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KURUPÍ, ÚLTIMO BICHO PILINGÜE Y VELVET-MAKÁ-URBANIZADO KE HALA Y FALA EN ESTE BLOG SU SECRECIÓN LINGUÍSTIKA, ESE PORO'UNHOL (PORTUGUÉS 10 % ESPAÑOL 70 %; GUARANÍ PIKANTE 20 %) SERÍA EN EL FONDO DEFINIBLE COMO UN SAN CULOTTISMO POÉTIKO, GRITO A CALZÓN KITADO, PENE ERECTISMO FULL TIME, UNA FALANGE ANARKO-PARA-MILITAR DE LA LETRA, UNA ALUCINAZIONE PARANOKIA-KRÍTIKA DEL DAS KAPITAL YANKEE, Y SU MAYO DEL 68 UN TSUNAMI-YIYISMO SIN BOMBACHA PRA XUXU, UN BAILE DE SAN VITO TEVINANDÍ PAGUASU!!!

miércoles, octubre 17, 2007

Cuento inédito a 3 manos de 1978 de Duarte, Azuaga y Aymar

WENCESLAO, REY Hugo Duarte, Moncho Azuaga, Jorge Aymar
Apenas naciste murió tu madre Wenceslao, y a fuerza de revenque, typycha-hu, granitos de sal y de poroto bajo las rodillas para que salgas un hombre de ley, mi hijo, y no andes así como tu padre, arriero sin conchabo, borracho perdido, guitarreando por el puerto, a fuerza de mi puño, te críe, para que seas Rey, Wenceslao, como dice el almanaque, que cada mitai ya viene con su estrella, y, mi hijo, por tu desgracia, muchas estrellas se tienen que prender sobre tu cabeza: pero aunque a veces no podes ni respirar, mi hijo, yo se bien que algún día te va a llegar y a para tu suerte, como una diosa de leche llena, blanca caminante se arremolinaba en los árboles la luna, algún perro, alguna guitarra llorona, algún grito perdido se escuchaba entre los muchos ruidos de la noche que habitaban la calle y entre ellos, el llanto de Wenceslao creciendo desde el cajón de manzanas despertaba a Ña Ramona, como un pez, azulado, boqueaba Wenceslao Rey, sus manos como raquíticas patas de rana buscaban en la oscuridad del cuarto atrapar el montoncito de aire para esas bolsas sanguinolentas que le convulsionaban el cuerpo; cataplasma de amor y vela bendita y el rezo de Ña Ramona, le devolvían de a pedacitos la vida, y esa vez, che memby, que por descuido te tocó el pombero y te quedaste sin hablar anga una semana, toda la Semana Santa, que fue por mi culpa, por mi pecado, porque como dice la Biblia, la carne a veces débil y éramos nosotros solos y yo tuve la culpa de querer quererle a alguien más que a vos, y no era porque no te quería sino que estabas dormido y era muy caliente el viento y Vidal, que al volver de su guardia se me quedó mirando en el patio con esos sus ojos tan lindos y esa su boca que sabía mentirte y el calor, Wenceslao, y vos durmiendo, mi hijo, y la carne que es débil y Vidal haciendo ruido en la cama mordiéndome las piernas, besándome apretándome fuerte, tan fuerte que no sabía ya a cuando saliste de la pieza, porque te encontré llorando, desnudo, tosiendo, detrás del servicio y pombero ya te tocó y te quedaste, mi hijo, sin hablar y por eso fue la última vez que la tentación entró en nuestra casa y desde entonces todo fue para vos, porque ni en el tiempo de más calor no volviste a dormirte más sólo, Wenceslao Rey, todo mi sacrificio fue para vos, mi trabajo día y noche para que te hagas hombre de provecho; y si algo me dolió más en la vida antes de que esto pase, fue aquella vez ¿te acordás Wenceslao? En que gracias a esos gringos que vinieron y nos repartieron un poco de leche y ropa usada que vendimos en el mercado, te pude preparar para tu primera comunión, y que aquel Presidente de la Seccional no te quiso alzar y que te quedaste solito sin padrino en la primera comunión porque allí recién te podía bautizar y desde esa vez me prometí, Wenceslao, que nunca-nunca te ibas a meter en política, quebranto para los pobres, sólo eso trae, y esta desgracia, después de tus estrellas sin luna la noche y sin ruidos el río, aquellas sombras arrastrando pesados bolsones, metidas hasta las rodillas en el agua, atajando fuerte la canoa, escapando de los marineros, obedecían las precisas instrucciones de Wenceslao Rey: bajo, de ojos durísimos , con los pantalones alzados, camisa al viento, su infaltable pañuelo rojo en la mano, tosiendo ronco de cuando en cuando, contaba las bolsas y paquetes; Ñeco, Yagua-Perô, Amadito y Cayé Mora esperaban en la otra costa, lejos de la mirada de los marineros, previo pago de coima cuando la canoa llegaba en el banco, dos fogonazos hirieron la noche y Yagua-Perô, ensuciando el agua, se llenó de lodo los ojos y la boca: el río se llevó las bolsas, la ganancia del día y el cuerpo mudo acribillado, al día siguiente, Wenceslao, ojeroso buscaba entre carretilleros, vendedores ambulantes y changadores, la mirada que le indicase quién fue el soplón, esa vez nadie se atrevía a contestar al ahijado de Ña Ramona, tenía buenas relaciones con algunos capos del partido y hasta se comentaba que en pocos meses más a lo mejor le elegían para irse a servir en el Palacio sin hacer la conscripción por su enfermedad, pero allí iba a conseguir con su baja, aquel documento que le iba a hacer entrar en cualquier parte, con ruego de colaboración de las autoridades civiles y militares y firmado por el militar ese que manda toda esta parte a la tardecita le encontró la policía a Salustiano con la boca sangrando y una marca en la frente, se cayó borracho, dijeron, pero nadie, absolutamente nadie, molestó a Wenceslao; Salustiano se tuvo que mudar a Foz de Yguazú y de ahí a Pedro Juan y tus estrellas se empezaron a prender cuando te fuiste al Palacio, y si sufría al verte poco, a veces los domingos cuando venías trayendo galleta y otra provista, me consolaba al encontrarte tan guapo, tan hombre, tan chusco, con esa bota y ese porte militar que según los chismes (y yo sabía) las chicas empezaban a mirarte y no sé por qué, che memby, veía una sombra encima de tu cabeza, o me parecía ver a alguien como hablando por vos o contigo, no sabía, pero todo era tan lindo que me decía ¿para qué pensar cosa fea? y entonces te miraba descuidadamente cuando te bañabas a las cinco, después del partido en la canchita con los muchachos, porque todavía cuando eso jugabas con tus amigos, después te fuiste volviendo cada vez más importante y no venías ya casi, aunque yo sé que me querías mucho, mi hijo, por eso cuando te volvió tu enfermedad, porque nunca la suerte es completa, me fui a visitarte en tu casa nueva, allá hacia San Vicente y tenías ya todas tus comodidades, porque a según vos, tu jefe te quería mucho y te ayudaba, y te encontré como un Jesús acostado, tosiendo y ensuciando tu pañuelo colorado y mitai eras otra vez a mi lado, durmiendo conmigo para ponerte tu cataplasma y sentir de tu cuerpo el calor y a la medianoche despertarme y encontrarte abrazado, y sin poder dormir no saber si soñé o vos soñaste que Vidal entraba otra vez por mi puerta y me mordía la pierna y me besaba y me apretaba tan fuerte que no pude ver cuando saliste de la pieza, porque te encontré a lado de tu baño moderno desnudo y llorando, y sin hablar otra vez una semana, y sin querer irte al hospital militar para que te vea el doctor, aunque yo sabía que era pombero volviendo como antes, con esa tu sombra encima de tu cabeza queriendo apagarte tu estrella, che memby porque yo te cuidé para que seas hombre de ley y no andes así como tu papá, arriero sin conchabo la orquesta sonaba llenando el barrio con la música partidaria, ni la procesión adornaba la calle como Wenceslao Rey, ni la fiesta del patrón Señor San Blas alegraba la función como el hijo de la comunidad que surgido de la cuna más humilde, hoy ascendía correligionario, por la voluntad popular, al digno cargo de la presidencia del comité partidario, hombre sin mácula, egregio exponente de nuestra comunidad que gracias a su honesta y limpia trayectoria ciudadana ha logrado escalar los duros peldaños necesarios de la política nacional, admirado hasta por nuestros grandes jefes por su gran capacidad de trabajo, su lealtad insobornable, constituyéndose en el defensor inclaudicable del superior gobierno y en amigo, verdadero amigo, de los humildes y desprotegidos, nosotros en esa noche estrellada le ofrecemos este pequeño y cálido homenaje por sus altas virtudes de correligionario, compañero y amigo y le entregamos el pergamino que le acredita como jugador número uno de nuestro querido club Ña Ramona lloraba de alegría vestida con el trajecito que Wenceslao le regaló para la ocasión, recibía los saludos de vecinas compueblanos, el corazón le palpitaba en el pecho como el tambor de aquella banda que entre pipus, cerveza y tres por tres inventaban la felicidad para aquellos changadores, pescadores, empleadas domésticas, amas de casa aburridas, proxenetas, alcohólicos y buscadores de empleo, por lo menos por unas horas a la polca del partido le sustituyó una música para Wenceslao Rey, del compositor nacional Severiano Acosta, maestro de la Banda Municipal de Pedro Juan, para Ud. y en su honor Sr. Presidente, hurras y vítores crecieron hasta el alba, Ña Ramona seguía llorando, las estrellas del amanecer dibujaban el nombre de Wenceslao Rey pese a aquellas sombras que por encima del cercado miraban con ojos distintos y con puños apretados la firme presencia del nuevo partidario bailando con la reina del club, las princesas y el séquito de muchachas pintarrajeadas, plenas ardores y suspiros y fue mi culpa otra vez Wenceslao, porque yo sabía bien que la política no es limpia y porque veía bien a esa sombra que hablaba contigo y porque pese a que nuestra casa se hizo de material y se mudó lejos de la creciente, iba a llegar en cualquier momento la desgracia, pero yo tuve la culpa che memby de no advertirte de no avisarte que la política es sólo quebranto para los pobres, che Rey, porque te defendí cuando en el barrio decían que vos eras el que te encargabas de torturarle a los estudiantes y que una vez a esa chica que salió en los diarios, que no se que cosa era de la empleada del sindicato, vos le violaste con tus capangas y eso yo no creí y me peleé con Ña Cresencia y le dije que vos eras un hombre de ley porque yo te crié, mi hijo, con estas manos y lavé ropa de día y de noche y que si ellos hablaban así era por envidia porque vos eras ya, Wenceslao, un hombre importante para la patria y que vos no me abandonaste ni me dejaste tirada en este rancherío y que era mentira también eso que decían que fuiste vos quien vino una noche como jefe de la represión a asaltar la casa parroquial para quitarle de allí a esos contreras, porque yo sé que vos sos bueno, y que aunque sufriste mucho a mi lado con mi pobreza, sos bueno, un hombre que respeta a sus semejantes y que nunca jamás en la vida le ibas matar a Vidal y que si cayó la desgracia fue porque no te avisé, porque yo he visto en mis sueños Wenceslao como llegaste esa madrugada, guitarra en mano, como tu papá, a traerme serenata y yo he visto que tu mano y en tu camisa había sangre y que lloraste acurrucado sobre mi pecho y me decías que a Vidal Romero ya le había llegado su hora y te desnudaste y no sé cómo sin guitarra y sin ropa te encontré otra vez llorando detrás del servicio, mudo y yo sabía que era cierto, mi hijo, que a Vidal Romero le mataron unos paseros porque creyeron que había encontrado plata yvy-vy que había escondido en su piecita y vos, che memby, pagaste su entierro y lloraste como un hijo y viniste esa noche tosiendo y no pudiendo respirar, y Wenceslao Rey, che memby, yo te hice cataplasma de amor y vela bendita, acurrucado aquí en mi lado cuando aquella reunión de altos miembros del comité político acabo, la luna se arrebujaba en un viento rojo y muchas sombras de allá, de hacia el río, se levantaban, y ariscos cuchillos reflejaban de las estrellas de Wenceslao los últimos y definitivos odios Ña Ramona entendió, mirando las siete cabrillas, que estaban crecidas las sombras y crecida también la suerte de aquel niño que una noche se quedó en sus manos boqueando como un pez azul la ausencia de su madre Wenceslao Rey fue electo por decisión del Directorio, Jefe y brazo ejecutor del pueblo, nadie mejor que él, traje blanco, sonriente, tosiendo ronco en su infaltable pañuelo colorado, abriendo puertas y saludando a diestra y siniestra, para llevar a cabo el atentado contra el octogenario dirigente que le impedía a él y a sus muchos amigos brillar con todas sus estrellas Wenceslao Rey, para Rey como tu nombre viniste al mundo y yo leí en el almanaque que cada mitai ya viene con su estrella y con su desgracia también, porque a pesar de la casa linda, de aquel desfile con los carteles con tu nombre, de las serenatas, de venir a dormir conmigo para tu cataplasma y para soñar con Vidal, la sombra que hablaba contigo te nubló el corazón y como un viento negro se rejuntó a tu alrededor, Wenceslao Rey, pombero te tocó y te hizo malo, casi mudo y la víbora de la política, por mi culpa se te prendió en las piernas como Vidal aquella noche y las manos de ranita en el cajón de manzanas se hicieron cardo del contrabando vía Miami, de las estancias con plantaciones de marihuana, de las quinceañeras desnudas y pintarrajeadas y fueron guardadas sus espaldas que tenían esas bolsas sanguinolentas que le convulsionaban el cuerpo, fue guardada su tos por duros hombres de armas y muertes y trajes negros, y músicas con su nombre rebozaban las guitarras, Wenceslao Rey, hombre importante del partido y del estado que sufría una rara enfermedad que según los médicos no tenía cura y por nuestros sanos consejos debe tratar de ocultársele a él y a los periodistas y gente de pueblo, que Wenceslao Rey, Señor Embajador, está llorando desnudo allá en un rincón del jardín y está desnudo y balbucea el nombre de una mujer y es ininteligible su lenguaje aunque Wenceslao Rey, se recompone al alba y ninguna mirada tiene mayor fulgor, ningún pie deja huella más firme, y son habladurías, Wenceslao Rey, de la oposición, más aún en esta noche en que en los cambios del cielo, altísima se levanta la amplia luna de tu suerte y casi por casualidad ilumina un rancho, humilde y desvencijado, allá cerca del río donde una mujer parturienta, anuncia al mundo la muerte y la vida y una muchacha levanta un llanto lastimero, una tos, unas patitas de rana y en un cajón de manzanas, bosqueja su destino de estrellas y desgracias, Wenceslao Rey, la luna de esta noche también alumbra las magníficas sombras arremolinadas en la esquina de tu casa y los pasos apurados de esa mujer que viene a avisarte que la política, che memby, sólo es quebranto para los pobres, esta noche no, Wenceslao, cuando aquellos pesados camiones se detuvieron frente a la casa del viejo caudillo y cuando los muchos hombres ascendieron las escaleras y entraron en el patio de su casa, vio el viejo en medio de es turba armada a un niño en rústico uniforme de primera comunión y más atrás a una mujer humilde pedía sin levantar los ojos que Wenceslao Rey, ese niño de la desgracia, quería recibir el bautismo en sus brazos y que él, solamente él como jefe político podría darle la suerte en la vida y que a pesar de haber nacido de la muerte, Wenceslao Rey, tenía una estrella y escuchó el anciano político entre los disparos de muerte su risa amplia y descascarada sacudiéndole las entrañas al ver a aquel niño tosiendo con un pañuelito rojo y boqueando como un pez azulado, agitando las manos de rana en busca de trocitos de aire para salvar su vida y escuchó el llanto de la mujer y esas palabras que con vergüenza y orgullo decían que no importaba, que Wenceslao Rey iba a ser hombre igual y con mano de mujer trabajando día y noche le iba a hacer hombre de ley; de traje blanco y dura mirada, le decía en los umbrales de la muerte, que él era Wenceslao Rey, paino, y entre los sones de la orquesta en el amplio salón entró Wenceslao Rey, elegante, con un pañuelo colorado tapándose de cuando en cuando la boca, con una tos ronca, brillante mirada, agradeció sonriente la ovación y los aplausos: muerto en un atentado perpetrado por desconocidos, el viejo caudillo había cedido su lugar a Wenceslao, el dilecto hijo del pueblo: discursos y burbujas, mujeres, perfumes y música desparramábanse por la amplia casa, ebrios los guardias miraban lujuriosos los muslos y escotes de las niñas plenas de ardor y suspiros y esa misma luna violeta que se alzaba sobre los árboles vio como desde hacia el río veloces avanzaban silenciosas sombras aún más negras que de costumbre por el perfecto odio que llevaban entre sus cintos y veíase también a la desesperada mujer que corría, cataplasma en mano y velas benditas de amor, casi llorando por los caminos que llevaban a la nueva casa de Wenceslao en San Vicente y así vengo a encontrarte, che memby, por mi culpa, solo, desnudo y llorando, tosiendo con tu pañuelo colorado en la boca, porque yo no te avisé, porque no pude ya avisarte que la política es quebranto para los pobres y que yo no creo lo que dicen de vos porque yo te hice hombre a costa de sacrificio, planchando, cosiendo, lavando ropa ajena y buscando en el río el pescado más rico y que esa vez que Vidal vino junto a mí era porque yo necesitaba un poco de calor y que no voy a creer nunca en lo que dicen los diarios y la gente, y que si ahora estás duro y frío, pálido, con esa sangre manchando tu sofá tan lindo es porque yo no pude avisarte y el pombero te tocó otra vez, pero que después de que se aleje, de que se vaya esa sombra que ya no habla contigo y que te cubre los ojos, la boca, tu cuerpo de Cristo acuchillado, che memby, te vas a levantar otra vez para irte a casa, cerca del río y te voy a enseñar como antes que vas ser hombre de ley que tenés que respetar a tu prójimo y no tnenés que matar ni robar y allí en tu cajón de manzanas con estas manos, che memby, te voy a poner cataplasma aunque ya no te oigo toser, aunque tu respiración está apagada y estás como dormido manchando de sangre tu lindo sofá, no te voy a dejar aunque se vayan todos, aunque te hayan dejado todos y aunque empiecen a pagar las luces de la casa y esas muchas sombras que venían por el camino te griten cosas feas y empiecen a limpiar sus cuchillos por las cortinas, yo me voy a quedar contigo Wenceslao Rey, mi Rey que para Rey naciste y aunque empiecen a quemar la casa, no importa, yo estoy contigo para llevarte a tu cajoncito de manzanas, total cada mitai ya viene con su estrella y mi hijo, por tu desgracia muchas estrellas se tienen que prender sobre tu cabeza y aunque ya no podes ni respirar, mi hijo, yo sé que algún día te va a llegar para tu suerte. Se dice en el puerto, que un guitarrero, arriero sin conchabo, borracho perdido, llorando, cuenta a veces, muy raras veces, este caso de Wenceslao Rey, mi Rey que para Rey naciste. *
foto de la reunión, con motivo de la interviu que el periodista Ruben Velazquez (new jornalism tropikal), juntando a Didi (Douglas Diegues), al Domador (los 3 a lo Matrix de oculos negros), y al poeta y editor Cristino Bogado, hasido realizada hace minutos (8-10 pm) en el bunker de Arte Nuevo editora. El texto es un inédito de la época de colaboración de Hugo Duarte con Moncho Azuaga y Jorge Aymar (1978), mucho antes de la concreción de ese hoy clásico de la novela "under" del stronismo crepuscular que fue "Rasmudel" (1986), escrito a tres manos como este cuento "Wenceslao, mi rey", narraciòn en primera persona absolutamente ambigua d ela madre del héroe en un tono que fluctua entre el incesto y la auto-resignaciòn machista de una madre abandonada por su chongo milico. Próximamente Jakembò editores pondrà en circulaciòn una edición que incluirá un libro con CD registrando la lectura del cuento con la voz de Hugo acicatreado por rondas de Campari con hielo con la molekada fotografada ahì arriba.

1 comentario:

pure poison dijo...

Band of outsiders
besos
la pure poison