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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

domingo, noviembre 11, 2007

Hermann

El compositor americano Bernard Herrmann formado en la prestigiosa Juillard School of Music de Nueva York, fue uno de los grandes nombres en la historia de la música de cine y uno de los más prolíficos en los años cuarenta y cincuenta. Aunque nunca se describió como músico cinematográfico ("Soy un compositor que, a veces, hace música para películas"), sus inicios en el cine fueron tan brillantes -nada más comenzar logró su primera nominación al Oscar en 1941 por Ciudadano Kane, consiguiéndolo al año siguiente por El hombre que vendió su alma- que Hollywood, sabedor de su talento, lo absorbió de tal modo que lo apartó durante un tiempo de la composición clásica. Con Herrmann, la música de cine dejó de ser un mero acompañamiento para pasar a formar parte de la narrativa. Si bien para algunos todavía hoy "la mejor música es la que no se oye", para el compositor de El fantasma y la señora Muir, donde definió admirablemente el amor más allá de la vida entre una viuda y un fantasma, "la música debe suplantar lo que los actores no alcanzan a decir, puede dar a entender sus sentimientos, y debe aportar lo que las palabras no son capaces de expresar. Si se considera que una película es una serie de imágenes artificialmente unidas en el montaje, entonces la función de la música consiste en soldar esos fragmentos para que el espectador la perciba como una secuencia única y compacta". Vinculado a la obra de Orson Welles y Alfred Hitchcock, Herrmann compuso para el primero la música de Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento y para el segundo, cuya colaboración fue mucho más estrecha, las partituras de Pero... ¿quién mató a Harry?, Vértigo, Con la muerte en los talones y Psicosis, entre otras. A ellas hay que añadir las partituras que compuso para Fahrenheit 451, de François Truffaut, Taxi Driver, de Martín Scorsese, dos de sus últimas bandas sonoras más conocidas.

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