicadas, la línea y el volumen, el fondo y la forma, etc.). La amalgama de géneros, técnicas, medios y estilos también se encuentra empujada por la superficie de inscripción y los materiales: por ejemplo, los diseños de las pinturas corporales ishir, los esgrafiados de los mates payaguá y las calabazas y maracas avá, los pirograbados de las figuras en madera aché y los diseños de la cerámica de los chiriguano o los ayoreo, se basan en el trazo y la línea ciertamente, pero lo hacen condicionados por la conformación y los latidos de la piel humana, los bultos pulidos o irregulares de los objetos, las oquedades y relieves de una superficie que gira sobre sí y deviene masa. El hecho mismo de que los perfiles del diseño se encuentren rellenados con otros colores, o que el trazo adquiera una materialidad pictórica, introducen vacilaciones en el concepto mismo del dibujo, basado en el predominio de la línea y el contorno. ¿Puede hablarse de “dibujo” en el caso de los patrones de la cestería mbyá o los motivos de los tapices en lana nivaklé? O bien, ¿puede hablarse de línea para nombrar el diseño exacto de las antiguas vasijas guaraní, puro perfil resumido y vibrante, límite tenso que define y enmarca la forma? Estas cuestiones alcanzan un nuevo sentido hoy, cuando la crítica de la modernidad saluda las mixturas de los géneros, habilita un espacio para la promiscuidad de las formas del arte y cuestiona la autonomía formal de lo estético. El término dibujo no designa ya un terreno exclusivo y separado, tajantemente definido por el mínimo surco o la incisión de una raya. Y el propio arte ha perdido la pretensión de que sean sus espacios soberanos, independientes de lo que sucede extramuros: libres de los discursos históricos y sociales que irrumpen desde la intemperie y la confusión, más allá del alcance de la forma. Esta situación hace que deba mirarse el dibujo indígena con otros ojos. También por eso resulta importante esta muestra: la línea ya no significa un linde sellado, sino una marca fluctuante: el vestigio que permite distinguir adentros y afueras intercambiables en sus puestos. Y el dibujo de los indígenas es experto en trazar umbrales abiertos a todos los vientos de la historia, a todos los pasos de una existencia atribulada, a todos los empujes de creencias intensas y sueños obstinados. La línea abierta. El volumen inconcluso. El trazo provisorio, efímero, sujeto a las borraduras del sudor o de la lluvia. O del olvido. Lo que hoy se llama la dimensión performativa del arte contemporáneo –es decir, la posibilidad o el anhelo que tienen sus formas de volverse sobre la realidad y actuar sobre ella– resulta un viejo expediente del arte indígena, volcado siempre sobre los fenómenos sociales, naturales y sobrenaturales que ocurren fuera del círculo aurático. Una línea puede ser la expresión de una idea, el anuncio de un signo hermético o el principio de un lance mágico. Pero también es un dispositivo formal: una manera de aliviar ese mundo inhóspito que constriñe el paisaje humano agregándole belleza. Al incorporar técnicas, como el lápiz y la birome, y soportes como el papel, esta muestra remite a las situaciones de transculturación y aculturación que condicionan la práctica actual del dibujo indígena, como, en general, todas sus manifestaciones expresivas. La enseñanza evangelizadora y la intervención de antropólogos y estudiosos, así como la injerencia de procesos de escolarización y la presión del mercado, interfieren el trazado de la línea, el sentido propio del espacio y el vacío, la percepción de los colores y la luz, de las texturas y proporciones. Este hecho debería llevarnos a afirmar una vez más el derecho de los pueblos diferentes a participar de los programas que comprometen la transmisión y la recreación de sus formas culturales. La autogestión de sus mecanismos educativos y formadores puede cautelar la libertad de la expresión aun en situaciones transculturativas intensas. La imagen ya no será la misma, pero podrá seguir siendo propia. Hoy, aparecen casos notables de dibujos emergentes, como los del ishir Ogwa o los de los nivaklé y los guarayo que trabajan en Cayim o Clim (Chaco Central) . Ellos revelan la posibilidad con que cuentan diversas culturas para renovar los contornos de la realidad: para delinear sus formas de acuerdo a los desafíos nuevos que propone o impone la historia y sobre la base de una memoria obstinada en cautelar el enigma de la línea.
    DIBUJO NIVAKLÉ/GUARANÍ
    Osvaldo Pitoe
    Indígena guaraní, nacido en 1963 en Pedro P. Peña, Gran Chaco, Paraguay; vive en Cayin o Clim, ubicado en la misma zona. Como dibujante es autodidacta. En 1998 ganó un concurso promovido por el Proyecto “Artesanía Indígena”, impulsado por la promotora cultural Verena Regehr y desde entonces se dedica a este medio, utilizando, como los otros dibujantes de Cayin o Clim, bolígrafos de tinta negra sobre papel blanco. “En un tiempo sin trabajo”, dice, “advierto que se puede ganar algo dibujando. Dibujando no me quedo aburrido, dibujando pienso mucho y recuerdo mi niñez al lado del río. Con eso puedo mantener a mi familia. Y además, me encanta”. Jorge Carema Indígena guaraní, nació en 1966 en Pedro P. Peña, Chaco paraguayo. Vive en Cayin o Clim, aldea situada en la misma región. Se dedica a la pesca y trabaja como jornalero agricultor. Aprendió el dibujo en forma autodidacta. “No podemos olvidar nuestra historia y nuestra cultura”, dice, a pesar de que las técnicas de su expresión constituyen innovaciones transculturales recientes. Sus dibujos representan cosmovisiones, experiencias comunitarias e historias hasta ahora no escritas por los propios indígenas, de modo que constituyen no sólo piezas de indudable valor estético, sino testimonios de una cultura que tuvo que readaptar su producción de imágenes a los desafíos de la modernización.
    Ausque Eurides Gómez
    Indígena nivaklé. Nació en Filadelfia, Chaco paraguayo, en 1977. Vive en Cayin o Clim. Sus dibujos están influenciados por los relatos de su abuelo Toya’a, un gran chamán, que le indujo a no olvidar las tradiciones de su pueblo. Aprendió a dibujar con su padrastro, Jorge Carema. “Dibujo acerca de cómo vivieron nuestros antepasados y también de cómo vivimos hoy en Cayin o Clim. Dibujar me da ánimo”, dice. Para la cosmovisión nivaklé existe una fuerte unidad entre el presente y el pasado; por lo tanto sus dibujos no representan acontecimientos vinculados de manera secuencial, sino sucesos que cruzan temporalidades diversas: las figuras de la memoria coexisten en el mismo plano con imágenes de hechos ocurridos actualmente.
    DIBUJO ISHIR
    Emilio Aquino
    Tomáraho, afiliado al clan posháraha. Nació en Pitiantuta en 1945. Su nombre ishir es Opserse. Ejerció el cargo de cacique de la comunidad de Péishiota (Potrerito). Es un buen conocedor de la cultura ishir y un narrador minucioso y severo de sus mitos. Vive en María Elena, Alto Paraguay.
    Daniel Aquino
    Es uno de los hijos de Emilio, su nombre tomáraho es Wulud, pertenece al clan posháraha. Nació en 1971. Gregorio Arce Era uno de los pocos ishir conocido más por su nombre indígena, Wylky, que por su apelativo oficial paraguayo. Era chamán de la categoría “de los confines de la tierra.” Nació en Puerto Casado en 1935 y ejerció brevemente el cacicazgo como sucesor de Emilio Aquino. Cuando una epidemia acabó con toda su familia, Wylky se internó en el bosque y cantó hasta que la sangre le brotó de la boca y perdió la voz casi totalmente. A pesar de su garganta quebrada y sus melancolías, poseía una personalidad delicada y gentil. Falleció en 2005.
    Ogwa Balbuena Flores
    De nombre Ogwa, ebytoso y perteneciente al clan posháraha, nació en 1937 en Puerto Caballo, en las cercanías de Bahía Negra. Es uno de los mejores difusores de la cultura chamacoco, tanto por su sabiduría y su erudición cuanto por su destreza como dibujante y su dominio del castellano y el guaraní, idiomas que maneja con fluidez notable. Iniciado en Puerto Diana a los 12 años, trabajó desde 1959 hasta 1969 como traductor de la Biblia para la Misión A Nuevas Tribus. Este oficio extraño a su historia y sus convicciones le llevó a un conocimiento sistemático de la lengua castellana y el credo cristiano; pero lo hizo sin menoscabo de sus certezas y sus saberes propios. Dejó la comunidad ishir, y actualmente, vive con su familia en Itá Anguá, Nueva Colombia. Se mantiene vendiendo en Asunción sus dibujos y las esculturas en madera que realiza con un hijo suyo.
    Bruno Barrás
    Nacido ebytoso y tahorn en 1947, Bruno encarna uno de los modelos de la estrategia de convivencia -de sobrevivencia- que han desarrollado los ishir en sus contactos con la sociedad nacional. Prestigioso cacique de la comunidad de Puerto 14 de Mayo, Karcha Balut, Bruno se mueve con suma habilidad y esmerado tacto en el mundo del blanco. Habla con agilidad seis idiomas y posee tanto un extenso conocimiento de la cultura de su pueblo, en la cual fue iniciado en 1960, como una detallada información acerca de los paraguayos, sus códigos, principios y debilidades, que sabe asumir con agudeza y considerar con mirada magnánima.
    Luciano Martínez
    De nombre tomáraho Tybygyd y filiación clánica tahorn, Luciano nació en 1952. Vive en María Elena, en donde trabaja en pequeños cultivos y changas varias y ejerce los oficios de chamán astral.
    Feliciano Rodríguez
    Perteneciente al clan tymáraha y llamado Túkule, nació en Puerto Casado en 1951. Fue cacique de los tomáraho durante el histórico traslado de su pueblo desde su asentamiento en los obrajes tanineros de San Carlos hasta Puerto Esperanza. Es artesano (confecciona atuendos plumarios), cazador de iguanas, cuyas pieles vende en Bahía Negra, agricultor y jornalero.
    Bruno Sánchez Vera
    Llamado Tamusía por los tomáraho, y afiliado por los ellos al clan posháraha, nació en Puerto Sastre en 1941. Trabajó la chacra en María Elena. Confeccionaba atuendos plumarios destacados por su manufactura y calidad estética. Falleció en 2007.
    Neri Sánchez
    Tomáraho. Nació en 1985. Pertenece al clan dyshykymser. Es artesano (confecciona flechas y arcos) y ayudaba a su abuelo, Bruno Sánchez, en los trabajos de la chacra. Fue iniciado en la comunidad de María Elena en 1998.
    Pedro Vera
    Su nombre es Mbochána, pero se lo conoce por Peíto. Es kytymáraha. Nació en 1964. Fue el cacique de la comunidad tomáraho de María Elena; está considerado un buen gestor y un abogado eficiente de los intereses de su pueblo ante las autoridades nacionales (ha conseguido la titulación de las tierras comunitarias).
    TICIO ESCOBAR

    fuente: http://www.abc.com.py/articulos.php?pid=366226&sec=14

    sábado, octubre 20, 2007

    Diccionario-í guaranì-español

    A CAUSA DE HAGUÉRE A ESCONDIDAS ñEMIHÁME A LO LARGO DE PUKUKUÉVO A LO SUMO HETAITÉRAMO A MENUDO PY'ŸI A PESAR DE JEPE A PIE YVÝRUPI ABAJO YVÝPE ABEJA EIRU, EIRA RÚA ABERTURA JURU ABRAZAR ÑAÑU(V)Ã ABRIGAR ÑUÃ ABRIR PE'A ABUELA JARÝI ABUELO TAITA GUASU ABURRIRSE KAIGUE ACABAR DE RAMO ACABAR MOMBA ACABARSE PA ACABÓ OPÁMA ACARICIAR MOKUNU'Û ÁCIDO HÁI ACLARAR MOHESAKÃ ACOMPAÑAR MOIRÛ ACORDARSE MANDU'A ACOSTARSE ÑENO ACOSTUMBRARSE JEPOKUAA ACUDIR JE'OI ACUMULAR TY ADELANTE TENONDÉPE ADEMÁS HI'ÁRI ADMIRAR MOMORÃ ADMIRARSE JURUJÁI ADÓNDE MAMÓPA ADORNAR MBOJEGUA ADULTO KAKUAA AFEITARSE ñEHENDYVAPO AFLICCIÓN PY'APY AGARRARSE JEJOKO AGENTE MUNICIPAL TAHACHI AGRADABLE HE AGUA Y AGUA GRANDE (LAGO) PARA AGUARDIENTE GUARIPOLA AGUARDIENTE TAGUATO RESAY ÁGUILA TAGUATO AGUILUCHO TAGUATO AGUJERO KUA AHIJADO, AHIJADA MEMBY'ANGA

    viernes, octubre 19, 2007

    Ayer, hoy

    Penúltima página del fanzine Tiempo Indigente,

    1990 Sección historieta/ Dibujos: Ángel Jara
    Texto gua'ú: Cristino Bogado La última hoja plena de efervescencia enviagradamente
    pos-stronista convocaba en estos términos:

    Tiempo Indigente. División entretenimientos. Se aceptan artículos a condición de que sean absolutamente radicales,
    anarquistas, nihilistas o revolucionarios. Pequeños burgueses abstenerse. tel: 449 5267 26318

    Poesía sobre la línea, octubre 30-noviembre 4, Sao Paulo

    T O R D E S I L H A S- FESTIVAL IBERO-AMERICANO DE POESIA CONTEMPORÂNEA
    -Linguagens e Fronteiras - Desconstruindo a Linha de Tordesilhas
    O "Tordesilhas - Festival Ibero-Americano de Poesia Contemporânea" é um evento literário que pretende apresentar e discutir a produção recente de poesia na América Latina e Península Ibérica. A proposta do festival, "Desconstruindo a Linha de Tordesilhas", expressa a busca de novos diálogos e acordos entre poetas de língua portuguesa e espanhola nestes países. O TORDESILHAS reunirá poetas de diversas partes do Brasil, América Latina, Portugal e Espanha, cujo trabalho é representativo e de destaque internacional, além de acadêmicos, críticos e editores de poesia interessados na temática íbero-americana. O festival acontecerá no período de 30 de outubro a 4 de novembro de 2007, em São Paulo, na Caixa Cultural, com uma programação noturna itinerante que inclui o Instituto Cervantes, o teatro Galpão de Folias, o Espaço Parlapatões da Praça Roosevelt e a Academia Internacional de Cinema.

    miércoles, octubre 17, 2007

    Cuento inédito a 3 manos de 1978 de Duarte, Azuaga y Aymar

    WENCESLAO, REY Hugo Duarte, Moncho Azuaga, Jorge Aymar
    Apenas naciste murió tu madre Wenceslao, y a fuerza de revenque, typycha-hu, granitos de sal y de poroto bajo las rodillas para que salgas un hombre de ley, mi hijo, y no andes así como tu padre, arriero sin conchabo, borracho perdido, guitarreando por el puerto, a fuerza de mi puño, te críe, para que seas Rey, Wenceslao, como dice el almanaque, que cada mitai ya viene con su estrella, y, mi hijo, por tu desgracia, muchas estrellas se tienen que prender sobre tu cabeza: pero aunque a veces no podes ni respirar, mi hijo, yo se bien que algún día te va a llegar y a para tu suerte, como una diosa de leche llena, blanca caminante se arremolinaba en los árboles la luna, algún perro, alguna guitarra llorona, algún grito perdido se escuchaba entre los muchos ruidos de la noche que habitaban la calle y entre ellos, el llanto de Wenceslao creciendo desde el cajón de manzanas despertaba a Ña Ramona, como un pez, azulado, boqueaba Wenceslao Rey, sus manos como raquíticas patas de rana buscaban en la oscuridad del cuarto atrapar el montoncito de aire para esas bolsas sanguinolentas que le convulsionaban el cuerpo; cataplasma de amor y vela bendita y el rezo de Ña Ramona, le devolvían de a pedacitos la vida, y esa vez, che memby, que por descuido te tocó el pombero y te quedaste sin hablar anga una semana, toda la Semana Santa, que fue por mi culpa, por mi pecado, porque como dice la Biblia, la carne a veces débil y éramos nosotros solos y yo tuve la culpa de querer quererle a alguien más que a vos, y no era porque no te quería sino que estabas dormido y era muy caliente el viento y Vidal, que al volver de su guardia se me quedó mirando en el patio con esos sus ojos tan lindos y esa su boca que sabía mentirte y el calor, Wenceslao, y vos durmiendo, mi hijo, y la carne que es débil y Vidal haciendo ruido en la cama mordiéndome las piernas, besándome apretándome fuerte, tan fuerte que no sabía ya a cuando saliste de la pieza, porque te encontré llorando, desnudo, tosiendo, detrás del servicio y pombero ya te tocó y te quedaste, mi hijo, sin hablar y por eso fue la última vez que la tentación entró en nuestra casa y desde entonces todo fue para vos, porque ni en el tiempo de más calor no volviste a dormirte más sólo, Wenceslao Rey, todo mi sacrificio fue para vos, mi trabajo día y noche para que te hagas hombre de provecho; y si algo me dolió más en la vida antes de que esto pase, fue aquella vez ¿te acordás Wenceslao? En que gracias a esos gringos que vinieron y nos repartieron un poco de leche y ropa usada que vendimos en el mercado, te pude preparar para tu primera comunión, y que aquel Presidente de la Seccional no te quiso alzar y que te quedaste solito sin padrino en la primera comunión porque allí recién te podía bautizar y desde esa vez me prometí, Wenceslao, que nunca-nunca te ibas a meter en política, quebranto para los pobres, sólo eso trae, y esta desgracia, después de tus estrellas sin luna la noche y sin ruidos el río, aquellas sombras arrastrando pesados bolsones, metidas hasta las rodillas en el agua, atajando fuerte la canoa, escapando de los marineros, obedecían las precisas instrucciones de Wenceslao Rey: bajo, de ojos durísimos , con los pantalones alzados, camisa al viento, su infaltable pañuelo rojo en la mano, tosiendo ronco de cuando en cuando, contaba las bolsas y paquetes; Ñeco, Yagua-Perô, Amadito y Cayé Mora esperaban en la otra costa, lejos de la mirada de los marineros, previo pago de coima cuando la canoa llegaba en el banco, dos fogonazos hirieron la noche y Yagua-Perô, ensuciando el agua, se llenó de lodo los ojos y la boca: el río se llevó las bolsas, la ganancia del día y el cuerpo mudo acribillado, al día siguiente, Wenceslao, ojeroso buscaba entre carretilleros, vendedores ambulantes y changadores, la mirada que le indicase quién fue el soplón, esa vez nadie se atrevía a contestar al ahijado de Ña Ramona, tenía buenas relaciones con algunos capos del partido y hasta se comentaba que en pocos meses más a lo mejor le elegían para irse a servir en el Palacio sin hacer la conscripción por su enfermedad, pero allí iba a conseguir con su baja, aquel documento que le iba a hacer entrar en cualquier parte, con ruego de colaboración de las autoridades civiles y militares y firmado por el militar ese que manda toda esta parte a la tardecita le encontró la policía a Salustiano con la boca sangrando y una marca en la frente, se cayó borracho, dijeron, pero nadie, absolutamente nadie, molestó a Wenceslao; Salustiano se tuvo que mudar a Foz de Yguazú y de ahí a Pedro Juan y tus estrellas se empezaron a prender cuando te fuiste al Palacio, y si sufría al verte poco, a veces los domingos cuando venías trayendo galleta y otra provista, me consolaba al encontrarte tan guapo, tan hombre, tan chusco, con esa bota y ese porte militar que según los chismes (y yo sabía) las chicas empezaban a mirarte y no sé por qué, che memby, veía una sombra encima de tu cabeza, o me parecía ver a alguien como hablando por vos o contigo, no sabía, pero todo era tan lindo que me decía ¿para qué pensar cosa fea? y entonces te miraba descuidadamente cuando te bañabas a las cinco, después del partido en la canchita con los muchachos, porque todavía cuando eso jugabas con tus amigos, después te fuiste volviendo cada vez más importante y no venías ya casi, aunque yo sé que me querías mucho, mi hijo, por eso cuando te volvió tu enfermedad, porque nunca la suerte es completa, me fui a visitarte en tu casa nueva, allá hacia San Vicente y tenías ya todas tus comodidades, porque a según vos, tu jefe te quería mucho y te ayudaba, y te encontré como un Jesús acostado, tosiendo y ensuciando tu pañuelo colorado y mitai eras otra vez a mi lado, durmiendo conmigo para ponerte tu cataplasma y sentir de tu cuerpo el calor y a la medianoche despertarme y encontrarte abrazado, y sin poder dormir no saber si soñé o vos soñaste que Vidal entraba otra vez por mi puerta y me mordía la pierna y me besaba y me apretaba tan fuerte que no pude ver cuando saliste de la pieza, porque te encontré a lado de tu baño moderno desnudo y llorando, y sin hablar otra vez una semana, y sin querer irte al hospital militar para que te vea el doctor, aunque yo sabía que era pombero volviendo como antes, con esa tu sombra encima de tu cabeza queriendo apagarte tu estrella, che memby porque yo te cuidé para que seas hombre de ley y no andes así como tu papá, arriero sin conchabo la orquesta sonaba llenando el barrio con la música partidaria, ni la procesión adornaba la calle como Wenceslao Rey, ni la fiesta del patrón Señor San Blas alegraba la función como el hijo de la comunidad que surgido de la cuna más humilde, hoy ascendía correligionario, por la voluntad popular, al digno cargo de la presidencia del comité partidario, hombre sin mácula, egregio exponente de nuestra comunidad que gracias a su honesta y limpia trayectoria ciudadana ha logrado escalar los duros peldaños necesarios de la política nacional, admirado hasta por nuestros grandes jefes por su gran capacidad de trabajo, su lealtad insobornable, constituyéndose en el defensor inclaudicable del superior gobierno y en amigo, verdadero amigo, de los humildes y desprotegidos, nosotros en esa noche estrellada le ofrecemos este pequeño y cálido homenaje por sus altas virtudes de correligionario, compañero y amigo y le entregamos el pergamino que le acredita como jugador número uno de nuestro querido club Ña Ramona lloraba de alegría vestida con el trajecito que Wenceslao le regaló para la ocasión, recibía los saludos de vecinas compueblanos, el corazón le palpitaba en el pecho como el tambor de aquella banda que entre pipus, cerveza y tres por tres inventaban la felicidad para aquellos changadores, pescadores, empleadas domésticas, amas de casa aburridas, proxenetas, alcohólicos y buscadores de empleo, por lo menos por unas horas a la polca del partido le sustituyó una música para Wenceslao Rey, del compositor nacional Severiano Acosta, maestro de la Banda Municipal de Pedro Juan, para Ud. y en su honor Sr. Presidente, hurras y vítores crecieron hasta el alba, Ña Ramona seguía llorando, las estrellas del amanecer dibujaban el nombre de Wenceslao Rey pese a aquellas sombras que por encima del cercado miraban con ojos distintos y con puños apretados la firme presencia del nuevo partidario bailando con la reina del club, las princesas y el séquito de muchachas pintarrajeadas, plenas ardores y suspiros y fue mi culpa otra vez Wenceslao, porque yo sabía bien que la política no es limpia y porque veía bien a esa sombra que hablaba contigo y porque pese a que nuestra casa se hizo de material y se mudó lejos de la creciente, iba a llegar en cualquier momento la desgracia, pero yo tuve la culpa che memby de no advertirte de no avisarte que la política es sólo quebranto para los pobres, che Rey, porque te defendí cuando en el barrio decían que vos eras el que te encargabas de torturarle a los estudiantes y que una vez a esa chica que salió en los diarios, que no se que cosa era de la empleada del sindicato, vos le violaste con tus capangas y eso yo no creí y me peleé con Ña Cresencia y le dije que vos eras un hombre de ley porque yo te crié, mi hijo, con estas manos y lavé ropa de día y de noche y que si ellos hablaban así era por envidia porque vos eras ya, Wenceslao, un hombre importante para la patria y que vos no me abandonaste ni me dejaste tirada en este rancherío y que era mentira también eso que decían que fuiste vos quien vino una noche como jefe de la represión a asaltar la casa parroquial para quitarle de allí a esos contreras, porque yo sé que vos sos bueno, y que aunque sufriste mucho a mi lado con mi pobreza, sos bueno, un hombre que respeta a sus semejantes y que nunca jamás en la vida le ibas matar a Vidal y que si cayó la desgracia fue porque no te avisé, porque yo he visto en mis sueños Wenceslao como llegaste esa madrugada, guitarra en mano, como tu papá, a traerme serenata y yo he visto que tu mano y en tu camisa había sangre y que lloraste acurrucado sobre mi pecho y me decías que a Vidal Romero ya le había llegado su hora y te desnudaste y no sé cómo sin guitarra y sin ropa te encontré otra vez llorando detrás del servicio, mudo y yo sabía que era cierto, mi hijo, que a Vidal Romero le mataron unos paseros porque creyeron que había encontrado plata yvy-vy que había escondido en su piecita y vos, che memby, pagaste su entierro y lloraste como un hijo y viniste esa noche tosiendo y no pudiendo respirar, y Wenceslao Rey, che memby, yo te hice cataplasma de amor y vela bendita, acurrucado aquí en mi lado cuando aquella reunión de altos miembros del comité político acabo, la luna se arrebujaba en un viento rojo y muchas sombras de allá, de hacia el río, se levantaban, y ariscos cuchillos reflejaban de las estrellas de Wenceslao los últimos y definitivos odios Ña Ramona entendió, mirando las siete cabrillas, que estaban crecidas las sombras y crecida también la suerte de aquel niño que una noche se quedó en sus manos boqueando como un pez azul la ausencia de su madre Wenceslao Rey fue electo por decisión del Directorio, Jefe y brazo ejecutor del pueblo, nadie mejor que él, traje blanco, sonriente, tosiendo ronco en su infaltable pañuelo colorado, abriendo puertas y saludando a diestra y siniestra, para llevar a cabo el atentado contra el octogenario dirigente que le impedía a él y a sus muchos amigos brillar con todas sus estrellas Wenceslao Rey, para Rey como tu nombre viniste al mundo y yo leí en el almanaque que cada mitai ya viene con su estrella y con su desgracia también, porque a pesar de la casa linda, de aquel desfile con los carteles con tu nombre, de las serenatas, de venir a dormir conmigo para tu cataplasma y para soñar con Vidal, la sombra que hablaba contigo te nubló el corazón y como un viento negro se rejuntó a tu alrededor, Wenceslao Rey, pombero te tocó y te hizo malo, casi mudo y la víbora de la política, por mi culpa se te prendió en las piernas como Vidal aquella noche y las manos de ranita en el cajón de manzanas se hicieron cardo del contrabando vía Miami, de las estancias con plantaciones de marihuana, de las quinceañeras desnudas y pintarrajeadas y fueron guardadas sus espaldas que tenían esas bolsas sanguinolentas que le convulsionaban el cuerpo, fue guardada su tos por duros hombres de armas y muertes y trajes negros, y músicas con su nombre rebozaban las guitarras, Wenceslao Rey, hombre importante del partido y del estado que sufría una rara enfermedad que según los médicos no tenía cura y por nuestros sanos consejos debe tratar de ocultársele a él y a los periodistas y gente de pueblo, que Wenceslao Rey, Señor Embajador, está llorando desnudo allá en un rincón del jardín y está desnudo y balbucea el nombre de una mujer y es ininteligible su lenguaje aunque Wenceslao Rey, se recompone al alba y ninguna mirada tiene mayor fulgor, ningún pie deja huella más firme, y son habladurías, Wenceslao Rey, de la oposición, más aún en esta noche en que en los cambios del cielo, altísima se levanta la amplia luna de tu suerte y casi por casualidad ilumina un rancho, humilde y desvencijado, allá cerca del río donde una mujer parturienta, anuncia al mundo la muerte y la vida y una muchacha levanta un llanto lastimero, una tos, unas patitas de rana y en un cajón de manzanas, bosqueja su destino de estrellas y desgracias, Wenceslao Rey, la luna de esta noche también alumbra las magníficas sombras arremolinadas en la esquina de tu casa y los pasos apurados de esa mujer que viene a avisarte que la política, che memby, sólo es quebranto para los pobres, esta noche no, Wenceslao, cuando aquellos pesados camiones se detuvieron frente a la casa del viejo caudillo y cuando los muchos hombres ascendieron las escaleras y entraron en el patio de su casa, vio el viejo en medio de es turba armada a un niño en rústico uniforme de primera comunión y más atrás a una mujer humilde pedía sin levantar los ojos que Wenceslao Rey, ese niño de la desgracia, quería recibir el bautismo en sus brazos y que él, solamente él como jefe político podría darle la suerte en la vida y que a pesar de haber nacido de la muerte, Wenceslao Rey, tenía una estrella y escuchó el anciano político entre los disparos de muerte su risa amplia y descascarada sacudiéndole las entrañas al ver a aquel niño tosiendo con un pañuelito rojo y boqueando como un pez azulado, agitando las manos de rana en busca de trocitos de aire para salvar su vida y escuchó el llanto de la mujer y esas palabras que con vergüenza y orgullo decían que no importaba, que Wenceslao Rey iba a ser hombre igual y con mano de mujer trabajando día y noche le iba a hacer hombre de ley; de traje blanco y dura mirada, le decía en los umbrales de la muerte, que él era Wenceslao Rey, paino, y entre los sones de la orquesta en el amplio salón entró Wenceslao Rey, elegante, con un pañuelo colorado tapándose de cuando en cuando la boca, con una tos ronca, brillante mirada, agradeció sonriente la ovación y los aplausos: muerto en un atentado perpetrado por desconocidos, el viejo caudillo había cedido su lugar a Wenceslao, el dilecto hijo del pueblo: discursos y burbujas, mujeres, perfumes y música desparramábanse por la amplia casa, ebrios los guardias miraban lujuriosos los muslos y escotes de las niñas plenas de ardor y suspiros y esa misma luna violeta que se alzaba sobre los árboles vio como desde hacia el río veloces avanzaban silenciosas sombras aún más negras que de costumbre por el perfecto odio que llevaban entre sus cintos y veíase también a la desesperada mujer que corría, cataplasma en mano y velas benditas de amor, casi llorando por los caminos que llevaban a la nueva casa de Wenceslao en San Vicente y así vengo a encontrarte, che memby, por mi culpa, solo, desnudo y llorando, tosiendo con tu pañuelo colorado en la boca, porque yo no te avisé, porque no pude ya avisarte que la política es quebranto para los pobres y que yo no creo lo que dicen de vos porque yo te hice hombre a costa de sacrificio, planchando, cosiendo, lavando ropa ajena y buscando en el río el pescado más rico y que esa vez que Vidal vino junto a mí era porque yo necesitaba un poco de calor y que no voy a creer nunca en lo que dicen los diarios y la gente, y que si ahora estás duro y frío, pálido, con esa sangre manchando tu sofá tan lindo es porque yo no pude avisarte y el pombero te tocó otra vez, pero que después de que se aleje, de que se vaya esa sombra que ya no habla contigo y que te cubre los ojos, la boca, tu cuerpo de Cristo acuchillado, che memby, te vas a levantar otra vez para irte a casa, cerca del río y te voy a enseñar como antes que vas ser hombre de ley que tenés que respetar a tu prójimo y no tnenés que matar ni robar y allí en tu cajón de manzanas con estas manos, che memby, te voy a poner cataplasma aunque ya no te oigo toser, aunque tu respiración está apagada y estás como dormido manchando de sangre tu lindo sofá, no te voy a dejar aunque se vayan todos, aunque te hayan dejado todos y aunque empiecen a pagar las luces de la casa y esas muchas sombras que venían por el camino te griten cosas feas y empiecen a limpiar sus cuchillos por las cortinas, yo me voy a quedar contigo Wenceslao Rey, mi Rey que para Rey naciste y aunque empiecen a quemar la casa, no importa, yo estoy contigo para llevarte a tu cajoncito de manzanas, total cada mitai ya viene con su estrella y mi hijo, por tu desgracia muchas estrellas se tienen que prender sobre tu cabeza y aunque ya no podes ni respirar, mi hijo, yo sé que algún día te va a llegar para tu suerte. Se dice en el puerto, que un guitarrero, arriero sin conchabo, borracho perdido, llorando, cuenta a veces, muy raras veces, este caso de Wenceslao Rey, mi Rey que para Rey naciste. *
    foto de la reunión, con motivo de la interviu que el periodista Ruben Velazquez (new jornalism tropikal), juntando a Didi (Douglas Diegues), al Domador (los 3 a lo Matrix de oculos negros), y al poeta y editor Cristino Bogado, hasido realizada hace minutos (8-10 pm) en el bunker de Arte Nuevo editora. El texto es un inédito de la época de colaboración de Hugo Duarte con Moncho Azuaga y Jorge Aymar (1978), mucho antes de la concreción de ese hoy clásico de la novela "under" del stronismo crepuscular que fue "Rasmudel" (1986), escrito a tres manos como este cuento "Wenceslao, mi rey", narraciòn en primera persona absolutamente ambigua d ela madre del héroe en un tono que fluctua entre el incesto y la auto-resignaciòn machista de una madre abandonada por su chongo milico. Próximamente Jakembò editores pondrà en circulaciòn una edición que incluirá un libro con CD registrando la lectura del cuento con la voz de Hugo acicatreado por rondas de Campari con hielo con la molekada fotografada ahì arriba.